Sanación a Través de la Misa

by Rev. Robert DeGrandis et al.

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Sanación a Través de la Misa

Edición revisada y ampliada
Rev. Robert DeGrandis et al.
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Cuarta edición - Junio de 2004 800 ejemplares Publicado originalmente en inglés con el título: "Healing through the mass" Traducción: Adriana Kuhar Montaña Carátula y diagramación: Lida Natalia Herrera G. Alexandra P. Castellanos T.
Fotografía de la carátula: Alexandra P. Castellanos T.
Las citas bíblicas en esta publicación fueron extraídas de la Biblia Latinoamérica y cuando se indique B de A es la Biblia de América. © Derechos reservados Asociación María Santificadora Todos los derechos están protegidos por las leyes internacionales de Derecho de Autor. Los contenidos y carátula no pueden ser reproducidos total ni parcialmente por sistemas de impresión, audiovisuales, grabaciones o cualquier otro medio creado o por crearse, ni traducidos a ningún idioma sin permiso de la casa editora.
Pedidos a: ASOCIACIÓN MARÍA SANTIFICADORA Carrera 36 No. 104 to 90 PBX: (571) 256 1447 Fax: (571) 616 9209 Visítenos en nuestra web: ams dot org dot co URL Correo electrónico: amsad@epm.net.co Bogotá, D.C., Colombia Impreso por: Editorial Kimpres Ltda. Bogotá, D.C., Colombia Impreso en Colombia - Printed in Colombia

Acerca de la Carátula

e escogió una fotografía en la cual se puede apreciar una hermosa composición la cual reúne los elementos principales de la celebración eucarística como son: la Biblia, que representa la liturgia de la palabra; el cirio, que representa la luz de Cristo; el Cáliz y la Patena, que representan la liturgia de la Eucaristía, punto culminante donde reside el poder sanador de la misa, ya que si creemos realmente que Jesús está presente en el pan consagrado, entonces debemos esperar recibir su sanación integral de su cuerpo y sangre. Para el fondo de la carátula se utilizó un color vino, que se funde con la fotografía y que le da realce a la misma imprimiéndole un toque de sobriedad. Los tipos de letras que se utilizaron son de corte recto destacándose las palabras “Sanación” y “Misa”.

Agradecimientos

ago extensivo mi especial agradecimiento a todos aquellos que contribuieron con este libro. A mi editora anterior, Jessie Borrello, de Nueva Orleans, Louisiana, por su ayuda con la primera edición de Sanación a través de la misa. Sus significativos aportes ayudaron a establecer las bases para la actual edición. También destacó la reconocida labor de Ken y Charlene Lawson, de Gretna, Louisiana, por sus valiosas contribuciones con la primera edición. Rose Payne, de Nueva Orleans, Louisiana; Mary Lozano, de Fresno, California; Jennifer Hieronymous, de Mobile, Alabama, y su hermana Barbara Vaughn, O.S.B., de Birmingham, Alabama, también hicieron aportes importantes a la primera edición. Manifiesto mi gratitud a cada uno de ellos. Un agradecimiento especial a mi hermana, Dorotea DeGrandis Sudol, y a mis amigos, bastante numerosos para mencionar, quienes me inspiraron con su vivencia de la sanita misa día tras día.
También agradezco a la hermana Rosemary Ford, O.S.B., de Yankton, Dakota del Sur, y al padre Ralph Weisgaar, O.F.M., de San Diego, California, por leer un primer borrador de la edición revisada y aportar valiosos comentarios. A las personas que respondieron la encuesta de la edición actual también expreso mi gratitud. Sus respuestas sinceras y valiosas percepciones son inmensamente apreciadas. Finalmente, tengo una deuda especial de gratitud con mis hermanos sacerdotes, por su ejemplo de servicio fiel en el santo sacrificio de la misa.
Sangre ele lo alión 30 Pan De Viola Bautismo: Huvio Purificacolora que Penetra Toda el Ser.

Prefacio

"Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la benidición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: 'Tomen y coman; esto es mi cuerpo'. Después, tomando una copa de vino y dando gracias, se las dio, diciendo: 'Beban todos, porque ésta es mi sangre, la sangre de la Alianza, que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de sus pecados" (Mt. 26:26 to 28).
arsha era una actriz judía, casada con un radiolocutor. Vivían en Londres. Una noche, que ella se encontraba aturdida a causa de algunos problemas, se le apareció en visión una mujer, quien le dijo que saliera a bus- car una iglesia. Ella salió, en medio de la noche, y estuvo deambulando por las calles hasta que eventualmente se halló parada frente a la casa pastoral de una iglesia católica. Cuando el sacerdote abrió la puerta, simplemente, le dijo: "Estoy aquí en busca del pan de vida". El sacerdote, cautivado por su historia, comenzó a hablarle acerca de la fe católica.
Cuando Marsha fue bautizada describió la experiencia como una lluvia purificadora que penetró todo su ser. Después de recibir la Eucarística dijo que había sido como estar totalmente consumida por el amor de Cristo. Su sorprendente conversión tuvo un impacto poderoso en mucha gente.
El sacrificio de la misa es el corazón de nuestra fe y es un aspecto central de nuestra relación con Dios. En la misa, el gran misterio de la vida, la muerte y la resurrección del Señor Jesucristo se celebran en forma sacramental para que podamos participar de aquella vida. Cuando nos sumergimos en ella, recibimos y aplicamos los beneficios de este acto de amor y de plena consumación, somos transformados, convertidos y sanados. Uno de los propósitos primordiales de este libro es ayudar a los católicos a que hagan justamente esto. Está escrito para todos los sa cerdotes, religiosos, como también para aquellos que puedan estar observando a la Iglesia desde la distancia por distintas razones.
En este libro/abordaré las partes esenciales de la misa y enfatizaré las dimensiones de la sanación. En esta nueva edición, revisada y ampliada, se han incluido los resultados de una encuesta a cien personas en torno al tema de la Sanación a través de la misa. El propósito de dicha encuesta era obtener “un poco de sabiduría” con respecto a los elementos de la sanación en la misa, partiendo del concepto de las personas en distintas partes de Estados Unidos para conocer qué temas querían que se ampliaran o agregaran en esta edición. Según los comentarios, solicitaron que se amplien muchas secciones del libro. La gente está deseosa de saber acerca de la misericordia de Dios, el pacto, la señal de la paz. También anhelan tener una visión más profunda del Padre Nuestro. Igualmente, solicitaron más testimonios de personas que hayan sido sanadas a través de la misa. Hubo un sentimiento de frustración en algunos de los encuestados: una advertencia de que la sanación debe ser algo natural que surge a partir de la misa, pero que, de alguna forma, pareciera que la estaban eludiendo. Ellos quieren saber por qué se da esto, y qué deben hacer al respecto.
También recibimos varias respuestas de sacerdotes que hacían referencia básicamente a las mismas preguntas, con una excepción. A los sacerdotes les preguntamos: “¿Qué consideran ustedes que podemos hacer nosotros, como sacerdotes, para que la gente sea más receptiva a la misa?”. Las respuestas de los encuestados se encuentran resumidas en el Apéndice. También se hace referencia directa a ellas en distintas partes de este texto.
Las enseñanzas católicas tradicionales en torno a la celebración de la Eucaristía, como banquete del Señor y también como sacrifício, son muy conocidas. Como fue establecido en el Concilio Vaticano 2: “En la última cena, en la noche que Él fue traicionado, nuestro Salvador instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su sangre. Esto lo hizo para perpetuar el sacrifício de la cruz en el transcurrir de los tiempos, hasta que Él venga otra vez, y para encomendar a su amada esposa, la Iglesia, la memoria de su muerte y resurrección: un sacramento de amor, una señal de unidad, un vínculo de caridad, un banquete pascual en el que Cristo es consumado, la mente es llena de gracia y una promesa de gloria futura nos es dada”¹.
En los últimos años se ha renovado el enfoque en la misa como un servicio de sanación. Ted Dobson habla acerca de la herencia que tenemos de la sanación a través de la Eucaristía en el libro Di por la Palabra, de donde citamos: “En los primeros días del Cristianismo, la Eucaristía era vista como un sacramento de sanación y transformación, un rito que traía salud en forma integral a la gente que la celebraba.) Por ejemplo, san Agustín en su gran libro La ciudad de Dios, así como en su último libro, Revisions, atestigua acerca de la sanación que él había visto en su propia iglesia como resultado cuando la gente recibía la Eucaristía”². Bárbara Shlemon, R.N., en un folleto, El poder sanador de la Eucaristía, enuncia: “Cada vez que asistimos a la celebración de la misa, estamos frente a un servicio que produce sanación. Cuando nos acercamos al altar, oramos: 'Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme'. Ésta es una oración de confianza en el poder de Jesucristo para transformar nuestras necesidades físicas, emocionales y espirituales. Si realmente creemos que Jesús está presente en el pan consagrado, entonces, tendríamos la expectativa de obtener la sanación de manera integral, cuando aceptamos su cuerpo dentro del nuestro”³.
Desde 1986 he llevado a cabo seminarios para sacerdotes en varias partes de los Estados Unidos. dos, así como en Filipinas, Australia, Malasia, India, Indonesia, España, Centro y Suramérica. En esos retiros, de “El poder de sanación de los Santas Órdenes”, enfatizo aspectos de la misa que ofrecen sanación. Cuando el sacerdote llega a ser consciente del potencial de la sanación en la misa comunica la fe al igual que conocimientos cada vez mayores a la congregación, y luego la sanación comienza a ser manifestada en un mayor grado.
Oro por mis hermanos sacerdotes para que aumenten su fe en el poder sanador de la misa. Oro por cada persona que lee este libro, para que cada uno llegue a ser, como Marsha, consumido totalmente por el amor de Cristo. Oro, también, por aquellos que no han conocido al Señor Jesucristo, y no comprenden lo que significa recibir el Pan de Vida. Señor, tráelos a tu mesa frente al banquete, porque tu estandarte sobre ellos es amor (Stgo. 2:4).
Esta obra está dedicada a santa Margaret Clitherow, quien murió como mártir en York, Inglaterra, en 1586. Aunque no era católica, ella permitió que su hogar fuera utilizado para celebrar la Eucaristía. Viendo la fe y la devoción de los católicos perseguidos, ella aceptó la fe. A los 30 años de edad, fue sentenciada al martirio hasta la muerte por refugiar a sacerdotes y celebrar la misa en su hogar. Cuando fue aprehendida, escogió no renunciar a su fe sino aceptar el martirio dejando a su amoroso esposo y a sus tres pequeños niños. Tendremos nosotros la fe de aquellos que murieron por la misa?

Prólogo

s un placer para mí que el padre Robert DeGrandis haya titulado su nuevo libro, Sanación a través de la misa. Por muchos años he estado convencido de que muy poco énfasis ha sido dado al maravilloso poder de la sanación de nuestro Señor Jesús a través del santo sacrificio de la misa. En años recientes, otras comunidades de fe han ofrecido servicios de sanación. Existe, obviamente, “hambre” por esta expresión de fe. Los católicos somos muy bendecidos al tener el “máximo” servicio de sanación cada día en la santa misa. Desde el comienzo, hasta el final de la misa, se manifiesta el amor sanador y el poder del Señor. Las señales y símbolos usados en la misa son expresión nes del amor y la sanación del Señor: el agua bendita, el crucifijo y la señal de la cruz, para mencionar sólo algunos. La celebración penitencial es una señal maravillosa de la sanación espiritual y del perdón del Señor. Por medio de las canciones de alabanza, tales como “Gloria” y “Santo, Santo”, encontramos el amor y la sanación misericordiosa del Señor.
Principalmente, por supuesto, la lectura de las Escrituras manifiesta el amor y la presencia sanadora del Señor Jesús. Innumerables personas han testificado cómo el Señor las ha tocado profundamente gracias a la proclamación de la Palabra inspirada. Esto no debería ser una sorpresa, si creemos realmente la palabra del autor de Hebreos: “En efecto, la palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo” (Heb. 4:12). Además de su santa palabra, también somos ricamente bendecidos con el precioso cuerpo y sangre de Jesús en la Sagrada Eucaristía. Es importante que usted y yo oremos en cada misa justo antes de la Comunión, “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. Cada vez, la gente testifica de la sanación poderosa, en su cuerpo, mente y espíritu, pues lo han experimentado a través de la Sagrada Eucaristía. Un creciente número de cristianos, y también de otras religio nes, han desarrollado un profundo deseo de tener nuestra Eucaristía, por su clamor de la gracia, el alimento y sanación que fluyen del altar.
Gracias sean dadas a nuestro amado Dios, quien es generoso en compartir el amor y poder sanador de su hijo Jesús. Nosotros, miembros de su cuerpo, podemos abrir nuestras vidas con mayor plenitud a este generoso regalo, especialmente cuando participamos en la santa misa. Tengo la plena confianza de que este libro: Sanación a través de la misa, será de gran ayuda para usted y para los que ama. Éste es un libro que no debe leerse de corrido, en una sesión, sino que debe ser una continua fuente de meditación al prepararnos para la santa misa.

Lugares de sanación

os antropólogos afirman que los hombres de todas las creencias y religiones han tenido siempre un lugar sagrado. Los primeros lugares sagrados eran montones de piedras, levantadas como monumentos, en lugares donde Dios se encontraba con el hombre.
Los posteriores altares de sacrificio fueron construidos con tierra o piedra. En griego, la palabra “altar” significa “lugar de sacrificio”.
En el Antiguo Testamento, vemos a Dios llamando a su pueblo a un lugar sagrado. "Así fue concluida toda la obra que hizo Salomón para la casa de Yavé. Salomón hizo traer todo lo que había sido consagrado por su padre David, la plata, el oro y todos los objetos, y los puso en los tesoros de la casa de Dios" (2 Co. 5:1). Los sacerdotes se consagraron a sí mismos y se colocaron cerca del altar con címbalos, arpas, trompetas y otros instrumentos. Los cantantes alababan al Señor diciendo: "Porque es bueno, porque es eterno su amor". Los sacerdotes no fueron capaces de continuar porque "…la gloria de Yavé llenaba la Casa de Dios" (v.14). Se sentían abrumados con el poder del Señor.
El Señor está presente con su pueblo hoy, en los lugares sagrados. Nuestras iglesias son sagradas gracias a la presencia sanadora de Jesús. En la antigüedad, la gloria descendía sobre el templo pero contenía solo símbolos, o representaciones de la presencia del Señor. ¿Cuánto más experimentaremos la presencia sanadora del Señor con la Eucaristía, presente en nuestras iglesias!
A veces, muchos de nosotros experimentamos ansiedad y nos mostramos un poco tensos antes de entrar en una iglesia. Al sentir la presencia del Señor, toda la tensión y ansiedad desaparecen. He tenido esta misma experiencia varias veces, especialmente en la iglesia de la Inmaculada Concepción y la iglesia jesuita en la calle Baronne en Nueva Orleans, Louisiana. Acostumbro visitar dicha iglesia durante algún día de verano. La tranquilidad y quietud de este templo muestran poderosamente de la presencia del Señor. Su presencia se siente en aquella iglesia porque durante mucho tiempo ha sido un lugar de reunión para personas de oración.
Cuando entre en una iglesia católica, considere los elementos sanadores en el ambiente. Las escenas de la crucifixión en la pared traen a nuestra mente el amor sacrificial de Jesús, llevado a cabo poderosamente en la misa. El confesionario para la reconciliación es un recordatorio del poder sanador del perdón. Los temas en los vitrales y las estaciones del víacrucis son recuerdos del amor incondicional de Cristo. Necesitamos señales y símbolos para que nos ayuden a concentrarnos en las verdades profundas de nuestra fe y ahondar en sus misterios.
En el transcurso de los siglos, las sanaciones y los milagros de Cristo han sostenido, en parte, la fe colectiva de la comunidad cristiana. Las experiencias de fe y sanación y los actos de amor aún persisten como la fragancia del incienso en nuestras iglesias, y contribuyen a sentir la presencia del eterno Dios.
Sentir la iglesia como el propio hogar
Una mujer aseguró en cierta ocasión que cuando visitó una iglesia católica en particular, después de varios años de ausencia, sintió como si verdaderamente hubiera llegado a casa. Al sentarse en la parte de atrás del templo a orar en silencio, simplemente absortiendo la atmósfera, se dio cuenta de que la profunda soledad, que había invadido su vida por años, era realmente una nostalgia por Dios y por la fe de su infancia. Cuando entró en la iglesia, el ambiente de oración tuvo un poder conmovedor que capturó nuevamente su corazón.
Estamos "en nuestro hogar" en el templo a causar de la presencia de Jesús. Nuestras iglesias son lugares de sanación, por la presencia de Jesús. Tal vez, usted ha estado separado de la Iglesia por un tiempo, y está considerando la posibilidad de volver a casa. O tal vez va a la iglesia, asiste a la misa, pero sale como si nunca hubiera estado presente. Quizás sea sólo rutina, para cumplir con una supuesta obligación.
El Señor lo está invitando para que venga a Él, para que abra su corazón a su amor sanador, para que venga y lo adore. Existe una necesidad profunda en cada ser humano de adorar. Pueda que haya descubierto que el Señor le habla en su sagrado lugar, y lo arrastra hacia una experiencia poderosa de sanación a través del sagrado sacrifício de la misa.
La historia de Mary Ann
Mary Ann Cortes fue sanada a través de la misa. Ella pasó diecisiente años de su vida en hospitales mentales en el área de Nueva Orleans, Louisiana, experimentando con distintos programas y tratamientos que empleaban las medicinas disponibles para pacientes maníaco depresivos. Lo único que no había probado era con la terapia que emplea el choque eléctrico. Mary Ann halló la sanación de Jesús durante una misa, y en el transcurso de varios meses fue completamente sanada. El Señor le quitó la enfermedad, como también el temor que experimentaba hasta que verdaderamente pudo expresar: "Ya no le temo al amanecer". El Señor logró lo que la psiquiatria no fue capaz de hacer. El testimonio de su sanación ha tocado profundamente a cientos de vidas.
“He venido para darles a conocer que la Eucaristía es el sacramento de sanación por excelencia”, dijo Mary Ann, “Cada misa es un servicio de sanación. Por diecisiete años estuve dentro y fuera de los hospitales mentales en la región de Nueva Orleans, Louisiana. Me diagnosticaron la enfermedad psicológica conocida como maníaco depresiva y me fueron practicados casi todos los tratamientos disponibles para pacientes psiquiátricos. Los doctores desistieron y perdieron la esperanza de que recobrara mi salud mental. Me condenaron a una vida de drogas antidepresivas.
Cuando me acostaba en la noche, oraba pidiendo la muerte cuando me dur�iería. Sentía mucho miedo al tener que levantarme a enfrentar otro día de terror. Después de que fui bautizada en el Espíritu Santo y empece a asistir a las misas de sanación, llegué a sentirme mental, emocional y físicamente bien. Hoy en día, soy una nueva persona en Cristo ya no temo al mañana, ni al amanecer de un nuevo día".
"En cada misa uno todo lo que soy con su sacrificio. En esa unión recibo dentro de mi ser la ascensión de la vida de Jesús, la cual me transforma más y más. Me identifica con Él y recibo su vida. Mientras más activamente participo en la misa, Él es más real para mí. Jesús mismo entra en mí y me sana desde adentro".
Cuando la hermana Rosemary Ford, de Dakota del Sur, revisó el borrador de este libro, escribió el siguiente comentario acerca de la historia de Mary Ann: “Éste es un testimonio poderoso. Una persona que estaba profundamente deprimida me llamó mientras yo revisaba este texto y le leí la historia por teléfono. Cuando terminé, estaba sollozando. 'Es sensible, se parece a mí', dijo llorando. '¿Cree usted que también yo puedo ser sanada?'”.
El Señor está sanando a su pueblo hoy. La profesión médica puede darse por vencida ante su caso, o la situación del ser que ama, pero Jesús no se ha rendido. Él está aquí para sanarlo hoy. Venga, recíbalo en la Eucaristía.
Reflexiones en torno a la sanación
- ¿En qué lugares usted se siente más receptivo al amor sanador de Dios?
- Procure estar en contacto con los tres aspectos más importantes de la sanación en estos lugares sagrados.
- ¿Qué señales y símbolos de fe son más significativos para usted? ¿Por qué?

Introducción a la misa

istóricamente, a la celebración de la misa se le ha dado varios nombres, enfatizando diferentes aspectos de la ceremonia. Las Escrituras se refieren a ella como: "La partición del pan" y "la cena del Señor". El término "sacrifício" también es utilizado, tanto como el de "liturgia". La palabra "misa", probablemente, viene de Ite missa est, que significa: "Vete, ha terminado". La expresión latina que originalmente se empleaba con referencia a la despedida de su comenzó a usar con un sentido más amplio. Se ha especulado que la evolución del concepto se debe a que el término Misa ha llegado a ser sinónimo de "bendición".
Brendan Walsh, de County Kerry, Irlanda, compartió la siguiente historia, que generó en él un gran impacto en cuanto a la bendición eterna que el sacerdote imparte en la misa. En la introducción de esta historia hace la siguiente reflexión: "Cuando entramos a la misa, ingresamos a un mundo espiritual, fuera de nuestro tiempo y entramos en el tiempo de Dios". En el tiempo eterno de Dios, el calvario se extiende a lo largo de la historia, tan presente hoy en la misa como lo estuvo hace 2.000 años, con todos sus efectos sanadores. Estamos presentes con María y Juan a los pies de la cruz. Estamos presentes con la madre que llora en la Ciudad de Cork".
La historia de Brendan
Un sacerdote de Nueva York, mientras celebraba la misa en un auditorio de Cork, Irlanda, en 1986, habló acerca del poder reconciliador de Jesús en la Eucaristía. Explicó, ante una reunión de mil personas, que Jesús estaba total y plenamente presente en la Eucaristía y que al recibir su cuerpo y sangre podíamos esperar recibir sanación de nuestras enfermedades. El sacerdote enfatizó en la necesidad de que los católicos creyeran plenamente en su presencia, su poder y su deseo de sanarlos.
“Durante la comunión, las personas enfermas e inválidas comenzaron a saltar de sus sillas. Vi, con mis propios ojos, a una madre llorando cuando la ceguera de su bebé fue curada. Los periódicos relataron historias de ancianas que saltaban de sus sillas de ruedas al igual que la curación de una diversidad de enfermedades”.
"Esa fue la primera vez en mi vida que experimenté algo así. Me impresionó profundamente la realidad de la Eucaristía como sacramento de sanación".
El pacto
Para apreciar el poder de la misa, necesitamos ser conscientes de cuánto Dios nos ama. Necesitamos entender lo que Él ha hecho para probar ese amor. Desde el comienzo de los tiempos, las personas han tenido dificultad en creer que Dios realmente las ama, y que ha demostrado ese amor en una serie de pactos, en principio con Noé, luego con Abraham, después con la nación de Israel (a través de Moisés), y con David. Cada pacto del Antiguo Testamento contiene promesas cada vez mayores, que conducen a la venida de Cristo y al comienzo del Nuevo Pacto. En cada pacto, Dios toma la iniciativa y establece los términos. Cada uno refleja el amor y la misericor- dia de Dios y el inmerecido favor que ha hecho extensivo a su pueblo.
Según El pacto en el Antiguo Testamento, cuyo autor es Michael D. Guinan, O.F.M., un pacto se define como: "... un acuerdo o promesa entre dos partes, solemnemente profesada ante testigos y ligada por un juramento que se expresa verbalmente y con alguna acción simbólica"⁴. Los pactos, generalmente, comprenden dos partes: lo que las partes acuerdan hacer y las condiciones que tienen que cumplir. La promesa crea una sociedad irrevocable.
Dios instituyó el pacto de manera sencilla para la gente. El procedimiento, por lo regular, incluía el sacrificio de un animal, como un buey o una vaca. Éste era partido por la mitad y separado en dos. La sangre era derramada como símbolo de vida. Quienes participaban en esta ceremonia decían: “Estamos poniendo nuestras vidas de por medio”. Por ejemplo, considera dos tribus: una fuerte en la batalla y la otra fuerte en conocimientos. Debido a que se necesitan mutuamente, deciden efectuar un pacto. Al encontrarse los dos clanes, el líder de cada tribu, como representante del pacto, dividia el animal. Los miembros de ambas tribus permanecerían alrededor del animal sacrificado y los dos represen- tantes caminaban sobre la sangre, entre las dos partes del animal. Este acto simbolizaba poner su sangre de por medio. Ellos, entonces, se colocaban al frente de la gente y hacían un pacto, pronunciando bendiciones para aquellos que fueron fieles al pacto y maldiciendo a quienes lo rompieran. Luego cortaban sus muñecas, las ataban juntas, uniendo sangre con sangre, y mantenían sus manos atadas en alto frente al pueblo. Así sellaban el pacto mediante su propia sangre.
Luego, los dos líderes solían intercambiar sus túnicas, como símbolos del poder que representaba cada uno. A la luz de esto, es interesante reflexionar en torno a Génesis 37. El padre de José le dio una túnica fina, que se distinguía por lo larga y por el tipo de mangas que tenía. Dicha muestra de preferencia despertó celos en sus hermanos. Éste fue el primer episodio que generó odio hacia José, hasta tal punto que finalmente decidieron matarlo, y no necesariamente porque tenía poder. El intercambio de túnicas o prendas tiene una importancia psicológica en los pactos. Como parte complementaria del pacto, cada representante ofrece al otro pan y vino, el pan como símbolo de sus cuerpos y el vino, símbolo de su sangre.
El pacto de Dios con Abraham, con Isaac, con Moisés y con otras personas en la historia del Antiguo Testamento siguió patrones similares. La Constitución Dogmática de la Divina Revelación, en los documentos del Vaticano 2, declara: “En la planeación y preparación cuidadosa de la salvación de toda la raza humana, el Dios de amor supremo... escogió por sí mismo a una persona en quien Él podía encomendar su promesa. En primer lugar, Él hizo un pacto con Abraham (Gén. 18:18) y, a través de Moisés, lo extendió hacia el pueblo de Israel (Ex. 24:8)”⁵.
Dios entregó a su Hijo Jesús como el sacrificio del Nuevo Pacto. Jesús fue nuestra cena en el pacto, quien ascendió nuevamente para convertirse en nuestro representante de ese pacto. Por su espíritu amplió el pacto, tal como lo prometió. Él intercambió su poder por nuestra debilidad, su provisión por nuestra necesidad, su salud por nuestra enfermedad. Nos dio su nombre, su autoridad, su armadura y sus armas.
Cada vez que recibimos a Cristo en la Eucaristía estamos participando de la cena del pacto en una forma sacramental. Gracias a los sacramentos, Jesús nos lleva más allá de lo visible (el agua, el pan, el vino, el aceite, la palabra, el toque), hacia lo invisible. Esto es, el puro amor: Cristo mismo obrando a través del hombre.
Sacrificio
¿De qué otra forma, más significativa, puede un hombre demostrar su amor si no es dando su vida por otro? Cuando una mujer está embarazada le da al hijo que lleva en su vientre todo lo que ella tiene. Todas las fuerzas de su vida llegan a estar involucradas en el crecimiento del bebé que no ha nacido. De manera grandiosa, el Señor nos entrega su propio ser en la misa, cuando dice: "Doy mi vida por ti. Todo lo que tengo está disponible para alimentarte y para hacerte saludable y fuerte. Todos mis recursos son tuyos".
Una historia extraordinaria se dio a conocer en la prensa a raíz del terremoto de 1988 en Armenia, que mató a 50.000 personas. En el colapso de un edificio de apartamentos, Susana Petrosyana y su hija de cuatro años, Gayaney, cayeron desde el quinto piso y quedaron atrapadas bajo los escombros, cerca una de la otra. Susana descubrió a su lado un frasco de una libra y media de mermelada de mora y al segundo día se la dio toda a Gayaney para que se la comiera. Cuando la mermelada se acabó, la deshidratada hija dijo sollozando: "Mami, tengo sed". Susana le confesó luego a los reporte-ros: "Pensé que mi hija iba a morir de sed... no tenía agua, ni jugo, ni líquidos. En ese momento recordé que tenía mi propia sangre". Ella encontró un pedazo de vidrio, cortó su mano y la colocó en la boca de su hija. Ella sabía que iba a morir, pero quería que su hija viviera. No recuerda en que día cortó sus dedos, o cuantas veces utilizó este método para alimentar a su hija. Al octavo día de su cautiverio fueron halladas por el equipo de rescate. Ésta es una maravillosa ilustración de lo que es el sacrificio.
Nuestra vida como cristianos implica el diario sacrificio. Asistimos a misa, en primer lugar, para ofrecer un sacrificio junto con la vida y la muerte de Jesús. Cuando nos ofrecemos como sacrificio a Dios en forma de adoración, recibimos la bendición de la conversión. Con nuestro arrepentimiento, el perdón que se nos otorga, la renovación de nuestro pacto con Él, crecemos en la capacidad de entregar nuestras vidas.
Conocer a Jesús a través de las Escrituras
San Jerónimo dijo en cierta ocasión: “Ignorar las escrituras es ignorar a Cristo”. La misa se compone de dos partes: la Liturgia de la Palabra y la Liturgia de la Eucaristía. La Iglesia enseña que Dios está verdaderamente presente en las dos partes. A través de las Escrituras, reveladas por la luz del Espíritu Santo, llegamos a conocer al Padre, al Hijo y al mismo Espíritu Santo. Mediante el estudio de las Escrituras llegamos a conocer lo que Jesús enseña por medio de la reconciliación, y la unidad del pueblo en torno a sus necesidades. Si nosotros estamos dispuestos, Él nos tocará y curará. Si no conocemos las Escrituras, no estaremos abiertos para permitir que Jesús actúe dentro y a través de nosotros.
La historia del padre Paulissen
La historia del padre Richard Paulissen es un buen ejemplo de la aplicación de las Escrituras en la vida, bajo la unción del Espíritu Santo.
"Durante los primeros días aprendí como decir la misa en doce minutos. Podía hablar en un retiro durante tres días y nunca mencionar a Dios. Luego fui al monasterio en Pecos, Nuevo México, donde me encontré con la vida en el Espíritu, una noche en compañía de cincuenta y cinco personas, incluyendo a siete presbiterianos y tres sacerdotes. Un sacerdote oró por mí y no sentía nada extraño. Luego me senté y continué observando a la gente en distintas partes del salón, quienes cantaban tres canciones diferentes, sin embargo, parecía que todos encajaban".
“Luego, un joven de cabello largo, de unos diez u once años, se levantó, entonces recordé el texto de las Escrituras que dice: '...si no cambian y vuelven a ser como niños, no podrán entrar en el Reino de los Cielos' (Mt. 18:3). Después, sólo recuerdo que estaba de pie frente a Él pidiéndole oración por el bautismo en el Espíritu Santo. Luego de la oración, regresé a mi silla sin sentir nada. Pensé: 'Bueno, tú sabes, Señor, soy realmente duro. No necesito esto. Puedo ir por la vida soportando el dolor. He estado en agonia hasta ahora y puedo seguir así”.
"Míré hacia abajo y vi un libro titulado Las buenas nuevas para el hombre moderno. Cuando lo alcé descubri que era el Nuevo Testamento. Lo abrí al azar y cayó en el Evangelio de san Lucas, y comencé a leer en voz alta. Yo había estudiado las Escrituras por ocho años, pero nunca las había percibido así. Las parábolas se convirtieron en la historia de mi vida. Cuando llegué al capítulo veinticuatro de Lucas, leí el versículo: '...¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?' (Lc. 24:5). La palabra vive estalló dentro de mí por primera vez, recorrió el interior de mi ser desde la cabeza hasta los pies. ¿Él está vivo! ¿Él vive! ¿Él vive! Reconoci que había estado adorando a un Dios muerto, y ese había sido mi problema. ¿He estado adorando un libro de historia acerca de Dios, y no al Señor Jesús vivo! ¡Él vive! ¡Él vive! Seguían corriendo los pensamientos por mi mente. También tuve una increíble sensación de la presencia de alguien muy cerca a mi lado, y entonces pronuncié su nombre: 'Jesús'. Aquella noche, Él entró en mi vida y nunca, nunca, he sido el mismo". (Padre Richard Paulissen, Houston, Texas)
Promesas de sanación en las Escrituras
A medida que estudiamos las Escrituras, recordamos las grandes promesas de sanación que provienen de nuestro amado Padre. A menudo, el Nuevo Testamento declara: “Jesús los sanó a todos”. Considere algunas palabras de Jesús mismo como se lee en los siguientes versículos: "...Le traían todos los enfermos, los aquejados por males y dolencias diversas, los endemoniados, lunáticos y paralíticos, y a todos los sanaba" (Mt. 4:24).
“Pero muchos lo siguieron, Él los sano a todos” (Mt. 12:15).
“También se le presentaron en el Templo ciegos y cojos, Jesús los sanó” (Mt. 21:14). "...y devolvió la salud a los que necesitaban curación" (Lc. 9:11).
Un estudio consagrado de las Escrituras nos atrae hacia el conocimiento de Dios como nuestro Padre amoroso, lleno de bendición y regalos de sanación para todos.
Reflexiones en torno a la sanación
- Piense en la primera vez que hizo un pacto con su Padre Celestial.
- ¿Cuándo fue la última vez que renovó ese pacto?
- ¿Qué significa sacrificio para usted?

