El Surgimiento del Peronismo: El Rol de los Obreros y de los Migrantes Internos
by Gino Germani
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El Surgimiento del Peronismo: El Rol de los Obreros y de los Migrantes Internos
Gino Germani
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En los últimos tiempos se han publicado varios trabajos que cuestionan el significado histórico del peronismo, la índole de su apoyo entre 1943 a 1946, el tipo de alianzas de clase involucrado (si es que las había) y su importancia para la teoría política y los estudios comparados, en especial las hipótesis sobre el rol de la movilización y del"desplazamiento", el autoritarismo de la clase trabajadora, factores estructurales versus psicosociales, etcétera
Estas críticas desarrollan dos aspectos: en unas se cuestiona la evidencia empírica mientras que otras sugieren un marco teórico alternativo tal como la particularísima etapa de capitalismo "dependiente" por la cual pasaba la Argentina, o bien desde una orientación enteramente diferente, destacan la "tradición cultural latinoamericana". En este trabajo me voy a referir sobre todo a los datos empíricos relativos a la base social del peronismo y a la naturaleza del movimiento en sus orígenes. En particular se considerará la composición por clase social del apoyo popular (no de las elites), la composición interna de los sectores obreros urbanos (migrantes y no migrantes), y su rol respectivo en el surgimiento y triunfo del movimiento, así como los cambios estructurales que provocaron el desplazamiento de una considerable proporción de la población del país.
También se examinarán los posibles efectos de este último fenómeno en los cambios psicosociales que se expresaron políticamente con la aparición del peronismo, y el papel de las organizaciones sindicales preexistentes, por un lado, y el espontaneísmo de los sectores de formación obrera urbana más reciente, por el otro. Otros temas de gran importancia, aludidos en el párrafo anterior -alianza de clases, autoritarismo obrero, rol de la "dependencia" y de los factores externos-no serán examinados en el artículo. También debo señalar que para muchas de las cuestiones tratadas, si no para todas, la evidencia empírica reunida es insuficiente: en realidad carecemos de sólidos estudios históricos sobre el sindicalismo, tanto en el período peronista como en la época anterior, sobre los procesos políticos de los años 40, sobre las características demográficas y sociales de las grandes migraciones internas del período 1935 a 1946, así como sobre los otros cambios estructurales del período. El presente trabajo, así como los estudios mencionados anteriormente, pueden contribuir con sugestiones, hipótesis y algunos datos a una discusión constructiva sobre una época de singular importancia en el desarrollo nacional del país.
* Los datos inéditos utilizados en este trabajo se han recolectado y elaborado en el proyecto "Sociedad Argentina: Estructura y Cambio", como también en el programa de investigación sobre "Desarrollo Nacional Comparado en Países Latinos" (Argentina, Brasil, Italia y Chile).
** Universidad de Harvard.
¹Entre otros: Peter H. Smith: The Social Base of Peronism en Hispanic American Historical Review, 52, 1972, págs. 55-73; PETER G. SNOW: "The Class Basis of Argentine Political Parties", en American Political Science Review, 63, 1969, págs. 163-67; P. H. Smiht: "Social Mobilization, Political Participation and the Rise of Juan Peron", en Political Science Quarterly, 84, 1969, págs. 30-49; ELDON KENWORTHY: "The Function of the Little Known Case in Theory Formation", en Comparative Politics (a aparecer); MIGUEL MURMIS y JUAN CARLOS PORTANTIERO: Estudios sobre los orígenes del peronismo, Siglo XXI, Buenos Aires, 1971; MÓNICA PERALTA RAMOS: Etapas de acumulación y alianza de clases en la Argentina, Siglo XXI, Buenos Aires, 1972; DARIO CANTÓN: La política de los militares argentinos, Siglo XXI, Buenos Aires, 1971; D. CANTÓN: Elecciones y partidos políticos en la Argentina, Siglo XXI, Buenos Aires, 1973; HOWARD J. WIERDA: "Towards a Framework for the Study of Political Change in the Iberic-Latin Tradition: The Corporate Model", en World Politics, XXV, 1973, págs. 206-35; y "The Latin American Development Process", en Western Political Quarterly, setiembre 1972, págs. 464-90; RONALD C. NEWTOHN: "On Functional Groups, Fragmentation and Pluralism" in Spanish American Political Society, en Hispanic American Historical Review febrero 1970, págs. 1-24. Una visión y crítica de marcos teóricos diferentes sobre el desarrollo político en América Latina lo brinda PHILIPPE C. SCHMITTER: "Paths to Political Development in Latin America", en Proceeding of the Academy of Political Science, 30, 1972, págs. 83-105.
1. La Composición de Clase del Apoyo Popular Peronista en 1943 a 1946.
Según la hipótesis corriente sobre las bases sociales del peronismo en sus orígenes, los sectores obreros urbanos constituyeron el núcleo central del movimiento, tanto en términos cuantitativos como por su rol dinámico en su afirmación.. Sin negar el áporte de otros sectores -en particular los obreros rurales y algunos segmentos de la baja clase media-la hipótesis mencionada considera que estos últimos grupos desempeñaron un papel menor, y en todo caso insuficiente para caracterizar el proceso político. La literatura crítica reciente señalada al comienzo enfatiza por el contrario el aporte de otros sectores sociales, llegando a afirmar, en algunos casos, que la proporción obrera en el electorado, y en la composición del peronismo, fue minoritaria en el período considerado.
Gran parte de la discusión está basada en análisis ecológicos y sus interpretaciones. En uno de los estudios citados, Smith correlacionó el voto peronista (en las elecciones de 1946) con otras variables, tomando unos 365 departamentos (o partidos) como unidades ecológicas. Los resultados los interpretó en el sentido de que si bien el apoyo de los obreros urbanos fue tan fuerte, estuvo lejos de ser decisivo; que el rol de los migrantes internos"desplazados" fue de poca monta; que de todos modos sólo una minoría de migrantes era de origen"rural" o"tradicional", y que muchos otros grupos sociales y clases intervinieron en una"coalición amplia" que llevó al peronismo al poder. En dicha coalición, la participación de los trabajadores habría sido menor que la de las clases medias. Según Smith, estos resultados implican un rechazo parcial o completo de las hipótesis corrientes y refutan otras interpretaciones teóricas.
Es bien sabido que las correlaciones ecológicas son un procedimiento muy indirecto para evaluar el comportamiento de la gente, y en ciertas circunstancias hasta pueden ser contraproducentes. Muchos científicos sociales las usan, ya que a menudo son la técnica más directa y cuantitativa de que se dispone. ES obvio que su interpretación debe ser muy cauta y que siempre requerirá ulteriores evidencias, cualitativas y cuantitativas. Además de los problemas intrínsecos a la técnica estadística misma, el tipo de unidades ecológicas y de indicadores afecta en forma decisiva los resultados. Los indicadores deberían reflejar lo mejor posible la composición de la población en función de variables significativas y excluir los efectos de confusión o de contaminación de otros factores.
En el caso del análisis de elecciones lo que interesa es la composición demográfica y social del electarado, más que de la población activa total. Como to señalo en mi investigación de , la unidad ideal en la Argentina sería el"circuito" o, mejor aún, la mesa (la unidad más pequeña para la cual se tienen padrones de electores: 200 a 300 votantes). Para cada un de estas unidades se podría establecer, sobre la base de los padrones electorales, la composición por edad, ocupación (si bien la precisión y confiabilidad es muy baja) y la condición de migrante o no. Lamentablemente muy pocas veces se dispone de estas listas para elecciones pasadas y en cualquier caso el procedimiento es extremadamente costoso. Una unidad relativamente más accesible es el departamento (o partido), que en la mayoría de los casos incluye una o más ciudades junto con less áreas rurales. Los indicadores más cercanos de la composición social están dados por la distribución ocupacional de la población económicamente activa (PEA), que no obstante tiene ciertas deficiencias, especialmente para el censo de 1947, y que no distingue a los votantes de los no votantes en la PEA: extranjeros, mujeres (en 1946) y menores de 18 años. En cuanto a la migración interprovincial, el mejor indicador se puede obtener a partir del número de individuos nacidos en otra provincia y que viven en cada departamento controlando nacionalidad, sexo y edad, lo cual es posible. La migración intraprovincial -importante aspecto-no se conoce para 1947. Los indicadores del estudio de Smith están muy lejos de cumplir con estos requisitos.
Su variable "obreros industriales" está operacionalizada como "porcentaj a de obreros sobre asalariados industriales"; la "clase obrera" son "los obreros comerciales más los obreros industriales sobre total de hombres adultos"; los "empleados comerciales" son "el número medio de asalariados por establecimiento comercial", y to equivalente ocurre con "empleados industriales"; "obreros comerciales" se computes como el "porcentaje de obreros sobre asalariados comerciales". Estos indicadores reflejan sólo de manera muy indirecta la composición social de la PEA (y del electorado); a veces hasta pueden significar algo bastante distinto. Por ejemplo, el "porcentaje de obreros industriales sobre asalariados industriales", no tiene nada que ver con la proporción de obreros industriales en la PEA del departamento, sino que es función del grado de burocratización del establecimiento industrial, pues los establecimientos de tipo artesanal o cuasi artesanal casi no tienen personal empleado no obrero. Cuanto más baj a en la burocratización, o sea, cuanto menor es el número de empleados administrativos, mayor es el índice, que de hecho varía entre 0 en algunos departamentos y 100 en otros, con un promedio de 89,4. Smith obtiene una baja correlación negativa entre ese índice y el voto peronista para el total de departamentos. Luego estratifica su universo, según tamaño de la cabecera, en "ciudades grandes", "pueblos" y "campo", y le vuelve a dar correlación negativa para "campo" y "pueblos", pero ella resulta positiva (la más alta, curiosamente) para less "ciudades grandes" (50.000 y más habitantes, incluyendo el área de Buenos Aires). Si es que este tipo de correlaciones significa algo, más bien indica que dentro de las áreas industriales (ciudades grandes) cuanto más subdesarrollado el tipo de industria en cada departamento, mayor el voto peronista. Esta interpretación converge con lo que Smith denomina "el bajo valor explicativo de los caballos de fuerza por industrias", que según él "indica que el nivel tecnológico del desarrollo industrial tiene poca incidencia política". En cuanto a la variable "empleados comerciales", la forma en que se la operacionaliza hace que ella indique el tamaño. medio del establecimiento comercial, cuya relación con el porcentaje de empleados en cada departamento es bastante tenue, si es que existe. Esta variable resultó tener una importante correlación negativa, una de las más altas, con el voto peronista en las "ciudades grandes" y una negatives muy baja (no significativa) en el resto. De paso sea dicho, para otro autor este dato significa que "en otras áreas del país" el electorado de Perón ". . . incluía a los empleados comerciales (por contraste con los obreros industriales)", interpretación que contradice el resultado mencionado y que ni fuera mencionado por Smith.
