Introducción
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Introducción
Introducción
María era una joven de unos dieciocho años, llena de salud y esperanza. Una tarde recibió la noticia de la muerte de sus padres. Cuando viajaban de la fábrica, su lugar de trabajo, a su hogar, su automóvil chocó y fallecieron. María sintió que el mundo llegaba a su fin. Lloró amargamente, y por muchos días dejó de comer. Su tía la llevó al médico, quien le aconsejó distraerse. Así que comenzó a visitar sitios de interés público y poco a poco eso le ayudó.
Una tarde, mientras visitaba una galería y observaba diferentes cuadros, de repente María comenzó a llorar sin importarle la gente que había a su alrededor. Frente a ella había un inmenso cuadro.
Presentaba una madre paloma que yacía en el suelo con una flecha que atravesaba su pecho; a su lado, los pichones la miraban con sus ojos brillantes e inocentes. El título del cuadro era Los huérfanos. María volvió a recordar su triste condición. La orfandad es sinónimo de soledad, dolor, sufrimiento y desesperanza.
Causas de orfandad
1. Las guerras. Muchos seres humanos mueren en las guerras; por lo tanto, muchos pierden a sus seres más allegados en estos conflictos. En el reciente conflicto entre las fuerzas del régimen y los rebeldes de Siria, muchos hogares han quedado huérfanos y enlutados.
2. Accidentes. Vivimos en un mundo peligrosísimo e inseguro, donde los accidentes son muy comunes. El exceso de velocidad en las carreteras, el alcohol, las imprudencias y las improvisaciones, generan accidentes de resultados lamentables.
3. Suicidios. El desequilibrio que pueden causar las presiones de la vida, ha llevado a muchos a buscar la solución más rápida: quitarse la vida. Las páginas de los periódicos están llenas de esos casos: padres o madres que se suicidan y dejan a sus hijos solos en este mundo.
4. Enfermedades. Basta con visitar las clínicas y los hospitales para comprobar el alto índice de muerte por enfermedades.
Clases de orfandad
1. Los huérfanos de padre. Esta es la primera clase de orfandad: los hombres y las mujeres que no tienen padre. Cuando falta, también faltan la protección, el sustento y la autoridad del hogar. ¿Cuántos han preguntado al cielo, «Dios mío, por qué nos quitaste a nuestro padre»? No tener padre es muy triste.
2. Los huérfanos de madre. Si no tener padre es muy triste, no tener madre es más triste aún. Quizás un padre pueda ser reemplazado, pero una madre no. Muchos lloran la ausencia de una madre. Para mí, era muy triste en el Día de las Madres ver a aquellos que teníamos a la nuestra viva con claveles rojos en el pecho, y por otra parte, ver a mis compañeros con flores blancas en sus solapas. Esas flores parecían hablar y decir: «No tenemos madre, somos huérfanos». He visto hogares enteros desintegrarse por la ausencia del amor maternal.
3. Los que no tienen padre ni madre. No tener padre es triste, no tener madre es más triste todavía, pero no tener a ambos es indescriptiblemente triste. Sé que varias personas aquí presentes están pasando por esta experiencia; muchos en el mundo deambulan en los laberintos de la locura por su incapacidad de sobreponerse a ese dolor. Ahora es el momento de agradecer a Dios por esos bellos seres que nos dieron la vida. Si se sienten tristes, si desean llorar, lloren; desahóguense ahora. ¡Bendito sea Dios que nos da fuerza para resistir!
4. La cuarta clase de huérfanos la compone aquel grupo de hombres y mujeres que no tiene a Dios, que vive sin el Padre celestial. Esta es la más triste y desgarradora de las orfandades. Podemos tener padre y madre vivos, pero si no tenemos a Dios, somos huérfanos. La mayor desgracia de un ser humano es vivir sin un Dios a quien amar y servir.
Son millones en el mundo los huérfanos de esta clase, a la que pertenecen los ateos. Hay sitios como hogares, colegios, universidades, ciudadas progresistas y de cultura, que están llenos de huérfanos. ¿Cuántos están aquí hoy sin tener a Dios? Hay individuos ricos, sabios e inteligentes, pero sin Dios, y la vida sin él es vacía. David expresó: «Dentro de sí dicen los necios: "Dios no existe"» (Salmos 14:1).
Marilyn Monroe, otra famosa estrella de cine, llena de riqueza y fama, un día fue encontrada muerta en uno de sus apartamentos; a su lado, un frasco de pastillas vacío y una nota que decía: «Lo tenía todo, pero no era feliz». Sencillamente era huérfana, no tenía a Dios. Solamente podemos ser felices cuando decimos con toda seguridad: «Tengo un Padre en el cielo». ¿Qué hermoso es recitar el Padrenuestro! [Aquí es posible invitar a la congregación a repetirlo.]
Privilegios al ser hijos e hijas de Dios
Hay varios privilegios que adquirimos cuando tenemos a Dios como Padre:
- Nuestro estatuo cambia. Pasamos de ser pobres, miserables y huérfanos a ser herederos de todas las bondades y riquezas celestiales.
- Nuestro Padre nos ama de corazón. Él nos ama a pesar de nuestra vida pecadora; a pesar de nuestra pobreza, nuestras desventajas físicas y nuestros defectos.
- Nuestro Padre tiene un lugar para nosotros. Qué grato es saber que más allá del dolor y la degradación actual, Dios tiene un nuevo hogar para nosotros, para que vivamos como príncipes y princesas por los siglos eternos.
Hay un lugar en el cielo con el nombre de cada hijo y cada hija de Dios.
- Nuestro Padre nos tiene una misión. Dios tiene un oficio, una profesión, un arte, un trabajo para cada uno de nosotros, y descubrirlo es una gran conquista: maestros, predicadores, ministros, médicos, enfermeras, fotógrafos, zapateros, amas de casa. Son tantísimas las posibilidades. Todos podremos decir: «Qué privilegio cumplir con lo que Dios me manda».
Nuestro Padre tiene un compañero para nuestra vida. Como tiene un lugar de trabajo para todos, tiene un compañero o una compañera para nuestras vidas. Si lo aceptamos como Padre nos hará felices y nos llenará de privilegios; si lo rechazamos, nos juzgará, pues en él se unen el amor y la justicia.
Conclusión
¿Tienen a su padre terrenal? ¿Su madre sigue con ustedes? ¿Reconocen a Dios?
Yo llegue a la iglesia con madre, sin padre terrenal, pero tampoco tenía a Dios: era huérfano. Gracias a Dios, el 23 de abril de 1978 conocí a mi Padre celestial en esta iglesia, encontré una familia entre sus miembros y conocí mi trabajo: ser un ministro. También hallé a la compañera de mi vida y Dios me ha dado cuatro hijas. Algun día morirá mi madre y entonces seré huérfano de padre y madre, pero conservaré la profunda convicción en mi corazón de que aún seré un hijo de Dios, un misionero en su obra. No estamos por casualidad en este mundo, la providencia divina nos ha traído.
[Se puede sustituir esta anécdota con la realidad de quien vaya a predicar. Al final, se lee Salmos 68: 4, 5.]
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