Milagros a través de los sacramentos

orton Kelsey, en su libro: Psicología, medicina y sanación cristiana, nos reta a experimentar la sanación a través de los sacramentos. Se nos recuerda que tenemos en la Iglesia "...el mismo acercamiento básico sacramental a la sanación, como Jesús. Una palabra, un toque, o un elemento material, como el aceite, podían canalizar el poder del Espíritu que transmitían los cristianos. Las palabras y el toque personal eran importantes como señales externas y visibles de la gracia interior producida por la energía espiritual. Los actos sacramentales eran solamente portadores externos del Espíritu que desea sanar"⁶.
La sanación a través de los sacramentos es verdaderamente real para el padre Richard Woldum, de Los Ángeles, California. Poco después de su ordenación, fue asignado por un año como capellán en el Hospital San José, en Alton, Illinois. Él no sabía nada acerca de la sanación, pero pronto aprendió cuán real era ese poder mediante los sacramentos. Luego compartió sus experiencias con un paciente que narra en la siguiente historia.
“Una mañana recibí una llamada para ir a ver a Johnny en la sala de emergencia. Era un niño de once años quien se estaba muriendo. Lo hallé conectado a la máquina de respiración y su cabeza estaba enormemente hinchada”.
"Los padres de Johnny me dijeron que había estado montando su bicicleta en un camino no pavimentado, cerca de la casa. Un camión pasó a gran velocidad mientras bajaba de la montaña y lo golpeó. El niño recibió el impacto en la cabeza. La colisión lo arrojó a un campo cercano. Cuando la ambulancia llegó, los médicos lo encontraron con la cabeza abierta y la mitad del cerebro derramado en el piso. Literalmente tuvieron que levantar los pedazos del cerebro, colocarlos dentro de su cabeza y llevarlo al hospital".
“Cuando les pregunté a los padres de Johnny si él había sido bautizado, respondieron que no. Me informaron que ellos no asistían a la iglesia pero que oraban en casa como núcleo familiar. Les pregunté si les gustaría que bautizara a Johnny. Se miraron uno al otro como diciendo: ¿Eso no le causaría algún daño?”. Luego me dijeron: 'Hágalo'. También me dijeron que si yo quería podía bautizarlo en la fe católica. Esa noche, con los padres y dos enfermeras presentes, como testigos, bauticé a Johnny”.
“A la mañana siguiente, yo estaba haciendo las rondas de la comunión cuando sonó mi buscapersonas. El médico de Johnny me estaba llamando para que fuese a la sala de cuidados intensivos. ¿Qué hizo usted anoche?”. Preguntó bruscamente cuando lo encontré afuera de la habitación del niño. Le expliqué al doctor, un budista, que había bautizado a Johnny (con el permiso de sus padres), para que así él pudiera ir al cielo. Cuando le pregunté por qué estaba tan consternado, él me informó que la inflamación había desaparecido. El doctor estaba aún convencido de que el chico moriría; sin embargo, si vivía quedaría como un vegetal, no se movería, no hablaría, ni siquiera movería sus ojos”.
"Aquella noche, los padres de Johnny me agradecieron por haberlo bautizado. Luego les expliqué acerca de la unción de los enfermos y les pregunté si les gustaría que Johnny recibiera este sacramento. Con su aprobación y en su presencia, unigí a Johnny".
“A la mañana siguiente, mientras realizaba nuevamente mis rondas de comunión, el doctor nuevamente me llamó por el buscapersonas. Me encontré con él en la puerta de cuidados intensivos y me condujo hacia el cuarto de Johnny, explicándome, por el camino, que él había escuchado decir a las enfermeras que yo había orado nuevamente por Johnny”.
"Luego me señaló los ojos de Johnny y preguntó: ¿Qué ha hecho usted?". Vi que los ojos de Johnny se estaban moviendo. 'Es simplemente el poder de Jesús a través de la oración por los enfermos', le contesté. Con una débil y sarcástica sonrisa dijo: 'No importa. El niño no habla ni se mueve. Sigue como un vegetal'".
"Ya era la tercera noche, contando la del accidente. Sugerí a los padres que me permitieran darle a Johnny el sacramento de la confirmación. Ellos aceptaron".
“A la mañana siguiente, sus piernas y brazos se estaban moviendo. El doctor me dijo frente a los padres: 'Ya no tengo control de esta situación'. Simplemente no era capaz de explicarse lo que estaba pasando.
Los padres se voltearon hacia mí y me dijeron que deseaban ser católicos. Les recomendé que esperaran y vieran qué pasaba con Johnny antes de tomar una decisión final”.
“Aquella tarde, cuando les expliqué acerca de la Eucaristía, me dijeron que también querían este sacramento para Johnny. Le di un poco de la 'sangre preciosa' con un gotero. A la mañana siguiente, el niño estaba emitiendo sonidos”.
“Llegó el fin de semana y se celebraba el feriado conocido como Día del Trabajo, de 1979. Fui a casa para celebrar los 90 años de mi abuela. Cuando regresé y quise ver a Johnny me enteré que había sido transferido al tercer piso, donde estaba la unidad de cirugía. Subí para verlo, temiendo que nuevamente lo hubieran llevado a cirugía. El niño estaba sentado en su cama, hablando con la madre”.
“Después de su recuperación le tomaron otras radiografías de la cabeza y encontraron que la parte de su cerebro que se salió y cayó al piso se había desarrollado nuevamente en forma normal”.
“Cuando hablé con los padres de Johnny respecto a su fe, me aseguraron que continuarían orando en casa. El doctor que atendió el caso comenzó a interesarse por la religión Católica. Tres enfermeras también se convirtieron”.
Reflexiones en torno a la sanación
• Si fuera testigo de la sanación poderosa a través de los sacramentos, ¿cómo cambiaría la forma en que los recibe?
• ¿Cuáles fueron tres detalles de la historia de Johnny que le parecieron más importantes o le crearon mayor impacto?

Parte 2 Ritos Introductorios

Rito introductorio

uando entre en la iglesia, considere la gracia de Dios que le ha traído hasta este momento. ¿Recuerda la primera vez que usted dijo: "Jesús, tú eres el Señor de mi vida"? El testimonio del padre Richard Paulissen es el reflejo de esta gracia: "Le he preguntado al Señor de vez mil veces: 'Señor, ¿por qué tardé tanto tiempo en descubrirte y llegar a la plenitud, al gozo, a la paz y al amor?'. Cuando leí acerca de Pedro en las Escrituras no me condené a mí mismo. Él anduvo mano a mano con Jesús y fue la roca sobre la cual el Salvador decidió construir su iglesia. Las Escrituras nos dicen que Pedro se asombró cuando vio la tumba vacía.
Este hecho nos muestra que todos somos humanos. Aun Pedro 'se sorprendió''.
Jesús es infinitamente paciente con nuestro lento aprendizaje y continúa acercándose a nosotros por iniciativa propia. Nos lleva al tiempo más sagrado de la Eucaristía, la unión con Él.
Una inversión
Invierta en este momento. Usted ha hecho un pacto con Jesús, quien le ama mucho. Entre y profundice en el conocimiento de esta verdad.
Ahonde en la realidad de este regalo de Dios. Espere grandes cosas. Mary Constancio de Slayton, Texas, exhorta a la gente para que abran sus corazones al poder transformador de Dios a través de la misa. En sus relatos del contacto que ha tenido con la Santísima Virgen, Mary dice: "He visto a la Virgen María en la misa en numerosas ocasiones. Ella realmente ama la misa. La he visto arrodillada adorando a Cristo y orando cerca al altar. Cuando voy a misa, para mí ya no es simplemente pasar el tiempo; es una experiencia de conversión. Siento el gran amor de nuestro Padre Celestial en ese tiempo".
Invierte en este momento. Dios lo ama: cada parte de la misa proclama esta verdad. Él desea su receptividad a su amor y no su desempeño. Lo invita para que participe de cualquier forma que pueda.
Vaya primero a misa y póngase en armonía con el Señor. Así como los atletas se calientan antes de la competencia, la oración es nuestro “calentamiento” antes de la misa. Si llegamos fríos y sin armonía, es fácil convertirse en una persona ritualista. Pídale al Señor que prepare su corazón para escuchar su palabra. Lea las Escrituras con expectativa, de forma que cuando sean proclamadas las oirá con su corazón. Permanezca atento a la palabra específica de amor que Jesús le dice durante la misa. Invierta en este momento, pues no volverá a ocurrir de la misma manera.
Agua bendita
Cuando entramos en la iglesia nos santiguamos con agua bendita, bendecida por un sacerdote para sanarnos y expulsar los demonios. Ha habido informes de personas que se han sanado cuando se ungen a sí mismos con agua bendita. Un hombre en Mobile, Alabama, se despertó con un ojo inflamado y le pidió a su esposa un poco de medicina para aliviar este mal. Al descubrir que se había acabado, ella en lugar del remedio le pasó agua bendita. Él se la aplicó en el ojo in- flamado y quedo instantáneamente sanado. “El dolor se se fue”, exclamó.
Santa Teresa de Ávila y muchos otros santos aconsejan el uso del agua bendita. La gente ha llegado a mí con la sensación de que hay maldad en sus hogares y les he dado agua bendita para que la usen. Posteriormente, me han dicho que han experimentado una sensación de paz. Usar agua bendita en la iglesia animaría a las familias a usarla diariamente en el hogar. Co-nozco de una pareja que bendice su casa en la mañana y en la tarde con agua bendita. Una enfermera, supervisora de la sala de operación en un hospital, también bendice los instrumentos médicos cada mañana con agua bendita y está convencida de que esto hace que el día sea más calmado.
Aun los médicos acuden a ella y le pi-den que los bendiga cuando las cosas van mal. Cuente con que el Señor lo bendice profunda-mente cuando usa el agua bendita.
Éste es un sacramento poderoso de la iglesia. La oración de bendición para emplear el agua bendita dice:
"Dios Padre nuestro, tu regalo de agua trae vida y refresca la tierra; limpia nuestro pecado y danos vida eterna. Te pedimos ahora que bendigas esta agua, y que nos des tu protección en este día que tú has hecho. Renueva el manantial viviente de tu vida dentro de nosotros y protégenos en espíritu y cuerpo, para que podamos ser libres del pecado y venir a tu presencia. Queremos recibir tu regalo de salvación. Te pedimos esto por Cristo nuestro Señor. Amén".
El agua es bendecida para recibir la sanación y liberación de todo lo malo, inmundo, nocivo y aquello que no es del Reino de Dios.
La señal de la cruz
La misa comienza con estas palabras: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. La señal de la cruz es una señal de esperanza que resume nuestra fe: en el nombre de nuestro amado Padre Celestial quien nos creó, en el nombre de Jesús, enviado para redimirnos y sanar, y en el nombre del Espíritu Santo, quien está continuamente santificándonos.
Comenzamos la misa anunciando que hemos venido en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Venir “en su nombre” significa entrar en su presencia, conectado a su naturaleza, identificado con Él, ejerciendo su poder. nemos la autoridad de su nombre, casi en la misma forma que deberíamos tener la autoridad del presidente, o del rey. Como cristianos, venimos bajo el nombre y la autoridad del Rey de Reyes, haciendo de la señal de la cruz nuestra marca real de nacimiento.
Jesús murió como nuestro sustituto y nos dio el derecho de usar su nombre. Él dijo a sus discípulos que fueron en su nombre, que tenían su autoridad y poder. Desde el comienzo, la Iglesia nos enseñado que en su nombre estamos armados contra los poderes del mal y que podemos llevar a cabo señales y maravillas.
Hay poder en el nombre de Jesús. San Pablo, en Filipenses 2:9 to 11, nos recuerda que Dios exaltó a Jesús hasta lo sumo y “por eso Dios lo engrandeció y le concedió el Nombre que está sobre todo nombre, para que, ante el Nombre de Jesús, todos se arrodillen en los cielos, en la tierra y entre los muertos. Y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre”.
Comenzamos en la presencia del Señor Jesucristo, en el poder de su nombre. Ese poder es el amor.
“La gracia de Cristo Jesús el Señor, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes” (2 Co. 13:14).
“La gracia de Cristo Jesús el Señor” La gracia es un favor gratis e inmerecido. La confesión de fe de la Iglesia afirma: “Fundamentalmente, la gracia significa que somos incondicionalmente aceptados, afirmados y amados por Dios por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo y que somos enteramente uno con Él en este amor. La gracia es una comunión y relación personal con Dios, una participación personal en la vida de Dios... Una vida basada en la gracia significa una vida basada en la fe, la esperanza y el amor”⁷.
Evelyn Byrd Fagan, de Santa Rosa, California, experimentó la gracia de Dios en su conversión después del suicidio de su hijo: "No fui creyente por 45 años. Hasta que mi hijo de 20 años, John, se quitó la vida saltando del puente Golden Gate en San Francisco, California. Fue la peor agonía de mi vida. No podía funcionar normalmente. Fui al médico y luego donde un psiquiatra para obtener medicamentos que me ayudaran, pero desperte a la mañana siguiente sabiendo que las píldoras no era lo que yo necesitaba. Me arrodillé y lloré ante Dios mi Padre. No había pensado en Él por años. Como el hijo pródigo, fui recibir da por mi Padre Celestial con una abundancia de amor, bendiciones y gloria. Toda mi vida se transformó. Debido a la peor agonía en mi vida, vino la bendición más grande". “Por lo tanto, acerquémonos, con plena confianza al Dios de bondad; Él tendrá piedad, de nosotros y nos recibirá en el momento oportuno” (Heb. 4:16). "...el amor de Dios..." ¿Tenemos un claro entendimiento de Dios como Padre amoroso? ¿Como Padre de sanación? Después de 25 años de educación católica, aún consideraba a Dios como un juez hasta que el Espíritu me tocó. Entonces comencé a ver a Dios más como un Padre amoroso. Tal vez, durante la celebración introductoria de la misa podríamos pedir sanación de cualquier actitud negativa que hayamos desarrollado hacia Dios en el transcurso de los años. Esas actitudes podrían incluir pensamientos como: "Dios es quien envía la enfermedad" o "Dios quiere que yo tenga este problema". Puede que usted haya asistido a la misa con un dolor físico o emocional. Nuestro Padre desea sanarlo en cuerpo, mente y espíritu. Él desea sanar las heridas, la culpabilidad, el temor, las tendencias suicidas, las compulsiones, las adicciones, los corazones rotos, la neuritis, la bursitis, el dolor de espalda y el de cabeza. Quiere que llevemos ante Él todas nuestras ne cesidades espirituales, psicológicas y físicas para sanarlas.
Muchas personas tienen un temor inconsciente hacia Dios, creen que si aman al Señor y están muy cerca de Él, los hará sufrir. Estos pensamientos son inconsistentes con la idea de un Padre amoroso. Principalmente, estos temores ocultos se cultivan por la educación religiosa que enseñó una teología de sufrimiento; por eso, la gente tiende a asociar la religión con sufrimiento.
El padre Ralph Weishaar, al leer el anterior párrafo, sugiere que debemos decir algo acerca de la realidad del sufrimiento, la cruz y el dolor, o sea, “los misterios dolorosos”. Estos son una parte normal en la vida cristiana y debemos reconocer que vendrán. “La santidad implica dolor”, reflexiona, “pero es un dolor 'permitido' por Dios y tiene tanto significado como propósito”.
Creo que es un tema en que se debe enfatizar. Los santos de todos los tiempos han sufrido, a pesar de que experimentaron un sentido increíble de cercanía, calidez y amor por parte del Padre, de Jesucristo y del Espíritu Santo. Aun así, nosotros tenemos una tendencia a mirar más su sufrimiento que su íntima relación de amor con Dios. Cuando acentuamos lo negativo en lugar de lo positivo, nuestra relación con el Padre puede verse desfavorablemente afectada.
La confesión de fe de la Iglesia: "...el mensaje principal de Dios es el de su amor infinito, es el corazón mismo de lo que Jesús dice acerca de Dios... Desde el comienzo, existía en la Iglesia la convicción de que la esencia del cristianismo es la comunión personal íntima con Dios, conociéndose a sí mismo para volver a ser niño, y así llegar a ser hijo o hija de Dios"⁸.
Muchas personas tienen dificultad para abrirse a Dios como Padre amoroso a causa de su pobre relación con su padre terrenal. En la siguiente historia, leemos el caso de Doris Deutsch, quien fue abandonada por su padre terrenal. Éste fue el motivo por el cual a ella le fue muy difícil conocer a Dios como su Padre amoroso. Cuando lea esta historia, pídale al Señor que sane cualquier aspecto negativo de su propia relación con su padre terrenal, lo cual podría ser una barrera para conocer a Dios como su Padre bueno y misericordioso.
La historia de Doris
“Mi padre abandonó a mi madre y a sus cuatro hijos cuando yo era una niña. Nunca lo vi ni vol- ví a escuchar nada acerca de él hasta que tuve 18 años; creía que estaba muerto. Cuando mi tía Emma, hermana de mi padre, me contó que él estaba vivo, quedé atónita. Le entregué a ella mi foto de graduación para que se la diera a él, con la esperanza de que se comunicara conmigo, pero nunca lo hizo. Luego, cuando confié mi vida a Jesús, comencé a desarrollar una relación con Él y conocí su amor. Sin embargo, aún estaba temerosa de Dios como Padre. Conocerlo en la dimensión de Padre tierno y amoroso me parecía imposible".
“Un día, me enteré de que mi padre había muerto. Mi oración y deseo profundo de conocerlo no se habían cumplido. Sentí un enorme dolor, entonces visité a mi tía Emma. Ella me contó algo acerca de su vida y muerte, y me dijo que él decidió no conocerme porque se sentía muy avergonzado de su conducta cuando era un padre joven. Él se enteró, por medio de ella, que yo había preguntado por él durante 17 años”.
“Permanecí cerca de su tumba, sumergida en angustia. Mi búsqueda había terminado. Esto fue lo más cerca que pude estar de mi padre. Clamé a Dios diciendo: 'Es demasiado tarde... ¡muy tarde! Ya no tengo padre'. En ese estado escuché una voz que me dijo: 'Yo soy tu Padre'. Miré al rededor pero no había nadie allí. Nuevamente escuché las palabras, esta vez más suavemente: 'Yo soy tu Padre'. Fue difícil de creer inicialmente, pero el Dios al que yo le temía me había hablado. Sentí su amor rodeándome y fui repentinamente capaz de comprender el significado del versículo de San Pablo: 'Entonces la paz de Dios, que es mucho mayor de lo que se puede imaginar, les guardará su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús'. (Fil. 4:7)”.
“Debido a que Dios se reveló a mí como Padre, ya no sentí el dolor de haber sido una niña abandonada, ni dolor por mi búsqueda frustrada. Fui sanada, de manera que sólo quedó la memoria pero no permaneció ningún dolor. Aquella tarde, en ese cementerio solitario, mi vida cambió.
Antes, Dios era sólo una figura remota de la Trinidad, ahora es el Padre con el que hablo, con el que ando y al que oro cada día. Me di cuenta de que este maravilloso Padre ama a todos sus hijos e impacientemente espera el día en el que pueda llevarnos a estar cerca de Él para siempre”⁹.
Algo muy profundo en la vida de Doris fue confirmado aquel día. Su antigua lucha terminó, el conflicto viejo se resolvió y recibió la paternidad que necesitaba. "...y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes..." La Confesión de Fe de la Iglesia afirma: "... la relación con Dios surte efecto en varias dimensiones. Se muestra a sí misma en el hombre en sí mismo. El Espíritu Santo lo sana y lo santifica. Lo santifica uniéndolo con Dios, haciéndolo completo o entero. El Espíritu produce orden, disciplina y moderación en el hombre... El Espíritu también causa una relación y comunión con Jesucristo... Porque la comunión con Dios es la más profunda realización del hombre, cualquiera que sea receptivo a la obra del Espíritu será lleno de paz interior, de consolación y gozo"¹⁰.
Por mediación del Espíritu Santo tenemos acceso a Jesús, quien nos lleva al Padre. El Espíritu Santo, a veces, es descrito como el “amor revelado del Padre y del Hijo”. A través de Él experimentamos el amor de Dios en forma tangible. Cuando entregamos nuestras vidas para que sean controladas por el Espíritu Santo, Él da el conocimiento de Jesús a nuestros espíritus. Nos ayuda a entendernos y nos muestra cómo vivir.
Aquellos que entregan su vida al ministerio del Espíritu Santo permiten que su amor penetre en las raíces de su ser, encuentran sanación profunda en la relación primaria con Dios, consigo mis- mo y con los padres. La mayoría de nosotros tratamos de hacer las cosas por nosotros mismos, en vez de permitir que el Espíritu de Dios las haga a través de nosotros. Cuando, simplemente, descansamos en Él y dejamos que él sea lo que necesitamos, hallamos sanación y paz más allá de toda medida.
"Y con tu espíritu" Dios nos llama para que respondamos a su amor. Piense en la misa más hermosa a la que haya asistido. ¿Qué fue lo que más le impresionó de esa misa? ¿Cómo le tocó la gracia de Dios en ese momento? ¿Por qué le tocó su gracia en ese momento? Pídale al Señor que le devuelva algo del gozo de ese momento para que en las próximas misas pueda entrar más dispuesto y con más expectativa.
Vaya a casa y aplique lo que aprendió en la misa. Pregúntese: “¿Qué me conmovió más en la misa de hoy?” Con base en su respuesta, estudie la palabra, idea o versículo de las Escrituras durante la siguiente semana. Conviértala en ocasión de diálogo con el Señor.
Los efectos de la misa vienen, en gran parte, por la respuesta de fe plena por parte de la comunidad cristiana allí presente, que es estimulada y despertada por el sacerdote que oficia la ceremonia. Éste es un esfuerzo de equipo que manifiesta el poder de Dios en la comunidad. Cuando decimos: “Y también con tu espíritu”, usémoslo como oportunidad para pararnos e involucrarnos. Esto nos dispone para la sanación.
Respuestas introspectivas
Le preguntamos a los encuestados ¿Cuál ha sido el mayor impacto de sanación que ha recibido en una misa? Algunas de esas respuestas son las siguientes:
- La experiencia de conversión en la misa nocturna de fin de año. (Pete Smith)
• Sanación de una cicatriz emocional muy profunda cuya causa exacta desconozco, y ya no existe más. (Mary Kohn)
- Cuando mi corazón supo definitivamente que Dios era mi Padre. Mi mente siempre lo sabía, a nivel racional, pero no mi corazón. (Jaqueline Roberts)
• Perdón hacia mi única hija porque se casó sin mi conocimiento. (Carmen Sale)
• En una conferencia de sanación, el Señor medio un importante mensaje acerca de una herida interna que Él iba a sanar. Una herida profundamente oculta que yo no había sido capaz de descubrir por más de 25 años de psiquiatria y sanación interna. La sanación se llevó a cabo, probablemente, por el hecho de que cada mañana llegaba a misa cinco minutos antes de la conferencia de sanación. (Asistente legal)
• Perdón a mi ex esposo por su abuso para con nuestros hijos. (Donna L.)
- Mi intensa migraña desapareció después de que el cuerpo y la sangre de Cristo fueron elevados. (Ann Belale)
- Superar la depresión en que vivía después de haber sido bruja. (Lillian Crow)
• Después de terminar una relación que fue dolorosa de romper, el Señor vino a mí luego de la comunión como la mano de un cirujano. Él entró en mi corazón y arrancó, como con limpiador, las heridas. Lloré porque dolió emocionalmente, pero me sentí renovada después. (Jerilyn Gravois)
- Estuve bajo cuidado quiropráctico por sufrir ciática, un nervio oprimido. El dolor fue frecuentemente agudo, durante casi un año. Cuando mi esposa dijo: “Tú no necesitas un doctor, Jesús te sanará”, oré diciendo: “Jesús, ahora es tu turno”. En dos o tres días la condición se aclaró y no volvió a repetirse, aun después de un año. (Edward Popielarski)
En la celebración introductoria tenemos la oportunidad de entrar en una profunda apreciación por el amor sanador del Padre, recordando que “Dios es amor” (1 Jn. 4:16). Como un Padre amoroso, Él desea que recibamos y entremos en su amor. Mantengámonos dispuestos a recibir su amor cuando asistamos a la misa en su nombre.
Reflexiones de sanación
- ¿Cómo sería su vida sin la misa dominical o la misa diaria?
- Recuerde las emociones de la misa más significativa a la que haya asistido.
- Cómo se prepara para la misa?
- Reflexione acerca de las tres formas en que puede aplicar lo que aprende en la misa.
- ¿Ha interferido la mala relación con su padre terrenal en la relación con su Padre Celestial?
• Escriba una carta a su Padre Celestial expresándole los cambios que le gustaría tener en la relación con Él.
(desteiqo) l'eselol cola roub e túpe la conferencia de -topo alguém nota notou por não obter elas ni nóscito que abutorá seu no inútero do bolsa sur que o tamanho em abso-de-sol não com ação do O (O) (1)"toma-lo a col" se no consigo a considerar o que está a concluyer a uma quê como crição de uma reunião e a que ele não vida a Ano de nóipónsse sb asmoicsóes * Supercar la de por cima que viva, de que de la unidad en la que se le a la de la unidad en la que viva. o los comboesama al que le ha comasado como y, * Sueño cama al