En lo referente a la variable "clase obrera", el estudio de Smith se basa en fuentes que subestiman extraordinariamente su dimension, pues omiten muchas pequeñas empresas industriales, comerciales y de servicios, como también ramas enteras. Una confrontación detallada con los censos demuestra que se está excluyendo al 25 por ciento de los obreros industriales, 'al -89 de los obreros en el comercio y los servicios (sin contar a los trabajadores por cuenta propia) y al 100 por ciento de los obreros agrícolas.
Las subestimaciones, por otra parte, varían mucho en los 365 departamentos de acuerdo con una serie de factores (tipo de organización del trabajo de campo, urbanización, visibilidad de los establecimientos, etcétera). Finalmente, la gente vota en la circunscripción en que reside (es decir, la misma, probablemente, que la registrada en el censo de población) y no en la que trabaja; la distorsión, podemos suponer, es importante para la categoría "ciudades grandes". No es de extrañar pues, que las correlaciones sean bajas y "raras". Por ejemplo, para "clase obrera" es baja, pero negativa para las "ciudades grandes" y "campo"; es positiva para "pueblos", y levemente positiva para el total de departamentos. La falta de relevancia de "clase obrera" en la regresión múltiple para el "campo" puede tal vez explicarse por la omisión total de obreros agrícolas en el índice; la exclusión de casi todos los trabajadores del sector servicios daría cuenta del resultado en las "ciudades grandes".
Ahora bien, en los centros urbanos intermedios ("pueblos"), esta variable aparece y Smith interpreta este dato como indicador de que los adeptos a Perón constituían"una amplia clase baja, poco definida, que tal vez encontraba la unidad en la conciencia económica"'. Dadas las graves omisiones en los datos originales y la relación tenue o incierta entre los indicadores, y las características de los departamentos que debían medir, se puede saber muy poco sobre la composición socioeconómica del apoyo peronista en 1946 en base a este estudio. Como veremos, se pueden extraer las mismas conclusiones con respecto al rol de los migrantes internos y el proletariado urbano"viejo" versus el"nuevo". Un aspecto general que complica estos estudios es que los departamentos se clasifican según el tamaño de la ciudad más grande que contienen y exceptuando a las mayores, todo el resto incluye una proporción de residentes rurales que aumentan con el tamaño decreciente de las ciudadas en las distintas categorías de departamento (16 por ciento rural en la categoría de 50.000 a 100.000 hasta 75 por ciento en las de menos de 5.000, etcétera). También pueden incluir aldeas y población dispersa. Dado que el comportamiento de muchas variables es influido por el grado de urbanización, aún el procedimiento de usar categorías separadas de departamentos no elimina el problema. Otra deficiencia global de algunos estudios -especialmente el de Smith-es la inclusión indiscriminada de todo tipo de variables sin que exista una hipótesis para sustentarlas ni una idea clara sobre su posible significado. Todo esto provoca efectivamente gran confusión y disminuye de por sí el valor un tanto frágil de la investigación.
Es indudable que se necesitan más estudios -cuantitativos y cualitativos-para obtener una mejor noción de las elecciones del 46. Entretanto, otras investigaciones ecológicas confirman (dentro de los límites de esta técnica) la hipótesis de que el peronismo es apoyado mayormente por los obreros y las clases bajas en general de todas las áreas. Cantón encuentra una correlación positiva de.54 para"obreros" y una negativa (.62) para los"propietarios", en tanto que los"empleados" dan una correlación muy reducida. Yo computé nuevamente a los"obreros" clasificándolos en dos sectores:"no agrícolas" (industria, comercio y servicios) y"agrícolas". El primero da la misma correlación que para todos los obreros mientras que el segundo es cero. Aquí los indicadores fueron el porcentaje de cada categoría en la PEA, de acuerdo con el censo demográfico, pero las unidades eran"provincias", que son mucho más heterogéneas y grandes, lo cual obviamente reduce su validez. Tomando una muestra al azar de 50 partidos de la provincia de Buenos Aires, que incluyen unidades tanto rurales como urbanas (y sólo unas pocas pertenecen al área metropolitana), otro estudio descubre una correlación de.56 con los obreros industriales.
Antes de referirme a un último estudio sobre las elecciones de 1946, veamos otras estimaciones de la composición social de la base peronista en 1946, basadas en observaciones relativas al comportamiento electoral en años posteriores. En efecto, para apoyar la hipótesis de una base clasista"débil" del peronismo en 1946, se presume que después de la caída del régimen el movimiento adquiere un mayor apoyo de clase obrera. Los hechos demuestran exactamente lo contrario. Los peronistas no sólo hicieron una alianza con las clases medias radicales frondizistas en 1958, sino que las nuevas generaciones que emergen al escenario político, es decir, los sectores de clase media, incluyendo una gran proporción de estudiantes, que fueron archienemigos de Perón bajo su mandato, se convierten al peronismo. Poco después de la caída del régimen comienza a surgir un peronismo de clases medias, ante la evidencia del antagonismo de clase de los sectores conservadores de la coalición antiperonista. Los observadores políticos concuerdan en que el peronismo abarca hoy en día un espectro de clase media mayor que el que tenía en 1946. No obstante, los obreros continúan siendo su apoyo más poderoso.
Por otra parte, aun dejando de lado la importancia de este cambio, la interpretación de estudios que pretenden ver una mayor participación de la clase media no es muy convincente. Tomemos, por ejemplo, a Peter Snow, quien analiza 15 unidades ecológicas,"circunscripciones" de la ciudad de Buenos Aires, clasificadas"de un modo impresionista" sobre la base de su actual composición ocupacional. Si observamos la composición dada por el Censo de 1960, resulta que hasta los distritos electorales de más;"clase obrera" en'que se localizaban las circunscripciones, tenía'un 35 por ciento de estratos ocupacionales medios, mientras que los de clase alta estaban ubicados en distritos de no menos del 40 por ciento de trabajadores manuales.
Además debe recordarse que en las elecciones de 1957 el peronismo fue proscripto y votó en blanco, obteniendo el menor porcentaje de votos que se recuerda (24 por ciento). En estas condiciones, con una tasa de abstenciones también inusitadamente alta, se ve que mientras el voto en blanco en toda la ciudad llega al 18 por ciento, en los circuitos de clase baja es de 28 y en los de clase alta 9. Sobre esta base no se puede llegar a ninguna conclusión y en sus comentarios más cautelosos el autor sostiene que "el peronismo es a grandes rasgos un movimiento de las clases bajas y medias bajas." Para las elecciones de 1957 y 1958, las correlaciones de rango para Buenos Aires y el voto en blanco mostraba exactamente las mismas relaciones con obreros y otros estratos socioocupacionales que en 1946 y 1948.
En el mismo artículo Snow cita otro estudio basado en comparaciones entre"votos y ocupaciones". También en este trabajo se incluyeron todos los circuitos de la ciudad y su composición ocupacional fijada sobre la base de la ocupación declarada por los votantes en el momento de registrarse (lo que tiene sus limitaciones). Por lo que sé, éste es el único estudio de su tipo en la Argentina; en él las correlaciones entre voto peronista (en 1962 bajo la denominación de "laborista") es de +.805 con obreros, -.930 con la clase media (estudiantes, profesionales, comerciantes y propietarios) y cero para"empleados". Esta investigación, que muestra la importancia del voto obrero properonista también fuera del área de Buenos Aires, puede darnos un cuadro preciso del apoyo peronista en la década del 60.
De acuerdo con la encuesta Kirkpatrick de 1965 que comprendía a todo el país, los peronistas tenían un 53 por ciento de su apoyo en el estrato "bajo" y un 42 en el "medio bajo", o sea un 95 por ciento en ambos estratos. Sin embargo, hay que destacar que los criterios de clase utilizados no coinciden con los socioocupacionales usuales. En dicha encuesta, la "clase baja" representa solo un 36 por ciento de la muestra, lo cual haría de la Argentina un país con un 64 por ciento de clases medias y altas. En 1960 el estrato ocupacional manual entre los argentinos varones alcanzaba al 56,4 por ciento de la PEA. La explicación reside en que "la más importante firma de encuestas" que realizó la investigación, clasificó a las "clases" de acuerdo con criterios adquisitivos; de ahí que la gran "clase media baja" (clase "C" en las encuestas pie consumo) incluyera a los obreros calificados (15 por ciento en el censo) y artesanos independientes.
Por otra parte, la respuesta"properonista" se redujo efectivamente por la alta proporción de cuestionarios que no se completaron: 35 por ciento. Esta pérdida sustancial ocurrió en todas las encuestas políticas durante la proscripción del peronismo. Por último, las últimas encuestas completadas antes de las elecciones de marzo de 1973, donde por.primera vez se legaliza la participación peronista, muestra que aproximadamente un 70 a 80 por ciento del voto peronista en las grandes ciudadas proviene de la clase obrera, incluyendo a los obreros calificados.
Volviendo ahora a las elecciones de 1946 me referiré a un estudio que aunque todavía incompleto proporciona resultados que, juntamente con los demás elementos recogidos en otras secciones de este trabajo, dan una visión de conjunto acerca del peso de los distintos sectores sociales en el electorado peronista (ver apéndice). Se trata de un análisis ecológico conducido con la misma técnica estadística utilizada en el ya mencionado trabajo de Smith, pero fundada en indicadores adecuados. Para las áreas incluidas en el estudio (partidos, departamentos y circunscripciones que incluyen por lo menos un centro urbano con 5.000 habitantes o más, lo que corresponde a más del 80 por ciento del electorado), se confirma la hipótesis "clásica" relativa a la gran preponderancia de los obreros urbanos en el electorado peronista, el rol esencial de los migrantes internos, la posición negativa de la clase media -particularmente los patronos urbanos y rurales y los empleados (white collars) en los centros urbános.
También se pone de relieve cuando se aíslan los departamentos más rurales (dentro de las 144 unidades incluidas), que los obreros rurales apoyaron al peronismo, y que en estos distritos el porcentaje de empleados mantiene una correlación positiva, aunque baja, con el voto peronista en contraste con lo que ocurre en los departamentos urbanos. En general las correlaciones obtenidas son extremadamente altas, y en las ecuaciones de regresión muy pocas variables (para ciertos conjuntos de unidades, una o dos) son suficientes para explicar gran parte de la variancia.