5 Penitencial Rito

Cuando nos preparamos para celebrar el misterio del amor de Cristo, podemos llegar a conocer nuestros fracasos para pedir al Señor que nos perdone y nos dé fuerza. omo preparación para la celebración penitencial, imagínese que está sentado tranquilamente en su lugar favorito, contemplando su relación con el Señor. ¿Existe algo en su corazón que detenga la fuerza total de su amor? ¿Existen barreras que bloqueen el caudal de su gracia? ¿No se ha amado a sí mismo? Pregúntele al Señor, ¿qué me está cegando de tu amor? ¿Por qué no puedo amarme como tú me amas?
Muchos de nosotros podemos, fácilmente, enumerar las docenas de rasgos negativos que tenemos, mientras que pocos recordamos los atributos o cualidades que poseemos. La mayoría de nosotros tenemos dificultades con la autoestima. El Salmo 139 dice: “El... cuando yo era formado en el secreto...”. Nosotros lo discutimos: “¿Cómo sucede esto?”. Nuestro Padre Celestial dice: “...túERES maravillosamente formado, aunque imperfecto, limitado, disfuncional, privado de amor, pero fuiste secreta y maravillosamente creado”.
En vez de aceptar esta verdad, creemos en una mentira. Hay una historia conmovedora acerca de un pequeño niño llamado Steven, quien fue secuestrado y luego abusaron sexualmente de él durante siete años. Cuando lo soltaron y pudo regresar con sus padres, estaba lleno de culpabilidad y creía que era responsable de todas las cosas malas que le habían sucedido. Él necesitaba ser liberado mediante el conocimiento de sus méritos. Nosotros también necesitamos ser liberados con el conocimiento de nuestros méritos.
Cuando confiese ante Dios sus debilidades y fracasos, pídale que le dé una visión para entender sus actos. Sea paciente consigo mismo. Cuanto más crezca en el Espíritu, verá mejor sus debilidades, fracasos y caídas, a la luz de su miseri- cordia y amor. La paciencia trae humildad y poder de espíritu, lo cual abre la puerta a la gracia de Dios. Cuando sabemos que no podemos hacerlo por nosotros mismos, es cuando el Señor puede obrar. Cuando conocemos su misericordia, podemos reconocer nuestras debilidades. Cuando descargamos nuestras debilidades ante Él, entonces quedamos ampliamente dispuestos para recibir su gracia sanadora.
Confieso ante Dios todopoderoso, y ante vosotros hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión, por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa, por por eso ruego a Santa María siempre virgen, a los ángeles y a los santos y a vosotros hermanos para que intercedáis por mí ante Dios todopoderoso.
Al comenzar la celebración penitencial, recordemos que, sólo por la acción del Espíritu Santo en nuestros corazones, podemos decir: "Creo que mi Padre Celestial verdaderamente me perdona por los errores que he cometido". Únicamente su gracia nos capacita para implorar: "Señor, recibo tu perdón".
Porque como Él nos ha perdonado, nosotros también podemos perdonar a los demás. La celebra ción penitencial es la clave de la sanación a través de la misa, porque, en ese momento, es cuando nos disponemos a recibir el perdón del Señor, para luego poder perdonar, tanto a nosotros mismos como a los demás.
Mucha gente opina que no necesita perdonar a nadie. Ésta ha sido mi experiencia, sin embargo, todos necesitamos perdonar. Necesitamos perdonarnos. Por los resentimientos inconscientes que hemos tenido para con Dios, por heridas, dolor, la muerte de un ser amado o incluso por alguna oración no contestada. Necesitamos también el perdón en las relaciones con nuestros padres, hermanos, hermanas, amistades y cónyuge. Los padres necesitan perdonar a sus hijos por haberse aislado de la Iglesia. Una mujer me dijo una vez: "Padre, no me había dado cuenta de que no había perdonado a mi hijo por haberse casado con una chica mormona y por haber dejado la Iglesia para convertirse en un miembro mormón activo. Después de su charla, fui capaz de perdonarlo". Necesitamos perdonar a nuestros compañeros. Las personas que tienen el oficio de administradores dicen que conservar la paz entre sus empleados es uno de los problemas más importantes y difíciles. Los empleadores, empleados, vecinos y gente de la iglesia también necesitan ser perdonados. tro de la Iglesia Católica necesitamos perdonar a los obispos, a los sacerdotes, a las religiosas, a los miembros del concilio eclesiástico y a los líderes laicos. Necesitamos perdonar a los profesionales: médicos, enfermeras, abogados, jueces, maestros. Igualmente necesitamos perdonar a los amigos. ¿Quién es la persona que más lo ha herido en toda su vida? Si puede pensar en alguien, pídale al Espíritu Santo que le revele a esa persona por su nombre. Tome un lápiz y un papel y anote los nombres de las personas que lo han herido y que aún necesita perdonar.
Lo animo para que haga la Oración del perdón, durante nueve días consecutivos, o por varias semanas, meses e incluso años. Las personas con enfermedades degenerativas deberían considerar esta oración como una base para comenzar una sanación, pues el origen de muchas enfermedades puede relacionarse con la amargura, el resentimiento o la falta de perdón.
Si continúa haciendo esta oración, algunos recuerdos que estaban ocultos fluirán dentro de su conciencia para ser sanados en el amor de Dios. A medida que ellos emergen, simplemente, entréguelos al Señor. El perdón es una dec sión, no un sentimiento. Si nosotros perdonamos con nuestra voluntad, Dios hará que brote de nuestros corazones.
También, cuando perdonamos no es que estemos admitiendo que los demás tienen la razón y que nosotros estamos equivocados. Tampoco estamos asegurando que no nos hirieron. Igualmente, no estamos negando la responsabilidad y culpabilidad de la otra persona. Cuando perdonamos las injusticias, simplemente, decidimos obedecer a Dios. No permitimos que las fallas del otro dictaminen nuestras actitudes, acciones ni emociones. Nosotros nos encargamos de ellas.
Algo maravilloso sucederá si se somete a este proceso de sanación. Dios va a abrir su corazón y le dará poder con nueva vitalidad, energía y salud. Cuando se arrepienta y perdone, tal vez en ese momento estará más unido a Jesús. Ha ingresado al milagroso reino del amor de Dios. Ya es verdaderamente libre. El perdón es amor en acción.
Muriel Neveux, enfermera de Laurence, Massachusetts, tuvo una visión poderosa durante la misa y quiere compartirla con los lectores de este libro. Oro pidiendo que esta experiencia de sanación a través del perdón sea de gran ayuda para usted.
La meditación de Muriel
"Estaba parada debajo de la cruz contemplando a Jesús en su agonia. Él me miró y me pidió que trajera ante la cruz a cada persona que me había herido de alguna forma. Lo miré escépticamente, no deseando hacer esto. Él me ordenó: 'Tráelos ante mí y perdónalos como yo te he perdonado'. Cuando hice esto, traje a varias personas a los pies de la cruz. Fue como un desfile. Llegó el momento en que una de las personas que yo quise traer no vino".
“Me volví al Señor en la cruz y pedí su ayuda. Él bajó de la cruz y caminó hacia la persona con sus brazos extendidos. Ella empezó a golpear su pecho con los puños cerrados. A medida que hacía esto con mayor brusquedad, los brazos de Jesús la abrazaban, hasta que finalmente aceptó el poder de su amor en aquel abrazo.
Entonces Jesús puso un brazo alrededor de su hombro y otro en el mío y nos llevó a la cruz. Allí, Él tomó la mano de ella y la mía. Nos hizo estrecharlas con la suya. Nosotros pudimos sentir su amor sanador que nos penetraba. Después de reconciliarnos, tomó nuevamente su lugar en la cruz, nos miró, sonrió y dijo: 'Estoy aquí en la cruz para hacerlos libres. Los he redimido. Son personas nuevas con corazón de carne'. Luego miró hacia el cielo y dijo: 'ha culminado'".
Cuando está de pie ante Dios, enfadado y herido, quizás anhelando venganza (pero deseando aún más estar en la perfecta voluntad de Dios), oro, pidiendo que tenga valor para dejar toda amargura y odio a un lado y pueda escoger amar con el amor de Dios.
Oración del perdón
Señor Jesucristo, pido hoy la gracia para perdonar a todos en mi vida. Yo sé que tú me darás fuerza para perdonar. Dejo que todo el resentimiento ocasionado por desgracias, muerte y enfermedad en la familia se vaya hacia ti. Me someto a ti, hoy, en fe y confianza. Tú me amas más de lo que yo me amo, y deseas mi felicidad más de lo que yo la deseo. Jesús, tú eres el Señor de mi vida. Por favor, entra en mi corazón de una manera más profunda y quita cualquier cosa que bloquee el flujo de tu amor. Por favor, dame la gracia para descansar en tus brazos y permíteme ser amado por ti.
Señor, porque tú me has perdonado, yo puedo perdonar mis propios pecados, fal- tas y fracasos. Por todo lo que realmente es penoso en mí y por todo lo que pienso que es malo, yo me perdono. Por cualquier profundización en lo oculto, la tabla ouija, los horóscopos, el espiritismo, por ir a que me leyeran la suerte o usar amuletos de buena suerte; por cualquier llamado que haya hecho a las fuentes de poder fuera de ti; por tomar tu nombre en vano; por no adorarte; por herir a mis padres; por emborracharme o usar drogas; por pecar contra mi pureza; por el adulterio; por el aborto; por robar o mentir; yo me perdono hoy de verdad. Renuncio a todas las cosas que me controlan negativamente. Dejo las cosas que tenía contra mí y hago la paz con migo mismo, hoy.
Ahora estoy de pie ante ti como un intercesor y extiendo el perdón a mis antepasados por los actos negativos y de desamor que realizaron. Vengo ante ti, Señor, en nombre de todos los de mi árbol familiar y te pido perdón por cualquier acción pecadora que hayan realizado. Permite que fluya el perdón a través de mi árbol genealógico.
Permite que las heridas del pasado sean sanadas gracias a mi acto de perdón, hoy. Gracias, Señor.
Perdono a mi madre, Señor, la perdono por las veces que me hirió, por tenerme resenti-miento o por haberme castigado injustamente. La perdono por preferir a mis hermanos y hermanas; la perdono por decirme que yo era bobo, feo, tonto, el peor de los niños, o que yo le ocasionaba muchos gastos a la familia. La perdono por rechazarme, abandonarme o intentar abortarme. La perdono por decirme que yo no era deseado, que fui un accidente o un error. La perdono por cualquier carencia de nutrición y falta de abrazos o besos que haya tenido conmigo.
También por cualquier ocasión en la que no me haya proporcionado una bendición profunda y satisfactoria como madre. Hoy, realmente, la perdono. Oro por ella y pido la bendición tuya sobre ella.
Perdono a mi padre, Señor, lo perdono por la falta de apoyo y compañerismo conmigo, por beber, por los castigos severos que me dio y por el abuso sexual. También por el abando no o infidelidad hacia mi madre. Lo perdono por no demostrar su amor, por los abrazos y besos de los que carecí, por la ternura e intimidad que no me dio. Por la falta de una profunda y satisfactoria bendición de él como padre. Lo perdono hoy. Oro por él hoy, y pido la bendición tuya, Señor, sobre él.
Perdono a mis hermanas y hermanos por cualquier acto de desamor y por su negativismo. Perdono a aquellos que me rechazaron, que mintieron acerca de mí, que me tuvieron resentimiento, que me dañaron físicamente, o compitieron por el amor de mis padres. Perdono a todos mis parientes con lazos sanguíneos por el daño hecho a nuestra familia. Perdono a todos los parientes unidos por lazos matrimoniales por cualquier abuso o expresión de negativismo y desamor. Oro por ellos y pido la bendición tuya sobre ellos.
Perdono a mi esposo por la falta de amor y de afecto, por su desconsideración, falta de apoyo y de comunicación. Perdono a mi esposo por sus fallas, fracasos y debilidades. Pido la bendición tuya sobre mi esposo, hoy.
Perdono a mis hijos, hoy. Los perdono por la falta de respeto y de obediencia, por su desamor, falta de atención y comprensión. Los perdono por sus malos hábitos, por alejarse de la Iglesia y por cualquier otra acción que me haya perturbado. Oro por ellos y pido tu bendición sobre ellos.
Perdono a mis amigos. Los perdono por decepcionarme, por los chismes que dijeron de mí, por pedir dinero prestado y no devolverlo y por motivarme hacia las conductas pecadoras. Oro por ellos y pido tu bendición, Señor, sobre ellos.
Perdono a mis vecinos por cualquier acto negativo, por la falta de consideración, por el prejuicio, por desprestigiar el barrio, los perdono, hoy. Oro por ellos y pido tu bendición sobre ellos.
Perdono a los sacerdotes, religiosas, obispos y al papa por la falta de apoyo, de amistad, mezquindad, malos sermones, por cualquier herida que ellos me hayan infligido. Oro por ellos y pido la bendición de Dios sobre ellos.
Perdono a mis jefes. Los perdono por no pagarme un salario equitativo y suficiente, por no apreciar mi trabajo, por ser duros e irrazonables, por estar enfadados y ser hostiles, por no promoverme, por no felicitarme en mi trabajo. Oro por mis jefes, hoy, y pido tu bendición para ellos.
Perdono a todos los profesionales. Perdono a los abogados por cualquier daño que me hayan causado. Perdono a los maestros escolares por humillarme e imponer castigos injustos; por la falta de calor humano; por no apoyarme en desarrollar mi potencial. Perdono a los médicos, enfermeras y demás profesionales de la rama médica por tratarme sin compasión. Oro por ellos y pido la bendición tuya sobre ellos.
Perdono a las personas que trabajan en establecimientos gubernamentales o públicos. Perdono a aquellos que infringen las leyes oponiéndose a los valores cristianos. Perdono al policía por cualquier abuso. Oro por ellos, hoy, y pido la bendición de Dios sobre ellos.
Padre Celestial, ahora perdono a cada miembro de la sociedad que me ha herido de alguna forma. Perdono a aquellos que me han rechazado o herido con acciones delictivas, agresión sexual o acciones obscenas. Perdono a los que han cometido actos anónimos malignos en la sociedad. Perdono a aquellos que me han defraudado o han difamado mi carácter. Perdono a aquellos a quienes no puedo dirigirme directamente ni enfrentarlos con mi enojo: al ladrón que se escapó, al violador, al asesino, a los portadores desconocidos de enfermedad, a los agresores en tiempo de guerra. Oro por ellos, hoy, y pido tu benidición sobre ellos.
Padre Celestial, ahora perdono, como un acto de mi voluntad, a la persona que más me ha herido en la vida. La que es la más difícil de perdonar. Ahora escojo perdonarla. También hago las paces con el miembro familiar, con el amigo y con el miembro del clero que más me ha herido en la vida. Oro por ellos, hoy, y pido la bendición tuya sobre ellos. Gracias, Padre Celestial, por hacernos libres. En el nombre de Jesús. Amén.
Si se siente mejor ahora, entonces, ha experimentado la sanación a través del perdón. Debe sentirse más ligero y mucho más tranquilo. El perdón es un acto de la voluntad, no de las emociones. Cuando escoge perdonar, Dios permitirá que esa opción que tomó pase, con el tiempo, de su cabeza a su corazón.
Le recomiendo que haga esta oración diariamente. Puede ser durante nueve días, como una novena. Pídale al Espíritu Santo que abra su corazón hasta los niveles más profundos del perdón. Leer acerca del perdón también le ayudará. Esto elevará su conocimiento de la necesidad de perdonar y aumentará su “conciencia en torno al perdón”.
Algunos encuestados comparten historias del perdón
- Dejé de recibir al Señor durante aproximadamente dos años, debido a que un compañero del pasado había hecho mi vida miserable, hasta el punto de tener que dejar mi trabajo. No podía perdonarme, y no me sentía digno de recibir al Señor. Durante un seminario de sanación de la autoimagen, en 1987, en la catedral de María, en San Francisco, me di cuenta de cuánto me ama el Señor. Pude perdonar a esa persona y a mí mismo. Entonces, fui capaz, finalmente, de recibir a Jesús en la Eucaristía. (A.E.)
• Yo fui capaz de perdonar heridas graves de mi matrimonio y amar a mi esposo en un mayor grado. (Francés Y.)
- Cuando estaba casi muerta y quebrantada debido a las relaciones familiares, fui a misa y vi a Jesús extendiendo sus manos hacia mí como diciendo: “Perdónalos como yo te perdoné”. (Leticia Cadiz)
• En 1987, el padre Robert DeGrandis entró a mediodía en la catedral de Nuestra Señora de la Paz en Hawaii. Nosotros no lo esperábamos
hasta el servicio nocturno. Cuando él comenzó a celebrar la misa, sentí un extraño dolor agudo desde el cuello hasta el hombro, seguido por un rápido dolor en el otro hombro donde yo había tenido bursitis hacia dos años. Pequeños dolores intermitentes continuaron punzando mi cuerpo durante la misa. Cuando me fui a casa, después de la misa, los dolores eran más fuertes, y se ubicaron en mi columna. En casa, descansé en el suelo. Sufrió de artritis durante 32 años, al parecer, estaba relacionada con mi falta de perdón hacia mi primer marido. Pensé que lo había perdono, pero no, lo tenía 'anulado'.
El proceso de sanación duró cinco horas. Cuando el padre DeGrandis inició la misa sanadora aquella noche, ya estaba sanada. El padre Robert no estuvo cerca de mí en ningún momento. (Marguerite Bilger)
- La misa más significantiva a la que he asistido en la vida fue la de un sacerdote amigo. Estaba lleno de enojo, odio y resentimiento en mi corazón hacia los miembros de mi familia. Ni siquiera podía extender la mano en señal de paz. Cuando él hizo la oración del perdón, me levante de mi oscuridad y vine a la luz. En la comunión estaba lleno de amor y perdón. Se había ido todo el resentimiento y enojo. Reviví mi
vida y fui capaz de perdonar a todos los que más me habían herido. (Mattie Hyatt)
El sacramento de la reconciliación
Cuando entramos en el confesionario, después de perdonar a nuestro prójimo, cumplimos los requisitos expuestos en las Escrituras de perdonar a nuestro prójimo, confesar nuestros pecados unos a otros y buscar el perdón de Dios, por las ofensas cometidas contra su amor. El confesionario está colocado en un lugar público. La presencia del sacerdote, a través de quien Dios administra la absolución, representa no solamente a Cristo sino a la Trinidad.
Una psiquiatra habló, en cierta ocasión, acerca de pacientes que necesitaban expulsar sus preocupaciones, frustraciones y pecados. Ella aseguró que esto le había costado a sus pacientes mucho dinero. Cuando se le sugirió que el confesionario católico había tenido este propósito durante siglos, ella quedó fascinada por la verdad de esa declaración. Otro psicólogo dijo que él podía terminar el tratamiento de un 90% de sus pacientes; si tan solo perdonaran! Cuando usamos el confesionario con la disposición correcta, obtenemos bendiciones espirituales, físicas y emocionales.
Respuestas de la encuesta
Realizamos un estudio con 100 personas, a quienes les hicimos preguntas como: "¿Con qué frecuencia recibe el sacramento de la reconciliación?". Las respuestas fueron las siguientes:
Table summary: La frecuencia de actividad predominante se concentra en intervalos de pocos meses y en una periodicidad mensual, mientras que las frecuencias semanales o más recurrentes son muy poco comunes. Existe también una proporción considerable de respuestas inconstantes y un volumen significativo de personas que no proporcionaron información.
Una de ellas dijo que asiste al sacramento de la reconciliación dos veces por mes como “medicina para su espíritu”. Ha soportado una vida dura y ha hecho muchas cosas por las que se siente avergonzada. Pasó por una conversión espiritual significativa y cambió profundamente. Ahora reconoce los viejos patrones de comportamien- to que aún tienen cierto impulso en su ser. "La medicina para su espíritu" le permite tomar opciones saludables y evitar los patrones viejos de manera constante.
Animo a cada uno de los lectores para que haga del sacramento de la reconciliación una parte permanente de su vida cristiana. Necesitamos estos dones y gracias, dados por Dios, para mantenernos fuertes y sanos al igual que para permanecer conectados con Él.
Dios omnipotente, ten misericordia de nosotros, perdona nuestros pecados, y traénos a la vida eterna. Amén.
La historia de la hermana Eileen
La hermana Eileen Jones es miembro de la Congregación Victoriana de Hermanas de la Presentación de la Bendita Virgen María y vive en Victoria, Australia. Su historia empezó en 1956 cuando se cayó por las escaleras y se dañó la columna. Éste es un testimonio poderoso de la gracia de Dios. Ella nos ha dado permiso para compartir su historia.
“A raíz de un malentendido, tuve que esperar tres meses para que me dieran una cama en el hospital. Un médico me puso en terapia de tracción y luego supe que esto no había sido manejado adecuadamente. Una serie de eventos siguieron como resultado de este error que continuaron deteriorando mi condición física. El pronóstico decía que yo terminaría en una silla de ruedas y tendría que tomar medicina contra el dolor por el resto de mi vida. Eventualmente, perdi el uso de mi lado derecho.
Luego, me dijeron, basados en una prueba de oído, que iba a quedar sorda. Mis ojos también empezaron a deteriorarse. Debido al error me practicaron, además, una histerectomía, y finalmente fui enviada a un psiquiatra. Mi tratamiento incluía 27 píldoras al día, que no amortiguaban el dolor. Mi capacidad de moverme continuó deteriorándose. En marzo de 1977 no podía estirar las manos más allá de las rodillas.
Para hacer peor las cosas, algunos de mis superiores no creían que algo estaba físicamente mal en mí".
“Un día, en un retiro dirigido, un sacerdote vino a mí y me dijo: 'Eileen, vamos a orar por tu espaldadía, y cuando estés sana será como una llama de fuego blanco que quema a través de cada nervio de tu espina dorsal hasta devolverte la vida'. Todos los días del retiro, él oró por mí. Al cuarto día le dije: '¿Sabes?, ahora puedo perdonar a to- dos mis superiores, quienes no creían que algo estaba mal conmigo' Él contestó: 'Eileen, ahora el Señor puede sanar tu columna'. Yo había perdonado, así que ahora nuestro Señor me sanaría. Por su gracia permitió que el bloqueo fuera quitado".
"Un domingo, durante la primera lectura de la misa, sentí tirones en el cuello como si un quiropráctico estuviera poniéndolo en su lugar. Comprendí, de repente, que yo podía mover mi cabeza de lado a lado, cosa que no había podido hacer desde hacía dos años. En la Oración del creyente, el sacerdote agradeció al Señor por la experiencia más grande de su vida. (Me di cuenta después que se estaba refiriendo a mi sanación). A la mañana siguiente, el sacerdote dijo: 'El Señor está sanando tu columna en tres secciones'. (Estaba dañada en tres partes). Cuando él oró vi pequeños globos eléctricos blancos que estaban conectados por un fino alambre, todos brillaban, uno por uno. No me había dado cuenta aún de que mi columna había sido sanada.
En la tarde, cuando me encontraba en la capilla, de repente se me ocurrió que estaba sentada en una silla ordinaria, completamente derecha y sin dolor. Lloré ante el Señor cuando comprendí que mi espalda había sido sanada, y me arrodillé por primera vez en once años".
“Durante la noche, no pude dormir porque los nervios en mi pierna y cadera derecha estaban regresando a la vida e, incluso, la pierna izquierda estaba creciendo hasta su longitud correcta. Cuando el sol salió, pude ver todo claramente en mi cuarto, sin los lentes. Escuché el reloj que hacía tic tac, por primera vez en siete años”.
“Cuando le conté al sacerdote lo ocurrido, él sonrió y dijo: 'Y allí habrá mucha más sanación. Si tu Señor te hubiera sanado totalmente en un instante tal vez habrías tenido un colapso. Eileen, Él ha sido muy misericordioso contigo'. El Señor puede hacer tanto más de lo que nosotros podamos pedir o imaginar”.
“Un día, una mujer a quien estaba orientando en asuntos de fe, me pidió que le contara la historia de mi sanación. Inadvertidamente, mencioné el nombre del primer doctor que me colocó incorrectamente la tracción. Cuando ella escuchó el nombre, estalló en lágrimas y me confesó: 'Hermana, aquel hombre era mi padre'. (Él había muerto hacia 12 meses). Ella me aseguró que había sentido indignación al oír la historia mientras estaba allí sentada, y se arrodilló en el suelo. Yo me arrodillé al lado de ella. Ambas estábamos llorando y pedimos el perdón de Dios en nombre de la familia; ella por el daño hecho, por el error, y yo por cualquier esclavitud de resentimiento o falta de perdón que pudiera tener en lo profundo dentro de mi corazón".
“El tiempo de Dios es tan perfecto. Han pasado varios años desde aquella experiencia de sanación. En mi ministerio de oración por la sanación, soy profundamente consciente de los obstáculos ante el poder sanador de Jesús. Creo que los más grandes son aquellos que se involucran con lo oculto, los que guardan resentimiento y les falta el perdón, los que emiten juicios contra otros, también lo que percibimos de nuestros padres y sus acciones hacia nosotros, los pecados generacionales y las heridas recibidas en el vientre”.
Reflexiones en torno a la sanación
- Recuerde los sentimientos que experimentó en su reconciliación más significativa con otra persona.
- ¿Qué provocó esta reconciliación?
• Reflexione en torno al perdón del Señor.
- ¿Tiene una relación sanadora con usted mismo?
- · ¿En qué áreas aún mantiene algo contra us- ted mismo?
- The old monarchies are the most important.

Señor, ten piedad

Le pedí justicia al Señor, entonces me acordé de mí mismo, y le pedí misericordia.
(Autor desconocido) oda mi vida he estado diciendo el Kyrie Eleison en la misa. Finalmente, un día se me ocurrrió, muchos años después de haber sido ordenado en el sacerdocio, pensar: "Señor, ten piedad". Nunca antes lo había escuchado tan clara y profundamente. Nosotros somos como esponjas que flotan en un océano de misericordia y clamamos "piedad". Lo único que necesitamos es tener la capacidad de recibir, como la esponja. Cuando una esponja tiene esta capacidad, el agua entra precipitadamente y la llena. Cuando nosotros perdonamos, y recibimos su perdón, podemos, entonces, empaparnos de misericordia. La misericordia significa amor y perdón en acción. El Salmo 51:1 dice: "Piedad de mí, Señor, en tu bondad...". El Señor nos extiende sus brazos y dice: "Reciban mi perdón y mi misericordia". Cuando usted abre su corazón y dice: "Señor, yo te recibo", la esponja seca, que ha estado flotando en el océano de misericordia, empieza a empaparse de toda esa gracia.
El Señor, entonces, nos lleva tiernamente al Padre, cubierto en su preciosa sangre, y dice: "Piedad". El acusador, el diablo, interrumpe enojado y pregunta: "¿Pero y qué de esto... y esto... y esto?". El Padre hace caso omiso del acusador, y lo mira a usted, pero ve a alguien limpio y completo, lavado en la sangre de su Hijo. Su corazón se inunda de alegría cuando dice: "Ven, amado de mi Hijo". No existe el tiempo con Dios porque Él vive en el eterno presente, y nos ve en nuestro estado futuro, en gloria, por lo cual está muy contento con nuestro aspecto.
Kirie, eleison... Señor, ten piedad Christe, eleison... Cristo, ten piedad Kirie, eleison... Señor, ten piedad A lo largo de la historia, el Señor ha revelado su amor de constante y paciente misericordia. Esa misericordia no sólo es el atributo más grandioso de Dios, también es su propia naturaleza. Como leemos en 1 Juan 4:16: “Dios es amor”. En Polonia, durante el año 1931, el Señor se le apareció en visión a la religiosa M. Faustina Kowalska, de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. Le pidió que pintara un cuadro donde estuvieran inscritas las palabras: “Jesús, yo confio en ti”. Habló de las personas que vendrían a Él buscando la fuente de misericordia. “Yo soy la misericordia encarnada”, le dijo (Diario, 1.775). En una novena subsecuente a la Misericordia Divina, Él le pidió lo siguiente:
- Día 1. Tráeme a la humanidad entera, especialmente a los pecadores, y sumérgelos en el océano de mi misericordia.
- Día 2. Tráeme las almas de los sacerdotes y religiosos y sumérgelos en mi misericordia insondable.
- Día 3. Tráeme a todas las almas devotas y fieles y sumérgelas en el océano de mi misericordia.
Día 4. Tráeme a todos aquellos que no creen en mí y a aquellos que aún no me conocen... sumérgelos en el océano de mi misericordia.
Día 5. Tráeme las almas de aquellos que se han separado de mi Iglesia y sumérgelos en el océano de mi misericordia.
Día 6. Tráeme las almas mansas y humildes y las almas de los niños pequeños, y sumérgelos en mi misericordia.
Día 7. Tráeme las almas que veneran y glorifican especialmente mi misericordia, y sumérgelas en mi misericordia.
Día 8. Tráeme las almas que están detenidas en el purgatorio y sumérgelas en el abismo de mi misericordia.
Día 9. Tráeme las almas que han llegado a ser tibias y sumérgelas en el abismo de mi misericordia.
Dimensiones de la misericordia
Tres palabras hebreas que revelan las dimensiones de la misericordia son: rahoum, hanoum y hesed. Rahoum sugiere compasión maternal como lo refleja el pasaje: “Pero, puede una mujer olvidarse del niño que cría o dejar de querer (rahoum) al hijo de sus entrañas?” (Is. 49:15). Hanoum sugiere misericordia soberana como dice: “Señor, apiádate de mí, sáname, porque pequeña contra ti” (Sal. 41:5). Hesed es la palabra que los teólogos usan para significar gracia. Significa bondad amorosa, misericordia y convenio. Los judíos tenían una comprensión maravillosa de la misericordia de Dios. Debido a que Él había hecho un convenio con ellos, entendían su fidelidad. No importaba lo que ellos hicieran, él siempre los perdonaría: “Los cerros podrán correrse y moverse las lomas; más yo no te retiraré mi amor (hesed), ni se romperá mi alianza de paz contigo; lo afirma Yavé, que se compadece de ti” (Is. 54:10).
Una de las circunstancias que más nos califica para recibir la misericordia es, precisamente, la necesidad extrema. Podríamos decir que el amor y la miseria dan a luz la misericordia. En el mundo de hoy existe una necesidad desesperada de recibir misericordia. Vivimos en una generación sin esperanza.
La Iglesia es una colección de pecadores que atraen la misericordia de Dios, y ofrecen un modelo de misericordia para el mundo. Los cristi nos estamos llamados a sanar a la sociedad, a ser sanadores, a estar abiertos y a ser bondados son los demás. Hemos sido llamados para propagar la misericordia, tanto a nosotros mismos como al mundo.
El Señor dice en Yo soy Jesús, lleno de misericordia:"La misericordia es el poder divino de mi amor que fluye hacia el que la busca. Uno de los muchos regalos que otorgo cuando recibes mi Espíritu Santo es esa misericordia. Cuando permites que mi divino amor fluya de ti hacia otro que tiene necesidad, es mi misericordia la que fluye. Cuando tú, o cualquiera de mis hijos tiene misericordia para con alguien, es equivalente a que yo tuviera misericordia con esa misma persona... debido a que mi Espíritu mora en ti. La misericordia es un eslabón perdido que pertenece al amor. No puedes amar si no eres capaz de tener misericordia. ¡No puedes tener misericordia si no amas! Sé que esto te puede parecer demasiado, pero debes saber la verdad. Mi pueblo pide que yo les dé misericordia, pero ellos no la dan a otros porque escogen no amar, o escogen a quienes quieren amar. Dios no hace acepción de personas... ni con su propio pueblo".
Las obras de misericordia
En nuestro catecismo de la infancia nos enseñaban las siete obras corporales y las siete obras espirituales de misericordia.
Los corporales son: alimentar al hambriento; dar bebida al sediento; vestir al desnudo; albergar al que no tiene casa ni hogar; visitar al enfermo; rescatar al cautivo y enterrar a los muertos.
Los espirituales son: instruir al ignorante; aconsejar al que tiene dudas; amonestar a los pecadores; tolerar pacientemente los pecados que contra ti cometan; perdonar las ofensas, con una buena actitud de tu parte; confortar a los afligidos y orar por los vivos y los muertos.
Modelo de misericordia
El modelo más destacado de misericordia en la Iglesia Católica, durante los últimos años, fue la madre Teresa de Calcuta. Ella nos desafía a examinar nuestras vidas a la luz del llamado del Señor para ser una Iglesia misericordiosa.
Con un experimento psicológico en una universidad se obtuvieron conclusiones con respecto al poder curativo que tiene simplemente el ob servar "la misericordia en acción". El auditorio tuvo la tarea de observar a la madre Teresa trabajando. Durante el experimento, los participantes se sometieron a una prueba de saliva que marcaba el índice de respuesta del sistema inmunológico. Miraron un video durante 60 minutos sobre la obra de la madre Teresa. Después del video, el cincuenta por ciento dio una respuesta positiva y la otra mitad una negativa, con respecto al documental. A pesar de que los participantes no habían tenido en cuenta su respuesta ante el video, la prueba de saliva mostró que se había elevado una sustancia favorable en su sistema inmunológico. Se concluyó que ante la bondad y la verdad del espíritu, tanto la mente como el cuerpo son influenciados hacia una salud mejor.
Respuestas a la encuesta
Preguntamos a los participantes del estudio: “¿Cuál es la experiencia más profunda que ha tenido de recepción de la misericordia de Dios en su vida?”. Algunas de esas respuestas son las siguientes:
• Volví a los sacramentos después de estar ausente por diecisiete años. (Fran Rinaldi)
• Después de la comunión, en una misa al aire libre, me convencí de todos mis pecados. Me ausenté en un campo lejos de la congregación, para postrarme sobre mi rostro en la suciedad, y allí ser perdonado. (John Heilman)
- Pude apartarme de la amargura, del odio y de las decisiones precipitadas durante la crisis a la edad media que tuvo mi marido. (Traudel W.)
- Mi vida entera es una experiencia con la misericordia de Dios, sobre todo cuando Él me sanó de la vergüenza y la culpa. (Amy F.)
- Fui sanada de la adicción a las drogas, de la fornicación y de un dolor de espalda. (Rodger S.)
• Él llevó a mis hijos, que estaban desviados, hacia sus brazos nuevamente. (Ruth)
• Él no perdió el interés en mí. Yo dije: “No” a algunos de sus requerimientos, y Él paciente-mente permaneció detrás de mí. (Jerry Weibel)
• Él canceló mi boda. (Carolyn)
• Me demostró que me amaba tal como soy, y que no había cometido ningún error al
crearme mujer, y pequeña. (Christine Stewart)
• Recibí a Jesús como mi Señor y Salvador después de ser agnóstica durante 30 años. (Peggy Hurtado)
• Me perdoné por la muerte de mi hija de 11 meses. (Edna R.)
• Mi confesión a un sacerdote que me aceptó como persona que vale la pena, aunque yo me sentía como un montón de estiércol. Jesús abrazó a este montón de estiércol pequeño a través del sacerdote durante la confesión. (Joyce C.)
- Durante mi lucha severa con la despresión y el suicidio, Él no me abandonó al poder de la muerte. Me ayudó a encontrarlo a Él. (Frida M.)
• Alguien me perdonó aunque yo lo había maltratado. (Bruce Lizana)
• Él me muestra que aunque yo soy un punto diminuto en esta creación, brillo como un diamante bajo su mirada. (Francés Young)
- Mi recepción en la Iglesia Católica hace 35 años, a la edad de 23. (Pat Howarth)
• Yo experimento a menudo su misericordia cuando veo a las personas callejeras y a los pordioseros. Me doy cuenta de cuán generoso y misericordioso es Dios. Siempre ha estado conmigo, sobre todo cuando vivía en forma autodestructiva. (Joe Miller)
Misericordia en el vientre
"Cuando mi madre me llevaba en su vientre, varios médicos le recomendaron abortar. Ella se negó a escuchar. Jesús me recordó esto en los tiempos de desgracia. Trabajaba en la unidad de cuidados intensivos, a cargo de bebés muy enfermos y agonizantes. Me sentía como un fracaso y dije: 'Jesús, por qué siento que tengo que fallar?'. Él regresó mis recuerdos a cuando estuve en el vientre de mi madre y dijo: 'Soy yo quien te ha llamado a existir. Fui yo quien te formó en el vientre de tu madre. Yo escogí a tus padres como los más apropiados para ti. Lo que yo hago es perfecto. Tú eres amada; eres mía; no eres un fracaso'. Jesús realizó una sanación profunda, desde mis inicios en el vientre hasta el presente. Fue una experiencia poderosa de la misericordia de Dios en mi vida".
- Tome un momento y piense en aquella ocasión en que experimentó la misericordia de Dios.
• Considere algún momento en que haya prodigado misericordia a otros.
- Reflexione en torno a algún momento en el cual haya dejado de dar misericordia a al-guien.
• Considere alguna manera en la cual la Iglesia pueda realizar también la misericordia.
• Piense en una necesidad que vea en el mundo, que requiera misericordia.
• Piense en una manera en la que usted se pueda comprometer a ser más misericordioso.

Gloria

Gloria a Dios en lo alto, y paz a su pueblo en la tierra. Señor Dios, Rey celestial, Dios y Padre omnipotente, te alabamos, te damos gracias, te alabamos por tu gloria. Señor Jesucristo, el único Hijo del Padre, Señor Dios, Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo: ten misericordia de nosotros; tú que estás sentado a la distra del padre: recibe nuestra oración. n el rito penitencial, abrimos nuestros corazones al amor reconciliador de Dios. Experimentamos su perdón divino, su amor, compasión y misericordia. En la presencia de su bondad extraordinaria, alzamos nuestros corazones al amor reconciliador de Dios. zones en alabanza como lo hicieron los ángeles en el nacimiento de Jesús. “De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron en torno al ángel, y cantaban a Dios: 'Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracia y paz a los hombres'” (Lc. 2:13 to 14). La Santísima Virgen ha comunicado a la visionaria María Constancio en Slayton, Texas, que nosotros debemos “…escuchar y saborear cada palabra del himno 'gloria', pues tiene gran poder para abrir nuestros corazones”.
"Gloria" es uno de los himnos de alabanza más antiguos de la Iglesia. Éste nos lleva a alabar a Jesús ante el Padre. Su oración se vuelve nuestra oración. Nuestra oración se vuelve su oración. Juntamos el sacerdocio terrenal con el sacerdocio celestial y juntos reconocemos la perfección de Dios padre, sus obras y sus beneficios.
Haciendo de la alabanza el eje central
Como católicos, tenemos la tendencia de hacer peticiones que resultan, infortunadamente, en colocarnos como el centro de nuestra propia oración. En la alabanza, Jesús es el centro de nuestra oración. ¡Alábalo! ¡Alábalo! Para esto hemos sido llamados, para adorarle con todo nuestro ser. Cuando somos personas conscientes de la alabanza, alabamos y agrade- cemos al Señor por todo y por todas las personas en nuestras vidas; de hecho, nos somemos a Él. Nos olvidamos de nosotros mismos y nos concentramos en Él. “...alabe al Señor todo el que vive” (Sal. 150:6).
Algo pasa en lo más profundo de nuestro ser cuando nos olvidamos de nosotros mismos y dirigimos nuestra atención hacia Dios, colocando nuestros corazones en culto y alabanza a nuestro creador. Nos entregamos a lo correcto para entender las circunstancias difíciles y simplemente someterlas al Señor en confianza. Decimos: “No entiendo todo lo que está pasando en mi vida, pero creo en tu amor y confio en tu bondad”.
Qué obras maravillosas las que el Señor puede hacer en nosotros, para nosotros y a través de nosotros cuando nos centramos en su bondad y su amor. Cuando lo alabamos estamos reconociendo al Señor como creador y aceptamos su continuo y activo obrar en nuestras vidas. Él es el alfarero; nosotros, la arcilla (Jer. 17:7). Cuando hacemos este sacrifício de alabanza en todas las circunstancias, estaremos más dispuestos a la sanación del cuerpo, la mente y el espíritu.
Jack, de Portland, Oregon, comparte con nosotros la historia del inicio de la sanación de un amigo suyo desde que comenzó a alabar. "Un amigo, del grupo de Alcohólicos Anónimos, tenía las piernas ulceradas y casi las pierde. Una noche se puso de rodillas al lado de la cama, en una agonia terrible, y empezó a agradecer y a alabar a Dios por sus piernas, así tal cual eran. Continuó haciéndolo, y sus piernas gradualmente comenzaron a sanar. Eso sucedió en 1977. Hoy, continúa alabando a Dios diariamente por todo lo bueno e incluso por lo difícil".
La alabanza es sanación. En la alabanza estamos adorando al Señor. Él dice: “Den, y se les dará; recibirán una medida bien llena, apretada y rebosante; porque con la medida que ustedes midan serán medidos” (Lc. 6:38). Cuando alabamos a Dios, nosotros recibimos sanidad.
La alabanza es una labor ardua
La alabanza es poderosa, pero es una labor, en cierta forma, dura. No se desanime si la llega a percibir como una lucha. El padre Chris Aridas dice: “Es, precisamente, en la lucha cuando el Espíritu viene y nos guía hacia la verdadera alabanza, es decir, la alabanza que deriva más su poder de las promesas de Dios que de nuestros propios sentimientos y “Ofrezcamos, pues, por Jesús en todo tiempo un sacrificio de ala- banza a Dios, y démosle el fruto de los labios celebrando su nombre" (Heb. 13:15).
Actitud de gratitud
Comencemos con una “actitud de gratitud” que nos despierte al amor de Dios y nos acerque a la sanación. El padre Richard Bain, de San Francisco, California, sugiere que necesitamos dar gracias a Dios de manera informal, como un niño de tres años que podría decir: “Éste es el motor de fuego que me diste. ¡Tú me lo diste!”. No formalmente, simplemente diciendo: “¡Tú hiciste esto!”. Digale a Dios lo que Él ha hecho. Trate de entrar en la mente de aquel niño entusiasmado, agradeciendo con “Abba, papito”, por sus bendiciones.
Agradézcale por ese amor que le permite trabajar, hablar, respirar y disfrutar la vida. Agradézcale en cada circunstancia, incluso cuando la lavadora se daña y cuando los niños no llegan a tiempo a casa. Cuando le agradecemos en las pruebas del momento, nuestros corazones se abren a la acción del Espíritu Santo. Agradézcale por su familia, no sólo por los antepasados piadosos que pavimentaron la vía y le hicieron más fácil conocerlo, sino también por la oveja negra que causó problemas en la familia. Agradezcale por el regalo que es su padre, su madre, sus hermanas y hermanos, tíos y tías, primos, abuelas, abuelos, esposo, hijos y nietos. Agradezcale por los parientes que lo apoyaron, lo animaron y lo cuidaron en el camino, y también por aquellos que no lo hicieron.
Agradézcale por los amigos, compañeros de trabajo y socios que le ayudaron y animaron y por aquellos que lo pusieron en aprietos. Agradézcale por los doctores y enfermeras que realizaron sus deberes con compasión y preocupación y por aquellos que no lo hicieron. Agradézcale por la Iglesia Católica Romana. Agradézcale por todas las personas anónimas en la sociedad que han afectado su vida en forma positiva y negativa. Luego comience a pasar del agradecimiento reconocido de anteriores favores hacia la alabanza a Él por sus obras gloriosas en el universo.
Porque sólo tú eres santo, sólo tú eres el Señor, sólo tú eres el supremo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios, el Padre. Amén.
- Reflexione en torno a su experiencia más grande de alabanza.
- ¿Cómo fue ese momento de sanación para usted?

Oremos

a primera parte de la misa nos prepara para oír la palabra de Dios. Hemos sido llamados a su presencia, nuestras distracciones se han alejado, y se nos pide que unamos nuestros corazones y mentes en oración. Cuando el sacerdote dice: "Oremos", está invitando a la comunidad a entrar en la oración de apertura de la misa, la oración. Cuando el sacerdote orá con sus brazos extendidos, recoge o "colecciona" las oraciones y necesidades de la congregación y las presenta al Señor. Él articula por nosotros nuestras necesidades en oración al Padre, a través del Hijo, en el poder del Espíritu Santo.
Podría ser algo parecido a la oración que aparece a continuación, del domingo 31, de la hora comunitaria:
Dios de poder y misericordia. Sólo con tu ayuda podemos ofrecer un servicio digno y de alabanza. Permite que vivamos en la fe que profesamos y que confiemos en tu promesa de vida eterna.
Cuando el sacerdote dice: “Oremos”, está manifestando: “Compartamos hoy la abundancia de nuestra vida de oración, recogiendo y presentando nuestras oraciones a Dios nuestro Padre”. Existe un poder sanador en la oración comunitaria durante la misa, especialmente cuando las personas también han estado orando durante la semana. Si ellos han permanecido en oración diaria, los beneficios se desbordarán en la misa. Ellos vendrán con algo que dar. El papa Pío 12 dijo que la oración liturgica nutre la oración privada y la oración privada nutre la oración liturgica. Pidamos la gracia para ser fieles en ambas.
La vitalidad de una iglesia depende, en gran parte, de la vida de oración de sus miembros. El obispo Sheen, de Fulton, dijo que la Iglesia podía ser renovada si todos tuvióramos veinte mi nutos diarios de oración, que incluye la lectura de las Escrituras y tiempo de meditación. Dios está llamando a su pueblo para que sea gente de oración, no sólo durante la misa, sino también para que la adopten como un estilo de vida. El doctor Paul Yonggi Cho, pastor de la Iglesia del Evangelio Completo, en Yoido, Seúl, Corea, con una participación de más de seiscientas mil personas, ha dicho que el secreto del éxito de su iglesia es doble. Primero, hay un compromiso profundo con la oración, con la intercesión permanente de la iglesia en el "monte de la oración", donde unas tres mil personas se congregan diariamente en oración y ayuno. Además, sus miembros participan en células o grupos pequeños que se reúnen semanalmente en las casas, fuera del servicio de alabanza dominical grande o en conjunto. Algunas de nuestras parroquias católicas, que han adoptado los grupos pequeños de oración en las casas, donde comparten y tienen un acercamiento personal, han informado que ha habido una vida renovada en sus parroquias. Un caso, en particular, es el de la iglesia de San Bonifacio, en Pembroke Pines, Florida. Como la iglesia del doctor Cho, esta parroquia católica del sur de la Florida está continuamente en oración.
Otro pastor, el padre Robert Bedard de la iglesia de Santa María, en Ottawa, Ontario, Canada dá, supo, mediante la oración, que Dios quería renovar esa parroquia. Tanto el párroco como los parroquianos esperaron en el Señor, en oración, durante dos años, antes de ver la respuesta de Dios. El párroco comenzó a recibir informes de que las personas, principalmente los hombres, lloraban durante la liturgia del domingo. La asistencia y recolección de recursos económicos empezaron a aumentar. Entonces, Dios unió el edificio. Las personas comenzaron a hablar del "toque de Dios" sobre el edificio, diciendo: "Algo especial está ocurriendo en este lugar".
Luego, el Señor le dio una variedad de ministerios a las personas, indicándoles que Él daría la señal y proporcionaría el poder para que siguieran adelante. Todo comenzó con oración.
Tres tipos de oración
La vida de oración se puede simbolizar con tres piernas, como un trípode. La primera pierna es la oración comunitaria, como sucede en una misa o reunión de oración. La segunda pierna son los grupos pequeños de oración y la tercera pierna es la oración privada o individual. A la gente se le debe retar a vivir una vida de profunda oración personal.
A continuación, el relato de una señora con su hijo de dieciocho años que era retardado mental, y un esposo que estaba celoso de este hijo. Un día, esta mujer clamó al Señor debido a los problemas abrumadores en su casa. Empezó a sentir el llamado del Señor, para que pasara un tiempo de quietud con Él cada día. Cuando ella respondió, después del curso de varias semanas, comenzó a ver cambios en su familia. Finalmente, toda la situación cambió con una sanidad completa.
Usted, lector, debería ser el intercesor en su casa. Puede que sea el único canal a través del cual el poder sanador de Dios fluya a su familia. La oración diaria por los miembros de la familia puede obrar milagros.
Se relata la historia de un ateo, Howard Storm, quien consideraba que la religión era una fantasía hasta que experimentó una crisis en un viaje de negocios por el norte de Europa. Howard se enfermó y requería de una cirugía inmediatamente, pero antes de que se la practicaran tuvo una experiencia donde estuvo fuera de su cuerpo. Al principio, se encontró en medio de niebla pesada con personas agresivas a su alrededor, que lo empujaban. Finalmente, se cayó al suelo y oyó su propia voz que le decía: “Ore a Dios". Él comenzó a recitar el Salmo 23. Cuando se esforzaba por recordar algunas oraciones, las criaturas que estaban a su alrededor se movían con frenesí. La tormenta comenzó: "Padre nuestro, que estás en los cielos...". Entonces, se dio cuenta de que estaba solo y cantando aquella canción infantil que dice: "Cristo me ama...". En la oscuridad, gritó: "¡Jesús, por favor, sálvame!".
Entonces vio un punto diminuto de luz que se hacía más y más grande. Comenzó a llorar y a sentir cosas que nunca había experimentado. Fue rodeado de luz y amor. Luego escuchó que le decían:"Regresa". Hoy, cuando habla en iglesias del norte de Kentucky, acerca de su sanación y conversión, le dice a las audiencias que él está vivo debido a las oraciones intercesoras, tanto de la hermana Mary Dolores, de Notre Dam, y de varios amigos de la iglesia de Santa María, en Alejandría, Kentucky. Él no sabía que estaban orando por él, hasta que regresó a los Estados Unidos y comenzó a relatar su historia.
Nunca he conocido a una persona, en estado agonizante, que se queje de haber pasado demasiado tiempo en la vida orando. Por el contrario, la mayoría de las personas en sus lechos de muerte lamentan el no haber invertido mayor tiempo en la oración. Las personas de oración van a misa y ofrendan con sus recursos. Así que nosotros debemos aspirar a ser personas de oración estableciendo de 15 a 30 minutos diarios en oración. La bendita Virgen María le pidió a las personas en Medjugorje, Yugoslavia, que pasen cuatro horas al día en oración.
La hora diaria de oración
En mi retiro de “El poder sanador de las Santas Órdenes” exhortó a los sacerdotes para que passemos una hora diaria en oración. El obispo Fulton Sheen hizo una promesa el día de su ordenación: pasar una hora diaria, en forma continua, todos los días en la presencia de nuestro Señor en el sacramento bendito. Y mantuvo esa promesa a lo largo de su vida y también animó a otros sacerdotes para que hicieran lo mismo. Quizás ningún otro obispo en tiempos modernos ha tenido tal grado de poder e influencia en los católicos de Estados Unidos. Creo que su poder fluyó como consecuencia de su vida de oración diaria.
Como sacerdote, siento la obligación de pasar por lo menos una hora diaria de oración, con el Señor en la Eucaristía, y he guardado este pacto desde el primer día que entré en el semina- rio. De hecho, he extendido el tiempo a tres horas diarias en años recientes. No podría cumplir con el trabajo de los retiros sacerdotales a los cuales el Señor me ha llamado sin pasar fielmente este tiempo con el Señor ante el sacramento bendito. Muchos sacerdotes han dicho que este tipo de retiro es el mejor que jamás han hecho en la vida. Durante el retiro, tenemos una hora santa de oración diaria, en medio de un horario copado.
Para llegar a ser personas de oración
Mi experiencia durante años como sacerdote me ha demostrado que las personas de oración son básicamente más felices y más capaces de enfrentarse a los “golpes duros” de la vida, en comparación con aquellas que no oran. Como católicos, necesitamos darnos cuenta de la seria obligación de convertirnos en personas de oración. Hemos sido inmensamente bendecidos en nuestra fe al tener a nuestro amoroso Padre Celestial, a Jesús el Señor, el poder del Espíritu Santo, los sacramentos, las Escrituras, la Madre Bendita y nuestra comunidad eclesial. Respondamos con una vida sería de oración a estos regalos de Dios. Como Jesús dijo a la mujer Samaritana: “¡Si tú conocieras el don de Dios!...” (Jn. 4:10).
En la encuesta, preguntamos a los participantes si ellos oraban ante el sacramento bendito. Transcribo a continuación varios comentarios de las setenta y siete personas que respondieron afirmativamente.
• En cierta ocasión, entré a la iglesia y simplemente eché fuera todo tipo de problemas y dolores. Entonces, oí las palabras: “¿Puedes danzar delante de mí?”. Puesto que yo era la única en la iglesia, lo hice, y fue maravilloso. (Eileen Smith)
• Yo hablo con Jesús, hablo también con mi Padre Celestial, y con el Espíritu Santo. Hablo con la Madre Bendita. Es una experiencia muy especial. (Jim Franke)
• A veces, después de alimentar a las personas callejeras, cuando ya quedan pocas personas en la iglesia, voy y hablo con el Señor. Es un sentir que llena de paz. De vez en cuando, una brisa suave sopla y un rayo de sol brilla en mí. En otras ocasiones, siento electricidad y calor en mis manos. (Adrienne Winchester)
• El pasar tiempo delante del sacramento bendito me da más valor para salir a hacer apostolado con extraños y amigos. (Carmen Sale)
- Es el lugar donde puedo enfocar y concentrarme con mayor facilidad. No tengo una historia especial, pero siempre me voy de la iglesia silbando. (Ming O'Neill)
• A veces, durante mi tiempo de adoración nocturno, canto a Jesús. Otras veces danzo delante de Él. La mayoría de las veces, simplemente, lloro de felicidad. (Frida Molina)
- Cada vez que me siento demasiado angustiado, oro ante el sacramento bendito. Recobro fuerzas y siento paz. Una vez escuché a Jesús hablar. Me preguntó: “¿Confías en mí?”. (Ana Nham)
- Pierdo la noción del tiempo y me hallo envuelta en conversación con el Señor. (Virginia Zandueta)
• Debido a mi tiempo de oración privado ante el sacramento bendito he llegado a ser cada vez más consciente de la presencia de Dios a cada momento, cada día, en cada circunstancia. (José Miller)
- Una vez, pasé toda la noche en la capilla. No había sido comprendido y me sentía muy herido. Fui sanado. ¿La verdad se esclareció y fue grandioso! (Leroy Behnke)
Concede esto a través de nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quien vive y reina contigo y el Espíritu Santo, Dios, por siempre jamás. Amén.
Reflexiones en torno a la sanación
- Reflexione acerca de las fortalezas y debilidades en su vida de oración.
• ¿Las tres piernas de su vida de oración están en su lugar?

Parte Iii Liturgia de la Palabra

Lectura de las escrituras

"...para que la palabra del Señor se propague rápidamente y sea acogida con honor..." (2 Tes. 3:1) y permitan que el tesoro de la revelación confiada a la Iglesia lleno los corazones de los hombres cada vez más. Así como la vida de la iglesia crece a través de la participación persistente en el misterio eucarístico, de igual manera podemos tener la esperanza de un nuevo surgir de vitalidad espiritual que proviene de una veneración intensa de la Palabra de Dios, la cual "permanece para siempre" (Is. 40:8; 1 P. 1:23 to 25)¹⁷.
a secuencia del Evangelio en la misa empieza cuando el sacerdote dice: "Dios omnipotente, limpia mi corazón y mis labios para que pueda proclamar tu Evangelio dignamente". Él invoca al Señor para que toque su corazón y sus labios, y lo sane. La congregación responde repitiendo esta petición de sanación, mientras que también invoca las palabras del Evangelio para que sean grabadas en sus mentes, selladas en sus labios, en sus corazones y en su conciencia, y que, junto con el que celebra la misa, pueda vivir la Palabra. “Hagan lo que dice la palabra, pues al ser solamente oyentes se engañarán a sí mismos” (Stg. 1:22).
A estas alturas, deberíamos estar sintonizados para oír la palabra del Señor en la Liturgia de la palabra. Según el padre Richard Bain, de San Francisco, California: “Cuando la dinámica se establece apropiadamente durante los ritos introductorios, nuestras mentes salen del sueño diurno para oír la Palabra del Señor”. Todos estamos atentos, listos para escuchar, receptivos y abiertos para oír y ser movidos por la Palabra de Dios. Las sesiones introductorias contribuyen a la prontitud con que podamos oír la palabra del Señor. Hemos adorado y alabado a Dios, hemos expresado nuestra vergüenza por los pecados cometidos y hemos pedido su piedad.
Si leyéramos las Escrituras en oración, de ante-mano, ya las habríamos digerido previamente y estaríamos abiertos al Señor. Cuando el lector proclama la Palabra, la oíríamos en nuestros corazones. Nuestros oídos estarían tan abiertos, nuestros corazones tan preparados que se produciría un pleno efecto. Cuando el lector termina de proclamar las Escrituras y dice: “Palabra de Dios”, nosotros podríamos decir en verdad: “¡Sí, hemos oído! Sí, esta palabra es para mí. ¡Gracias, Señor, necesitaba oírla!”.
Cuando era párroco en un lugar llamado Prairie View, en Texas, los jueves en la mañana realizábamos un estudio de las Escrituras con base en las lecturas de la misa dominical. Las leíamos y destinábamos un tiempo para la reflexión personal y luego compartíamos. Ésta es una idea excelente para aquellas personas que desean iniciar un grupo pequeño de oración y compañerismo. Animo a los sacerdotes para que compartan dichas lecturas con un grupo de personas laicas y extraigan ideas que sirvan para las homilías del domingo. Al escuchar las respuestas de los laicos, los sacerdotes pueden hablar con un mayor nivel de significado. Disfruté profundamente dichas reuniones los jueves y me di cuenta de cuán valiosos eran los aportes de los laicos, que provenían de años de vivir cristianamente sus vocaciones, simplemente como adultos, como esposos, compañeros y como padres. Pude utilizar las perspectivas de estas personas en mi homilía del domingo y logángré sintonizarme mejor con ellas.
Las Escrituras son inspiradas por Dios
"Todos los textos de la Escritura son inspirados por Dios..." (2 Tim. 3:16). Los documentos del Vaticano 2 establecen: "Aquellas realidades divinas reveladas que están contenidas y presentadas en las Sagradas Escrituras han sido confiadas para que fueron escritas bajo la inspiración del Espíritu Santo"¹⁸.
Cuando comience la Liturgia de la Palabra, pídale al Espíritu Santo que le hable en los versículos de las Escrituras con una palabra de instrucción, visión, entendimiento y sanación. Dispóngase a recibir esa palabra íntima. Dispóngase a sí mismo a la obra que el Espíritu Santo quiere lograr ese día.
Recuerdo haber leído un libro de revelaciones privadas que tuvo un sacerdote, en el que el Señor Jesús le dijo: “Las personas no escuchan. No escuchaban en mi época y no escuchan hoy. Sólo oyen lo que quieren oír. Seleccionan sus propias palabras por encima de las
La historia de Ramona
Ramona tenía treinta y siete años cuando se comprometió con Jesús y le pidió que fuera Señor de su vida. Cinco años después se involucró en una relación amorosa con un católico no practicante y se alejó de Dios. Cuando lea su historia, considere las formas diversas, sobre todo a través de las Escrituras, que el Señor usó para que regressara a Él.
“Después de vivir durante dos años con un hombre llamado Sam, quien no era mi marido, nuestra relación acabó de una forma muy fea. Estaba llena de enojo, amargura, resentimiento y rencor. Me sentía especialmente enfadada porque él me debía bastante dinero, así que contraté a un abogado para recuperarlo. Después de una misa sanadora en mi iglesia, un amigo que estaba orando por mí mencionó la palabra perdonar. No podía dejar de llorar porque esta Durante una conferencia de fin de semana, en San Francisco, con el padre Robert DeGrandis y la religiosa Dorothea, recibió más sanación. En la meditación que expuso Dorothea, donde hizo un "corte de cordones" con las personas que estamos ligadas en el ámbito emocional, logré desligarme de Sam mientras lloraba amargamente. En ese momento, sentí también un estallido en el lado derecho de mi abdomen. Tenía síntomas de malestar en la vesícula. Luego, cuando se lo mencioné a mi médico, sugirió que podría haber estado pasando un cálculo biliar en ese momento. La sanación fue verificada más adelante cuando el padre DeGrandis habló de la sanación de estómago. Más tarde, ese mismo día, volví a tener apetito después de un mes. El padre DeGrandis nos condujo en una oración de perdón, ese mismo día, y nos pidió que nos comprometieramos a decirla durante un mes. Yo inicié este propósito.
Una semana más tarde, durante la Convención de la Renovación de Carolina del Sur, en Aneheim, California, me encontraba en la arena escuchando a John Michael Talbot contar la historia de las bodas de Canaaní. Allí, la virgen María le dijo a los siervos: "Hagan todo lo que Él les diga", entonces Jesús transformó el agua en vino. En mi espíritu supe que Dios me estaba diciendo que me olvidara, o estuviese dispuesta a perder el dinero que me debía Sam. Éste era el único cordón que aún me conectaba con él.
En mi vuelo de regreso a casa después de la conferencia, estaba leyendo acerca del "mayordomo injusto" cuando me vi a mí misma en la parábola. Estaba chocando emocionalmente con Sam al decirle: "Págueme lo que me debe". Decidi renunciar a esta deuda. Le escribí una carta y le dije que le había perdonando la deuda. Que lo perdonaba por herirme y le pedí perdón por haberlo herido. También avisé a mi abogado que cancelara la acción legal. Después de unos días, pasé tres horas y media con Sam. Caminamos, hablamos y nos perdonamos el uno al otro.
Al emplear las Escrituras con imaginación activa se puede observar el poderoso efecto, como se ejemplifica en la experiencia de Ramona al "cortar los cordones" que nos atan, como relata Juan 11:44, cuando Jesús dijo: "Desátenlo y déjeno caminar". En el libro de mi hermana, Dorothea, titulado: El Jesús sanador de las Escrituras, ella recomienda: "Con el ojo de tu mente visualices a una persona que te ha herido y colócala frente a ti, mentalmente. Mira si hay algún cordón que corre de tu frente a la suya... de tu cabeza a la de la otra persona... ligándote a que pienses de la manera que esta persona piensa o poniendo sus ideas en tu cabeza. Mira si hay algún cordón de su boca a la tuya, mediante un cordón de crítica, palabras de desánimo... de su corazón a tu corazón... de sus manos a las tuyas.
Quizás haya cosas que has querido hacer y nunca te lo permitieron, o cosas que esa persona quiso hacer y nunca le dejaste hacer. Quizás esta persona está intentando manipularte o controlarte. Hay cordones desde tus órganos sexuales "Ahora, visualiza a Jesús entrando a esta escena. En su mano tiene la espada más bonita que jamás hayas visto. Es una espada dorada, larga y muy afilada, es la Palabra de Dios. Puede cortar a través del alma y del espíritu.
Ahora Jesús te dice: ¿Me das permiso de cortar estos cordones? No los cortaría si no fuera por un propósito más alto, por una relación mayor, construida con base en el amor y no en la necesidad...". Silenciosamente, dentro de ti mismo di: 'Sí, Jesús, yo te doy permiso de cortar esos cordones para dejarme libre y también dejar libre a esta otra persona'".
“Después de que Él corta los cordones, camina hacia la otra persona y la abraza, mientras la lleva fuera de la habitación. Él le dice a la persona: 'Estás bajo mi cuidado. Te llevaré por un camino que es el más apropiado para ti'. Luego regresa y te abraza diciendo: 'Soy suficientemente capaz de satisfacer todas tus necesidades. El mundo ya no puede controlarte. Yo renovaré tu Las Escrituras nos dicen: “Y de hecho no lo sanaron ni hierbas, ni cataplasmas, sino tu palabra, Señor, que todo lo sana” (Sab 16:12). Shirley Filadelfi, de la ciudad de San Juan Capistrano, en California, tiene una historia conmovedora con respecto al poder sanador de la Palabra de Dios. La tromboflebitis en sus piernas estaba tan avanzada que el médico le recomendó hospitalizarse y usar una sustancia para que su sangre fuera menos espesa. Cuando lea su historia, pídale al Espíritu Santo que penetre su espíritu tan profundamente con su palabra, que en medio de una crisis pueda responder de manera similar.
“Una noche, durante mi estadia en el Hospital Martín Luther en el sur de California, me desperté de un sueño profundo. No podía respirar y sentí como si tuviera una piedra pesada en mi pecho. Intenté tomar aire pero nada pasaba; el aire no entraba en mis pulmones. Me llené de "La enfermera señaló el código azul y todos vinieron corriendo. Cuando la enfermera jefa intercambió miradas con la otra enfermera, al lado de mi cama, ella apenas movió su cabeza. Entonces, la enfermera jefa (que no era cristiana), me reconoció. Nos conocíamos de tiempo atrás y habíamos sido amigas. Ella corrió y me tomó en sus brazos. Cuando hizo esto, todo el lado izquierdo de mi cuerpo se durmió. Al ver las lágrimas que corrían por su rostro, sentí la profunda necesidad de responder ante ellas, pero aún no podía respirar".
"Atiende, hijo mío, mis palabras, inclina tu oído a mis razones. Jamás las pierdas de vista, desposítalas en lo íntimo de tu corazón, porque son vida para los que las reciben, medicina para todo hombre" (Pro. 4:20 to 22).
Ganamos el acceso a nuestra herencia gracias al estudio piadoso de la Palabra de Dios; bajo la guía del Espíritu Santo. En una relación profunda e íntima con el Espíritu Santo empezamos a recibir nuestra herencia.
Jesús enseña acerca de la vida
Cuando estuve en el seminario, me enviaban al campamento de verano cada año. Una tarde cuando estaba sentado en los escalones de la casabote, al lado del río, cumpliendo con el deber de salvadas, abrí mi Nuevo Testamento en Juan 10:10, donde dice: "Yo, en cambio, vine para que tengan vida y sean colmados". Era justo como un relámpago caído del cielo. El pensamiento vino a Linda Schubert, de Sunnyvale, California, comparte acerca del cambio que sucedió en su vida por medio de las Escrituras y lo narra en la siguiente historia. "Después de que fui bautizada en el Espíritu Santo, seguido de la muerte de mi hijastro, Randy, el Señor me impresionó con este versículo: '...te puse delante la vida o la muerte, (...) Escoge, pues, la vida...' (Dt. 30:19). En los años venideros, pasé por algunas pruebas desesperantes, tiempos en los que me sentía muy deprimida, literalmente tirada en el suelo, en una despresión profunda. Recuerdo un día en particular: estaba terriblemente desesperada. Escuché al Señor susurrar: 'Linda, escoge la vida'. Crujiendo mis dientes, sin energía y sin fe, dije desentonadamente: 'Escojo la vida'. Tan sólo fue un asentimiento mental, pero en dos o tres minutos sentí la vida y una fuerza empezó a surgir de dentro de mí. En media hora desapareció mi despresión y me encontré funcionando normalmente". ¡Nosotros tenemos riquezas sin explotar! “¡Vengan, los bendecidos por Mi Padre! Tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo” (Mt. 25:34).
Sus palabras son fidedignas
Durante tres noches, una joven cristiana había estado estudiando ansiosamente para presentar los exámenes escolares en el Hospital de Caridad en Nueva Orleans, Louisiana. Cuando abrió su Biblia buscando palabras que la motivaran, el versículo que le habló fue: “Confía en Yavé sin reserva alguna; no te apoyes en tu inteligencia” (Pro. 3:5). Durante sus exámenes repitió este versículo varias veces, y pasó con la máxima calificación.
El Señor quiere que sepamos que Él es un amigo fidedigno. En algún momento de nuestra vida alguien nos decepcionará, pero Él nunca lo hará. En 2 Samuel 7:28 leemos: “Sí, Señor Yavé, tú eres Dios y eres sincero...”. El Salmo 111:7 nos dice: “Todo lo que hace es justo y verdadero, todos sus mandamientos son precisos”.
Tres evangelistas, conocidos internacionalmente, Oral Roberts, Kenneth Hagin y el doctor Paul Yonggi Cho, atravesaron una situación similar: casi murieron en algún momento de su adolescencia. En cada caso alguien vino a ellos y les dijo: “Coloca tus ojos en la palabra de Dios. Ella dice que Dios sana. Pide y recibirás”. Cada uno creía en la palabra de Dios, confiaba que Él era quien había dicho que era, confiaba que Él haría
Cuando la Palabra toma raíz
"...¡Cuánto amo tu ley! ¡Pienso en ella el día entero!" (Sal. 119:97). Deuteronomio 11:18 dice: "Pon estas palabras mías en tu corazón y en tu alma, que sean para ti como una señal ligada a tu mano, un signo puesto en medio de la frente". La Virginía, en Lucas 2:51, habla de "guardar todas estas cosas en nuestros corazones". La Madre Bendita nos anima, a través de los visionarios en Medjugorje, Yugoslavia, a tomar un versículo al mes y meditar en él, siempre. Ya compartí con ustedes el versículo que transformó mi vida. Una religiosa pasó cinco meses solo en este versículo: "Dios es amor" (1 Jn. 4:16). Algunas personas en el ministerio de sanación afirman que cuando las Escrituras les impactan, si se repite vez tras vez, éstas echan raíz y traen sanidad.
Hollands, quien vive cerca de la casa de mi madre, en Massachusetts. Entró y salió de la cárcel desde los dieciséis hasta los cuarenta años. Cuando debía comparecer ante el tribunal de libertad provisional, se le ocurrió que él, como otros de los cuales había oído, podía impresionar a las autoridades haciéndoles creer que se había convertido al Señor. Luego declaró: "Leía Bíblia cinco veces, leyendo unos quince a veinte capítulos diarios. Entonces comprendí que algo estaba pasando en mi interior. Ya no sentía odio; ya no argumentaba más.
Mi mente sucía y mis hábitos podridos, fueron limpiados. Yo era una nueva persona".
La repetición puede llevar a la sanación. Es el caso de un bebé que nació con el cerebro dañado. El doctor dijo que el niño nunca sería normal. Los padres eran grandes creyentes en el poder de la Palabra de Dios, y grabaron un casete con versículos sanadores de las Escrituras, que colocaron una y otra vez en la cuna, durante las horas que el niño estaba despierto.
Un mes después, el examen reveló que el niño estaba completamente sano. El cerebro estaba totalmente normal. Existe poder en la Palabra de Dios. "Las palabras que les he dicho son espíritu y, por eso, dan vida" (Jn. 6:63). Crecemos en fe cuando oímos la palabra de Dios.
Las verdades más profundas de vida
El reverendo Lawrence Jenco pasó diecinueve meses como prisionero en el Líbano, soportando, a menudo, la privación de algunas cosas en forma espantosa. Algunos meses después de su liberación, en una convención de ministros católicos en Nueva Orleans, el padre Jenco dijo que había confiado en “tres grandes nutrientes” mientras estuvo encarcelado: la misa, la Biblia y la conversación. Él conocía las oraciones eucarísticas de memoria, y empleaba el pan común y corriente para los participantes de la comunión. ¿Si estuvieras preso o próximo a morir, y alguien te dijera: "Aquí tengo la Palabra de Dios para ti", no crees que la escucharías? Sería algo que querrías recibir. No esperes las crisis. Empieza ahora a absorber la Palabra de Dios. Una sugerencia útil es dejar la Biblia en la mesa de la cocina. (La vida gira alrededor de la mesa de la cocina). De vez en cuando, pídele al Señor que te hable a través de un versículo. Así como to-mas bocados de comida durante el día, también Cuando escuchamos la Palabra del Senhor y respondemos a ella, nuestros corazones pueden estar siendo sanados, como cuando asistimos a la misa. Las oraciones, las respuestas, los salmos y las canciones sugeridas de la misa se enfocan en la lectura de las Escrituras. Es aquí donde encontramos el tema que se difunde a través de toda la misa. Todas las oraciones, durante la misa, dan soporte al tema central. Escúchelo cuando asista a la próxima misa. Dios está hablando a su gente de una manera poderosa, nos llama a recibir su amor sanador.
Ésta es Palabra del Señor. Gracias sean da- das a Dios.

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Homilía

En la homilía, los misterios de la fe y los principios que guían la vida cristiana se exponen en el sagrado uando era párroco en Vista de la Pradera, Texas, le dije a las personas que vinieran a la misa del domingo para que fueron sanadas. Me había propuesto enseñarles cómo recibir la sanación; cómo experimentar el amor de Dios; cómo esperar que se moviera en sus vidas y supliera todas sus necesidades. Les enseñé cómo estar a la expectativa de un milagro.
La meta de este capítulo es: examinar la homilía desde una perspectiva sanadora, (2) extraer algunos puntos que puedan ayudar a que la homilía sea un instrumento de sanación y ayudar al oyente para que reciba la sanación ofrecida.