El cuadro 1 que resume los coeficientes es muy claro a este respecto. Debe advertirse que -en el área de Buenos Aires-el indicador sobre migración interna (porcentaje de varones nacidos en otras provincias, sobre el total de varones argentinos que viven en cada departamento) tiene graves limitaciones, pues no permite distinguir, dentro de los nacidos en la provincia de Buenos Aires, (y que viven en el área) a quienes han nacido en los partidos que corresponden al área misma de quienes han emigrado allí desde el resto de la provincia de Buenos Aires. Por este motivo se han computado coeficientes para diferentes grupos de departamento, en algunos casos excluyendo los que corresponden al área metropolitana de Buenos Aires. Esto permite ver que la importancia de los migrantes se vuelve muy alta cuando se aíslan los departamentos muy urbanizados (es decir incluyendo centros de 50.000 y más habitantes) y se mantienen separados los departamentos del área de Buenos Aires cuyos datos a este respecto son de validez dudosa (ver cuadro 1).
Por cierto se necesitan estudios más completos para alcanzar conclusiones definitivas, pero esta exploración muestra de manera muy clara que, cuando se utilizan indicadores adecuados, las correlaciones ecológicas confirman las hipótesis corrientes acerca de la composición del electorado peronista. Ya se ha subrayado la limitación que presenta esta técnica y sabemos que sus resultados deben ser interpretados juntamente con otros datos cuantitativos y cualitativos. Pero es importante señalar que el procedimiento da resultados que apoyan y no desmienten la hipótesis.
Cualquier movimiento político, hasta el más clasista, tiene un componente bastante grande de estratos sociales distintos al que supuestamente representa. Los partidos comunistas y socialistas en Italia, el partido comunista francés y muchos otros partidos de clase se basan en un apoyo relativamente heterogéneo. Visto desde una perspectiva comparada, el caso del peronismo es de una homogeneidad alta.
Hasta que no se presenten pruebas convincentes de lo contrario, los datos existentes y el juicio común de todos los contemporáneos muestra (como lo mantuve en varias oportunidades desde mi primer artículo en 1950) que el peronismo obtiene un apoyo masivo de los obreros con cierta contribución de empleados de oficina y vendedores menores (en almacenes y similares) en las áreas menos urbanizadas, así como también de sectores del estrato intermedio arcaico (y pobre) que forma parte de las clases bajas en las comunidades pequeñas. Pero el apoyo decisivo en la elección vino de los obreros manuales, cuyo gran aumento y desplazamiento hizo posible la existencia misma del movimiento. Igual origen tiene la dinámica que lo anima: la acción en la calle, tan decisiva para su surgimiento, y los partidarios del nuevo partido. Si he denominado al peronismo un movimiento populista (un movimiento nacional popular para ser más precisos) es porque se posibilitó y adquirió su forma peculiar a través de una "alianza de clase" implícita entre los obreros y los nuevos empresarios industriales, con la participación de un liderazgo político de distintos orígenes -incluyendo a muchos fascistas-que colocan al peronismo en una categoría eminentemente diferente a la de los partidos de "clase obrera", como se los concibe comúnmente.
$ ^{2} $SMITH: "The Social Base...", ob. cif
$ ^{3} $ GINIO GERMANI: Estructura social de la Argentina, Raigal, Buenos Aires, 1955, pág. 263
$ ^{4} $ Smith lo reconoce en la obra citada, pág. 63. Sin embargo hay más problemas con los datos publicados que utiliza, como se indicara en el texto. Los datos de composición ocupacional de la PEA, por departamentos, puede encontrarse en el cuadro 41 de las tablas inéditas del IV Censo Nacional. Yo las usé en mi estudio de 1955. En ese momento las tabulaciones todavía eran incompletas. Ahora se están utilizando para el proyecto "Sociedad Argentina" y en el programa sobre Desarrollo Nacional Comparado; pueden obtenerse en el Centro de Investigaciones Sociales, ITDT, Buenos Aires.
$ ^{5} $SMITH, ob. cit., pág. 63.
$ ^{6} $ KENWORTHY, ob. cit.
$ ^{7} $ SMITH, ob. cit.
$ ^{8} $ CANTÓN, Elecciones..., ob. cit., pág. 149-54.
$ ^{9} $ KENWORTHY, ob. cit.
$ ^{10} $ El cambio producido en las clases medias y la joven intelectualidad antiperonista ha sido bien caracterizada, entne otras, por las interpretaciones publicadas en Contorno (Na 7, julio de 1956), y reimpresas parcialmente en CARLOS S. FAYT: La naturaleza del peronismo, Viracocha, Buenos Aires, 1967, págs. 192 y sigs. El libro también incluye otros análisis con la misma orientación.
$ ^{11} $ DIRECCIÓN NACIONAL DE ESTADÍSTICA Y CENSOS: Censo Nacional de Población 1960, vol. 2, págs. 166 y sigs.
$ ^{12} $ GERMANI: Política e Messa, Universidad de Minas Gerais, Belo Horizonte, 1960, cap. VII.
$ ^{13} $ Pedro Huerta Palau: Análisis electoral de una ciudad en desarrollo. Universidad Nacional de Córdoba, XX Congreso Internacional de Sociología, 1963.
$ ^{14} $ Jeane Kirkpatric: Leader and Vanguarrd, MIT Press, Cambridge, 1972, cap. 5 y apéndice A.
$ ^{15} $ Esta encuesta la realizó el Centro de Investigaciones Motivacionales y Sociales, Buenos Aires, bajo la dirección de José E. Miguens. La encuesta incluye los mayores centros urbanos. Las estimaciones mencionadas en el texto se obtuvieron a través de la reclasificación del estrato medio bajo, según ocupaciones manuales y no manuales.
$ ^{16} $ GERMANE "Algunas repercusiones sociales de los cambios económicos en la Argentina. 1940-1950", en Cursos y Conferencias, 1952, págs. 559-79 (conferencia dictada en 1950).
2. Composición de la Clase Obrera Urbana
Según el estudio mencionado por Kenworthy, al que antes hicimos referencia,"sólo un tercio de la clase obrera en el área de Buenos Aires estaba compuesto por migrantes internos recientes en 1946 y sólo el 14 por ciento provenía del campo" (es decir, pasaron de rural a urbano). Esta es una posición extrema, que sigue sin embargo una orientación común a otros estudios citados al comienzo de este trabajo. Debemos considerar aquí tres aspectos distintos: 1) la proporción de migrantes internos en la clase obrera urbana; 2) el período de residencia en la ciudad; 3) la proporción de obreros de origen rural y más tradicional; o sea, con más exactitud, la proporción sin, experiencia industrial y moderna en la vida y en el trabajo, previa a la migración. También es importante considerar la contribución relativa de migrantes de las regiones desarrolladas comparada con la de las más pobres. El problema principal es determinar la magnitud relativa del"nuevo proletariado urbano", su origen social y económico, así como el grado de aculturación política en el ámbito urbano. Si bien las cuestiones básicas sobre la interpretación del peronismo no pueden reducirse a la composición demográfica de la clase obrera, consideraré primero esta temática en sus tres aspectos.
1) La proporción de migrantes internos. La interpretación errónea -que también se encuentra en el estudio de Smith-parte de tres equivocaciones: olvido de la alta proporción de extranjeros que vivía en Buenos Aires y otras grandes ciudadas en 1946; la falta de control para la edad y graves problemas concernientes a la inmigración al área metropolitana de Buenos Aires. Había un 26 por ciento de extranjeros en la población total de Buenos Aires en 1946; esta proporción es mayor en los grupos de edad adulta y en la PEA. Aun para la población general, cuando se toma como base para el porcentaje al total de los nativos, la proporción de migrantes argentinos sube del 29 al 38,3 por ciento. Obviamente este porcentaje sería mucho mayor en la PEA si se efectuara un control por edad (migrantes adultos). Los votantes y activos en política eran los argentinos y no los extranjeros (sólo el 7 por ciento eran ciudadanos naturalizados, en su gran mayoría de clase media).
Existe un problema serio en el área metropolitana de Buenos Aires. Allí los datos publicados incluyen la migración dentro del área (por ejemplo de la Capital Federal a los suburbios, donde se la considera migración interprovincial). Este hecho altera completamente las proporciones de los"migrantes" dentro de los 36 partidos del Gran Buenos Aires e introduce un sesgo general en la categoría"ciudades grandes" cuando incluye al área metropolitana de Buenos Aires. Por lo tanto, el indicador adecuado de la migración interna con respecto a la composición del electorado y de la población que tiene relevancia política, es el porcentaje de argentinos (en edad de votar) que han nacido en otra provincia y viven en Buenos Aires (u otra ciudad grande) sobre el total de residentes nativos (en edad de votar). Debe agregarse que las cifras indicadas arriba eran estimaciones bajas de la población migrante argentina; investigaciones demográficas posteriores han confirmado una seria subestimación en las cifras del censo. El mismo efecto se produce por descuidar la migración intraprovincial (interdepartamental, dentro de la misma província) que también es importante y abarca los desplazamientos de rural a urbano y de menos urbano a más urbano. Todas estas cuestiones pueden resolverse en parte, utilizando datos inéditos. Podemos darnos una idea de la composición migrante/no migrante de la población obrera, tomando el censo de 1960 y una encuesta sobre estratificación y movilidad que se realizó ese mismo año en Buenos Aires.
mayor para el país y para todos los períodos. Dado que el área metropolitana de Buenos Aires incluye 17 partidos de la provincia, se complica la estimación de migración interna porque el lugar de nacimiento se da par provincia y no par departamento; obviamente hay migrantes provenientes del resto de la provincia no incluidos en el Gran Buenos Aires (unos 100 partidos). Lattes también demuestra que toda la migración a la provincia y dentro de la misma se concentra en los partidos del Gran Buenos Aires (página 206).
En 1970, un quinto aproximadamente de toda la migración interna era snterprovincial. En el momento de escribir este trabajo no se ha completado todavía el análisis de los datos inéditos.
Esta encuesta se basa en una muestra al azar del área que incluye 2.100 familias. Los detalles del procedimiento de muestreo, etcétera, están en GERMANI,"Características generales de la encuesta", Buenos Aires, Instituto de Sociología, 1962. Estos datos también se encuentran en el Survey Research Center de la Universidad de California, Berkeley.
En esta última encuesta los migrantes internos sobre el total de ciudadanos argentinos fueron el 81 y el 52 por ciento respectivamente en los dos estratos más bajos elevado a 22; el censo de 1960 confirma estos datos, de los cuales también se puede extraer un cuadro general de la incidencia de la migración interna sobre la composición de distintos estratos socioocupacionales en áreas con diferentes grados de urbanización (cuadro 2)²³. Sin embargo, debe agregarse que en términos porcentuales la migración interna total en 1960 era menor que las proporciones subestimadas del censo de 1947, como lo muestra el cuadro 3 elevado a 24. Para extrapolar a 1947 la proporción de migrantes internos observados en los varios estratos sociales en 1960, los mismos deberían ser reajustados teniendo en cuenta la proporción más elevada de migrantes que se registraba en 1947. Esto llevaría la proporción de migrantes al 73 por ciento de toda la clase obrera a esa fecha. La alta proporción de extranjeros y su distribución despareja explican los resultados de Smith con respecto al rol de los migrantes internos. Su indicador para la variable "migrantes" ("hombres nacidos en otra provincia sobre por ciento de todos los hombres") en general reduce la proporción de migrantes internos en relación inversa al porcentaje de extranjeros en cada área.