La perspectiva sanadora

El director de teología para laicos en Colombo, Sri Lanka, le dijo a un reportero de noticias, en cierta ocasión, que la Iglesia Católica debería prestar atención en forma renovada al apostolado de la sanación, para contrarrestar el atractivo que tienen las sectas que ofrecen servicios poderosos de sanación.
La sanación y las oportunidades para sanar construyen esperanza en las personas. Las homilías, que se centran principalmente en decir lo que Jesús ha hecho por nosotros, ofrecen sanación y esperanza: Él nos ama, Él murió por nosotros, Él nos perdona; el regalo es nuestro. Las homilías que dicen: “Debemos hacer esto; debemos hacer aquello; debemos ser más humildes; debemos orar más; debemos compartir con los pobres”, a veces, pueden traer más desaliento que sanación. El predicador que estimula la esperanza traer vida.
Una de las encuestadas, Silvia McNeill, comparte esta historia: “Durante la misa en la iglesia de Santo Tomás, el padre Uzral habló acerca del poder y la gracia del perdón. Después de la misa, pedí oración por las áreas de donde había falta de perdón en mi vida. Esa tarde lloré y lloré. Me dijeron que éste era un don de lágrimas”.
A medida que el mensaje del Evangelio se explica en la congregación, por lo regular, surge un pensamiento, una inspiración o un desafío que ayudará al oyente a estar más abierto al amor sanador del Señor. Muchas veces, durante la homilía, un versículo de las Escrituras oído antes se torna en rhema, o sea, una palabra que da vida por parte del Señor. El Señor está hablando a lo largo de la liturgia de la Palabra, involucrando a las personas en una mayor conciencia de su presencia y amor.
La homilía tiene un gran potencial para abrir nuestros corazones. Como los discípulos en el camino a Emaús, nuestros ojos se abren para ver la presencia sanadora de Jesús en las Escrituras. “Ese mismo día, dos discípulos iban de camino a un pueblecito llamado Emaús, a unos treinta kilómetros de Jerusalén conversando de todo lo que había pasado. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar a su lado, pero algo impedia que sus ojos lo reconocieran. (...) y comenzando por Moisés y recorriendo todos los profetas, les interpretó lo que las Escrituras decían sobre él. (...) Una vez que estuvo a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio. En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero ya había desaparecido. Se dijeron uno al otro: ¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicabas Escrituras?'" (Lc. 24:13 to 16, 27, 30 to 32).
El poder que fluye a través de nosotros hacia otras personas viene de nuestra intimidad con Jesús mucho más que cualquier habilidad aprendida en un curso de homilética. La madre Teresa de Calcuta probablemente no hubiera pasado la prueba de homilética en el seminario. Ella hacía todo “mal” según las normas. Se paraba en un solo lugar y nunca se movía; tampoco variaba la entonación de su voz y decía lo mismo siempre. Pero la gente lloraba cuando ella hablaba porque el Espíritu de Dios se derramaba a través de ella poderosamente. Las personas eran convencidas y convertidas mientras escuchaban a esta pequeña, simple y santa mujer.
Lo más importante que podemos enseñarles a las personas es a que aprendan a decir “Sí” al Espíritu Santo. Después de la homilía podríamos preguntarnos (y preguntarles a otros) lo siguiente: ¿La misa atrajo a las personas más hacia la alabanza y la profunda adoración? ¿Se sintieron amadas? Cuando en lo profundo de sus corazones las personas saben que son amadas, abren sus corazones para recibir el mensaje. El mundo las enjuicia y critica suficientemente. La gente viene al templo para encontrar amor y perdón. Los sacerdotes necesitan comunicar ese amor en la homilía. “Nosotros hemos encontrado al amor de Dios presente entre nosotros, y hemos creído en su amor. Dios es amor. El que permanece en el amor, en Dios permanece, y Dios en él” (1 Jn. 4:16).
Los sacerdotes y diáconos desarrollan sus propias técnicas para la predicación. Me gustaría compartir con ustedes las siguientes pautas que han demostrado ser útiles para mí.
1. ORE POR ESPACIO DE UNA HORA ANTES DE PRONUNCIAR LA HOMILÍA DEL DOMINGO. Si nos entregamos a la oración, el Espíritu Santo tocará al predicador y a la congregación para que las homilías sean más eficaces. Como hombres de fe, debemos creer en el valor de la oración. Cierto predicador, de un sector rural, en sus primeras pastorales, era considerado como un orador mediocre. Se tropezaba y no articulaba bien. Un grupo de mujeres en la parroquia se unió para orar por este predicador que se enredaba. Semanalmente se reunían para mantenerlo en oración. Luego, llegó a ser uno de los líderes
2. HABLE DE SU EXPERIENCIA PERSONAL. Comparta lo que el Señor ha hecho en su vida y los pasajes de las Escrituras que han tenido significado para usted. Las personas quieren conocer sus luchas y la luz que ha recibido. Ellos están interesados en nuestra relación con el Señor. Como Bárbara Collins, que dijo en el estudio: "Padre, por favor, comparta sus luchas diarias con la gente. Ellos sufren igual que usted, y necesitan compartir en una comunidad abierta y honesta para la sanación mutua". Otra encuestada, Patsy González, agregó: "Muchos de nosotros dividimos nuestras vidas en compartimentos de lo espiritual y lo secular. Cuando sus homilías sinceras entrejen las Escrituras en nuestras vidas diarias, nos integramos más".
4. COMPARTA LAS BUENAS NUEVAS DE JE SUCRISTO. Porque vivimos en un mundo deprimente, las personas necesitan ser animadas. Sólo Jesús puede dar respuestas para la felicidad en este mundo nuclear. Demos esperanza a una nación deprimida.
Una vez, cuando un evangelista vino a un avivamiento sólo un joven asistió. Él evangelista continuó predicando como si la iglesia estuviera llena. El joven, Billy Sunday, se convirtió y llegó a ser uno de los predicadores más grandes de Estados Unidos.
6. HABLE ACERCA DE ASUNTOS PRÁCTI-COS. A veces, las personas dicen que nosotros estamos en un nivel diferente y no tenemos en cuenta sus necesidades. Debemos ser prácticos y oportunos con respecto a los temas importantes del Nuevo Testamento, tales como: “¿Quién es Jesucristo para usted?”, “el perdón”, “la fe”, “la oración”, “la justicia”, “la autoaceptación” y “el amor”.
7. SEA POSITIVO Y MOTIVE A OTROS. Las personas cambian al encontrar a la persona de Jesucristo. Algunas se quejan de haber salido deprimidas porque las homilías son negativas. Debemos predicar para encender fuego en las personas con el amor de Jesús. Una vez, cuando era apenas un sacerdote joven, una muchacha adolescente me preguntó que por qué yo predicaba, si era una "pérdida" de tiempo. Eso realmente me desanimó, pero a medida que han pasado los años, me he dado cuenta de que la mayoría de gente está buscando inspiración y afirmación. Tienen hambre de la palabra del Señor. ¿Espero que aquella chica ya no lo vea como una pérdida de tiempo!
8. PROPORCIONE MATERIAL DE SEGUIMIENTO. Siempre procuro tener un folleto o un libro disponible para que las personas puedan continuar absortiendo el tema de la homilía y seguir nutriendo sus espíritus. Debemos esperar que las personas lean el material repartido al salir de la iglesia. Estamos batallando por el espíritu de las personas y necesitamos proporcionarles literatura cristiana que puedan tener a su disposición permanentemente.
9. ANIME A QUE LEAN DIARIAMENTE LAS ESCRITURAS. Muchos católicos son atraídos a otras denominaciones religiosas por el énfasis que hacen en las Escrituras. Necesitamos mostrar a los católicos el valor de la lectura y meditación diaria en la Palabra de Dios.
Oro para que estas sugerencias demuestren su utilidad y aumenten sus habilidades al predicar.
Los primeros cristianos vivían con la creencia de que el Señor Jesús estaba con ellos; que Él estaba vivo; que Él estaba revelándose diariamente a ellos. Sus expectativas se cumplían cuando el Señor realizaba sanaciones y milagros en y a través de ellos. Tal vez debemos vivir con la misma expectativa hoy, cuando el predicador explica las palabras de Jesús que dan vida!
2. REFLEXIONE. “María, por su parte, observaba cuidadosamente todos estos acontecimientos y los guardaba en su corazón” (Lc. 2:19). Cuando una idea capta su atención durante la misa, no deje que se le escape. Apúnela, póngala en un lugar visible y permítale al Señor que le revele su significado en los próximos días. Las palabras de las Escrituras dan vida. Cuando Jesús dijo: “Yo, en cambio, vine para que tengan vida y sean colmados” (Jn. 10:10), no eran palabras ociosas.
Confie en que Jesús ha venido a traer felicidad, paz y sanidad. Confie en que Él le traerá a una nueva vida. Confie en que su Palabra se cumplirá. “...así será la palabra que salga de mi boca. No volverá a mí sin haber hecho lo que yo quería, y haber llevado a cabo su misión” (Is. 55:11).
3. RESPONDA. “Hagan lo que dice la palabra, pues al ser solamente oyentes se engañarían a sí mismos. El que escucha la palabra y no la practica es como un hombre que se mira al espejo y que apenas deja de mirarse se olvida de cómo era. Todo lo contrario, el que se fija atentamente en la Ley perfecta que nos hace libres, y persevera en ella, que no oye para luego olvidar, sino para cumplir lo que pide la ley, será feliz al practicarla” (Stgo. 1:22 to 25).
Cuando llegamos al conocimiento de la verdad, ésta nos pide una respuesta. Recuerdo una historia que oír acerca de un hombre que se hizo sacerdote cuando tenía cincuenta años, porque entró en contacto con algo que cambió su vida. Mientras escribía este libro no pude verificar la historia, pero supe que era un científico investigador de la Nasa y trabajaba con una cámara que podía calibrar y medir en la pantalla el aura de luz alrededor de un cuerpo humano. Creo que se llama fotografía Kirlian. El interés de la Nasa estaba en poder identificar y supervisar el aura de los astronautas en órbita y determinar lo que les pasaba internamente. Encontraron que las El científico supo, en ese momento, que había un poder superior; que existía alguien a quien debíamos considerar, alguien por quien debía vivir su vida. Este hombre dejó su trabajo y se convirtió en sacerdote católico.
El obrar con base en la Palabra de Dios produce sanación. Él nos ama, nos habla y nos invita a abrir nuestros corazones a la sanación que ofrece. Esperemos que Él hable, reflexione en esas palabras que dice y responda a su mensaje de sanación para nuestras vidas.

El Credo

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre...
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Algunos católicos dicen: "Yo nunca he sido salvoto", en el sentido que lo dicen los protestantes, de tener una conciencia profunda de Jesús como salvador personal. Los católicos son, a menudo, salvos pero necesitan que se les recuerde esta verdad. Yo fui salvo cuando hice mi primera confesión a la edad de siete años, en la iglesia de San Miguel en Lowell, Massachusetts. Me arrodillé y dije: "Padre, perdóname porque he pecado". Luego, cuando recibí mi primera comunión, recibí a Jesús en mi corazón. Muchos de nosotros fuimos salvados cuando niños, pero, así como nuestros amigos no católicos, dejamos de tener compañerismo con el Señor y con nuestra comunidad eclesial. Los católicos necesitan que se les recuerde sus primeras lecciones en el cristianismo, sus creencias y su profesión de fe.
Cuando recitamos el Credo, estamos pidiendo al Padre que nos otorgue la gracia de permitir que Él nos posea y nos use.
Señor, te pido hoy la gracia para decirte que "Sí". He pecado, pero me arrepiento de mis pecados. Tú me has perdonado. Pido hoy que me des la gracia para perdonarme a mí mismo. Te pido, Señor, que me llenes con tu Espíritu Santo y con amor.
Lléname de sanación, de paz y de alegría. Gracias, Señor, creo que cuando abro la puerta de mi corazón, tú entras en mayor grado. Pido que seas el Señor y Salvador de mi vida, de mi familia y de todos mis asuntos. Gracias, Padre Celestial. Gracias, Jesús. Gracias, Espíritu Santo.
Cuando recitamos el Credo, estamos pidiendo la gracia para continuar diciendo “Sí” a niveles más y más profundos. Todos los días debemos decir: “Ven, Espíritu Santo, Ilena mi corazón; enciende en mí el fuego nuevo de tu amor. Fúndeme, moldéame, lléname, úsame. Ven, Espíritu Santo”.
Cuando recitamos el Credo estamos diciendo con el apóstol Pablo: "Vivo ahora, más no yo, sino Cristo vive en mí". Estamos diciendo: "Padre, yo quiero estar más abierto a tu Espíritu Santo, a tu vida que está dentro de mí". Ésta es la clave de la vida cristiana y el secreto de la salud y la plenitud: decirle "Sí" al Padre, quien nos ha dicho "Sí" a nosotros, de tantas maneras maravilhosas e increíbles.
Cuando profesamos nuestra fe a estamos haciendo nuestra parte parar las enseñanzas ateas y paganas de La bendita Virgen María pidió a la sionarios de Medjugorje que recit diariamente para contrarrestar la ateas que ellos recibían en las escuelas. Nosotros lo rezamos una vez a la con gran atención y devoción.
Cuando recitamos el Credo, nos a píritu Santo para renovar nuestros males y de confirmación. Ahora, el puede moverse en nuestro espíri estupenda, y en forma más intensa rado al Espíritu Santo para que flu poderosa. Permanezcamos abies sanador de esta gran oración de la

Llamado al altar

Después de profesar nuestra fe, al llamado al altar cuando el saco vita a recibir a Jesucristo en nueves. Más que otros cristianos, hacen un llamado al altar cada sagrada comunión. Ser consciente puede traer gran sanación a cuanidad.
Cuando recitamos el Credo, nos abrimos al Espíritu Santo para renovar nuestros votos bautismales y de confirmación. Ahora, el Espíritu Santo puede moverse en nuestro espíritu de manera estupenda, y en forma más intensa. Hemos liberado al Espíritu Santo para que fluya de manera poderosa. Permanezcamos abiertos al poder sanador de esta gran oración de la Iglesia.

Llamado al altar

Después de profesar nuestra fe, respondemos al llamado al altar cuando el sacerdote nos invita a recibir a Jesucristo en nuestros corazones. Más que otros cristianos, los católicos hacen un llamado al altar cada domingo en la sagrada comunión. Ser conscientes de esto puede traer gran sanación a cualquier comunidad.
Creer, en el sentido bíblico, es comprometer-nos completamente con el Señor. Recuerde el momento cuando le dijo su más sincero y profundo "Sí" y le dio las gracias.
• Dedique ahora cinco minutos para estar en silencio. Pídale al Espíritu Santo que lo posea y que le hable a su corazón. Escúchelo y respondale.
La oración común u Oración de los fieles. Se debe reanudar después del evangelio y de la homilía, en especial los domingos y los días santos, por obligación. En esta oración, con la participación de la gente, se pedirá intercesión por la Santa Iglesia, por las autoridades civiles y por todos aquellos oprimidos por varias necesidades, por toda la humanidad y por la salvación del mundo entero.
Como previamente se mencionó, he distribuido 50.000 tarjetas de oración pidiendo que las personas oren por mi ministerio, durante quince minutos a la semana. Cuando las grandes sanaciones ocurren en mis servicios, sé que suceden porque mis intercesores han sido fieles en la oración. Tomo las palabras de Pablo a pecho cuando dice: "Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo se gún les inspire el Espíritu. Velen en común y prosigan sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos los hermanos" (Ef. 6:18). Yo valoro a mis intercesores profundamente.
El otro muchacho vivía en Peoria, Illinois, y un día sirviendo en la misa ante el obispo en la catedral, el pobre chico dejó caer una botella de vino en el ofertorio. Sheen comentó que no era nada comparable con la chispa de una explosión atómica, el sonido de una botella de cristal que se estrella contra el suelo de mármol. El obispo ayudó a limpiar y luego terminó la misa. Después le dijo: “¿Has pensado alguna vez en ser sacerdote?” El muchacho respondió: “Sí”. -“Entonces, creo que serás un sacerdote e irás algún día a Lovaina para estudiar”. El muchacho fue a casa y le contó a su madre, quien le dijo que Lovaina era la Universidad Católica de Bélgica. Luego, John Fulton Sheen estudió para el sacerdocio en Lovaina y llegó a ser obispo; posteriormente fue el arzobispo Fulton J. Sheen.
Ore por necesidades específicas
Después de hacer nuestras intercesiones generales, podemos orar por las necesidades específicas de algunas de las personas en la Iglesia es día. Debemos orar por todo el mundo, luego por algunos de la congregación que sufren. A menudo, durante la misa, hay gente que desea que el sacerdote se apure y termine porque se encuentra en gran sufrimiento. A veces, en mis misas de sanación, pido que algunos de los miembros de la congregación que están sufriendo pasen al frente para recibir oración.
Cuando nos juntamos dos o más personas, se genera un enorme poder. "Pues donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, ahí estoy yo en medio de ellos" (Mt. 18:20). Si hay quinientas personas presentes, estamos tocando a la persona que sufre con quinientos "voltios" del amor sanador de Jesús. Mientras más personas estén orando, más energía espiritual se genera. Entonces, pueden sanarse muchas de las personas que estén dispuestas. Ésta es la experiencia de algunos sacerdotes que han tenido.
Todos tenemos que enfrentar el sufrimiento de vivir en un mundo imperfecto. Cualquier cosa que hagamos de palabra o hecho, podemos hacerla en el nombre de Jesús. Cuando la misma termina, podemos continuar siendo intercesores. Mire con ojos de fe cuando vea a una persona molesta en la fila del supermercado. Mírela a través de los ojos de Jesús. Usted no tiene ni idea de lo que ha vivido. Ofrezca a Jesús el tiempo que dedica a lavar la ropa. Ofrézcale el tiempo que pasa en la fila del correo, o en el banco, a Jesús. Rece el rosario cuando está en un semáforo en rojo o mientras permanece en un trancón en horas pico, o cuando están despejando la vía después de un accidente en la autopista. Ofrézcale sus 5, 10, 20, 30 inconvenientes diarios, en forma "específica", por ejemplo, por su hijo que no es feliz, por su párroco que está extenuado, por su tía que sufre de cáncer. Interceder por las personas necesitadas es hacer penitencia de verdad.
Una madre que ha orado durante años por sus hijos puede esperar con plena seguridad la conversión de ellos, aun si ésta ocurre después de su muerte. He escuchado muchos testimonios de gente que dice: “Tengo una tía que oró por mí durante años... una madre... un hermano que oró”. Oigo testimonios de cómo “el Señor me tocó; dejá la bebida y fui convertido”. La fuente real de la conversión puede ser la abuela que murió de cáncer ofreciendo su sufrimiento por sus nietos.
Tenemos el poder infinito de Dios disponible a través del poder de la oración y de la fe. Conozco a una mujer cuyas dos hijas ya crecidas estaban en las drogas. Una casi muere por una herida de bala.
En la encuesta se hizo esta pregunta: “¿Usted por quién era durante la misa?” La mayoría respondió: “por mí mismo”, “por los niños” y “por el cónyuge”. Las interrelaciones personales estaban en la cima de la lista en cuanto a motivos de oración, con situaciones como “la falta de perdón”, lo cual constituye una gran barrera para la sanación. Los problemas espirituales, de salud y de dinero son las áreas básicas de preocupación.
Se les pidió a los participantes que escribieran una oración sencilla que pudieran hacer con frecuencia durante la misa. Algunas de sus respuestas incluyen:
• Señor, por favor, da tu gracia abundante y amor a mi hijastra enferma, Cora. (Virginia Zandueta)
• Elevo a ti, Señor, al desamparado, al pobre y al enfermo. Dales calor, albergue, comida y sanación. Gracias, Señor. Amén. (Carmelita Wolfert)
• Señor Jesús, toca a mi niña pequeña de manera poderosa; toma control de su vida y hazla la persona que tú quieres que sea. Guíala y camina al lado suyo. (Matti Hyatt)
• Señor, por favor, abre el corazón de mi hermano Ken para que él pueda aceptar el regalo de la salvación y pueda dejar las drogas y el alcohol. (Rodger S.)
• Señor, protege a tus sacerdotes. En esta época de materialismo y tentaciones, haz que los sacerdotes sientan tu presencia y experimenten tu amor sanador. Enciende en ellos el fuego de tu amor para que puedan amar como tú amas. (Muriel Neveux)
• En el nombre de Jesús yo cubro a estas personas con tu sangre preciosa. Cubro sus mentes, pensamientos, emociones, cuerpo, alma y espíritu. Los sello en tu sangre. Amén. (Frances Phillips)
• Abba, Padre, en el nombre de Jesús, oro por un milagro de sanación de lupus para mi hija Candy. Tú sabes, Señor, que sin esto ella no podrá tener hijos o incluso vivir mucho tiempo. Jesús, yo pongo esta oración en tu sagrado corazón. De igual manera como la mujer con el problema de sangre que tocó el borde de tu vestido y fue totalmente sanada, yo creo que a través de mi fe tú sanarás a Candy. Gracias, Señor. Amén. (Betty Dubuisson)
• Señor, tengo hambre de ti y de tu toque. Ayúdame durante la próxima semana. Guíame. Gracias por continuar trabajando en mí, incluso cuando he fallado. (Jerry Weibel)
• Señor, yo elevo ante ti a las personas que me han herido en el transcurso de mi vida. Por favor, perdónalas, y perdóname por causarles dolor. (Judy Labaria)
- Oro para que guís a mi hijo, Señor, pues en esta corta edad fácilmente puede ser halado por el espíritu malo. (Ana Belale)
Eterno Padre, te ofrecemos, por medio del Corazón inmaculado y afligido de María, en el Espíritu Santo, el cuerpo, sangre, alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, en unión con la misa celebrada hoy y cada día hasta el fin de los tiempos; con la madre María, san José, cada ángel y santo en el cielo, cada alma en el purgatorio, cada persona en el Cuerpo de Cristo y la familia de Dios. Te ofrecemos cada acto de amor, adoración, albanza y culto. Ofrecemos a ti cada acto de acción de gracias por las bendiciones, la gracia y los beneficios recibidos. Ofrecemos cada acto de reconocimiento de pecado que se ha cometido, se está cometiendo y será cometi-do hasta el fin de los tiempos. Ofrecemos cada acto de oración intercesora. Ofrecemos todas estas oraciones en unión con Jesús en cada misa celebrada a lo largo del mundo.
Espíritu Santo, pedimos que emane tu gracia, tus bendiciones y tus dones; sobre aquellos que no creen que pueden creer; sobre aquellos que dudan o están desconcertados, para que puedan entender; sobre aquellos que son tibios o indiferentes, para que puedan ser transformados; sobre aquellos que constantemente están viviendo en un estado de pecado, para que puedan convertirse; sobre aquellos que son débiles, para que puedan fortalecerse; sobre aquellos que son santos, para que puedan perseverar.
Te pedimos que bendigas a nuestro santo Padre. Dale la fuerza y la salud en su cuerpo, alma y espíritu. Bendice su ministerio y hazlo fructífero. Protégelo de sus enemigos.
Bendice a aquellos que se han muerto y están en estado de purificación para que puedan ser llevados al cielo, sobre todo a _ _.
Te ofrecemos y consagramos a nosotros mismos y a toda la creación a ti, Corazón de Jesús, María y José. Les pedimos, María y José, que tomen todas nuestras esperanzas y deseos. Por favor, ofrézcanlos con Jesús en el Espíritu Santo a nuestro Padre Celestial, en unión con cada misa ofrecida en el transcurso de los tiempos.
Nos consagramos a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, y a cada ángel, sobre todo a nuestro ángel de la guarda. Pedimos en el nombre de Jesús, a través de nuestra Madre María, reina de todos los ángeles, que tú, oh, Padre Celestial, envíes delante de nosotros a las legiones de ángeles para orientarnos.
Al arcángel Miguel con sus legiones para protegernos de los ataques del mundo, de la car-
Finalmente, pedimos por el don del amor incondicional; que podamos vivir la vida de amor que se reflejo en la familia santa en Nazaret, provocando así justicia y paz a lo largo del mundo. Amén.
Reflexiones en torno a la sanación
¿Usted ora por su propia sanación durante las Oraciones de los fieles?

Parte 4 La Liturgia de la Eucaristía

La renovación en la Eucaristía del pacto entre el Señor y el hombre atrae al creyente hacia el amor conmovedor de Cristo y lo hace arder con su fuego.

3 Presentación de las ofrendas

urante la presentación de las ofrendas, algunos representantes de la comunidad laica ofrecen el pan, el vino y otras ofrendas para ser recibidas. Éstas son todas nuestras ofrendas devueltas a Dios. Las ofrendas del pan y el vino, que nos representan a todos, serán transformadas en la presencia real de Jesucristo, como su cuerpo y sangre, su alma y divinidad.
Dar el diezmo también es parte de nuestra adoración. Hemos participado hasta ahora en un acto de amor durante la liturgia de la Palabra, y ahora cuando empezamos la liturgia de la Eucarísía reconocemos nuestra dependencia de Dios en todo. Al dar, estamos diciendo: “Señor, te coloco en primer lugar”. Al dar, estamos diciendo: “Señor, todo es tuyo”, como en la oración de san Ignacio: “Toma, Señor, recibe toda mi libertad. Mi memoria, mi entendimiento, mi completa voluntad. Todo es tuyo. Tú me has dado todo, ahora te lo devuelvo. Dame sólo tu amor y tu gracia. Eso es suficiente para mí”.
Algunos predicadores hablan acerca de la fe, como el tamaño de una semilla, y de la expectativa de recuperar al dar. Podemos aprender de esta enseñanza. La fidelidad, en cuanto al dar, abre nuestros corazones para recibir lo que Él quiere darnos. Jesús dice: "Den, y se les dará; recibirán una medida bien llena, apretada y rebosante; porque con la medida que ustedes miden se Él quiere devolvernos aún más de lo que nosotros queremos recibir. Él quiere darnos esa vida abundante de la que habla en Juan 10:10. Él quiere que seamos felices. ¿Qué necesita usted? ¿Recursos? ¿Ideas? ¿Sabiduría? ¿Salud? El Cielo es el límite con el Señor. Pídale que le dé una visión y un sueño para su vida, y dispóngase para su cumplimiento. Él puede probarlo en su capacidad de dar, pero observe y mire lo que Él hará por usted cuando se someta completamente. Una de las pruebas más difíciles son las finanzas. Todo lo demás parece algo fácil, en comparación.
Hable con Dios acerca del dinero. La porción que le corresponde a Dios es santa. Haga de Él su compañero. Siembre sus ofrendas como semillas en tierra santa, entonces abra su espíritu y pídale por los dividendos de su inversión y el cumplimiento de sus visiones y sueños. Espere recibir. Una inmensa gracia sanadora se libera si usted da. “Entreguen, pues, la décima parte de todo lo que tienen al tesoro del templo, para que haya alimentos en mi casa. Traten después de probarme, les

El ofertorio

Cuando el sacerdote recibe las ofrendas de la comunidad cristiana: el pan, el vino y la ofrenda, debemos tener conciencia de que ahora somos llamados no sólo a dar nuestro apoyo, sino también a darnos nosotros mismos, en la ofrenda del pan y del vino, a Dios.
El sacerdote coloca un poco de agua en el vino, según la costumbre judía, que representa la fusión de nosotros con Jesucristo en la misa. Cuando el agua desaparece en el vino, nosotros nos mezclamos en Cristo Jesús.
Asistimos a misa para unirnos a Jesucristo en su gran sacrifício. Hay una gran curación cuando nos ofrecemos a nosotros mismos y hacemos un esfuerzo sincero para ser uno con Jesús. Oímos hablar del satanismo en estos días. Por experiencia sabemos que muchas personas, que están obsesionadas con el mal lo han invitado a sus vidas, o participan en alguna actividad oculta.
Lo opuesto es verdad para nosotros. Cuanto más nos abramos a Jesús, más poder tendrá su Espíritu Santo para poseernos y llenarnos. Cada misa es una oportunidad dorada de llegar a ser uno con Jesús.
Reflexiones en torno a la sanación
Cómo trabaja Dios en su vida para desprenderlo de la posesión que tienen los recursos sobre usted?
Image summary: Esta figura es una representación textual de un número. El contenido muestra los dígitos catorce escritos en un formato tipográfico sencillo. Se puede inferir que la imagen tiene como propósito comunicar un valor numérico específico de manera clara y directa.

Consagración

Tomad y comed todos de él; porque éste es mi cuerpo, el cual será entregado por vosotros.
Tomad y bebed todos de él; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna.
Haced esto en memoria mía. a consagración de la misa debe verse a la luz de la lectura del Evangelio en Juan 14 to 16. Estos son algunos de los capítulos más bellos del Nuevo Testamento. No sólo somos llamados a servir, sino también a consagrarnos. Jesús nos ama. “Pero, si me voy a prepararles un lugar, es que volveré y los llevaré junto a mí, para que, donde yo estoy, estén también ustedes” (Jn. 14:3). “En adelante el

La profecía de la hermana Briege

La religiosa Briege McKenna, O.S.C. en el retiro sacerdotal de las Cataratas Internacionales, Minnesota, el 26 de abril de 1990, refirió lo siguiente, que oyó del Señor: "Ven a mí en la presencia de mi Eucaristía. Vendrá un tiempo en el que habrá un gran rechazo a mi presencia, negarán que yo estoy verdaderamente presente entre mi pueblo. Pero te invito a pasar un tiempo conmigo. Te invito para que conduzcas a mi pueblo a fin de Nueva vida significa que te amo, que anhelo hacerte limpio. Ven con frecuencia a mí. Confiésense entre sí y permítanme ejercer mi ministerio a través de cada uno y te daré la sabiduría que necesitas para confrontar al enemigo".

Las reflexiones del padre George Maloney

"De todos los sacramentos, la Eucaristía es el clímax porque aquí Jesucristo, la imagen perfecta del Padre, se entrega a sí mismo a la vida eterna. Aquí, Él conquista, en ese eterno presente de autoinmolación en la cruz, por amor a nosotros, individualmente, todo pecado y muerte que existen dentro de nosotros. Aquí debemos experimentar el gozo de su resurrección gloriosa a medida que su Espíritu disuelve en nosotros la falta de amor por Dios y por nuestro prójimo"²⁷.
“El peligro y dificultad de poder decir la misa se volvió una realidad para nosotros en los campamentos de madera de los Urales. Empezamos a hacer lo que probablemente debimos haber hecho antes: prepararnos para decir la misa de memoria... una y otra vez por las tardes... repetíamos las oraciones de la misa hasta que las aprendimos de memoria”.
“A veces, el padre Víctor y yo salíamos a caminar por el bosque y allí celebrábamos la misa en el tronco de un árbol... incluso el tiempo parecía detenerse cuando ofrecíamos el sacrificio eterno del calvario por las muchas intenciones que llenaban nuestros pensamientos y corazones. Entre ellas, no de menor importancia, recordábamos a las miles de personas de la Iglesia que estaban privadas de mucho y que vivían en silencio, aquí en esta tierra que una vez había sido cristiana, y por quienes habíamos venido a trabajar como sacerdotes en secreto... en otros momentos. El padre Víctor y yo decíamos misa sentados al borde de nuestras camas, una al frente
"...en los campamentos que eran prisiones en Siberia, los sacerdotes e internos asumían grandes riesgos para obtener el consuelo de este sacramento... En grupos pequeños, los prisioneros se movilizaban al lugar asignado, y allí el sacerdote celebraba la misa en su traje de trabajo, sucio y desgreñado, protegiéndose contra el frío. Dábamos la misa en cabañas de almacenamiento donde había fuertes corrientes de aire, o agrupados muy cerca el uno del otro en el barro y lodo en la esquina de un sótano donde estaban los cimientos de un edificio. La intensidad de la devoción, tanto de sacerdotes como de los encarcelados, compensaba todo esto: no había altares, velas, campanillas, flores, música, linos blancos como la nieve, ni vitrales o siquiera el calor mínimo que incluso una parroquia, por modesta que sea, puede ofrecer. Aun en estas condiciones primitivas, la misa nos llevaba más cerca de Dios de lo que cualquier pudiera imaginarse. Conscientes de lo que realmente estaba sucediendo en la tabla, caja o piedra que empleá

Visualización

La mayoría de nosotros nunca tendremos que enfrentarnos a una situación como la que vivieron los prisioneros de Siberia, y, por lo tanto, no tendremos la oportunidad de crecer en ese tipo de pruebas. Pero podemos aprender identificándonos con ellos mediante la imaginación de la fe. Podemos pedir al Espíritu Santo que traiga el fruto de su experiencia a nuestras vidas.
Lejos de la familia y amigos, sin las comodidades que requiere la criatura humana, con frío, y sin ninguna estructura normal a la que acudir en vez de Jesús, Él es todo lo que tenemos.
Ahora, veamos nuestros corazones como Jesús los ve: dispuestos, suaves, abiertos, sometidos, limpios y libres. Veámonos a nosotros mismos como Jesús nos ve: bellos, amados, completos, aceptados, redimidos, lavados en su sangre, nutridos con su cuerpo y sangre, como uno solo, con el cuerpo de Cristo.
El Espíritu Santo habla en el lenguaje de visiones, sueños e imaginación. Dios hace realidad algunas cosas en nuestras vidas, mediante el uso de nuestra imaginación. Dios habló en visiones y sueños con Abraham en Génesis 13 y con Jacob en Génesis 30. Él le dio a Pedro la visión de sí mismo como una piedra, y luego el apóstol se convirtió en esa piedra. En la historia de Ramona (Capítulo 9), la prodigiosa sa

La experiencia de Muriel

Muriel Neveux compartió: “El Señor me condujo para que trajera en pensamiento a aquellos que necesitaba perdonar, durante la Eucaristía. Mientras el sacerdote sostenía la hostía en la consagración, vi el rostro de cada una de estas personas en la hostía. Le pedí al Señor que sanara mis relaciones con ellas, pues también eran parte de su cuerpo. Le pedí que lo hiciera aceptable a él en el momento que recibiera la Eucaristía”.
• Usted ora pidiendo conciencia sobre del misterio increíble que sucede en cada misa?
¿Cómo se enfocaría durante la consagración si supiera que ésta es su última misa?
¿Qué puede hacer usted para profundizar su fe en la consagración de la misa?
• ¿Asiste a misa tan frecuente como le es posible?