Como su categoría de "ciudades grandes" mezcla los partidos que componen el Gran Buenos Aires (51 por ciento de los extranjeros vivían allí, además de las personas que se mueven dentro del área) con otros partidos urbanos (de 50.000 o más habitantes) que sólo incluyen el 15 por ciento de los mismos, es en esta categoría donde la correlación con migración interna se reduce mucho, en tanto que es mayor en los "pueblos" y "campo" donde el efecto distorsionante de la población extranjera es mucho menor. Sin embargo, los "migrantes" aparecen en la ecuación de "ciudades grandes" y, de acuerdo con Smith, "estos resultados confirman fehacientemente la idea general que Perón obtuvo sus partidarios urbanos del proletariado industrial nativo y de la población migrante desplazada". Según Smith, los "migrantes" ejercieron una "influencia estadística". menor sobre las ciudadas grandes, efecto que aumenta en las áreas urbanas intermedias y es mayor aún en el"campo". Esto, en cambio, según lo que acabamos de ver, probablemente es consecuencia de la distorsión combinada introducida por el tipo de indicadores socioeconómicos, agregado al efecto de migración extranjera.
Es difícil escapar a la conclusión de que en 1947 una gran mayoría de la clase obrera urbana estaba compuesta por migrantes internos que pasaban de las áreas rurales y ciudadas pequeñas a las intermedias y grandes. A pesar de que la composición de migrantes de 1960 aplicada a 1947 presenta una subestimación considerable, si aplicamos igualmente este criterio, notamos que los migrantes internos al Gran Buenos Aires no bajaban de tres cuartos entre los calificados, casi tres quintos entre los semicalificados y sólo entre los obreros manuales calificados descendía a algo menos del 50 por ciento. En otras ciudadas grandes las proporciones eran algo menores pero siempre por encima de la mitad, mientras que en los departamentos urbanos intermedios (20.000 a 99.999 habitantes), entre los trabajadores en actividades secundarias o terciarias, se mantenía por arriba del 40 por ciento o cerca del 50. Aunque no fuera más que por esto, la existencia de estas enormes proporciones, necesariamente hace pensar que los migrantes fueron el componente más importante del voto peronista. Hay varios indicadores en la investigación de Smith que apuntan en la misma dirección. Como ya lo señaláramos, la variable "migrantes" es más relevante en especial donde el "efecto de población extranjera" es menor. Este efecto reduce extraordinariamente el peso de la migración interna en las "ciudades grandes", lo cual puede deducirse a través del rol de la variable "alfabetismo" que en esta área tiene un comportamiento "inesperado" aparece en el análisis de regresión como el factor (negativo) más importante en el voto peronista, pero se relaciona negativamente con "obreros" y positivamente con "migrantes". Así entra en contradicción con el hecho de que los migrantes internos están menos alfabetizados que los no migrantes y simplemente es otra consecuencia del efecto causado por la proporción de población extranjera en las "ciudades grandes".
En efecto, los extranjeros están menos alfabetizados que los migrantes internos; dado que cuando hay más extranjeros hay menos migrantes internos (en el indicador de Smith), el resultado es invertir el signo de la correlación haciéndolo positivo. Parecería que la fuerte influencia negativa del alfabetismo sería una indicación del respetable peso que tenía el voto de los migrantes.
Fuente: Idem cuadro 2.
En síntesis : hacia 1945 a 1946, la mayor parte de la clase obrera nativa y urbana había sido reemplazada por los recién llegados de las provincias. Como se demostrará en otra sección, este reemplazo se
Las mismas diferencias se observaron en el Censo de 1936 de la Ciudad de Buenos Aires, volumen 4. produjo por un desplazamiento masivo en la mano de obra y a través de un proceso de ascenso social -inter e intrageneracional-dentro de la clase obrera preexistente.
2) La proporción de migrantes"recientes". Si aceptamos el plazo arbitrario de 10 años de residencia máxima en la ciudad como definición de migración"reciente", se apreciará con claridad que la enorme mayoría de migrantes internos era reciente. La, migración masiva no comenzó antes de 1935, y como se señala en otra sección que trata de la índole y magnitud de los cambios estructurales causados por la alta tasa de migración, el proceso se intensificó mucho después de 1938. Aquí, el factor crucial es que entre 1935 y 1946 el total de migrantes internos en el Gran Buenos Aires aumentó de unos 400.000 (para todas las edades) en 1935 a más de 1,5 millones en 1947. Considerando la proporción en clase baja, la distribución por edad, la tasa de supervivencia y el número de personas que estaban en edad de trabajar durante la década, estos migrantes de clase baja anteriores a 1935 y que todavía vivían en Buenos Aires en 1947 no serían más de 150.000. Por lo tanto, en 1947, la clase trabajadora en el área estaba formada por un 27 por ciento de nativos y un 73 por ciento de migrantes: el 57 por ciento, eran"nuevos" (llegados en gran parte después de 1938) y el 16"viejos". Aun suponiendo que un año antes (en 1946) la proporción fuese algo menor, más de la mitad de la clase obrera estaba constituida por migrantes"recientes" en su mayor parte con menos de 5 años de residencia urbana. Una vez más se demuestra que d su considerable magnitud, el componente de migrantes "recientes" era necesariamente el más alto en el voto y el apoyo peronista.
3) Experiencia moderna e industrial previa de los migrantes en la vida y en el trabajo. Enfoquemos dos lados de la cuestión: modernismo relativo o tradicionalismo en regiones de origen; extracción rural y experiencia agrícola o no industrial previa a la migración.
a) Modernismo y tradicionalismo en regiones de origen. Como en la mayoría de los países desarrollados y en vías de desarrollo, encontramos. en la Argentina un"centro" y una"periferia". El primero lo constituye Buenos Aires y las provincias del Litoral; la segunda son la mayoría de las regiones circundantes y algunas de las provincias internas centrales. Pueden distinguirse los diferenciales comunes: la mayor parte de la riqueza, la industria, el PBN, alfabetismo, etcétera y, se localizan en la región"centro". La mayor parte del subdesarrollo está en la periferia: pobreza, analfabetismo, desempleo, marginalidad, estructuras económicas arcaicas, la que también es menos moderna en términos de educación, estratificación, movilidad y relaciones interclase, tamaño y tipo de familia, relaciones interpersonales, tasas vitales (en la década del 50 llegaron a niveles equivalentes a los de América Latina, en comparación con los bajos niveles "modernos" de la región central). La periferia conserva gran parte de lo que fue la sociedad previa a la inmigración europea, ya que sólo una pequeña minoria de extranjeros se radicó en ella (en 1947, el 16 por ciento del total, o sea entre el 1 y el.5 por ciento de la población). En 1947, la mayoría de los migrantes internos en Buenos Aires (provincia y Capital Federal) provenía de las provincias y territorios menos desarrollados (62 por ciento), y su proporción era considerablemente mayor que al principio de la migración interna. Antes de 1930, la mayoría de los migrantes nativos venían de"distancias cortas", mientras que la migración interna masiva provenía de"larga distancia". Las tasas de emigración más altas del país que se observan en 1947, se localizan en la región"periférica", de la cual había emigrado entre un tercio y el 45 por ciento de los que nacieron en ella. Por otro lado, los migrantes criollos también provenían de la región central dada su distribución desproporcionada en la arcaica estructura productiva, agrícola y no agrícola, comparada con los inmigrantes extranjeros y, probablemente, sus descendientes.
b) Experiencia de vida y trabajo previas a la migración. La mayoría de los migrantes procede de ciudadas chicas y pueblos. En 1960, el 72 por ciento de los migrantes internos en Buenos Aires habían nacido en departamentos cuyo centro urbano mayor tenía menos de 20.000 habitantes (32 por ciento en departamento cuya población está totalmente dispersa o que incluye centros de menos de 5.000 habitantes y un 40 en departamento con pueblos chicos). Esta composición era más pronunciada en otras ciudadas de tamaño medio o grande. En 1947, obviamente, el origen rural o de pueblo chico de los migrantes era mucho mayor debido al menor grado de urbanización en ese momento. Esto contrasta con el 14 por ciento"rural" que un autor extrae de mis encuestas. La causa debe buscarse en la índole excepcional del ejemplo tomado y la confusión existente entre lugar de residencia rural y ocupación rural. Como lo indican claramente los dos estudios que hemos citado, el porcentaje relativamente bajo procedente de áreas residenciales "rurales" en la villa miseria que yo estudié, era una excepción. En mi informe decía: "Encontramos una proporción mayor de origen netamente rural en otras villas (de Buenos Aires) donde las cifras de ocupaciones agrícolas (previas a la migración) abarcan desde un máximo de 54 por ciento hasta un mínimo de 26." De acuerdo con el estudio sobre urbanización en todas las demás villas donde se disponía de información, la proporción de migrantes que antes estaba ocupada en agricultura y ganadería, era en promedio del 42 por ciento.
Sin embargo, aun en la villa miseria recién mencionada, no menos del 30 por ciento había trabajado ya sea en el sector agrícola o como"peones" no clasificados en cualquier rama de actividad. Por otra parte, la encuesta de Buenos Aires (1960) que abarca todo el área metropolitana muestra otro aspecto significativo. Entre los jefes de familia, la última ocupación de un 40 por ciento de los padres de los migrantes era en la agricultura o en la ganadería. Dicha proporción refleja el ambiente de su socialización temprana y la composición ocupacional y la extracción sociocultural de los migrantes en las generaciones anteriores (25 a 30 años antes), pero indudablemente en un nivel menor, ya que en 1937 el sector agrícola en la PEA alcanzó su punto más alto en la historia argentina y su más drástica y rápida reducción en los siete años siguientes. Estudios realizados a principios de los años 60 en el lugar de origen, elevaba a más del 50 por ciento la emigración de hijos (14 a 30 años) de las familias rurales que vivían en diferentes regiones. Por otra parte, la existencia en 1946 de una alta proporción de trabajadores previamente agrícolas no puede considerarse una conclusión inesperada, si se toma en cuenta la composición ocupacional heterogénea de los partidos con diferente grado de urbanización residencial. Hasta 1947, el sector primario en departamento que tenían centros de entre 2.000 y 20.000 habitantes absorbía un 52 por ciento de la PEA; incluso en los departamentos con pueblos y ciudadas de entre 20.000 y 50.000 habitantes, la agricultura concentraba cerca del 40 por ciento de la población. A mediados de la década del 30 y en los primeros años del proceso, necesariamente estas proporciones fueron mayores.