1 Padre Nuestro

Se nos invita a levantarnos y orar a nuestro Padre Celestial junto con Jesús, María y los santos, como Él nos lo ha enseñado. En este capítulo exploraremos las formas de entrar más profundamente en el poder sanador del Padre Nuestro. La meditación frecuente en el contenido de esta oración incrementará la sensibilidad hacia la sanación que nuestro Padre desea llevar a cabo en y a través de nuestras vidas.
Nos acercamos al Señor con una actitud de arrepentimiento y humildad, reconociendo nuestra pobreza de espíritu y a la vez regocijándonos, sabiendo que somos hijos e hijas, herederos del reino. Somos “una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios eligió para que fuera suyo y proclamara sus maravillas. Ustedes estaban en las tinieblas y los llamo Dios a su luz admirable” (1P. 2:9).
Jesús nos enseñó a llamar a Dios, nuestro Padre, y así tenemos el valor de decir:
PADRE NUESTRO... Cuando decimos las palabras: “Padre nuestro”, vamos hacia Él, brazo a brazo con nuestros hermanos y hermanas alrededor del mundo. Recordamos en nuestras oraciones a los que han muerto. Dios es “nuestro” Padre, el Padre de la vida y de la muerte.
Debo confesar que casi durante 25 años de educación católica, aún consideraba a Dios como un juez, hasta que el Espíritu Santo me tocó de una manera poderosa. Así comencé a reconocer a Dios como mi Padre amoroso. Mucha gente aún ve a Dios como alguien a quien temer, porque han sido formados en un cristianismo negativo, donde Dios es el juez. El enfoque neotestamentario del cristianismo enfatiza en el amor, la aceptación y el perdón de Dios. En general, también aprendimos acerca de Dios mediante el modelo de nuestro padre terrenal. Muchos conflictos en la vida se relacionan con la relación que tuvimos con nuestros padres.
Cuando esta relación no es correcta, desgastamos nuestra vida en una búsqueda interminable. Algunas personas critican a los demás en forma negativa; algunos buscan sanación; la mayoría de personas buscan ser aceptadas. Cuando nos disponemos a experimentar la aceptación de nuestro Dios y Padre,

Historia de la hermana Stephanie

“Cuando me dieron el trabajo como asistente ejecutiva del director de un hogar para chicas con problemas, tomé una clase para desarrollar mis habilidades como consejera. Durante el entrenamiento, mi terapeuta me dijo un día: '¡Percibo que estás furiosa con tu padre!'. 'No quiero tocar ese tema', le respondí cortantemente. Por lo tanto, procedimos a trabajar otros de los sentimientos de ira que sí estaba dispuesta a tocar. Para mí, estar furiosa con alguien era negar que lo amaba. Sabía que amaba a mi padre profundamente”.
“Al tercer día del retiro, tuve una charla con el director. Le expresé mi estado de confusión y la inhabilidad que sentía al orar. En cierto momento de la conversación, el sacerdote me dijo: 'Hermana, percibo que está furiosa con su padre'. 'No quiero tocar ese tema', respondí una vez más. Cuando le conté acerca del ejercicio en el que lo había enterrado, él me aseguró: 'Tan solo ha logrado enterrarlo más profundamente en su subconsciente, pero aún no ha enterrado a su padre'”.
Dios como mi Padre, no'. Yo oro a Jesús y a María. Él confirmó que habría sido difícil creerme si hubiera dicho que sí, porque mi concepto de padre era el de un hombre al cual nunca podía complacer. Desde que nuestro único concepto de Dios Padre sea el que tenemos de nuestro padre terrenal, él sabía que sería imposible para mí orar a un Dios al que yo creía que nunca podía complacer".
"Sé que esta reflexión en torno a mi padre procedía de la cinta que yo continuamente pasaba por mi mente; frases que mi madre repetía cuando ella quería que hicieramos caso a ciertas cosas. Ella solía decir: 'No hagas eso, tú eres la hija de Steve W...; No hagas aquello, disgustarás a tu padre...; No hagas lo otro, deshonrarás a tu padre'. Mi madre había puesto a mi padre en un pedestal. Ella era así, reprimida, porque, según su madrastra, calificaba el amor de mi padre hacia ella como santo".
La base de la sanación en el Padre Nuestro es la profunda verdad de que Dios es un Padre amoroso. “Dios es amor” (1jn. 4:16). Somos salvos en Él. Podemos confiar nuestras vidas a Él. Él es fiel y confiable. Podemos estar seguros en Él en todo momento. La palabra “Abba”, amado Padre, se emplea 175 veces en el Nuevo Testamento. La primera sanación que esperamos encontrar en el Padre Nuestro es el conocimiento de que Dios es nuestro Padre amoroso.
SANTIFICADO SEA TU NOMBRE... El nombre de Dios, su naturaleza, persona y carácter son santos. El está apartado de la corrupción y es merecedor de toda reverencia. Oramos para que su nombre sea guardado santo en nuestras vidas y en las vidas de todas las personas. Oramos para vivir de tal manera que su nombre sea siempre honrado.
Cuanto más alabemos su santidad y su naturaleza maravillosa, estaremos más abiertos a la sanación. El Domingo de Pentecostes, el Espíritu Santo confirmó a los doce el don de las lenguas, para alabar al Padre en forma poderosa. Él todavía da este don para alabarle en lenguas. Tenemos un Padre amoroso cuyo nombre es Santo. Alabémosle con todo nuestro corazón.
A medida que maduramos en nuestro peregrinaje como creyentes, se hace claro que nuestro propósito primordial es ayudar a construir ese reino, exactamente donde hemos sido puestos. Para cada uno de nosotros existe una tarea específica de acuerdo con nuestra vocación. Como cristianos, hacer la voluntad del Padre y completar su obra es tan importante para nuestro espíritu como la comida lo es para nuestro cuerpo. La verdadera felicidad llega cuando nos somemos a la voluntad de Dios. "No deseo más que hacer tu voluntad" (Sal. 40:9).
DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA... Dios siempre ha suplido las necesidades de su pueblo a través de medios ordinarios y extraordinarios. Él proveyó alimentos para los israelitas en el desierto (Ex. 16 y 17); proveyó alimento para Elias, la viuda y quienes le servían (1 Re. 17:7 to 15); alimentó también a los 5.000 (Lc. 9:10 to 17).
Acudimos al Señor con necesidades diarias de toda clase: las del cuerpo, mente y espíritu. Oramos por necesidades físicas: abrigo, ropa, comida y salud. Oramos por las necesidades de nuestra mente: conocimiento de las cosas divinas, educación, aprendizaje, guía y sabiduría en la toma de decisiones, necesidades sociales, salud emocional y mental. Oramos por las necesidades de nuestro espíritu: nuestra relación con Dios, la gracia del perdón, la profunda conversión y la habilidad para llevar a cabo nuestra vocación particular en la vida.
PERDONA NUESTRAS OFENSAS ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN... El perdón es el siguiente elemento clave de sanación en el Padre Nuestro. Si tiene problemas de falta de perdón con alguna persona, pídale a Dios que lo disponga para perdonar. Puede ser de gran ayuda la meditación en las Escrituras que hablan de la misericordia de Dios, la pasión y el hijo pródigo. Esto le ayudará a experimentar el perdón y el amor del Padre. Debe saber que el Padre está siempre esperándolo con los brazos abiertos. Respondamos a su amor, hoy.
Las tentaciones pueden comenzar en la mente y luego pasan a los sentidos. Primero, cuando vienen los pensamientos, tenemos que hacernos cargo de ellos antes de que se implanten profundamente. Si damos lugar a que estos pensamientos pecaminosos ganen terreno en nuestra mente, crecerán y eventualmente caeremos en la tentación. Ofrezca y pídale al Señor el don de la santidad a cambio. Nosotros podemos, como Jesús, usar las Escrituras para batallar contra las tentaciones.
Es de ayuda anotar y meditar en los pasajes bíblicos que mejor combaten las tentaciones específicas. Pablo nos dice: "... más bien transformarse por la renovación de su mente" (Rom. 12:2). En Filipenses 4:8 nos dice que dirijamos nuestros pensamientos hacia todo lo que "... encuentren de verdadero, de noble, de justo, de limpio, en todo lo que es hermoso y honrado. Fijense en cuanto merece admiración y alabanza".
La lucha para vencer las tentaciones es un proceso continuo. Una de las reglas más importantes de la vida espiritual es levantarse de nuevo, si se ha rendido ante la tentación.
Y LÍBRANOS DEL MAL... Ésta es una oración poderosa de liberación. Algunas traducciones dicen: “Líbranos, o sálvanos, del maligno”. Ésta era la forma empleada en la Iglesia primitiva. Podemos ser librados del mal. Podemos llamar a Jesús y Él vendrá con poder. No tenemos que estar atrapados, ni seguir engañados por el enemigo. Cada vez que estamos a punto de caer, podemos llamarlo y Él estará allí.
Jesús nos dice en Santiago 4:7 que debemos resistir al diablo y él huirá de nosotros. Buscamos la protección divina de Dios ayudados en la oración, tomando autoridad sobre el mal, gracias a las Escrituras, los sacramentos y la comunidad cristiana.
No necesitamos temerle al diablo. Andamos con nuestro Padre Celestial, en el nombre de Jesús, en el poder del Espíritu Santo. "...porque el que está en ustedes es más poderoso que el amo de este mundo" (1 Jn. 4:4).
Cuando recitamos el Padre Nuestro, nos unimos a millones de personas alrededor del mundo quienes también hacen esta oración cada día. Conscientes de estos hechos, nos presentamos humildemente ante el Padre con Jesús, María y los santos, tomando nuestro lugar correcto como hijos e hijas de nuestro Padre amoroso y valientemente proclamamos:
No nos dejes caer en tentación y libranos del mal.
PORQUE TUYO ES EL REINO, EL PODER Y LA GLORIA POR SIEMPRE. AMÉN.
Reflexiones en torno a la sanación
Para aquellos que tienen dificultad en aceptar a Dios como su Padre amoroso, los pasos siguientes pueden serles de gran ayuda:
1. Pida la gracia para ser sanado de heridas del pasado que tengan que ver con su padre.
6. Ore por su padre, no importa si está vivo o muerto. Si está vivo ore pidiendo bendicioses para él. No condicione su oración.
7. Alabe y agradezca a Dios por su padre, esté muerto o vivo, sin importar si sus sentimientos hacia él son buenos o malos. La alabanza es una decisión no un sentimiento.
8. Busque en las Escrituras y anote todos los versículos que le hablan de Dios, el Padre personal, amoroso y cuidadoso.
9. Repita estos versículos diariamente y permita que lleguen a ser parte suya.
10. Busque dirección espiritual.
La siguiente historia de la Primera Guerra Mundial es un testimonio poderoso del anhelo del corazón humano por la paz.

Milagro en la Primera Guerra Mundial

Durante la Primera Guerra Mundial, Europa era el polvorín político. Los ejércitos de Francia, Gran Bretaña, Russia, Alemania y Austria-Hungría comenzaron una guerra que reclamaría millones de vidas. Pero un milagro poco conocido ocurrió en la Navidad de 1914. Fue un milagro de bondad y amor humano.
En noviembre de aquel año, el papa Benedicto 15 pidió el cese de hostilidades en el cumpleaños de Cristo. Ambos lados dijeron: “Imposible”. Lo que parecía imposible para los altos mandos fue posible para los simples soldados, quienes a menudo añoraban tanto la paz como sus hogares. Los miles de soldados enfrentados unos a otros en las trincheras que se extendían a lo largo de la frontera suiza hasta el Atlántico Norte decidieron parar la guerra por sí mismos.
Las tropas inglesas e irlandesas luego se dieron cuenta de que cientos de luces multicolores colgaban a lo largo de la cerca de alambre frente a sus trincheras. A pequeños intervalos, a lo largo de las trincheras, árboles de Navidad con colores brillantes trajeron solemnidad a la época que representaban en aquel asolado campo de batalla. Un solo soldado alemán se inclinó por encima de la cerca de alambre de las tropas británicas y grito en inglés: "Feliz Navidad". De inmediato, el aire se llenó de gritos que resonaban diciendo: "Feliz Navidad" y "Froelich Weihnachten".
El único negocio serio de este día fue el de enterrar a los muertos. Ambos lados abrieron tumbas para los que habían caído y los ingleses suplieron algunas cruces de madera. Luego un grupo de alemanes avanzó hacia las tropas británicas llevando el cuerpo de un soldado inglés que había muerto y caído tras la línea de demarcación.
Los altos mandos militares de ambos lados tomaron medidas severas para asegurarse de que las tropas no volvieran a repetir tal evento en el futuro.

La paz comienza en nosotros

Algunas veces, llegamos a la iglesia y oramos pidiendo paz para el mundo, mientras que no estamos en paz con nosotros mismos, con nuestras familias ni amistades. Sin embargo, la paz debe iniciarse en nosotros.
Una de las formas más poderosas mediante la cual podemos sanarnos es por el amor que nos brindan otras personas. A medida que compartamos con otros nuestros temores y desilusiones, mientras nos estamos perdonando y vemos el bien y la bondad en otros, a medida que amamos y estamos en paz con nosotros mismos y con aquellos en nuestro círculo íntimo, entonces encontraremos la sanación. Hay un inmenso potencial para recibir sanación al reunirnos como comunidad.
El gran mandamiento es el de amarnos unos a otros. En la misa, expresamos esto mediante nuestra señal de la paz. Se dice que los católicos son “los escogidos medio congelados del Señor”. Sin embargo, nos descongelamos hasta cierto grado, cuando compartimos la señal de la paz en el banquete de amor.
“Jesús sabía de mi dolor y probablemente la motivó a sentarse detrás de mí y a orar por mí durante la primera comunión de mi hijo. Jesús extendió su brazo para sanarme aquel día por medio de esta señora”.
Reflexiones en torno a la sanación
• Jesús nos dice que lo que hagamos por otros, se lo hacemos a él. Cuando dé la señal de la paz en la misa esta semana, pida que Jesús le otorgue la capacidad de verle en cada una de las personas que saluda. Que la calidez de su saludo comunique a esa persona que realmente le importa su vida.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, concédenos la paz.
Linda Mitchell, de Sunnyvale, California, ha experimentado sanaciones poderosas durante este tiempo de la misa. Habla de llegar a la misa con un sentir de desesperanza con respecto a algunas situaciones de la vida, cuando se siente impotente de cambiarse a sí misma u a otros. Ella trae estas situaciones ante el Señor, las coloca en el cáliz y allí las deja durante la consagración.
"Durante la misa, le entrego a Jesús aquella situación o problema en particular. Al admitir mi incapacidad en dicha situación, aquel pensamiento, recuerdo o circunstancia se transforma de impotencia en gozo, fortaleza y valor. Él me asegura su amor tal como soy. Él me asegura que se encargará del problema. Puedo descansar en su amor, sabiendo que Él está controlando las cosas. Muy dentro de mí, escucho las palabras: "Estoy cambiando tu corazón. Estoy derramando mi amor en ti y sanándote".
El padre Walter J. Ciszek, S.J., en su historia, Él me guía, reflexiona en torno a la reverencia que algunos reclusos en campos de labor forzosa tenían para con la misa. "He visto a algunos sacerdotes pasar en ayunas y trabajar en labores forzosas con el estómago vacío, con el fin de guardar el ayuno de la Eucaristía. Esto debido a que el descanso del mediodía era el mejor tiempo para reunirnos y realizar la misa secreta... algunas veces, cuando los guardas nos observaban muy de cerca, y no podíamos arriesgarnos a celebrar la misa, en el lugar de trabajo, las migas de pan que había reservado en mi bolsillo desde el desayuno permanecían allí hasta que pudiera regresar al campamento y celebrar la misa en la noche... He visto a sacerdotes e internos privar a sus cuerpos del sueño necesario para levantarse antes de que tocara la campana y poder realizar una misa secreta en cuarteles silenciosos... De cierta forma, llevábamos una vida como de catacumbas con nuestras misas. Nos castigaban severamente si nos encontraban celebrando la misa y siempre había informantes. Sin embargo, la misa para nosotros valía la pena, tanto así que estábamos dispuestos a correr el riesgo y a sacrificarnos; era un tesoro para nosotros; la anhelabamos y hacíamos casi cualquier cosa para poder celebrarla y asistir a ella”³².

El milagro Lanciano

En el año 700 d.C., aproximadamente, un monje basílico de Lanciano, Italia, dudó de la presencia real del Señor en la Eucaristía. El padre Stefano Manelli en su obra: Jesús nuestro amor eucarístico, cuenta la historia: "No podía creer que al pronunciar las palabras de la consagración del pan y el vino, las sustancias se volvieran el cuerpo y la sangre de Cristo. Pero ya que era un sacerdote devoto, continuó celebrando el sacramento conforme a la enseñanza de la Iglesia, y le rogó a Dios que removiera toda duda".
Ella fue una niña indeseada, poco amada y además abusaron de ella a una temprana edad. Llegó a tener miedo de todo: personas y cosas. Sólo el poder de Dios pudo transformarla en una persona hermosa, segura y fuerte, como la que es hoy. Permita que el Señor construya su fe en su presencia amorosa y sanadora a medida que lea este testimonio conmovedor.
“Mi madre tuvo tres abortos después de que nació. Continuamente se me recordaba que yo también debía haber sido abortada, pero algo no resultó como habían planeado, y yo nació. En nuestra casa había tres frascos grandes de vidrio, llenos de formó y en esta sustancia se encontraban tres bebés abortados, en distintos niveles de su desarrollo. Estaban allí como piezas de exhibición. Cuando me portaba mal, se me recordaba rápidamente y que yo también pude haber terminado en uno de esos frascos como mis hermanos y hermanas”.
"En cierta ocasión, un sacerdote me enseñó dos frases de una oración, que le dieron un vuelco completo a mi vida: 'Jesús, que todo lo que tú eres, fluya en mí. Que tu cuerpo y tu sangre sean mi alimento y mi bebida'. Después de que murió mi amigo sacerdote, un pastor evangélico se hizo amigo mío y me enseñó a amar las Escrituras. Aunque fui bautizada como creyente en su iglesia, no me sentía satisfecha. Esta congregación no creía realmente las palabras: 'Que tu cuerpo y tu sangre sean mi alimento y mi bebida'. Así que continué buscando".
"Mientras tanto, me diagnosticaron leucemia. Esto, sumado a la diabetes que venía padeciendo desde hacia veinte años. Sabía que la clave para mi sanidad era poder encontrar un lugar donde recibiera el verdadero cuerpo y la sangre de Cristo, y sería sana".
“Cuando conocí al padre DeGrandis, en 1985, me dijo que debía perdonar a mi padre por todas las formas en que me había maltratado y herido cuando era niña. Comencé a decir la Oración del perdón frecuentemente. En este retiro fui sanada de la diabetes y la leucemia tuvo un alivio notorio”.
"Doy gracias a Dios por brindarme una segunda oportunidad. En especial le doy gracias por permitirme recibirlo en la Eucaristía". "Tomen, esto es mi cuerpo" (Mc. 14:22).
"...Jesús les contestó: 'En verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no viven de verdad. El que come mi carne y bebe
mi sangre, vive de vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día'" (Jn. 6:53 to 54).
Jesús cumple este deseo al decir que nunca moriremos espiritualmente, sino que viviremos con él y con el Padre para siempre. Éste es el consuelo que prevalece en todos los funerales cristianos. Siempre predico acerca de esta verdad durante un funeral.
“El estar de pie frente a la congregación mientras sostenía la copa de vino no era una tarea difícil, ni tampoco me sentía nervioso al hacerlo. Sin embargo, al sostener el cáliz durante la comunión, un sábado en la misa nocturna, recibía una revelación del contenido de éste. Esta pequeña copa contenía la misma sangre que se vería de las heridas de Jesús y de su corona de espinas, hace unos dos mil años. Aunque ahora tiene una forma diferente, es, para los católicos, la misma sangre que Él derramó de su espalda después de ser azotado. Estas pocas onzas en la copa también mancharon la cruz de madera. La humanidad de Jesús se hacía muy palpable mientras yo miraba el contenido del cáliz”.

A la expectativa

Cuando reciba la santa comunión, le sugiero que esté a la expectativa de que el Señor lo va a sanar. Espere que Él lo sane: "...que te suceda como creíste" (Mt. 8:13). A medida que se acerca al altar a recibir a Jesús, acéptalo como su Señor y Salvador. Él es Señor del problema que lo está agobiando ahora mismo. ¿Cuál es el problema más grave en su vida, hoy? ¿Qué está robando su paz interior? ¿Qué le molesta? ¿Qué le inquieta? ¿Sus hijos? ¿Su salud? ¿Su incredulidad? ¿Un área en particular o hábito de su vida? ¿Un comportamiento compulsivo que no puede controlar? ¿Son las finanzas? ¿Qué es? Llévelo ante el Señor. "...con sólo tocar su manto sanaré" (Mt. 9:21). Jesús nos está diciendo que no necesitamos tocar tan sólo el borde de su manto. Él dice: "¡Tó-mame! ¿Recíbeme completo! ¿Este es mi cuerpo y ésta es mi sangre!".
Cuando hacemos un llamado al altar y nos acercamos a recibir a Jesús en su plenitud, estamos conectándonos con el creador del universo, con el redentor, con el Dios eterno ante el cual estaremos un día de pie. Luego, ¿somos conscientes de lo que estamos haciendo cuando respondemos al llamado de comer la carne del Hijo del hombre y beber su sangre? Éste es el tiempo más precioso de todas las 168 horas que tenemos disponibles en una semana. Estamos ante el Padre eterno, en Cristo Jesús. "¿Si tú conocieras el donde Dios!" (Jn. 4 to 10).
A medida que lea el capítulo sexto de Juan, pídale al Espíritu Santo que le enseñé la estupenda verdad de que Jesús realmente viene con su cuerpo y su sangre para nutrirs, fortalecemos y sanarnos, de manera que podamos vivir para siempre.
Muchas personas que han muerto aparentemente, y han tenido experiencias de vida después de la muerte, narran el hecho de que no deseaban regresar a la tierra después de ver la belleza de la “luz” de aquel otro mundo. ¿Esto sobrepasa todo lo demás! Nos podemos aproximar a esta experiencia mediante la Eucaristía, durante la recepción de la santa comunión. Él viene para sanarnos física, espiritual, emocional y psicológicamente. Él nos asegura que su deseo es que nos elevemos y vivamos con Él para siempre.
Pierre sus ojos y concéntrese en Jesús. Visualice a Jesús de pie ante el altar. Observe la luz que sale de sus manos hacia su corazón, y sienta como lo toca ahora mismo, sanando áreas de dolor y carencia. Sométase a Él, piérdase en su presencia, transcienda su ser interno. "...y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí" (Gál. 2:20).
Crea conmigo que el poder sanador que emanad de Jesús nos está tocando, liberándonos de culpabilidad, duda, autorrechazo, autocondenación. Crea que Él está haciendo una profunda sanación de su ser interno y restaurando su autoestima, amor propio, autoaceptación. Gracias, Señor, porque creemos que esto está sucediendo, conforme a nuestra fe.
Dios es amor y Él desea sanarnos aún más de lo que nosotros deseamos ser sanados. No es un asunto de merecerlo, puesto que es verdad que no lo merecemos, pero esto no tiene nada que ver con la historia.
Decimos: “Señor, puedes sanarme”. Él dice: “Quiero, sé sano”. Usted debe ser consciente de que podemos ser sanados, si logramos sobre pasar nuestros propios sentimientos de autorrechazo y nos aceptamos. Nos sentimos indignos, pero su amor nos llena. Él quiere cortar todo sentimiento de falta de valor, culpabilidad, temor, resentimiento, amargura, odio, autocondenación, falta de amor propio: todas las cosas que nos detienen para aceptar a Dios como nuestro Padre amoroso. Él cortará todo esto y hará que ríos de agua viva fluyan de nuestro espíritu. El Señor quiere que reconozcamos que tenemos necesidad de su sanación. Él desea que aceptemos su sanación.

La oración de La escalera de la vida

Jesús y María, pedimos el don de la visualización, que nos permite vernos a nosotros mismos subiendo contigo esta escalera. Sana las heridas y el dolor de cada año, y llena las carencias entre el amor que recibimos y lo que nos faltó.
Me veo como un infante recién nacido. Tó-mame en tus manos, Jesús, y camina conmi-go durante este primer año de vida. Tócame, sáname y hazme completo.
Te doy gracias por mi cuarto año de vida, porque sigues sanando las heridas, el dolor y los temores de la vida, especialmente aquellos asociados con mi familia.
Llévame tiernamente por el quinto año. Señor, gracias por caminar conmigo estos primeros cinco años.
En este sexto año, Señor, permite que yo experimente sanación, paz, gozo, amor y vida a causa de tu toque sanador.
Sana todas las heridas del séptimo año, Señor, cuando inicié la escuela, tuve una profesora y nuevos amigos, los traumas del aprendizaje y los temores asociados con los trasteos.
Gracias por la sanidad que me das en el décimo año de mi vida. Sana toda ira que hubiese tenido contra mis padres. Bórrala y dame un sentido de seguridad, sabiendo que soy amado. Gracias, Señor, por sanar los primeros diez años de mi vida.
En el undécimo año, llegué a tener conciencia de mi apariencia. Tócame, sáname y hazme completo.
Gracias por sanarme durante la edad de doce años. Líbrame de todo temor y culpabilidad, especialmente si ésta se relaciona con culpa-bilidad sexual. Gracias, Jesús.
Tócame suavemente durante mis quince años. Dame un sentido de seguridad, en este año, en medio de todas mis inseguridades. Gracias, Señor, por la sanación en estos quince años.
Tócame ahora en el decimosexto año de mi vida. Sana este periodo difícil.
Llévame suavemente por los diecisiete años, especialmente, cuando odiaba todo lo que yo era. Dame un sentido de amor y autoaceptación.
Durante los años dieciocho y diecinueve, tó-came y hazme completo. Sana todos los tra-mas de la edad de posadolescencia, especialmente en lo relacionado con la cul-pabilidad sexual.
Señor, te veo llevándome por el transcurso del año 21. Suple todas mis carencias.
Gracias por acompañarme en mis 22 años y por sanar las tensiones asociadas con mi cónyuge, con los suegros y otros miembros de la familia. Toca estos recuerdos y hazme completo.
Durante mis 23 años, Señor, sana todos los traumas relacionados con los ajustes en el matrimonio. Toca toda área de malos entendidos e ira que surgen de estos ajustes.
En los años 24 y 25 de mi vida, sana mis frustraciones y sentimientos de abandono, tal vez debido a la enfermedad. Libérame y lléname con tu espíritu. Gracias, Señor Jesús, por tocarme durante esta etapa de la vida.
Durante el año 29, sáname de todos los sentimientos de rechazo, malos entendidos y falsas acusaciones. Tócame profundamente y sáname, Señor.
Lléname con tu espíritu en el año 30 de mi vida. Gracias, Señor, por sanar los primeros treinta años de mi vida.
En mi tercera década, Señor, toca los años desde el 31 hasta el 33. Sana todas las ansiedades y temores; todas las preocupaciones con respecto a los hijos y las ansiedades del trabajo.
Durante el año 34 de mi vida, Señor, toca toda adicción con la bebida en mi familia y sana los traumas de las decisiones difíciles que he tomado.
Toquen los años 39 y 40. Señor, gracias por tocar los primeros cuarenta años de mi vida. María, madre mía, dame aquella cercanía, calidez y amor.
Señor, toca toda turbulencia y cambio en mi vida a los 41 y 42 años.
Toca los traumas asociados con la crisis de la edad media, a los 43 y 44: los hijos que abandonan el nido y el rechazo del cónyuge. Toca y sáname, Señor.
En el año 45, Señor, sana los sentimientos de fracaso, el sentir de que no he logrado lo que esperaba profesionalmente. También, toca mis sentimientos de no haber crecido como creyente y las tentaciones relevantes a la fe. Señor, tócame, sáname y hazme completo.
Tócame, sáname y hazme completo en el año 51, Señor.
De los años 52 al 55, Señor, permite que tu Espíritu se mueva en mí. Toca todos mis temores, especialmente los temores en cuanto a la muerte.
En los años 56 y 57, toca los temores de la enfermedad y la soledad.
Toca los temores de los 58 años, los trasteos familiares, la pérdida de la compañera o cónyuge. Toca y sana estas heridas, Señor.
Durante el año 59, toca el dolor de no estar en contacto con mis hijos. Sana aquella herida, Señor.

La historia de Ramona

Ramona tenía treinta y siete años cuando se comprometió con Jesús y le pidió que fuera Señor de su vida. Cinco años después se involucró en una relación amorosa con un católico no practicante y se alejó de Dios. Cuando lea su historia, considere las formas diversas, sobre todo a través de las Escrituras, que el Señor usó para que regressara a Él.
“Después de vivir durante dos años con un hombre llamado Sam, quien no era mi marido, nuestra relación acabó de una forma muy fea. Estaba llena de enojo, amargura, resentimiento y rencor. Me sentía especialmente enfadada porque él me debía bastante dinero, así que contraté a un abogado para recuperarlo. Después de una misa sanadora en mi iglesia, un amigo que estaba orando por mí mencionó la palabra perdonar. No podía dejar de llorar porque esta Durante una conferencia de fin de semana, en San Francisco, con el padre Robert DeGrandis y la religiosa Dorothea, recibió más sanación. En la meditación que expuso Dorothea, donde hizo un "corte de cordones" con las personas que estamos ligadas en el ámbito emocional, logré desligarme de Sam mientras lloraba amargamente. En ese momento, sentí también un estallido en el lado derecho de mi abdomen. Tenía síntomas de malestar en la vesícula. Luego, cuando se lo mencioné a mi médico, sugirió que podría haber estado pasando un cálculo biliar en ese momento. La sanación fue verificada más adelante cuando el padre DeGrandis habló de la sanación de estómago. Más tarde, ese mismo día, volví a tener apetito después de un mes. El padre DeGrandis nos condujo en una oración de perdón, ese mismo día, y nos pidió que nos comprometieramos a decirla durante un mes. Yo inicié este propósito.
Una semana más tarde, durante la Convención de la Renovación de Carolina del Sur, en Aneheim, California, me encontraba en la arena escuchando a John Michael Talbot contar la historia de las bodas de Canaan. Allí, la virgen María le dijo a los siervos: "Hagan todo lo que Él les diga", entonces Jesús transformó el agua en vino. En mi espíritu supe que Dios me estaba diciendo que me olvidara, o estuviese dispuesta a perder el dinero que me debía Sam. Éste era el único cordón que aún me conectaba con él.
En mi vuelo de regreso a casa después de la conferencia, estaba leyendo acerca del "mayordomo injusto" cuando me vi a mí misma en la parábola. Estaba chocando emocionalmente con Sam al decirle: "Págueme lo que me debe". Decidi renunciar a esta deuda. Le escribí una carta y le dije que le había perdonando la deuda. Que lo perdonaba por herirme y le pedí perdón por haberlo herido. También avisé a mi abogado que cancelara la acción legal. Después de unos días, pasé tres horas y media con Sam. Caminamos, hablamos y nos perdonamos el uno al otro.
Al emplear las Escrituras con imaginación activa se puede observar el poderoso efecto, como se ejemplifica en la experiencia de Ramona al "cortar los cordones" que nos atan, como relata Juan 11:44, cuando Jesús dijo: "Desátenlo y déjenlo caminar". En el libro de mi hermana, Dorothea, titulado: El Jesús sanador de las Escrituras, ella recomienda: "Con el ojo de tu mente visualices a una persona que te ha herido y colócala frente a ti, mentalmente. Mira si hay algún cordón que corre de tu frente a la suya... de tu cabeza a la de la otra persona... ligándote a que pienses de la manera que esta persona piensa o poniendo sus ideas en tu cabeza. Mira si hay algún cordón de su boca a la tuya, mediante un cordón de crítica, palabras de desánimo... de su corazón a tu corazón... de sus manos a las tuyas.
Quizás haya cosas que has querido hacer y nunca te lo permitieron, o cosas que esa persona quiso hacer y nunca le dejaste hacer. Quizás esta persona está intentando manipularte o controlarte. ¿Hay cordones desde tus órganos sexuales "Ahora, visualiza a Jesús entrando a esta escena. En su mano tiene la espada más bonita que jamás hayas visto. Es una espada dorada, larga y muy afilada, es la Palabra de Dios. Puede cortar a través del alma y del espíritu.
Ahora Jesús te dice: ¿Me das permiso de cortar estos cordones? No los cortaría si no fuera por un propósito más alto, por una relación mayor, construida con base en el amor y no en la necesidad...". Silenciosamente, dentro de ti mismo di: 'Sí, Jesús, yo te doy permiso de cortar esos cordones para dejarme libre y también dejar libre a esta otra persona'".
“Después de que Él corta los cordones, camina hacia la otra persona y la abraza, mientras la lleva fuera de la habitación. Él le dice a la persona: 'Estás bajo mi cuidado. Te llevaré por un camino que es el más apropiado para ti'. Luego regresa y te abraza diciendo: 'Soy suficientemente capaz de satisfacer todas sus necesidades. El mundo ya no puede controlarte. Yo renovaré tu Las Escrituras nos dicen: “Y de hecho no lo sanaron ni hierbas, ni cataplasmas, sino tu palabra, Señor, que todo lo sana” (Sab 16:12). Shirley Filadelfia, de la ciudad de San Juan Capistrano, en California, tiene una historia conmovedora con respecto al poder sanador de la Palabra de Dios. La tromboflebitis en sus piernas estaba tan avanzada que el médico le recomendó hospitalizarse y usar una sustancia para que su sangre fuera menos espesa. Cuando lea su historia, pídale al Espíritu Santo que penetre su espíritu tan profundamente con su palabra, que en medio de una crisis pueda responder de manera similar.
“Una noche, durante mi estadía en el Hospital Martín Luther en el sur de California, me desperté de un sueño profundo. No podía respirar y sentí como si tuviera una piedra pesada en mi pecho. Intenté tomar aire pero nada pasaba; el aire no entraba en mis pulmones. Me llené de "La enfermera señaló el código azul y todos vinieron corriendo. Cuando la enfermera jefan intercambió miradas con la otra enfermera, al lado de mi cama, ella apenas movió su cabeza. Entonces, la enfermera jefa (que no era cristiana), me reconoció. Nos conocíamos de tiempo atrás y hábíamos sido amigas. Ella corrió y me tomó en sus brazos. Cuando hizo esto, todo el lado izquierdo de mi cuerpo se durmió. Al ver las lágrimas que corrían por su rostro, sentí la profunda necesidad de responder ante ellas, pero aún no podía respirar".
"Atiende, hijo mío, mis palabras, inclina tu oído a mis razones. Jamás las pierdas de vista, desposítalas en lo íntimo de tu corazón, porque son vida para los que las reciben, medicina para todo hombre" (Pro. 4:20 to 22).
Ganamos el acceso a nuestra herencia gracias al estudio piadoso de la Palabra de Dios; bajo la guía del Espíritu Santo. En una relación profunda e íntima con el Espíritu Santo empezamos a recibir nuestra herencia.

Jesús enseña acerca de la vida

Cuando estuve en el seminario, me enviaban al campamento de verano cada año. Una tarde cuando estaba sentado en los escalones de la casabote, al lado del río, cumpliendo con el deber de salvar vidas, abrí mi Nuevo Testamento en Juan 10:10, donde dice: "Yo, en cambio, vine para que ten-gan vida y sean colmados". Era justo como un relámpago caído del cielo. El pensamiento vino a Linda Schubert, de Sunnyvale, California, comparte acerca del cambio que sucedió en su vida por medio de las Escrituras y lo narra en la siguiente historia. "Después de que fui bautizada en el Espíritu Santo, seguido de la muerte de mi hijastro, Randy, el Señor me impresionó con este versículo: '...te puse delante la vida o la muerte, (...) Escoge, pues, la vida...' (Dt. 30:19). En los años venideros, pasé por algunas pruebas desesperantes, tiempos en los que me sentía muy deprimida, literalmente tirada en el suelo, en una depresión profunda. Recuerdo un día en particular: estaba terriblemente desesperada. Escuché al Señor susurrar: 'Linda, escoge la vida'. Crujiendo mis dientes, sin energía y sin fe, dijo desentonadamente: 'Escojo la vida'. Tan sólo fue un asentimiento mental, pero en dos o tres minutos sentí la vida y una fuerza empezó a surgir de dentro de mí. En media hora desapareció mi depresión y me encontré funcionando normalmente". ¡Nosotros tenemos riquezas sin explotar! "¡Vengan, los bendecidos por Mi Padre! Tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo" (Mt. 25:34).