Pero la actividad agrícola no es la única experiencia de trabajo "no industrial" o "no moderna". Ni tampoco necesariamente la agricultura ha de ser "no moderna". En realidad los asalariados de las economías agrarias en el capitalismo desarrollado no difieren mucho de los obreros industriales urbanos, desde el punto de vista de su "conciencia proletaria".
El problema, pues, es determinar el grado de desarrollo del ámbito socioeconómico en las ocupaciones previas a la migración en todas las ramas de actividades. El origen rural de los migrantes ya ha demostrado una alta proporción de atraso premigratorio. Más aún, en el sector primario, el cambio de la agricultura a la ganadería (que consideraré más adelante) involucró la desaparición de un número muy alto de agricultores independientes. Los migrantes rurales comprendían, además de los peones sin tierra, a un gran sector de pequeños agricultores previamente independientes: propietarios, arrendatarios, medieros y otras formas bastante atrasadas de campesinado y tenencia de la tierra. Si bien la mayor parte del sector agrícola era del tipo comercial, las relaciones de trabajo a menudo eran arcaicas y ello determinó la experiencia laboral de los asalar riados elevado a 34. La mayoría de los migrantes que previamente habían trabajado en los sectores secundario y terciario tenía origen similar en cuanto al nivel de modernización en el estilo de vida y en la experiencia laboral. Había pequeños artesanos, tenderos, todo tipo de intermediarios menores, propietarios independientes que trabajaban solos o con sus familias, obreros asalariados en artesanías, pequeñas industrias, empresas familiares de comercio o servicios, empleados domésticos, changarines o peones que trabajaban ya sea en empleos agrícolas o no agrícolas, campesinos golondrina y otros. En un país rico como la Argentina, cuya distribución del ingreso, aun en esa época, era más igualitaria que la de otros países latinoamericanos, parte de las riquezas generadas por las exportaciones primarias se filtraron a los grupos urbanos.
Estos, al igual que el resto de la economía, fueron muy vulnerables a los altibajos del comercio internacional y de las crisis agrícolas. Con la crisis de 1930 y la reducción en la agricultura después de 1938, la situación de este sector arcaico empeoró súbitamente. Ambos factores produjeron una restricción importante del mercado interno y un desempleo intenso.
En Buenos Aires y en dos provincias del Litoral, algunos años después del surgimiento industrial en 1940, había 181.000 desempleados registrados, que se calcula en más del 10 por ciento de los asalariados del área, la mitad de los cuales estaba en la agricultura. Las consideraciones precedentes nos llevan a la conclusión de que en los años 1935 a 1946 la gran mayoría de los migrantes internos era gente cuya situación previa se caracterizaba por un estilo de viae y experiencia laboral no industriales y menos modernos, tanto en el sector agrícola como en el no agrícola. Una rápida revisión de los cambios ocurridos en la década podrá dilucidar la índole de los factores estructurales sub- yacentes que generaron un desplazamiento económico y social de tal magnitud.
$ ^{17} $ KENWORTHY, ob. cit.
(*) No incluido en la regresión.
(—) No utilizado en este análisis.
Nota: Para aclaraciones véase el apéndice.
$ ^{18} $ GERMANI "The Process of Urbanization in Argentina", Unesco, Seminario de la UN sobre Urbanización, Santiago de Chile, 1969 (Documento utilizado por Kenworthy). Publicado también en español en Ciencias Sociales, Washington, D.C., 1960, table 8.
$ ^{19} $ ALFREDO LATTES documenta esta grave subestimación en Migraciones en la Argentina, ITDT, Buenos Aires, 1970. Véase especialmente la pág. 66 con la comparación entre las tasas de migración estimadas por el método de tasas de supervivencia y las que pueden obtenerse a través del censo. Para Buenos Aires (Capital Federal y provincia) la subestimación oscila alrededor del 90 por ciento, la
(a) Muestra del censo de 1960 (43.000 casos).
(b) Excluido el Gran Buenos Aires.
$ ^{22} $ GERMANI "La movilidad social en la Argentina", apéndice a LIPSET y BENDIX: La movilidad social en la sociedad industrial, Eudeba, Buenos Aires, 1966.
$ ^{23} $ Datos de una muestra especial del Censo Nacional de 1960. La muestra se tomó de las cédulas originales para, el Programa sobre "Sociedad Argentina". Los datos están en el Survey Research Center de Berkeley.
$ ^{24} $ Fuente, véase la nota 23 y GERMANI: "The Process of Urbanization", ob. cit., tabla 8.
$ ^{25} $SMITH, ob. cit., tabla 3.
$ ^{27} $ Como to indica el cuadro 3, se pudieron estimar para 1935 en 19 por ciento los argentinos nacidos en el Gran Buenos Aires. La falta de censos generales entre 1914 y 1947 nos impide dar una respuesta precisa a la magnitud de la migración antes de 1936 para todos los departamentos, pero existen fuentes indirectas. Por ejemplo, el número de electores registrados en el Gran Buenos Aires aumentó en 18.600 por año desde 1916 a 1930 y en 31.700 de 1930 a 1946. Considerando la tasa de incremento natural, las diferencias de tasas anuales entre ambos períodos es de aproximadamente el 100 por ciento. Véase también los comentarios de LATTES, ob. cit., págs. 130 y 234-35.
$ ^{28} $ Los datos sobre migrantes internos en 1936 y 1947 son tomados de GERMANI: "The Process of Urbanization...", ob. cit., tabla 9; del Censo de Buenos Aires, 1936, vol. IV, Censo de la Provincia de Buenos Aires, 1938 (sólo se publicó un informe provisional); grupos de edades extrapolados al Gran Buenos Aires a partir de cifras de la Capital Federal. Lattes confirma que los migrantes de 1947 eran "recientes", como lo indica su estructura de edad.
$ ^{29} $ IV Censo Nacional, datos inéditos, y DIRECCIÓN NACIONAL DE ESTADÍSTICA Y CENSOS: Informe demográfico de la República Argentina, Buenos Aires, 1956.
$ ^{30} $ La migración previa a 1936 provenía de distancias cortas, de acuerdo con un estudio de C. MOYANO LLERENA: "Las migraciones internas en la Argentina"
(a) Nacido en departamentos clasificados según su centro urbano mayor.
Fuente: Idem cuadro 2.
Revista de Economía Argentina, 1943, pág. 263-66; esto queda confirmado por el estudio de Lattes ya citado. Los datos de orígenes de los migrantes por provincia son tomados del IV Censo Nacional, Informe, ob. cit.
$ ^{31} $ KENWORTHY, ob. cit. En su estudio utiliza los dos informes citados en el texto, pero no considera la tabla 1 de "Inquiry into the Social Effects of Urbanization in Working Class Sectors of Greater Buenos Aires", en PH. HAUSFR (ed.), Urbanization in Latin America, UNESCO, París, 1961; las tablas están publicadas en el informe mimeografiado. El texto citado es de ese informe. En el otro informe, también
usado por el mismo autor, la tabla 26 incluye las cifras citadas en el texto ("The Process of Urbanization ... ", ob. cit.).
$ ^{32} $ FLOREAL FORNI y LELIO MÁRMORA: Migración diferencial en comunidades rurales, CEUR, Buenos Aires, 1967, pág. 53. Más de la mitad de los varones emigraron a las grandes ciudadas. MARIO MARGULIS: Migración y marginalidad en la Argentina, Paidós, Buenos Aires, 1968, cap. VI; A. H. GARCÍA ALLER: "El hombre y el suelo en tres provincias andinas", en Anales del Instituto Etnico Nacional, IV, 1951, págs. 53-58. Este autor efectúa una impresionante descripción de pueblos y chacras abandonadas en esas provincias.
Fuente: Muestra del Gran Buenos Aires (2.100 casos, 1960). Véase nota 21.
$ ^{33} $ "The Process of Urbanization in Argentina . . . ", ob. cit., tabla 21.
$ ^{34} $ En muchos lugares poseían lotes pequeños, insuficientes para ganarse la vida y trabajaban como obreros golondrina en las cosechas de otras regiones. En 1960 todavía había campesinos que trabajaban en campos que no alcanzaban para su mantenimiento ("subfamiliares"). Véase COMITÉ INTERAMERICANO DE DESARROLLO AGRÍCOLA, Tenencia de la tierra y desarrollo socio ecomómico del sector agricola, Unión Panamericana, Washington, D.C., 1965, tablas 10 y sigts. La distribución de la tierra y el sistema de tenencia era el mismo o peor que en años anteriores. Para la distribución de la tierra en 1937 y 1947 véase GERMANI, Estructura social de la Argentina, ob. cit., cap. X.
Tabla 1, resumen: Las ecuaciones de regresión muestran cómo diversas variables socioeconómicas influyen en el voto peronista de 1946, utilizando coeficientes beta y correlaciones múltiples al cuadrado. Al analizar el conjunto de todos los departamentos, los obreros urbanos y rurales presentan correlaciones positivas con el voto peronista, con valores de 0.600 y 0.607 respectivamente, mientras que los patronos y el analfabetismo muestran una relación negativa. El Gran Buenos Aires destaca con una correlación múltiple al cuadrado de 0.890, indicando una fuerte asociación en esta área. Al excluir el Gran Buenos Aires, la influencia de las variables varía según el grado de urbanización y el tamaño de los centros poblacionales. Por ejemplo, en departamentos con menos del 60 por ciento de población urbana y centros de 5.000 a 19.999 habitantes, se observa una correlación positiva fuerte de 0.569 para obreros rurales, mientras que el analfabetismo muestra una correlación negativa significativa de -1.442 en departamentos con centros de 20.000 a 49.999 habitantes. Los datos cubren un total de 144 departamentos, con variaciones en la significancia estadística según la segmentación geográfica y demográfica analizada.
Tabla 2, resumen: La proporción de migrantes internos en Argentina durante 1960 varió significativamente según el estrato sociocupacional y el tamaño del centro urbano. El grupo con mayor porcentaje de migrantes fue el de obrero no calificado, alcanzando un 76,9 por ciento en los partidos del Gran Buenos Aires y un 47,2 por ciento en centros urbanos de 100.000 habitantes o más. En contraste, los estratos medio alto y alto mostraron una tendencia inversa, con una presencia migrante mucho menor en el Gran Buenos Aires, un 25,7 por ciento, pero mayor en los departamentos con centros urbanos de menos de 20.000 habitantes, donde llegaron al 45,7 por ciento. Otros grupos, como el obrero agrícola y el agricultor independiente, no registraron migraciones hacia el Gran Buenos Aires, concentrándose principalmente en los centros urbanos más pequeños.
Tabla 3, resumen: El porcentaje de migrantes internos entre argentinos nativos alcanzó su punto máximo en 1947, destacando especialmente el Gran Buenos Aires con un 38,0 por ciento. En esa misma fecha, los centros urbanos de diversos tamaños mostraron una distribución equilibrada de migrantes, con valores entre el 16,0 y el 20,0 por ciento. A lo largo del periodo 1895 a 1960, el Gran Buenos Aires mantuvo consistentemente las proporciones más altas de migración, fluctuando entre un 16,4 por ciento al inicio y un 32,0 por ciento al final del periodo.
Tabla 4, resumen: El analfabetismo en 1960 fue notablemente más alto entre los Extranjeros en todas las áreas, seguido por los Nativos migrantes y, finalmente, los Nativos no migrantes. La brecha es más pronunciada en el Gran Buenos Aires, donde los Extranjeros presentan un 8,7 por ciento de analfabetismo frente al 1,2 por ciento de los Nativos no migrantes. En general, el porcentaje de analfabetismo aumentó a medida que disminuyó la población de las áreas, alcanzando sus niveles máximos en las localidades de Menos de 20.000 habitantes, donde el analfabetismo llegó al 20,1 por ciento para los Extranjeros, 13,1 por ciento para los Nativos migrantes y 11,2 por ciento para los Nativos no migrantes.
Tabla 5, resumen: La gran mayoría de los migrantes internos que residían en localidades de menos de 20.000 habitantes en 1960 provenían de lugares con el mismo grado de urbanización, alcanzando un 90,2 por ciento. En contraste, para quienes residían en el Gran Buenos Aires, los orígenes fueron más diversos, destacando los procedentes de centros poblados entre 10.000 y 19.999 habitantes con un 16,1 por ciento, seguidos por quienes nacieron en localidades de 20.000 a 49.999 habitantes con un 14,6 por ciento.
Tabla 6, resumen: La proporción de migrantes internos en el Gran Buenos Aires en 1960 cuyo padre tenía una ocupación agrícola fue muy similar independientemente de su origen, con un total general que oscila entre el 32,9 por ciento para los de la región central y el 33,1 por ciento para los de las regiones periféricas. Al analizar el status socioeconómico, se observa que este perfil predominó en la clase baja, donde el porcentaje fue del 38,1 por ciento para el total de migrantes, alcanzando el 40,0 por ciento en aquellos provenientes de regiones periféricas. En contraste, la proporción fue menor en la clase media y alta, situándose en el 24,6 por ciento para el conjunto total de migrantes.
3. Indole y Magnitud del Desplazamiento, 1935 a 1945
Con el objeto de comprender, tanto desde una perspectiva histórica como teórica, el significado real de las modificaciones en la PEA en el sistema de clases, el consecuente desplazamiento y los movimientos sociales y políticos que emergen del mismo, es fundamental considerar los cambios en dos aspectos principales de la sociedad: la estructura socioeconómica y la composición sociocultural de las poblaciones en la región "central" y en la "periférica". Es común mencionar por lo menos algunos de estos procesos entre las causes del peronismo, junto con otros factores políticos más obvios: la desmovilización parcial de las clases medias y bajas después de 1930, el fraude sistemático de los años 30, el golpe militar de 1943, etcétera Muy a menudo se dieron por sentado los cambios. estructurales sin un análisis y olvidando sus efectos de reafirmación mutua. Tampoco se mencionaron algunos de los factores cruciales, tales como la súbita desaparición de la inmigración europea. Este tipo de análisis todavía constituye una tarea a completar, a pesar de la existencia de estudios valiosos pero parciales.
Hay muchos datos disponibles, si bien el acceso a ellos y su sistematización no son fáciles. Trataré aquí de dar una visión global de la índole, magnitud y proporción de los cambios.
1) Cambios en la estructura socioeconómica y en la estratificación ocupacional de las regiones periféricas y centrales desde 1935 hasta 1946. La ausencia de censos de población entre 1914 y 1947 constituye un obstáculo serio, si bien los censos especiales y otras informaciones y estudios existentes (especialmente de economistas) proporcionan una cierta base confiable para reconstruir una situación que, aunque la admitamos"conjetural", da una aproximación suficiente a nuestro propósito. Se produjeron dos tipos de modificaciones en la PEA: un traslado masivo del sector agrícola al industrial y de servicios, con una transformación interna de todos ellos. Tanto los cambios cualitativos como los cuantitativos se debieron a dos factores externos principales y varios internos. Los primeros son harto conocidos: la gran despresión (desde 1930) y la Segunda Guerra Mundial. Los segundos abarcan desde tendencias históricas antiguas, como el sistema de tenencia de la tierra y las circunstancias que retardaron la industrialización, hasta hechos coyunturales como la extensión excesiva de tierra cultivada en la década del 20 y principios del 30, o la, evolución del trigo, del maíz y de la carne en el mercado internacional.
Lo que más directamente nos concierne aquí es su impacto combinado sobre la economía y la estructura social. La gran crisis mundial produjo el derrumbe de la economía agroexportadora y creó una protección para la industria nacional, ya existente desde principios de siglo pero con un ritmo de desarrollo mucho menor. La guerra intensificó enormemente este proceso, y contribuyó aún más a reducir los precios agrícolas aumentando al mismo tiempo el valor de la exportación de carnes, si bien por otra parte intensificó la necesidad de la sustitución de importaciones y el crecimiento industrial.
El impacto de la despresión de 1930; si bien produjo una crisis en los precios de exportación, estuvo algo retrasada en cuanto a la ocupación en agricultura y lo mismo sucedió con la aceleración del desarrollo industrial. Así, el Area dedicada a agricultura (contrariamente a la ganadería) continuó expandiéndose hasta 1937, año que marcó el récord en toda la historia argentina hasta la actualidad. Esta gran expansión, acelerada durante los años 20, explica el aumento de la ocupación agrícola desde el período previo a la guerra. Las actividades primarias (31 por ciento en 1914) habían aumentado a un 33, por ciento estimado en 1935, mientras que en los años intermedios había absorbido casi un 40 por ciento del incremento anual de la PEA y continuaron creciendo en 1936 y 1937. Desde 1938 se produce una declinación precipitada, causada por una transición de la agricultura a la ganadería y otras cosas. La primera absorbe mucho más mano de obra que la segunda; de allí que el cambio involucró una expulsión masiva de mano de obra de la agricultura que no quedó compensada con el crecimiento de la ganadería o de las"cosechas industriales" que también aumentaron. La magnitud del proceso se revela comparando los censos agrícolas de 1937 y 1938. Si tomamos la mano de obra total en agricultura y ganadería (comprendiendo a los trabajadores golondrina y a los miembros de la familia de menos de 14 años, generalmente no incluidos en la PEA), la reducción fue de 660.000 obreros, es decir, un 25 por ciento de la mano de obra agrícola total según el censo de 1937. Si no tomamos en cuenta la ayuda familiar, que no se cuenta ordinariamente en los criterios standard de PEA, la reducción igual alcanzaba a más del 20 por ciento. Sin embargo, debe señalarse que un mejor indicador del tipo de vida y experiencia de trabajo previa a la migración lo constituye el número de personas de todas las edades que realmente trabaja en agricultura (como trabajadores golondrina o integrantes de la familia), ya que la comparación de dichas cifras indica la proporción expulsada de este tipo de trabajo y estilo de vida. Dicho sea de paso, la categoría de trabajadores"temporarios y golondrina" ofrece un gran interés. Parte de ellos eran agricultores de subsistencia o campesinos"subfamiliares", pero otros eran sin duda jornaleros y peones que trabajaban también en el sector secundario y terciario cuando no estaban desempleados. También es muy importante analizar la composición de diferencias entre los censos de 1937 y 1947. La mayor parte de ellas se produce entre los campesinos independientes y su ayuda familiar: el 18 por ciento de los campos dedicados a la producción de trigo y maíz desaparecieron. Si bien esta disminución estuvo compensada por establecimientos con cosechas "industriales" y ganadería que arrojaban un leve aumento de asalariados, este crecimiento fue insuficiente para compensar las serias pérdidas en el campesinado pequeño. Todo ello implica que la transición hacia la ganadería fue acompañada por otro cambio importante, a saber, una considerable caída en los tipos de agricultura de subsistencia y otros menos capitalistas, que pudieron subsistir. En 1937 los asalariados agrícolas todavía representaban algo más de la mitad de todo ese sector, aumentando al 78 por ciento diez años más
1935 y computando la PEA total de acuerdo con el mismo criterio que el censo de 1947, comparable también al censo de 1914 (GERMANI: Estructura social, ob. cit.) y al de 1960, es posible reconstruir las series para los tres sectores principales, de acuerdo con otras fuentes sobre composición del PBN, la productividad y demás datos económicos, así como la bibliografía económica de que disponemos. Es probable que la misma tienda a subestimar al sector primario, sobreestimando el secundario y terciario. Tal el caso de las estimaciones de ALDO FERRER en La economía argentina, Fondo de Cultura Económica, México, 1963, página 140. Si ese fuera el caso, el desplazamiento de PEA entre 1935 y 1947 sería aún más importante de to que muestra el texto. Ferrer confronta sus estimaciones con la distribución de la inversión. Véase también en la misma tesitura G. DI TELLA y M. ZYMELMAN: Las etapas del desarrollo económico argentino Eudeba, Buenos Aires, 1967, particularmente el capítulo 3; LEOPOLDO PORTNOY: Análisis crítico de la economía, Fondo de Cultura Económica, México, 1961), capítulos 4 y V; J. FUCHS, ob. cit.; A. DORFMAN, Historia de la industria argentina; MAURICIO LEBEDINSKY: Argentina: estructura y cambio, Platina, Buenos Aires, 1965, capítulos 7, 12, 13.