Sus palabras son fidedignas

Durante tres noches, una joven cristiana había estado estudiando ansiosamente para presentar los exámenes escolares en el Hospital de Caridad en Nueva Orleans, Louisiana. Cuando abrió su Biblia buscando palabras que la motivaran, el versículo que le habló fue: “Confía en Yavé sin reserva alguna; no te apoyes en tu inteligencia” (Pro. 3:5). Durante sus exámenes repitió este versículo varias veces, y pasó con la máxima calificación.
El Señor quiere que sepamos que Él es un amigo fidedigno. En algún momento de nuestra vida alguien nos decepcionará, pero Él nunca lo hará. En 2 Samuel 7:28 leemos: “Sí, Señor Yavé, tú eres Dios y eres sincero...”. El Salmo 111:7 nos dice: “Todo lo que hace es justo y verdadero, todos sus mandamientos son precisos”.
Tres evangelistas, conocidos internacionalmente, Oral Roberts, Kenneth Hagin y el doctor Paul Yonggi Cho, atravesaron una situación similar: casi murieron en algún momento de su adolescencia. En cada caso alguien vino a ellos y les dijo: “Coloca tus ojos en la palabra de Dios. Ella dice que Dios sana. Pide y recibirás”. Cada uno creía en la palabra de Dios, confiaba que Él era quien había dicho que era, confiaba que Él haría

Cuando la Palabra toma raíz

"...¡Cuánto amo tu ley! ¡Pienso en ella el día entero!" (Sal. 119:97). Deuteronomio 11:18 dice: "Pon estas palabras mías en tu corazón y en tu alma, que sean para ti como una señal ligada a tu mano, un signo puesto en medio de la frente". La Virgin Gen María, en Lucas 2:51, habla de "guardar todas estas cosas en nuestros corazones". La Madre Bendita nos anima, a través de los visionarios en Medjugorje, Yugoslavia, a tomar un versículo al mes y meditar en él, siempre. Ya compartí con ustedes el versículo que transformó mi vida. Una religiosa pasó cinco meses solo en este versículo: "Dios es amor" (1 Jn. 4:16). Algunas personas en el ministerio de sanación afirman que cuando las Escrituras les impactan, si se repite vez tras vez, éstas echan raíz y traen sanidad.
Hollands, quien vive cerca de la casa de mi madre, en Massachusetts. Entró y salió de la cárcel desde los dieciséis hasta los cuarenta años. Cuando debía comparecer ante el tribunal de libertad provisional, se le ocurrió que él, como otros de los cuales había oído, podía impresionar a las autoridades haciéndoles creer que se había convertido al Señor. Luego declaró: "Leí la Biblia cinco veces, leyendo unos quince a veinte capítulos diarios. Entonces comprendí que algo estaba pasando en mi interior. Ya no sentía odio; ya no argumentaba más.
Mi mente sucía y mis hábitos podridos, fueron limpiados. Yo era una nueva persona".
La repetición puede llevar a la sanación. Es el caso de un bebé que nació con el cerebro dañado. El doctor dijo que el niño nunca sería normal. Los padres eran grandes creyentes en el poder de la Palabra de Dios, y grabaron un casete con versículos sanadores de las Escrituras, que colocaron una y otra vez en la cuna, durante las horas que el niño estaba despierto.
Un mes después, el examen reveló que el niño estaba completamente sano. El cerebro estaba totalmente normal. Existe poder en la Palabra de Dios. "Las palabras que les he dicho son espíritu y, por eso, dan vida" (Jn. 6:63). Crecemos en fe cuando oímos la palabra de Dios.

Las verdades más profundas de vida

El reverendo Lawrence Jenco pasó diecinueve meses como prisionero en el Líbano, soportando, a menudo, la privación de algunas cosas en forma espantosa. Algunos meses después de su liberación, en una convención de ministros católicos en Nueva Orleans, el padre Jenco dijo que había confiado en “tres grandes nutrientes” mientras estuvo encarcelado: la misa, la Biblia y la conversación. Él conocía las oraciones eucarísticas de memoria, y empleaba el pan común y corriente para los participantes de la comunión. ¿Si estuvieras preso o próximo a morir, y alguien te dijera: "Aquí tengo la Palabra de Dios para ti", no crees que la escucharías? Sería algo que querrías recibir. No esperes las crisis. Empieza ahora a absorber la Palabra de Dios. Una sugerencia útil es dejar la Biblia en la mesa de la cocina. (La vida gira alrededor de la mesa de la cocina). De vez en cuando, pídele al Señor que te hable a través de un versículo. Así como to-mas bocados de comida durante el día, también Cuando escuchamos la Palabra del Señor y respondemos a ella, nuestros corazones pueden estar siendo sanados, como cuando asistimos a la misa. Las oraciones, las respuestas, los salmos y las canciones sugeridas de la misa se enfocan en la lectura de las Escrituras. Es aquí donde encontramos el tema que se difunde a través de toda la misa. Todas las oraciones, durante la misa, dan soporte al tema central. Escúchelo cuando asista a la próxima misa. Dios está hablando a su gente de una manera poderosa, nos llama a recibir su amor sanador.
Ésta es Palabra del Señor. Gracias sean da- das a Dios.

10 Homilía

En la homilía, los misterios de la fe y los principios que guían la vida cristiana se exponen en el sagrado uando era párroco en Vista de la Pradera, Texas, le dije a las personas que vinieran a la misa del domingo para que fueron sanadas. Me había propuesto enseñarles cómo recibir la sanación; cómo experimentar el amor de Dios; cómo esperar que se moviera en sus vidas y supliera todas sus necesidades. Les enseñé cómo estar a la expectativa de un milagro.
La meta de este capítulo es: examinar la homilía desde una perspectiva sanadora, (2) extraer algunos puntos que puedan ayudar a que la homilía sea un instrumento de sanación y ayudar al oyente para que reciba la sanación ofrecida.

La perspectiva sanadora

El director de teología para laicos en Colombo, Sri Lanka, le dijo a un reportero de noticias, en cierta ocasión, que la Iglesia Católica debería prestar atención en forma renovada al apostolado de la sanación, para contrarrestar el atractivo que tienen las sectas que ofrecen servicios poderosos de sanación.
La sanación y las oportunidades para sanar construyen esperanza en las personas. Las homilías, que se centran principalmente en decir lo que Jesús ha hecho por nosotros, ofrecen sanación y esperanza: Él nos ama, Él murió por nosotros, Él nos perdona; el regalo es nuestro. Las homilías que dicen: “Debemos hacer esto; debemos hacer aquello; debemos ser más humildes; debemos orar más; debemos compartir con los pobres”, a veces, pueden traer más desaliento que sanación. El predicador que estimula la esperanza traer vida.
Una de las encuestadas, Silvia McNeill, comparte esta historia: “Durante la misa en la iglesia de Santo Tomás, el padre Uzral habló acerca del poder y la gracia del perdón. Después de la misa, pedí oración por las áreas de donde había falta de perdón en mi vida. Esa tarde lloré y lloré. Me dijeron que éste era un don de lágrimas”.
A medida que el mensaje del Evangelio se explica en la congregación, por lo regular, surge un pensamiento, una inspiración o un desafío que ayudará al oyente a estar más abierto al amor sanador del Señor. Muchas veces, durante la homilía, un versículo de las Escrituras oído antes se torna en rhema, o sea, una palabra que da vida por parte del Señor. El Señor está hablando a lo largo de la liturgia de la Palabra, involucrando a las personas en una mayor conciencia de su presencia y amor.
La homilía tiene un gran potencial para abrir nuestros corazones. Como los discípulos en el camino a Emaús, nuestros ojos se abren para ver la presencia sanadora de Jesús en las Escrituras. “Ese mismo día, dos discípulos iban de camino a un pueblecito llamado Emaús, a unos treinta kilómetros de Jerusalén conversando de todo lo que había pasado. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar a su lado, pero algo impedia que sus ojos lo reconocieran. (...) y comenzando por Moisés y recorriendo todos los profetas, les interpretó lo que las Escrituras decían sobre él. (...) Una vez que estuvo a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio. En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero ya había desaparecido. Se dijeron uno al otro: ¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?/(Lc. 24:13 to 16, 27, 30 to 32).
El poder que fluye a través de nosotros hacia otras personas viene de nuestra intimidad con Jesús mucho más que cualquier habilidad aprendida en un curso de homilética. La madre Teresa de Calcuta probablemente no hubiera pasado la prueba de homilética en el seminario. Ella hacía todo “mal” según las normas. Se paraba en un solo lugar y nunca se movía; tampoco variaba la entonación de su voz y decía lo mismo siempre. Pero la gente lloraba cuando ella hablaba porque el Espíritu de Dios se derramaba a través de ella poderosamente. Las personas eran convencidas y convertidas mientras escuchaban a esta pequeña, simple y santa mujer.
Lo más importante que podemos enseñarles a las personas es a que aprendan a decir “Sí” al Espíritu Santo. Después de la homilía podríamos preguntarnos (y preguntarles a otros) lo siguiente: ¿La misa atrajo a las personas más hacia la alabanza y la profunda adoración? ¿Se sintieron amadas? Cuando en lo profundo de sus corazones las personas saben que son amadas, abren sus corazones para recibir el mensaje. El mundo las enjuicia y critica suficientemente. La gente viene al templo para encontrar amor y perdón. Los sacerdotes necesitan comunicar ese amor en la homilía. “Nosotros hemos encontrado al amor de Dios presente entre nosotros, y hemos creído en su amor. Dios es amor. El que permanece en el amor, en Dios permanece, y Dios en él” (1 Jn. 4:16).
Los sacerdotes y diáconos desarrollan sus propias técnicas para la predicación. Me gustaría compartir con ustedes las siguientes pautas que han demostrado ser útiles para mí.
1. ORE POR ESPACIO DE UNA HORA ANTES DE PRONUNCIAR LA HOMILÍA DEL DOMINGO. Si nos entregamos a la oración, el Espíritu Santo tocará al predicador y a la congregación para que las homilías sean más eficaces. Como hombres de fe, debemos creer en el valor de la oración. Cierto predicador, de un sector rural, en sus primeras pastorales, era considerado como un orador mediocre. Se tropezaba y no articulaba bien. Un grupo de mujeres en la parroquia se unió para orar por este predicador que se enredaba. Semanalmente se reunían para mantenerlo en oración. Luego, llegó a ser uno de los líderes
2. HABLE DE SU EXPERIENCIA PERSONAL. Comparta lo que el Señor ha hecho en su vida y los pasajes de las Escrituras que han tenido significado para usted. Las personas quieren conocer sus luchas y la luz que ha recibido. Ellos están interesados en nuestra relación con el Señor. Como Bárbara Collins, que dijo en el estudio: "Padre, por favor, comparta sus luchas diarias con la gente. Ellos sufren igual que usted, y necesitan compartir en una comunidad abierta y honesta para la sanación mutua". Otra encuestada, Patsy González, agregó: "Muchos de nosotros dividimos nuestras vidas en compartimentos de lo espiritual y lo secular. Cuando sus homilías sinceras entretenien las Escrituras en nuestras vidas diarias, nos integramos más".
4. COMPARTA LAS BUENAS NUEVAS DE JE-SUCRISTO. Porque vivimos en un mundo deprimente, las personas necesitan ser animadas. Sólo Jesús puede dar respuestas para la felicidad en este mundo nuclear. Demos esperanza a una nación deprimida.
Una vez, cuando un evangelista vino a un avivamiento sólo un joven asistió. Él evangelista continuó predicando como si la iglesia estuviera llena. El joven, Billy Sunday, se convirtió y llegó a ser uno de los predicadores más grandes de Estados Unidos.
6. HABLE ACERCA DE ASUNTOS PRÁCTI-COS. A veces, las personas dicen que nosotros estamos en un nivel diferente y notenemos en cuenta sus necesidades. Debemos ser prácticos y oportunos con respecto a los temas importantes del Nuevo Testamento, tales como: “¿Quién es Jesucristo para usted?”, “el perdón”, “la fe”, “la oración”, “la justicia”, “la autoaceptación” y “el amor”.
7. SEA POSITIVO Y MOTIVE A OTROS. Las personas cambian al encontrar a la persona de Jesucristo. Algunas se quejan de haber salido deprimidas porque las homilías son negativas. Debemos predicar para encender fuego en las personas con el amor de Jesús. Una vez, cuando era apenas un sacerdote joven, una muchacha adolescente me preguntó que por qué yo predicaba, si era una "pérdida" de tiempo. Eso realmente me desanimó, pero a medida que han pasado los años, me he dado cuenta de que la mayoría de gente está buscando inspiración y afirmación. Tienen hambre de la palabra del Señor. ¡Espero que aquella chica ya no lo vea como una pérdida de tiempo!
8. PROPORCIONE MATERIAL DE SEGUI- MIENTO. Siempre procuro tener un folleto o un libro disponible para que las personas pue- dan continuar absortiendo el tema de la ho- milía y seguir nutriendo sus espíritus. Debemos esperar que las personas lean el material repartido al salir de la iglesia. Está- mos batallando por el espíritu de las perso- nas y necesitamos proporcionarles literatura cristiana que puedan tener a su disposición permanentemente.
9. ANIME A QUE LEAN DIARIAMENTE LAS ESCRITURAS. Muchos católicos son atraídos a otras denominaciones religiosas por el énfasis que hacen en las Escrituras. Necesitamos mostrar a los católicos el valor de la lectura y meditación diaria en la Palabra de Dios.
Oro para que estas sugerencias demuestren su utilidad y aumenten sus habilidades al predicar.
Los primeros cristianos vivían con la creencia de que el Señor Jesús estaba con ellos; que Él estaba vivo; que Él estaba revelándose diariamente a ellos. Sus expectativas se cumplían cuando el Señor realizaba sanaciones y milagros en y a través de ellos. ¡Tal vez debemos vivir con la misma expectativa hoy, cuando el predicador explica las palabras de Jesús que dan vida!
2. REFLEXIONE. “María, por su parte, observaba cuidadosamente todos estos acontecimientos y los guardaba en su corazón” (Lc. 2:19). Cuando una idea capta su atención durante la misa, no deje que se le escape. Apúnela, póngala en un lugar visible y permítale al Señor que le revele su significado en los próximos días. Las palabras de las Escrituras dan vida. Cuando Jesús dijo: “Yo, en cambio, vine para que tengan vida y sean colmados” (Jn. 10:10), no eran palabras ociosas.
Confie en que Jesús ha venido a traer felicidad, paz y sanidad. Confie en que Él le traerá a una nueva vida. Confie en que su Palabra se cumplirá. “...así será la palabra que salga de mi boca. No volverá a mí sin haber hecho lo que yo quería, y haber llevado a cabo su misión” (Is. 55:11).
3. RESPONDA. “Hagan lo que dice la palabra, pues al ser solamente oyentes se engañarían a sí mismos. El que escucha la palabra y no la practica es como un hombre que se mira al espejo y que apenas deja de mirarse se olvida de cómo era. Todo lo contrario, el que se fija atentamente en la Ley perfecta que nos hace libres, y persevera en ella, que no oye para luego olvidar, sino para cumplir lo que pide la ley, será feliz al practicarla” (Stgo. 1:22 to 25).
Cuando llegamos al conocimiento de la verdad, ésta nos pide una respuesta. Recuerdo una historia que oír acerca de un hombre que se hizo sacerdote cuando tenía cincuenta años, porque entró en contacto con algo que cambió su vida. Mientras escribía este libro no pude verificar la historia, pero supe que era un científico investigador de la Nasa y trabajaba con una cámara que podía calibrar y medir en la pantalla el aura de luz alrededor de un cuerpo humano. Creo que se llama fotografía Kirlian. El interés de la Nasa estaba en poder identificar y supervisar el aura de los astronautas en órbita y determinar lo que les pasaba internamente. Encontraron que las El científico supo, en ese momento, que había un poder superior; que existía alguien a quien debíamos considerar, alguien por quien debía vivir su vida. Este hombre dejó su trabajo y se convirtió en sacerdote católico.
El obrar con base en la Palabra de Dios produce sanación. Él nos ama, nos habla y nos invita a abrir nuestros corazones a la sanación que ofrece. Esperemos que Él hable, reflexione en esas palabras que dice y responda a su mensaje de sanación para nuestras vidas.

El Credo

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre...
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Algunos católicos dicen: “Yo nunca he sido salvvo”, en el sentido que lo dicen los protestantes, de tener una conciencia profunda de Jesús como salvador personal. Los católicos son, a menudo, salvos pero necesitan que se les recuerde esta verdad. Yo fui salvo cuando hice mi primera confesión a la edad de siete años, en la iglesia de San Miguel en Lowell, Massachusetts. Me arrodillé y dije: “Padre, perdóname porque he pecado”. Luego, cuando recibí mi primera comunión, recibí a Jesús en mi corazón. Muchos de nosotros fuimos salvados cuando niños, pero, así como nuestros amigos no católicos, dejamos de tener compañerismo con el Señor y con nuestra comunidad eclesial. Los católicos necesitan que se les recuerde sus primeras acciones en el cristianismo, sus creencias y su profesión de fe.
Cuando recitamos el Credo, estamos pidiendo al Padre que nos otorgue la gracia de permitir que Él nos posea y nos use.
Señor, te pido hoy la gracia para decirte que "Sí". He pecado, pero me arrepiento de mis pecados. Tú me has perdonado. Pido hoy que me des la gracia para perdonarme a mí mismo. Te pido, Señor, que me llenes con tu Espíritu Santo y con amor.
Lléname de sanación, de paz y de alegría. Gracias, Señor, creo que cuando abro la puerta de mi corazón, tú entras en mayor grado. Pido que seas el Señor y Salvador de mi vida, de mi familia y de todos mis asuntos. Gracias, Padre Celestial. Gracias, Jesús. Gracias, Espíritu Santo.
Cuando recitamos el Credo, estamos pidiendo la gracia para continuar diciendo “Sí” a niveles más y más profundos. Todos los días debemos decir: “Ven, Espíritu Santo, llena mi corazón; enciende en mí el fuego nuevo de tu amor. Fúndeme, moldéame, llename, úsame. Ven, Espíritu Santo”.
Cuando recitamos el Credo estamos diciendo con el apóstol Pablo: "Vivo ahora, más no yo, sino Cristo vive en mí". Estamos diciendo: "Padre, yo quiero estar más abierto a tu Espíritu Santo, a tu vida que está dentro de mí". Ésta es la clave de la vida cristiana y el secreto de la salud y la plenitud: decirle "Sí" al Padre, quien nos ha dicho "Sí" a nosotros, de tantas maneras maravillosas e increíbles.
Cuando recitamos el Credo, nos abrimos al Espíritu Santo para renovar nuestros votos bautismales y de confirmación. Ahora, el Espíritu Santo puede moverse en nuestro espíritu de manera estupenda, y en forma más intensa. Hemos liberado al Espíritu Santo para que fluya de manera poderosa. Permanezcamos abiertos al poder sanador de esta gran oración de la Iglesia.

Llamado al altar

Después de profesar nuestra fe, respondemos al llamado al altar cuando el sacerdote nos invita a recibir a Jesucristo en nuestros corazones. Más que otros cristianos, los católicos hacen un llamado al altar cada domingo en la sagrada comunión. Ser conscientes de esto puede traer gran sanación a cualquier comunidad.

Reflexiones en torno a la sanación

Creer, en el sentido bíblico, es comprometer-nos completamente con el Señor. Recuerde el momento cuando le dijo su más sincero y profundo "Sí" y le dio las gracias.
• Dedique ahora cinco minutos para estar en silencio. Pídale al Espíritu Santo que lo posea y que le hable a su corazón. Escúchelo y respondale.
Image summary: Esta figura es una representación gráfica de caracteres numéricos. El contenido muestra el número doce compuesto por dos dígitos individuales colocados uno al lado del otro. Se puede inferir que la imagen tiene como propósito la identificación numérica simple o la señalización de una cantidad específica.
La oración común u Oración de los fieles. Se debe reanudar después del evangelio y de la homilía, en especial los domingos y los días santos, por obligación. En esta oración, con la participación de la gente, se pedirá intercesión por la Santa Iglesia, por las autoridades civiles y por todos aquellos oprimidos por varias necesidades, por toda la humanidad y por la salvación del mundo entero.
Como previamente se mencionó, he distribuido 50.000 tarjetas de oración pidiendo que las personas oren por mi ministerio, durante quince minutos a la semana. Cuando las grandes sanaciones ocurren en mis servicios, sé que suceden porque mis intercesores han sido fieles en la oración. Tomo las palabras de Pablo a pecho cuando dice: "Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo se gún les inspire el Espíritu. Velen en común y prosigan sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos los hermanos" (Ef. 6:18). Yo valoró a mis intercesores profundamente.
El otro muchacho vivía en Peoria, Illinois, y un día sirviendo en la misa ante el obispo en la catedral, el pobre chico dejó caer una botella de vino en el ofertorio. Sheen comentó que no era nada comparable con la chispa de una explosión atómica, el sonido de una botella de cristal que se estrella contra el suelo de mármol. El obispo ayudó a limpiar y luego terminó la misa. Después le dijo: "¿Has pensado alguna vez en ser sacerdote?" El muchacho respondió: "Sí". - "Entonces, creo que serás un sacerdote e irás algún día a Lovaina para estudiar". El muchacho fue a casa y le contó a su madre, quien le dijo que Lovaina era la Universidad Católica de Bélgica. Luego, John Fulton Sheen estudió para el sacerdocio en Lovaina y llegó a ser obispo; posteriormente fue el arzobispo Fulton J. Sheen.

Ore por necesidades específicas

Después de hacer nuestras intercesiones generales, podemos orar por las necesidades específicas de algunas de las personas en la Iglesia es día. Debemos orar por todo el mundo, luego por algunos de la congregación que sufren. A menudo, durante la misa, hay gente que desea que el sacerdote se apure y termine porque se encuentra en gran sufrimiento. A veces, en mis misas de sanación, pido que algunos de los miembros de la congregación que están sufriendo pasen al frente para recibir oración.
Cuando nos juntamos dos o más personas, se genera un enorme poder. "Pues donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, ahí estoy yo en medio de ellos" (Mt. 18:20). Si hay quinientas personas presentes, estamos tocando a la persona que sufre con quinientos "voltios" del amor sanador de Jesús. Mientras más personas estén orando, más energía espiritual se genera. Entonces, pueden sanarse muchas de las personas que estén dispuestas. Ésta es la experiencia de algunos sacerdotes que han tenido.
Todos tenemos que enfrentar el sufrimiento de vivir en un mundo imperfecto. Cualquier cosa que hagamos de palabra o hecho, podemos hacerla en el nombre de Jesús. Cuando la misa termina, podemos continuar siendo intercesores. Mire con ojos de fe cuando vea a una persona molesta en la fila del supermercado. Mírela a través de los ojos de Jesús. Usted no tiene ni idea de lo que ha vivido. Ofrezca a Jesús el tiempo que dedica a lavar la ropa. Ofrézcale el tiempo que pasa en la fila del correo, o en el banco, a Jesús. Rece el rosario cuando está en un semáforo en rojo o mientras permanece en un trancón en horas pico, o cuando están despejando la vía después de un accidente en la autopista. Ofrézcale sus 5, 10, 20, 30 inconvenientes diarios, en forma "especifica", por ejemplo, por su hijo que no es feliz, por su párroco que está extenuado, por su tía que sufre de cáncer. Interceder por las personas necesitadas es hacer penitencia de verdad.
Una madre que ha orado durante años por sus hijos puede esperar con plena seguridad la conversión de ellos, aun si ésta ocurre después de su muerte. He escuchado muchos testimonios de gente que dice: “Tengo una tía que oró por mí durante años... una madre... un hermano que oró”. Oigo testimonios de cómo “el Señor me tocó; dejá la bebida y fui convertido”. La fuente real de la conversión puede ser la abuela que murió de cáncer ofreciendo su sufrimiento por sus nietos.
Tenemos el poder infinito de Dios disponible a través del poder de la oración y de la fe. Conozco a una mujer cuyas dos hijas ya crecidas estaban en las drogas. Una casi muere por una herida de bala.
En la encuesta se hizo esta pregunta: “¿Usted por quién era durante la misa?” La mayoría respondió: “por mí mismo”, “por los niños” y “por el cónyuge”. Las interrelaciones personales estaban en la cima de la lista en cuanto a motivos de oración, con situaciones como “la falta de perdón”, lo cual constituye una gran barrera para la sanación. Los problemas espirituales, de salud y de dinero son las áreas básicas de preocupación.
Se les pidió a los participantes que escribieran una oración sencilla que pudieran hacer con frecuencia durante la misa. Algunas de sus respuestas incluyen:
• Señor, por favor, da tu gracia abundante y amor a mi hijastra enferma, Cora. (Virginia Zandueta)
• Elevo a ti, Señor, al desamparado, al pobre y al enfermo. Dales calor, albergue, comida y sanación. Gracias, Señor. Amén. (Carmelita Wolfert)
• Señor Jesús, toca a mi niña pequeña de manera poderosa; toma control de su vida y hazla la persona que tú quieres que sea. Guíala y camina al lado suyo. (Matti Hyatt)
• Señor, por favor, abre el corazón de mi hermano Ken para que él pueda aceptar el regalo de la salvación y pueda dejar las drogas y el alcohol. (Rodger S.)
• Señor, protege a tus sacerdotes. En esta época de materialismo y tentaciones, haz que los sacerdotes sientan tu presencia y experimenten tu amor sanador. Enciende en ellos el fuego de tu amor para que puedan amar como tú amas. (Muriel Neveux)
• En el nombre de Jesús yo cubro a estas personas con tu sangre preciosa. Cubro sus mentes, pensamientos, emociones, cuerpo, alma y espíritu. Los sello en tu sangre. Amén. (Frances Phillips)
• Abba, Padre, en el nombre de Jesús, oro por un milagro de sanación de lupus para mi hija Candy. Tú sabes, Señor, que sin esto ella no podrá tener hijos o incluso vivir mucho tiempo. Jesús, yo pongo esta oración en tu sagrado corazón. De igual manera como la mujer con el problema de sangre que tocó el borde de tu vestido y fue totalmente sanada, yo creo que a través de mi fe tú sanarás a Candy. Gracias, Señor. Amén. (Betty Dubuisson)
• Señor, tengo hambre de ti y de tu toque. Ayúdame durante la próxima semana. Guíaime. Gracias por continuar trabajando en mí, incluso cuando he fallado. (Jerry Weibel)
• Señor, yo elevo ante ti a las personas que me han herido en el transcurso de mi vida. Por favor, perdónalas, y perdóname por causarles dolor. (Judy Labaria)
- Oro para que guís a mi hijo, Señor, pues en esta corta edad fácilmente puede ser halado por el espíritu malo. (Ana Belale)
Eterno Padre, te ofrecemos, por medio del Corazón inmaculado y afligido de María, en el Espíritu Santo, el cuerpo, sangre, alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, en unión con la misa celebrada hoy y cada día hasta el fin de los tiempos; con la madre María, san José, cada ángel y santo en el cielo, cada alma en el purgatorio, cada persona en el Cuerpo de Cristo y la familia de Dios. Te ofrecemos cada acto de amor, adoración, alabanza y culto. Ofrecemos a ti cada acto de acción de gracias por las bendiciones, la gracia y los beneficios recibidos. Ofrecemos cada acto de reconocimiento de pecado que se ha cometido, se está cometiendo y será cometi-do hasta el fin de los tiempos. Ofrecemos cada acto de oración intercesora. Ofrecemos todas estas oraciones en unión con Jesús en cada misa celebrada a lo largo del mundo.
Espíritu Santo, pedimos que emane tu gracia, tus bendiciones y tus dones; sobre aquellos que no creen que pueden creer; sobre aquellos que dudan o están desconcertados, para que puedan entender; sobre aquellos que son tibios o indiferentes, para que puedan ser transformados; sobre aquellos que constantemente están viviendo en un estado de pecado, para que puedan convertirse; sobre aquellos que son débiles, para que puedan fortalecerse; sobre aquellos que son santos, para que puedan perseverar.
Te pedimos que bendigas a nuestro santo Padre. Dale la fuerza y la salud en su cuerpo, alma y espíritu. Bendice su ministerio y hazlo fructífero. Protégelo de sus enemigos.
Bendice a aquellos que se han muerto y están en estado de purificación para que puedan ser llevados al cielo, sobre todo a ___ _.
Te ofrecemos y consagramos a nosotros mismos y a toda la creación a ti, Corazón de Jesús, María y José. Les pedimos, María y José, que tomen todas nuestras esperanzas y deseos. Por favor, ofrézcanlos con Jesús en el Espíritu Santo a nuestro Padre Celestial, en unión con cada misa ofrecida en el transcurso de los tiempos.
Nos consagramos a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, y a cada ángel, sobre todo a nuestro ángel de la guarda. Pedimos en el nombre de Jesús, a través de nuestra Madre María, reina de todos los ángeles, que tú, oh, Padre Celestial, envíes delante de nosotros a las legiones de ángeles para orientarnos.
Al arcángel Miguel con sus legiones para protegernos de los ataques del mundo, de la car Finalmente, pedimos por el don del amor incondicional; que podamos vivir la vida de amor que se reflejo en la familia santa en Nazaret, provocando así justicia y paz a lo largo del mundo. Amén.

Reflexiones en torno a la sanación

¿Usted ora por su propia sanación durante las Oraciones de los fieles?

Parte 4 La Liturgia de la Eucaristía

La renovación en la Eucaristía del pacto entre el Señor y el hombre atrae al creyente hacia el amor conmovedor de Cristo y lo hace arder con su

13 Presentación de las ofrendas

urante la presentación de las ofrendas, algunos representantes de la comunidad laica ofrecen el pan, el vino y otras ofrendas para ser recibidas. Éstas son todas nuestras ofrendas devueltas a Dios. Las ofrendas del pan y el vino, que nos representan a todos, serán transformadas en la presencia real de Jesucristo, como su cuerpo y sangre, su alma y divinidad.
Dar el diezmo también es parte de nuestra adoración. Hemos participado hasta ahora en un acto de amor durante la liturgia de la Palabra, y ahora cuando empezamos la liturgia de la Eucarísía reconocemos nuestra dependencia de Dios en todo. Al dar, estamos diciendo: "Señor, te coloco en primer lugar". Al dar, estamos diciendo: "Señor, todo es tuyo", como en la oración de san Ignacio: "Toma, Señor, recibe toda mi libertad. Mi memoria, mi entendimiento, mi completa voluntad. Todo es tuyo. Tú me has dado todo, ahora te lo devuelvo. Dame sólo tu amor y tu gracia. Eso es suficiente para mí".
Algunos predicadores hablan acerca de la fe, como el tamaño de una semilla, y de la expectativa de recuperar al dar. Podemos aprender de esta enseñanza. La fidelidad, en cuanto al dar, abre nuestros corazones para recibir lo que Él quiere darnos. Jesús dice: "Den, y se les dará; recibirán una medida bien llena, apretada y rebosante; porque con la medida que ustedes miden se El quiere devolvernos aún más de lo que nosotros queremos recibir. Él quiere darnos esa vida abundante de la que habla en Juan 10:10. Él quiere que seamos felices. ¿Qué necesita usted? ¿Recursos? ¿Ideas? ¿Sabiduría? ¿Salud? El Cielo es el límite con el Señor. Pídale que le dé una visión y un sueño para su vida, y dispóngase para su cumplimiento. Él puede probarlo en su capacidad de dar, pero observe y mire lo que Él hará por usted cuando se someta completamente. Una de las pruebas más difíciles son las finanzas. Todo lo demás parece algo fácil, en comparación.
Hable con Dios acerca del dinero. La porción que le corresponde a Dios es santa. Haga de Él su compañero. Siembre sus ofrendas como semillas en tierra santa, entonces abra su espíritu y pídale por los dividendos de su inversión y el cumplimiento de sus visiones y sueños. Espere recibir. Una inmensa gracia sanadora se libera si usted da. “Entreguen, pues, la décima parte de todo lo que tienen al tesoro del templo, para que haya alimentos en mi casa. Traten después de probarme, les

El ofertorio

Cuando el sacerdote recibe las ofrendas de la comunidad cristiana: el pan, el vino y la ofrenda, debemos tener conciencia de que ahora somos llamados no sólo a dar nuestro apoyo, sino también a darnos nosotros mismos, en la ofrenda del pan y del vino, a Dios.
El sacerdote coloca un poco de agua en el vino, según la costumbre judía, que representa la fusión de nosotros con Jesucristo en la misa. Cuando el agua desaparece en el vino, nosotros nos mezclamos en Cristo Jesús.
Asistimos a misa para unirnos a Jesucristo en su gran sacrifício. Hay una gran curación cuando nos ofrecemos a nosotros mismos y hacemos un esfuerzo sincero para ser uno con Jesús. Oímos hablar del satanismo en estos días. Por experiencia sabemos que muchas personas, que están obsesionadas con el mal lo han invitado a sus vidas, o participan en alguna actividad oculta.
Lo opuesto es verdad para nosotros. Cuanto más nos abramos a Jesús, más poder tendrá su Espíritu Santo para poseernos y llenarnos. Cada misa es una oportunidad dorada de llegar a ser uno con Jesús.

Reflexiones en torno a la sanación

¿Cómo trabaja Dios en su vida para desprenderlo de la posesión que tienen los recursos sobre usted?
Image summary: Esta figura es una representación numérica. El contenido muestra el número catorce escrito en caracteres digitales. Se infiere que la imagen tiene como propósito comunicar un valor cuantitativo específico de manera clara y directa.