Otro problema para reconstruir la distribución de la PEA en 1935 es la existencia de una mano de obra flotante que trabaja a veces en el sector primario y otras en el secundario y terciario. En muchos casos se agregan a los obreros golondrina que migran de una provincia a la otra para la cosecha a otras labores estacionales a ello se debe que los censos especiales sobrestiman la PEA en agricultura, en comparación con el censo de población. Esta mano de obra flotante ya existía en 1914, donde se consideraba "sin clasificación" en alguna rama de la actividad�, el economica a más de 800.000 "peones" y "jornaleros". En los censos posteriores desaparece esta categoría de "sin clasificación"; pero siguió existiendo una mano de obra "estacionaria" o "temporal" y parte de la misma se encuentra en el sector primario durante el resto del año (como era el caso de los agricultores de subsistencia más pobres que a la vez trabajan en su campo y se conchaban como jornaleros para la época de cosechas). Véase sobre esta cuestión a ALEJANDRO BUNGE: Una nueva Argentina, Kraft, Buenos Aires, 1940, capítulo 7; y FÉLIX J. WEIL: Argentine Riddle, J. Day, Nueva York, 1944, capítulo 4, y Statistical Excursos. tarde. Ambos procesos (la expulsión de mano de obra agrícola y la agricultura no comercial o menos rentable) es más pronunciada en las regiones periféricas: el 62 por ciento de la población agrícola expulsada proviene de esta última, donde la proporción de trabajadores asalariados aumenta del 47 por ciento en 1937 al 84 en 1947, en tanto este cambio fue del 54 al 78 por ciento en las regiones centrales. La mayor parte de la producción del sector agroexportador argentino proviene en efecto de una organización�ámica capitalista y totalmente comercializada, pero este proceso de modernización en la agricultura y ganadería (que se produjo en las últimas décadas del siglo 19) permitió que una buena proporción de población rural siguiente trabajando en predios pequeños y primitivos, del tipo de subsistencia. Durante el período entre ambas guerras y hasta 1938, el auge agrícola significó un aumento del sector con la ocupación de tierras menos productivas y la creación de unidades subeconómicas. En estos años (1914 a 1937) el número de establecimientos aumentó un 18 por ciento, principalmente en los minifundios (47 por ciento del aumento total en la categoría "menos de 25 hectáreas" y otro 18 en la de 25 a 50 hectáreas). Además, estas pequeñas chacras eran "subfamiliares", es decir que no alcanzaban a cubrir los medios de subsistencia para una familia, eran técnicamente atrasadas y les faltaba la inversión de capital adecuada para su explotación económica ^{39} . El sistema muy generalizado de arrendamiento, medieros y otras formas de tenencia de la tierra, junto con el deterioro de las tierras (debidas en parte al sistema antes mencionado) contribuyó a que los pequeños agricultores fuesen más vulnerables.
Mientras los grandes propietarios pudieron dedicar parte de sus tierras a la ganadería que ahora era más rentable y otros las dedicaron a las "cosechas industriales", el sector marginal de la agricultura sufrió una decadencia catastrófica y una proporción considerable tuvo que abandonar sus tierras. Estos cambios modificaron el sector primario al mismo tiempo que en la industria se producía un salto cualitativo y cuantitativo. La industria no era nueva en el país. Una primera ola de industrialización se había producido desde la última década del siglo XIX y siguió desarrollándose a ritmos variables. En los años 20, después de la Primera Guerra Mundial, la industria no cesó de crecer, si bien a un ritmo mucho menor, absorbiendo cerca del 22 por ciento del incremento anual de la PEA. Esto significó una reducción de la proporción en la PEA y probablemente un cambio en su composición, aumentándose la de obreros fabriles industriales. En la década 1935 a 1946 este proceso de industrialización se aceleró enormemente. Comparando los censos industriales (que subestiman las actividades secundarias y no incluyen la construcción), la tasa de absorción durante el período fue del 62 por ciento.
Debe destacarse también la diferencia neta entre la primera mitad y la segunda mitad de la década: en la primera, la tasa de absorción industrial fue del 46 por ciento del incremento anual total de PEA, mientras que en la segunda fue del 72. Caben aquí dos observaciones: 1) hay una sincronización evidente entre este crecimiento y la caída en agricultura; 2) dado que los censos industriales incluyen a todos los obreros fabriles (y subestima las actividades artesanales y caseras) el crecimiento se produce precisamente en la industria "moderna". En efecto, se puede estimar que todos los incrementos en el sector secundario se produjeron en la industria manufacturera, cuya mano de obra pasó del 30 por ciento (de todo el sector "secundario") en 1936, al 50 en 1946, mientras la de los artesanos (empresas con 1 a 10 obreros) bajó del 52 al 30 por ciento y la de las actividades artesanales (sólo independientes y ayuda familiar) se redujo al 14 por ciento.
(b) Incluye personas de menos de 14 años.
Fuentes: Censos industriales de 1935 y 1946, Censo de población de 1947 y estimaciones de la.
Hubo cambios similares en el sector terciario; si bien se podrían obtener pruebas cuantitativas, estas exigirán una investigación especial que no podemos encarar en este momento. Hasta la década del 30 su crecimiento fue posiblemente lento, pero aumentó en forma considerable durante los años siguientes, experimentando al mismo tiempo una transformación interna sustancial, como la que ocurriera en el secundario: concentración tecnológica y economía. Con formas y límites de las características de servicios, y comercio. El crecimiento y modernización del mercado interno, con rápida urbanización y consumo masivo, los nuevos roles del estado con la ampliación del sector público y la intervención estatal (ya desde 1930), la mayor burocratización, el gran aumento de la educación y otros servicios (incluido el turismo popular, las vacaciones de la clase obrera y demás), implicaron un cambio real de escala de la sociedad que se tradujo en un aumento del sector terciario"moderno" reemplazándose en considerable medida el"seudo" terciario tradicional y"no moderno" tan común de las economías en desarrollo superíndice 40.
2) Desaparición de la inmigración europea y cambios en la composición sociocultural de la población. Estos cambios tan drásticos y veloces en la composición cuantitativa y cualitativa de la PEA exigieron una amplia redistribución de la población. El grado, forma e índole de la redistribución no pueden entenderse sin considerar los aspectos mencionados con anterioridad: la inmigración europea, su distribución ecológica y ocupacional y la brecha entre regiones centrales y periféricas.
La inmigración europea masiva finalizó súbitamente en 1930. Hasta ese año la inmigración neta desde Europa arrojaba un promedio anual de 88.000 personas, lo que equivalía al incremento total de mano de obra en la Argentina. En la década siguiente bajó a 7.300 por año y a 5.500 en 1940 a 1946. Hasta 1930, los europeos constituían la mayor pane de la población que trabajaba en la industria y servicios, especialmente en el sector moderno (en 1914, entre el 50 y 70 por ciento de los que trabajaban en estas actividades, pero bastante alto aún en los años 20). Los inmigrantes habían ayudado a establecer una agricultura moderna, pero incluso durante el auge de la inmigración su proporción en el sector fue muy baja y más tarde siguió declinando.
De todos modos esta tendencia se vio reforzada en la década del 20 cuando los inmigrantes llenaron en gran parte las demandas del sector secundario y terciario. Como ya se indicara, los europeos se concentraron geográficamente en las regiones"centrales" (98 por ciento en 1947) y en las grandes ciudadas. Más aún: en la periferia la proporción de europeos era menor que en el resto del país (menos del 5 por ciento). Por último, dada su alta tasa de fecundidad, las provincias periféricas aportan mucho más que su parte proporcional en el incremento natural. Una vez terminado el influjo europeo, su contribución fue crucial.
Todas estas circunstancias determinaron la naturaleza de la redistribución ocupacional y ecológica, que involucró una alta proporción de población argentina (especialmente de los estratos bajos) en todas partes y con mayor intensidad de aquella que vivía en las regiones atrasadas y en las más tradicionales de las regiones centrales, ya sea en sus áreas desarrolladas o en los enclaves arcaicos que todavía subsistían. La composición de la clase obrera y de sus elementos migrantes en Buenos Aires y en otros centros urbanos -en especial las grandes ciudadas-así como también las pautas de expulsión de la agricultura y el crecimiento y cambios cualitativos en los sectores secundario y terciario, se combinaron con las drásticas modificaciones que se produjeron en el reclutamiento de la mano de obra en 1930. Todos estos procesos se produjeron simultáneamente, a saber: cambios estructurales en la economía y en la distribución ocupacional y ecológica; finalización de la inmigración de ultramar. Cuando se incrementaron tanto las nuevas demandas de industria y servicios modernos, ya había desaparecido la reserva normal de mano de obra constituída por el influjo de los extranjeros en la PEA.. Ahora la migración interna reemplaza a la internacional. La sustitución normal de los que egresan de la mano de obra y la exigencia adicional originada por el crecimiento y cambio en la industria y servicios, debía llenarse con el incremento demográfico natural, el exceso de población desplazada de la agricultura (en especial sus componentes arcaicos) y la traslación interna de los sectores secundarios y terciarios menos desarrollados o más tradicionales.
El análisis de los cambios estructurales desemboca en la misma conclusión que exhibe la composición de la clase obrera urbana en función de experiencia laboral previa y lugar de origen. Hay que destacar varios aspectos: 1) El impacto de la transformación .y el "desplazamiento" afectó no sólo a los centros urbanos y al área central, sino a todo el país. 2) Estuvo acompañado por un vasto proceso de sustitución de obreros urbanos preexistentes por los migrantes internos. En 1947, entre la mitad y el 70 por ciento de los primeros había sido reemplazado por obreros "nuevos"; esta proporción (casi igual en otras ciudadas grandes) alcanzaba a un 40 por ciento en los centros intermedios. 3) Esta sustitución se llevó a cabo a través del ascenso social (y tasas de fecundidad menores): en 1960 la mitad de los, que habían nacido de padres obreros en la ciudad, se habían convertido en clase media y otro 40 por ciento había pasado de empleos no calificados a ocupaciones calificadas. El cambio se produjo tanto por la movilidad individual ,como por la sucesión generacional: un tercio de los "jefes de familia" en 1960 había pasado del estrato de trabajador manual al de clase media durante el curso de su vida; además las tasas de ascenso social de hijos en tareas no manuales cuyos padres eran trabajadores manuales y que ingresaban a la fuerza de trabajo en la década del 30 y del 40 era de más del 50 por ciento. También los migrantes participaron de la movilidad social, la que se restringió principalmente al estrato manual, de obrero no calificado a calificado. Esta transición contribuyó al alto porcentaje de migrantes entre los calificados. 4) Por último, el reemplazo de la vieja clase trabajadora significó otra transformación profunda en la sociedad argentina. Debido a la doble concentración geográfica y ocupacional (en clase obrera) de la"inmigración argentina" en la región central, las ciudadas grandes y las actividades más modernas, los migrantes provinieron de aquellas áreas menos modificadas por la inmigración masiva de ultramar, es decir, de la periferia, partes del área rural, de las ciudadas y pueblos chicos que habían preservado en mayor medida la cultura original previa a la inmigración. La"Argentina inmigrante", en cambio, había surgido del gran crisol cultural y étnico creado por la inmigración internacional. El componente"criollo" de la nueva clase trábajadora fue tan prominente que produjo la aparición de un estereotipo: el"cabecita negra", que a su vez fue sinónimo de peronista. Como todo estereotipo, poseía grandes distorsiones, pero también una fuerte base de realidad. Fue reconocido por todos: la clase obrera y la media, los peronistas y los antiperonistas, si bien con reacciones emocionales opuestas.