Consagración

Tomad y comed todos de él; porque éste es mi cuerpo, el cual será entregado por vosotros.
Tomad y bebed todos de él; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna.
Haced esto en memoria mía. a consagración de la misa debe verse a la luz de la lectura del Evangelio en Juan 14 to 16. Estos son algunos de los capítulos más bellos del Nuevo Testamento. No sólo somos llamados a servir, sino también a consagrarnos. Jesús nos ama. “Pero, si me voy a prepararles un lugar, es que volveré y los llevaré junto a mí, para que, donde yo estoy, estén también ustedes” (Jn. 14:3). “En adelante el

La profecía de la hermana Briege

La religiosa Briege McKenna, O.S.C. en el retiro sacerdotal de las Cataratas Internacionales, Minnesota, el 26 de abril de 1990, refirió lo siguiente, que oyó del Señor: "Ven a mí en la presencia de mi Eucaristía. Vendrá un tiempo en el que habrá un gran rechazo a mi presencia, negarán que yo estoy verdaderamente presente entre mi pueblo. Pero te invito a pasar un tiempo conmigo. Te invito para que conduzcas a mi pueblo a fin de Nueva vida significa que te amo, que anhelo hacerte limpio. Ven con frecuencia a mí. Confiésense entre sí y permitanme ejercer mi ministerio a través de cada uno y te daré la sabiduría que necesitas para confrontar al enemigo".

Las reflexiones del padre George Maloney

"De todos los sacramentos, la Eucaristía es el clímax porque aquí Jesucristo, la imagen perfecta del Padre, se entrega a sí mismo a la vida eterna. Aquí, Él conquista, en ese eterno presente de autoinmolación en la cruz, por amor a nosotros, individualmente, todo pecado y muerte que existen dentro de nosotros. Aquí debemos experimentar el gozo de su resurrección gloriosa a medida que su Espíritu disuelve en nosotros la falta de amor por Dios y por nuestro prójimo"²⁷.
“El peligro y dificultad de poder decir la misa se volvió una realidad para nosotros en los campamentos de madera de los Urales. Empezamos a hacer lo que probablemente debimos haber hecho antes: prepararnos para decir la misa de memoria... una y otra vez por las tardes... repetíamos las oraciones de la misa hasta que las aprendimos de memoria”.
“A veces, el padre Víctor y yo salíamos a caminar por el bosque y allí celebrábamos la misa en el tronco de un árbol... incluso el tiempo parecía detenerse cuando ofrecíamos el sacrifício eterno del calvario por las muchas intenciones que llenaban nuestros pensamientos y corazones. Entre ellas, no de menor importancia, recordábamos a las miles de personas de la Iglesia que estaban privadas de mucho y que vivían en silencio, aquí en esta tierra que una vez había sido cristiana, y por quienes habíamos venido a trabajar como sacerdotes en secreto... en otros momentos. El padre Víctor y yo decíamos misa sentados al borde de nuestras camas, una al frente
"...en los campamentos que eran prisiones en Siberia, los sacerdotes e internos asumían grandes riesgos para obtener el consuelo de este sacramento... En grupos pequeños, los prisioneros se movilizaban al lugar asignado, y allí el sacerdote celebraba la misa en su traje de trabajo, sucio y desgreñado, protegiéndose contra el frío. Dábamos la misa en cabañas de almacenamiento donde había fuertes corrientes de aire, o agrupados muy cerca el uno del otro en el barro y lodo en la esquina de un sótano donde estaban los cimientos de un edificio. La intensidad de la devoción, tanto de sacerdotes como de los encarcelados, compensaba todo esto: no había altares, velas, campanillas, flores, música, linos blancos como la nieve, ni vitrales o siquiera el calor mínimo que incluso una parroquia, por modesta que sea, puede ofrecer. Aun en estas condiciones primitivas, la misa nos llevaba más cerca de Dios de lo que cualquier pudiera imaginarse. Conscientes de lo que realmente estaba sucediendo en la tabla, caja o piedra que empleá

Visualización

La mayoría de nosotros nunca tendremos que enfrentarnos a una situación como la que vivieron los prisioneros de Siberia, y, por lo tanto, no tendremos la oportunidad de crecer en ese tipo de pruebas. Pero podemos aprender identificándonos con ellos mediante la imaginación de la fe. Podemos pedir al Espíritu Santo que traiga el fruto de su experiencia a nuestras vidas.
Lejos de la familia y amigos, sin las comodidades que requiere la criatura humana, con frío, y sin ninguna estructura normal a la que acudir en vez de Jesús, Él es todo lo que tenemos.
Ahora, veamos nuestros corazones como Jesús los ve: dispuestos, suaves, abiertos, sometidos, limpios y libres. Veámonos a nosotros mismos como Jesús nos ve: bellos, amados, completos, aceptados, redimidos, lavados en su sangre, nutridos con su cuerpo y sangre, como uno solo, con el cuerpo de Cristo.
El Espíritu Santo habla en el lenguaje de visiones, sueños e imaginación. Dios hace realidad algunas cosas en nuestras vidas, mediante el uso de nuestra imaginación. Dios habló en visiones y sueños con Abraham en Génesis 13 y con Jacob en Génesis 30. Él le dio a Pedro la visión de sí mismo como una piedra, y luego el apóstol se convirtió en esa piedra. En la historia de Ramona (Capítulo 9), la prodigiosa sa

La experiencia de Muriel

Muriel Neveux compartió: “El Señor me condujo para que trajera en pensamiento a aquellos que necesitaba perdonar, durante la Eucaristía. Mientras el sacerdote sostenía la hostía en la consagración, vi el rostro de cada una de estas personas en la hostía. Le pedí al Señor que sanara mis relaciones con ellas, pues también eran parte de su cuerpo. Le pedí que lo hiciera aceptable a él en el momento que recibiera la Eucaristía”.
• Usted ora pidiendo conciencia sobre del misterio increíble que sucede en cada misa?
¿Cómo se enfocaría durante la consagración si supiera que ésta es su última misa?
¿Qué puede hacer usted para profundizar su fe en la consagración de la misa?
• ¿Asiste a misa tan frecuente como le es posible?

1 Padre Nuestro

Se nos invita a levantarnos y orar a nuestro Padre Celestial junto con Jesús, María y los santos, como Él nos lo ha enseñado. En este capítulo exploraremos las formas de entrar más profundamente en el poder sanador del Padre Nuestro. La meditación frecuente en el contenido de esta oración incrementará la sensibilidad hacia la sanación que nuestro Padre desea llevar a cabo en y a través de nuestras vidas.
Nos acercamos al Señor con una actitud de arrepentimiento y humildad, reconociendo nuestra pobreza de espíritu y a la vez regocijándonos, sabiendo que somos hijos e hijas, herederos del reino. Somos "una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios eligió para que fuera suyo y proclamara sus maravillas. Ustedes estaban en las tinieblas y los llamo Dios a su luz admirable" (1P. 2:9).
Jesús nos enseñó a llamar a Dios, nuestro Padre, y así tenemos el valor de decir:
PADRE NUESTRO... Cuando decimos las palabras: “Padre nuestro”, vamos hacia Él, brazo a brazo con nuestros hermanos y hermanas alrededor del mundo. Recordamos en nuestras oraciones a los que han muerto. Dios es “nuestro”. Padre, el Padre de la vida y de la muerte.
Debo confesar que casi durante 25 años de educación católica, aún consideraba a Dios como un juez, hasta que el Espíritu Santo me tocó de una manera poderosa. Así comencé a reconocer a Dios como mi Padre amoroso. Mucha gente aún ve a Dios como alguien a quien temer, porque han sido formados en un cristianismo negativo, donde Dios es el juez. El enfoque neotestamentario del cristianismo enfatiza en el amor, la aceptación y el perdón de Dios. En general, también aprendimos acerca de Dios mediante el modelo de nuestro padre terrenal. Muchos conflictos en la vida se relacionan con la relación que tuvimos con nuestros padres.
Cuando esta relación no es correcta, desgastamos nuestra vida en una búsqueda interminable. Algunas personas critican a los demás en forma negativa; algunos buscan sanación; la mayoría de personas buscan ser aceptadas. Cuando nos disponemos a experimentar la aceptación de nuestro Dios y Padre,

Historia de la hermana Stephanie

“Cuando me dieron el trabajo como asistente ejecutiva del director de un hogar para chicas con problemas, tomé una clase para desarrollar mis habilidades como consejera. Durante el entrenamiento, mi terapeuta me dijo un día: '¡Percibo que estás furiosa con tu padre!'. 'No quiero tocar ese tema', le respondí cortantemente. Por lo tanto, procedimos a trabajar otros de los sentimientos de ira que sí estaba dispuesta a tocar. Para mí, estar furiosa con alguien era negar que lo amaba. Sabía que amaba a mi padre profundamente”.
“Al tercer día del retiro, tuve una charla con el director. Le expresé mi estado de confusión y la inhabilidad que sentía al orar. En cierto momento de la conversación, el sacerdote me dijo: 'Hermana, percibo que está furiosa con su padre'. 'No quiero tocar ese tema', respondí una vez más. Cuando le conté acerca del ejercicio en el que lo había enterrado, él me aseguró: 'Tan solo ha logrado enterrarlo más profundamente en su subconsciente, pero aún no ha enterrado a su padre'”.
Dios como mi Padre, no'. Yo oro a Jesús y a María. Él confirmó que habría sido difícil creerme si hubiera dicho que sí, porque mi concepto de padre era el de un hombre al cual nunca podría complacer. Desde que nuestro único concepto de Dios Padre sea el que tenemos de nuestro padre terrenal, él sabía que sería imposible para mí orar a un Dios al que yo creía que nunca podría complacer".
"Sé que esta reflexión en torno a mi padre procedía de la cinta que yo continuamente pasaba por mi mente; frases que mi madre repetía cuando ella quería que hicieramos caso a ciertas cosas. Ella solía decir: 'No hagas eso, tú eres la hija de Steve W...; No hagas aquello, disgustarás a tu padre...; No hagas lo otro, deshonrarás a tu padre'. Mi madre había puesto a mi padre en un pedestal. Ella era así, reprimida, porque, según su madrastra, calificaba el amor de mi padre hacia ella como santo".
La base de la sanación en el Padre Nuestro es la profunda verdad de que Dios es un Padre amoroso. “Dios es amor” (1jn. 4:16). Somos salvos en Él. Podemos confiar nuestras vidas a Él. Él es fiel y confiable. Podemos estar seguros en Él en todo momento. La palabra “Abba”, amado Padre, se emplea 175 veces en el Nuevo Testamento. La primera sanación que esperamos encontrar en el Padre Nuestro es el conocimiento de que Dios es nuestro Padre amoroso.
SANTIFICADO SEA TU NOMBRE... El nombre de Dios, su naturaleza, persona y carácter son santos. El está apartado de la corrupción y es merecedor de toda reverencia. Oramos para que su nombre sea guardado santo en nuestras vidas y en las vidas de todas las personas. Oramos para vivir de tal manera que su nombre sea siempre honrado.
Cuanto más alabemos su santidad y su naturaleza maravillosa, estaremos más abiertos a la sanación. El Domingo de Pentecostes, el Espíritu Santo confirmó a los doce el don de las lenguas, para alabar al Padre en forma poderosa. Él todavía da este don para alabarle en lenguas. Tenemos un Padre amoroso cuyo nombre es Santo. Alabémosle con todo nuestro corazón.
A medida que maduramos en nuestro peregrinaje como creyentes, se hace claro que nuestro propósito primordial es ayudar a construir ese reino, exactamente donde hemos sido puestos. Para cada uno de nosotros existe una tarea específica de acuerdo con nuestra vocación. Como cristianos, hacer la voluntad del Padre y completar su obra es tan importante para nuestro espíritu como la comida lo es para nuestro cuerpo. La verdadera felicidad llega cuando nos somemos a la voluntad de Dios. “No deseo más que hacer tu voluntad” (Sal. 40:9).
DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA... Dios siempre ha suplido las necesidades de su pueblo a través de medios ordinarios y extraordinarios. Él proveyó alimentos para los israelitas en el desierto (Ex. 16 y 17); proveyó alimento para Elías, la viuda y quienes le servían (1 Re. 17:7 to 15); alimentó también a los 5.000 (Lc. 9:10 to 17).
Acudimos al Señor con necesidades diarias de toda clase: las del cuerpo, mente y espíritu. Oramos por necesidades físicas: abrigo, ropa, comida y salud. Oramos por las necesidades de nuestra mente: conocimiento de las cosas divinas, educación, aprendizaje, guía y sabiduría en la toma de decisiones, necesidades sociales, salud emocional y mental. Oramos por las necesidades de nuestro espíritu: nuestra relación con Dios, la gracia del perdón, la profunda conversión y la habilidad para llevar a cabo nuestra vocación particular en la vida.
PERDONA NUESTRAS OFENSAS AÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN... El perdón es el siguiente elemento clave de sanación en el Padre Nuestro. Si tiene problemas de falta de perdón con alguna persona, pídale a Dios que lo disponga para perdonar. Puede ser de gran ayuda la meditación en las Escrituras que hablan de la misericordia de Dios, la pasión y el hijo pródigo. Esto le ayudará a experimentar el perdón y el amor del Padre. Debe saber que el Padre está siempre esperándolo con los brazos abiertos. Respondamos a su amor, hoy.
Las tentaciones pueden comenzar en la mente y luego pasan a los sentidos. Primero, cuando vienen los pensamientos, tenemos que hacernos cargo de ellos antes de que se implanten profundamente. Si damos lugar a que estos pensamientos pecaminosos ganen terreno en nuestra mente, crecerán y eventualmente caeremos en la tentación. Ofrezca y pídale al Señor el don de la santidad a cambio. Nosotros podemos, como Jesús, usar las Escrituras para batallar contra las tentaciones.
Es de ayuda anotar y meditar en los pasajes bíblicos que mejor combaten las tentaciones específicas. Pablo nos dice: "... más bien transformarse por la renovación de su mente" (Rom. 12:2). En Filipenses 4:8 nos dice que dirijamos nuestros pensamientos hacia todo lo que "... encuentren de verdadero, de noble, de justo, de limpio, en todo lo que es hermoso y honrado. Fijense en cuanto merece admiración y alabanza".
La lucha para vencer las tentaciones es un proceso continuo. Una de las reglas más importantes de la vida espiritual es levantarse de nuevo, si se ha rendido ante la tentación.
Y LÍBRANOS DEL MAL... Ésta es una oración poderosa de liberación. Algunas traducciones dicen: “Líbranos, o sálvanos, del maligno”. Ésta era la forma empleada en la Iglesia primitiva. Podemos ser librados del mal. Podemos llamar a Jesús y Él vendrá con poder. No tenemos que estar atrapados, ni seguir engañados por el enemigo. Cada vez que estamos a punto de caer, podemos llamarlo y Él estará allí.
Jesús nos dice en Santiago 4:7 que debemos resistir al diablo y él huirá de nosotros. Buscamos la protección divina de Dios ayudados en la oración, tomando autoridad sobre el mal, gracias a las Escrituras, los sacramentos y la comunidad cristiana.
No necesitamos temerle al diablo. Andamos con nuestro Padre Celestial, en el nombre de Jesús, en el poder del Espíritu Santo. "...porque el que está en ustedes es más poderoso que el amo de este mundo" (1 Jn. 4:4).
Cuando recitamos el Padre Nuestro, nos unimos a millones de personas alrededor del mundo quienes también hacen esta oración cada día. Conscientes de estos hechos, nos presentamos humildemente ante el Padre con Jesús, María y los santos, tomando nuestro lugar correcto como hijos e hijas de nuestro Padre amoroso y valientemente proclamamos:
No nos dejes caer en tentación y libranos del mal.
PORQUE TUYO ES EL REINO, EL PODER Y LA GLORIA POR SIEMPRE. AMÉN.

Reflexiones en torno a la sanación

Para aquellos que tienen dificultad en aceptar a Dios como su Padre amoroso, los pasos siguientes pueden serles de gran ayuda:
1. Pida la gracia para ser sanado de heridas del pasado que tengan que ver con su padre.
6. Ore por su padre, no importa si está vivo o muerto. Si está vivo ore pidiendo bendiciones para él. No condicione su oración.
7. Alabe y agradezca a Dios por su padre, esté muerto o vivo, sin importar si sus sentimientos hacia él son buenos o malos. La alabanza es una decisión no un sentimiento.
8. Busque en las Escrituras y anote todos los versículos que le hablan de Dios, el Padre personal, amoroso y cuidadoso.
9. Repita estos versículos diariamente y permita que lleguen a ser parte suya.
10. Busque dirección espiritual.
La siguiente historia de la Primera Guerra Mundial es un testimonio poderoso del anhelo del corazón humano por la paz.

Milagro en la Primera Guerra Mundial

Durante la Primera Guerra Mundial, Europa era el polvorín político. Los ejércitos de Francia, Gran Bretaña, Russia, Alemania y Austria-Hungría comenzaron una guerra que reclamaría millones de vidas. Pero un milagro poco conocido ocurrió en la Navidad de 1914. Fue un milagro de bondad y amor humano.
En noviembre de aquel año, el papa Benedicto 15 pidió el cese de hostilidades en el cumpleaños de Cristo. Ambos lados dijeron: “Imposible”. Lo que parecía imposible para los altos mandos fue posible para los simples soldados, quienes a menudo añoraban tanto la paz como sus hogares. Los miles de soldados enfrentados unos a otros en las trincheras que se extendían a lo largo de la frontera suiza hasta el Atlántico Norte decidieron parar la guerra por sí mismos.
Las tropas inglesas e irlandesas luego se dieron cuenta de que cientos de luces multicolores colgaban a lo largo de la cerca de alambre frente a sus trincheras. A pequeños intervalos, a lo largo de las trincheras, árboles de Navidad con colores brillantes trajeron solemnidad a la época que representaban en aquel asolado campo de batalla. Un solo soldado alemán se inclinó por encima de la cerca de alambre de las tropas británicas y grito en inglés: "Feliz Navidad". De inmediato, el aire se llenó de gritos que resonaban diciendo: "Feliz Navidad" y "Froelich Weihnachten".
El único negocio serio de este día fue el de enterrar a los muertos. Ambos lados abrieron tumbas para los que habían caído y los ingleses suplieron algunas cruces de madera. Luego un grupo de alemanes avanzó hacia las tropas británicas llevando el cuerpo de un soldado inglés que había muerto y caído tras la línea de demarcación.
Los altos mandos militares de ambos lados tomaron medidas severas para asegurarse de que las tropas no volvieran a repetir tal evento en el futuro.

La paz comienza en nosotros

Algunas veces, llegamos a la iglesia y oramos pidiendo paz para el mundo, mientras que no estamos en paz con nosotros mismos, con nuestras familias ni amistades. Sin embargo, la paz debe iniciarse en nosotros.
Una de las formas más poderosas mediante la cual podemos sanarnos es por el amor que nos brindan otras personas. A medida que compartamos con otros nuestros temores y desilusiones, mientras nos estamos perdonando y vemos el bien y la bondad en otros, a medida que amamos y estamos en paz con nosotros mismos y con aquellos en nuestro círculo íntimo, entonces encontraremos la sanación. Hay un inmenso potencial para recibir sanación al reunirnos como comunidad.
El gran mandamiento es el de amarnos unos a otros. En la misa, expresamos esto mediante nuestra señal de la paz. Se dice que los católicos son “los escogidos medio congelados del Señor”. Sin embargo, nos descongelamos hasta cierto grado, cuando compartimos la señal de la paz en el banquete de amor.
“Jesús sabía de mi dolor y probablemente la motivó a sentarse detrás de mí y a orar por mí durante la primera comunión de mi hijo. Jesús extendió su brazo para sanarme aquel día por medio de esta señora”.

Reflexiones en torno a la sanación

• Jesús nos dice que lo que hagamos por otros, se lo hacemos a él. Cuando dé la señal de la paz en la misa esta semana, pida que Jesús le otorgue la capacidad de verle en cada una de las personas que saluda. Que la calidez de su saludo comunique a esa persona que realmente le importa su vida.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, concédenos la paz.
Linda Mitchell, de Sunnyvale, California, ha experimentado sanaciones poderosas durante este tiempo de la misa. Habla de llegar a la misa con un sentir de desesperanza con respecto a algunas situaciones de la vida, cuando se siente impotente de cambiarse a sí misma u a otros. Ella trae estas situaciones ante el Señor, las coloca en el cáliz y allí las deja durante la consagración.
"Durante la misa, le entrego a Jesús aquella situación o problema en particular. Al admitir mi incapacidad en dicha situación, aquel pensamiento, recuerdo o circunstancia se transforma de impotencia en gozo, fortaleza y valor. Él me asegura su amor tal como soy. Él me asegura que se encargará del problema. Puedo descansar en su amor, sabiendo que Él está controlando las cosas. Muy dentro de mí, escucho las palabras: "Estoy cambiando tu corazón. Estoy derramando mi amor en ti y sanándote".
El padre Walter J. Ciszek, S.J., en su historia, Él me guía, reflexiona en torno a la reverencia que algunos reclusos en campos de labor forzosa tenían para con la misa. "He visto a algunos sacerdotes pasar en ayunas y trabajar en labores forzosas con el estómago vacío, con el fin de guardar el ayuno de la Eucaristía. Esto debido a que el descanso del mediodía era el mejor tiempo para reunirnos y realizar la misa secreta... algunas veces, cuando los guardas nos observaban muy de cerca, y no podíamos arriesgarnos a celebrar la misa, en el lugar de trabajo, las migas de pan que había reservado en mi bolsillo desde el desayuno permanecían allí hasta que pudiera regresar al campamento y celebrar la misa en la noche... He visto a sacerdotes e internos privar a sus cuerpos del sueño necesario para levantarse antes de que tocara la campana y poder realizar una misa secreta en cuarteles silenciosos... De cierta forma, llevábamos una vida como de catacumbas con nuestras misas. Nos castigaban severamente si nos encontraban celebrando la misa y siempre había informantes. Sin embargo, la misa para nosotros valía la pena, tanto así que estábamos dispuestos a correr el riesgo y a sacrifícarnos; era un tesoro para nosotros; la anhelabamos y hacíamos casi cualquier cosa para poder celebrarla y asistir a ella”³².

El milagro Lanciano

En el año 700 d.C., aproximadamente, un monje básílico de Lanciano, Italia, dudó de la presencia real del Señor en la Eucaristía. El padre Stefano Manelli en su obra: Jesús nuestro amor eucarístico, cuenta la historia: "No podía creer que al pronunciar las palabras de la consagración del pan y el vino, las sustancias se volvieran el cuerpo y la sangre de Cristo. Pero ya que era un sacerdote devoto, continuó celebrando el sacramento conforme a la enseñanza de la Iglesia, y le rogó a Dios que removiera toda duda".
Ella fue una niña indeseada, poco amada y además abusaron de ella a una temprana edad. Llegó a tener miedo de todo: personas y cosas. Sólo el poder de Dios pudo transformarla en una persona hermosa, segura y fuerte, como la que es hoy. Permita que el Señor construya su fe en su presencia amorosa y sanadora a medida que lea este testimonio conmovedor.
“Mi madre tuvo tres abortos después de que nació. Continuamente se me recordaba que yo también debía haber sido abortada, pero algo no resultó como habían planeado, y yo nació. En nuestra casa había tres frascos grandes de vidrio, llenos de formó y en esta sustancia se encontraban tres bebés abortados, en distintos niveles de su desarrollo. Estaban allí como piezas de exhibición. Cuando me portaba mal, se me recordaba rápidamente y que yo también pude haber terminado en uno de esos frascos como mis hermanos y hermanas”.
"En cierta ocasión, un sacerdote me enseñó dos frases de una oración, que le dieron un vuelco completo a mi vida: 'Jesús, que todo lo que tú eres, fluya en mí. Que tu cuerpo y tu sangre sean mi alimento y mi bebida'. Después de que murió mi amigo sacerdote, un pastor evangélico se hizo amigo mío y me enseñó a amar las Escrituras. Aunque fui bautizada como creyente en su iglesia, no me sentía satisfecha. Esta congregación no creía realmente las palabras: 'Que tu cuerpo y tu sangre sean mi alimento y mi bebida'. Así que continué buscando".
"Mientras tanto, me diagnosticaron leucemia. Esto, sumado a la diabetes que venía padeciendo desde hacía veinte años. Sabía que la clave para mi sanidad era poder encontrar un lugar donde recibiera el verdadero cuerpo y la sangre de Cristo, y sería sana".
“Cuando conocí al padre DeGrandis, en 1985, me dijo que debía perdonar a mi padre por todas las formas en que me había maltratado y herido cuando era niña. Comencé a decir la Oración del perdón frecuentemente. En este retiro fui sanada de la diabetes y la leucemia tuvo un alivio notorio”.
"Doy gracias a Dios por brindarme una segunda oportunidad. En especial le doy gracias por permitirme recibirlo en la Eucaristía". "Tomen, esto es mi cuerpo" (Mc. 14:22). mi sangre, vive de vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día''' (Jn. 6:53 to 54).
Jesús cumple este deseo al decir que nunca moriremos espiritualmente, sino que viviremos con él y con el Padre para siempre. Éste es el consuelo que prevalece en todos los funerales cristianos. Siempre predico acerca de esta verdad durante un funeral.
“El estar de pie frente a la congregación mientras sostenía la copa de vino no era una tarea difícil, ni tampoco me sentía nervioso al hacerlo. Sin embargo, al sostener el cáliz durante la comunión, un sábado en la misa nocturna, recibió una revelación del contenido de éste. Esta pequeña copa contenía la misma sangre que se vería de las heridas de Jesús y de su corona de espinas, hace unos dos mil años. Aunque ahora tiene una forma diferente, es, para los católicos, la misma sangre que Él derramó de su espalda después de ser azotado. Estas pocas onzas en la copa también mancharon la cruz de madera. La humanidad de Jesús se hacía muy palpable mientras yo miraba el contenido del cáliz”.

A la expectativa

Cuando reciba la santa comunión, le sugiero que esté a la expectativa de que el Señor lo va a sanar. Espere que Él lo sane: "...que te suceda como creíste" (Mt. 8:13). A medida que se acerca al altar a recibir a Jesús, acéptalo como su Señor y Salvador. Él es Señor del problema que lo está agobiando ahora mismo. ¿Cuál es el problema más grave en su vida, hoy? ¿Qué está robando su paz interior? ¿Qué le molesta? ¿Qué le inquieta? ¿Sus hijos? ¿Su salud? ¿Su incredulidad? ¿Un área en particular o hábito de su vida? ¿Un comportamiento compulsivo que no puede controlar? ¿Son las finanzas? ¿Qué es? Llévelo ante el Señor. "...con sólo tocar su manto sanaré" (Mt. 9:21). Jesús nos está diciendo que no necesitamos tocar tan sólo el borde de su manto. Él dice: "¡Tó-mame! ¿Recíbeme completo! ¿Este es mi cuerpo y ésta es mi sangre!".
Cuando hacemos un llamado al altar y nos acercamos a recibir a Jesús en su plenitud, estamos conectándonos con el creador del universo, con el redentor, con el Dios eterno ante el cual estaremos un día de pie. Luego, ¿somos conscientes de lo que estamos haciendo cuando respondemos al llamado de comer la carne del Hijo del hombre y beber su sangre? Éste es el tiempo más precioso de todas las 168 horas que tenemos disponibles en una semana. Estamos ante el Padre eterno, en Cristo Jesús. "¿Si tú conocieras el donde Dios!" (Jn. 4 to 10).
A medida que lea el capítulo sexto de Juan, pídale al Espíritu Santo que le enseñe la estupenda verdad de que Jesús realmente viene con su cuerpo y su sangre para nutrirs, fortalecemos y sanarnos, de manera que podamos vivir para siempre.
Muchas personas que han muerto aparentemente, y han tenido experiencias de vida después de la muerte, narran el hecho de que no deseaban regresar a la tierra después de ver la belleza de la “luz” de aquel otro mundo. ¿Esto sobrepasa todo lo demás! Nos podemos aproximar a esta experiencia mediante la Eucaristía, durante la recepción de la santa comunión. Él viene para sanarnos física, espiritual, emocional y psicológicamente. Él nos asegura que su deseo es que nos elevemos y vivamos con Él para siempre.
Pierre sus ojos y concéntrese en Jesús. Visualice a Jesús de pie ante el altar. Observe la luz que sale de sus manos hacia su corazón, y sienta como lo toca ahora mismo, sanando áreas de dolor y carencia. Sométase a Él, piérdase en su presencia, transcienda su ser interno. "...y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí" (Gál. 2:20).
Crea conmigo que el poder sanador que emanan de Jesús nos está tocando, liberándonos de culpabilidad, duda, autorrechazo, autocondenación. Crea que Él está haciendo una profunda sanación de su ser interno y restaurando su autoestima, amor propio, autoaceptación. Gracias, Señor, porque creemos que esto está sucediendo, conforme a nuestra fe.
Dios es amor y Él desea sanarnos aún más de lo que nosotros deseamos ser sanados. No es un asunto de merecerlo, puesto que es verdad que no lo merecemos, pero esto no tiene nada que ver con la historia.
Decimos: “Señor, puedes sanarme”. Él dice: “Quiero, sé sano”. Usted debe ser consciente de que podemos ser sanados, si logramos sobre pasar nuestros propios sentimientos de autorrechazo y nos aceptamos. Nos sentimos indignos, pero su amor nos llena. Él quiere cortar todo sentimiento de falta de valor, culpabilidad, temor, resentimiento, amargura, odio, autocondenación, falta de amor propio: todas las cosas que nos detienen para aceptar a Dios como nuestro Padre amoroso. Él cortará todo esto y hará que ríos de agua viva fluyan de nuestro espíritu. El Señor quiere que reconozcamos que tenemos necesidad de su sanación. Él desea que aceptemos su sanación.

La oración de La escalera de la vida

Jesús y María, pedimos el don de la visualización, que nos permite vernos a nosotros mismos subiendo contigo esta escalera. Sana las heridas y el dolor de cada año, y llena las carencias entre el amor que recibimos y lo que nos faltó.
Me veo como un infante recién nacido. Tó-mame en tus manos, Jesús, y camina conmi-go durante este primer año de vida. Tócame, sáname y hazme completo.
Te doy gracias por mi cuarto año de vida, porque sigues sanando las heridas, el dolor y los temores de la vida, especialmente aquellos asociados con mi familia.
Llévame tiernamente por el quinto año. Señor, gracias por caminar conmigo estos primeros cinco años.
En este sexto año, Señor, permite que yo experimente sanación, paz, gozo, amor y vida a causa de tu toque sanador.
Sana todas las heridas del séptimo año, Señor, cuando inicié la escuela, tuve una profesora y nuevos amigos, los traumas del aprendizaje y los temores asociados con los trasteos.
Gracias por la sanidad que me das en el décimo año de mi vida. Sana toda ira que hubiese tenido contra mis padres. Bórrala y dame un sentido de seguridad, sabiendo que soy amado. Gracias, Señor, por sanar los primeros diez años de mi vida.
En el undécimo año, llegué a tener conciencia de mi apariencia. Tócame, sáname y hazme completo.
Gracias por sanarme durante la edad de doce años. Líbrame de todo temor y culpabilidad, especialmente si ésta se relaciona con culpabilidad sexual. Gracias, Jesús.
Tócame suavemente durante mis quince años. Dame un sentido de seguridad, en este año, en medio de todas mis inseguridades. Gracias, Señor, por la sanación en estos quince años.
Tócame ahora en el decimosexto año de mi vida. Sana este periodo difícil.
Llévame suavemente por los decisiente años, especialmente, cuando odiaba todo lo que yo era. Dame un sentido de amor y autoaceptación.
Durante los años dieciocho y diecinueve, tó-came y hazme completo. Sana todos los tra-mas de la edad de posadolescencia, especialmente en lo relacionado con la cul-pabilidad sexual.
Señor, te veo llevándome por el transcurso del año 21. Suple todas mis carencias.
Gracias por acompañarme en mis 22 años y por sanar las tensiones asociadas con mi cónyuge, con los suegros y otros miembros de la familia. Toca estos recuerdos y hazme completo.
Durante mis 23 años, Señor, sana todos los traumas relacionados con los ajustes en el matrimonio. Toca toda área de malos entendidos e ira que surgen de estos ajustes.
En los años 24 y 25 de mi vida, sana mis frustraciones y sentimientos de abandono, tal vez debido a la enfermedad. Libérame y lléname con tu espíritu. Gracias, Señor Jesús, por tocarme durante esta etapa de la vida.
Durante el año 29, sáname de todos los sentimientos de rechazo, malos entendidos y falsas acusaciones. Tócame profundamente y sáname, Señor.
Lléname con tu espíritu en el año 30 de mi vida. Gracias, Señor, por sanar los primeros treinta años de mi vida.
En mi tercera década, Señor, toca los años desde el 31 hasta el 33. Sana todas las ansiedades y temores; todas las preocupaciones con respecto a los hijos y las ansiedades del trabajo.
Durante el año 34 de mi vida, Señor, toca toda adicción con la bebida en mi familia y sana los traumas de las decisiones difíciles que he tomado.
Toquen los años 39 y 40. Señor, gracias por tocar los primeros cuarenta años de mi vida. María, madre mía, dame aquella cercanía, calidez y amor.
Señor, toca toda turbulencia y cambio en mi vida a los 41 y 42 años.
Toca los traumas asociados con la crisis de la edad media, a los 43 y 44: los hijos que abandonan el nido y el rechazo del cónyuge. Toca y sáname, Señor.
En el año 45, Señor, sana los sentimientos de fracaso, el sentir de que no he logrado lo que esperaba profesionalmente. También, toca mis sentimientos de no haber crecido como creyente y las tentaciones relevantes a la fe. Señor, tócame, sáname y hazme completo.
Tócame, sáname y hazme completo en el año 51, Señor.
De los años 52 al 55, Señor, permite que tu Espíritu se mueva en mí. Toca todos mis temores, especialmente los temores en cuanto a la muerte.
En los años 56 y 57, toca los temores de la enfermedad y la soledad.
Toca los temores de los 58 años, los trasteos familiares, la pérdida de la compañera o cónyuge. Toca y sana estas heridas, Señor.
Durante el año 59, toca el dolor de no estar en contacto con mis hijos. Sana aquella herida, Señor.
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