Para los nacionalistas de derecha y parte del peronismo se lo concibió como el retorno de la "auténtica" Argentina y su triunfo sobre ese Buenos Aires y Litoral tan extranjeros y cosmopolitas. Para los "liberales" de viejo cuño significó la vuelta a la "barbarie" del siglo XIX que supuestamente había desaparecido con la inmigración europea. En un país tan llamativamente libre de prejuicios étnicos, este estereotipo adquirió peso emocional debido a su contenido político a ideológico, desapareciendo en el período posperonista con el surgimiento de un peronismo de clases medias, las alianzas ideológicas y los cambios culturales de la sociedad. No obstante, en ese período reforzó los efectos traumáticos del desplazamiento estructural con una crisis de inclusion dentro de la sociedad nacional de un sector hasta entonces marginalizado. En realidad fue una etapa de consolidación más en el proceso de construcción nacional: la fusión de la Argentina "criolla" o lo que de ella quedaba, con la "Argentina inmigrante"; del "interior" con el "Litoral". La cultura argentina. fue modificada por la incorporación de los restos de sociedad"criolla" y los recién llegados fueron rápidamente absorbidos por este nuevo crisol y la cultura nacional renovada. Los mismos procesos de fusión y absorción se produjeron con los rasgos divergentes de su cultura política, pero dejaron un impacto profundo y duradero en la vida política del país: su expresión lo constituó el peronismo y su posterior evolución.
Esta rápida revisión de una parte de la evidencia existente muestra que los rápidos cambios socioeconómicos y socioculturales generaron un impacto, produciendo un desplazamiento importante de la población, modificando sustancialmente la composición de las clases bajas y arrojándolas a experiencias de trabajo, estilos de vida y contextos sociales enteramente nuevos.
$ ^{35} $ La existencia de censos agrícolas a industriales para 1935, 1937 y 1947 facilita la labor. Los censos anteriores no subestiman la PEA en el sector agrícola. Por el contrario, incluyen los que en general no se cuentan en la PEA. Los censos industriales, por otra parte, incluyen porciones del sector secundario representadas principalmente por la industria manufacturera, mientras que el trabajo artesanal y casero no se enumera. Esto es fundamental para observar los cambios en la composición del sector.
$ ^{36} $ Entre 1937 y 1947 el Area cultivada de trigo, maíz y cosechas industriales se redujo en un 21,3 por ciento (de 22.226 hectáreas a 17.500). Si se considera sólo trigo, maíz y lino, la disminución fue del 36,5 por ciento. La mayoría de estas áreas se dedicó a pasturas para la ganadería. Véase JAIME FUCHS: Argentina, su desarrollo capitalista, Cartago, Buenos Aires, 1965, pág. 254-55. Todo el crecimiento se produjo en 1922 y 1937.
$ ^{37} $ HORACIO GIBERTI: El desarrollo agrario argentino, Eudeba, Buenos Aires, 1964, pág., 42.
$ ^{58} $ Una reconstrucción de la composición de la PEA en 1935, así como la compilación de series históricas desde mediados del siglo XIX, es una tarea que todavía queda por hacer. Las estimaciones que utilizó aquí deben considerarse conjeturales, aunque me parecen suficientes para verificar las hipótesis en discusión. El Censo Agrícola de 1937 arroja 2 millones de personas utilizando una definición similar a la que comúnmente se usa en la clasificación de PEA y 2,6 millones cuando se incluyen a otros integrantes de la familia de menos de 14 años. En 1935, la PEA en agricultura tiene que haber sido menor que ambas cifras, dado que 1937 fue un año pico en cuanto a empleo permanente en agricultura y trabajo estacional -que a menudo pasa del sector primario al secundario y terciario. La CEPAL ha estimado que la agricultura absorbió un 38 por ciento del aumento total de PEA entre 1910-1914 y 1935-1939; CEPAL: El desarrollo económico de la Argentina, vol. V, edición preliminar, 1958. También estima que la industria absorbió un 22 por ciento y el resto fue al sector terciario. (En la versión definitiva, vol. I. cambió las definiciones de los sectores y las fechas, pero las estimaciones son similares). Aplicando las estimaciones de la CEPAL al incremento total de PEA entre 1914 y
$ ^{39} $ Véase la nota 34.
(a) Incluye personal temporario.
Fuente: C.I.D.A.: Tenencia de la tierra. Argentina. Unión Panamericana, Washington D.C., 1965, cuadro 5.
(a) Incluye el rubro construcción.
$ ^{40} $ Para el concepto de "seudo terciario" véase GERMANI Sociología de la modernización, Paidós, Buenos Aires, 1969, caps. V y VII. La existencia de una fuerza de trabajo flotante en la Argentina, como se dijera más arriba, indica la
existencia de una "marginalidad" bastante alta en la década del treinta y en un período de crisis. Véase WEIL., ob. cit., sobre el desempleo en 1914.
$ ^{41} $ GERMANI: Estructura social..., ob. cit., pág. 82.
$ ^{42} $ Datos de Process of Urbanization... y Estructura..., ya citados.
$ ^{43} $ Fuente, ídem nota 21. Datos publicados parcialmente en GERMANI: "La movilidad social...", apéndice a LIPSET Y BENDIX, ob. cit.
Tabla 7, resumen: La proporción de asalariados con sueldo en agricultura y ganadería aumentó a nivel general entre 1937 y 1947, pasando del 54 por ciento al 78 por ciento. Este incremento fue más pronunciado en las regiones periféricos, donde la cifra subió del 47 al 84 por ciento, mientras que en las regiones centrales pampeana el crecimiento fue menor, del 59 al 74 por ciento. Por el contrario, la proporción de miembros de la familia que trabajan disminuyó significativamente en todo el país, cayendo del 46 por ciento en 1937 al 22 por ciento en 1947, con la caída más fuerte en las regiones periféricos, que pasaron del 53 al 16 por ciento.
Tabla 8, resumen: El sector secundario experimentó un incremento total de 537 personas entre 1935 y 1946. El crecimiento fue impulsado principalmente por los obreros fabriles, que sumaron 434 personas y representaron el 81 por ciento del cambio total, y por otros trabajadores de fábrica e industria, con un aumento de 141 personas, equivalente al 26 por ciento. En contraste, los obreros no fabriles, cuenta propia y ayuda familiar registraron una disminución de 38 personas, lo que supuso una reducción del 7 por ciento.
4. El Rol del Sindicalismo y la "Nueva" Clase Obrera
Ciertas interpretaciones solían negar, subestimar o dejar de lado especificamente el rol desempeñado por los sindicatos preexistentes a la época peronista en la creación de un apoyo masivo al régimen. Algunos trabajos actuales en cambio lo consideran como factor central, o al menos el más importante, en el surgimiento del peronismo. Las explicaciones son variadas. En algunos casos la tesis es simplemente de una coalición política posibilitada por circunstancias del momento cuyas causas no han sido exploradas; otros interpretan la orientación "sindicalista" como resultado de una elección política largamente debatida y meditada de cuál era la posición más conveniente para los obreros. En un nivel teórico más profundo se lo describe como una "alianza de clases" cuyas condiciones fueron creadas por la particularísima fase que estába viviendo el capitalismo "dependiente" en la Argentina. Se asigna a menudo un rol determinante a los sindicatos "viejos" y a la Confederación General del Trabajo (CGT) en la creación de una base política para el peronismo, en la organización de la trascendental huelga de octubre y en el apoyo de la candidatura de Perón para las elecciones.
La actitud del "sindicalismo", su orientación, su acción política concreta y el peso de su rol en el surgimiento del peronismo, sólo puede entenderse en el contexto de las siguientes condiciones a) cambio en la composición de las clases trabajadoras y sus características predominantes en el período 1943 a 1945; b) la situación previa, altamente conflictiva, de las organizaciones. gremiales, tanto en su aspecto interno como frente a los gobiernos conservadores represivos de los años 30; c) la política de fuerte represión y supresión emprendida por el régimen militar, así como su utilización, combinada con la atracción, por parte de Juan Perón después del golpe de 1943; d) el contraste de la cultura política predominante en gran parte del movimiento obrero, donde existía una orientación"hacia el exterior" identificada con las ideologías marxistas, socialistas y comunistas, su interés por los sucesos internacionales, el fascismo, la guerra, etcétera, contraste muy marcado con la cultura política del"nuevo" proletariado. Sería imposible brindar una visión siquiera resumida de todas estas cuestiones. Me restringiré pues a mencionar ciertos aspectos que han sido olvidados en las nuevas interpretaciones y otros que no han sido analizados o considerados a veces en estudios anteriores. En general faltan todavía estudios históricos serios para el período 1943 a 1945, especialmente de los sindicatos y sus liderazgos, la situación concreta con que se enfrentaron con respecto a sus afiliados, los"nuevos" obreros, los militares y la represión, los partidos políticos, los empresarios industriales (viejos y nuevos), la oligarquía terrateniente, los componentes nacionalistas y fascistas fuera y dentro del peronismo y Perón mismo. La aparición del socialismo nacional (que tiene poca importancia como rola concreto, pero es de extraordinaria relevancia teórica), sus orígenes, como también el origen de los nuevos líderes sindicales y sus relaciones con las viejas orientaciones marxistas, con nuevos grupos dentro del Partido Radical (en especial FORJA), los sectores nacionalistas y fascistas, además de otras facciones. Es ésta una de las empresas que todavía no se han acometido y que limitan la validez de la mayoría de las interpretaciones.
El poder del estado. Represión y atracción. El régimen militar comenzó con la represión un mes después del golpe. Se suprimió a una de las dos Confederaciones Generales del Trabajo (CGT), muchos sindicatos fueron intervenidos por el gobierno, mientras la CGT sobreviviente fue sometida a distintos controles. Los dirigentes sindicales y políticos, principalmente comunistas y otros de izquierda, fueron arrestados, enviados a la cárcel o a los campos de concentración. En octubre de 1943 se estableció una ley sumamente restrictiva que debía regular los sindicatos y que fuera muy resistida por los dirigentes gremiales.
Si bien Perón la suspendió en diciembre, la aplicación de facto de su propósito fundamental no cambió: sólo los gremios reconocidos oficialmente por el gobierno podían representar a los obreros en los convenios colectivos. (Se restablecieron formalmente en septiembre de 1945, convirtiéndose en la base legal de la organización política peronista en tanto autorizada a los gremios a convertirse en los núcleos de un partido político). La política seguida por Perón era muy flexible y usaba tanto la represión como la atracción frente a las organizaciones y los dirigentes. Aquellos gremios que se oponían a sus intenciones podían ser desconocidos o cancelárseles la personería gremial; también se los podía disolver o suprimir (variaba de acuerdo al clima político, las orientaciones ideológicas, el grado de amenaza política, etcétera). De cualquier modo, ningún gremio que no mostrase su disposición de colaborar podía obtener algo en los conflictos laborales, en la legislación, en los servicios sociales, etcétera.
También las oportunidades de éxito de un dirigente gremial para lograr mejores condiciones para los trabajadores dependía de su actitud con respecto a las metas políticas del ministro de Trabajo elevado a 48. Esta política permitía distintos grados de libertad y dependía mucho de las brechas internas de la "vieja" dirección: ideológicas, personales y de organización. La flexibilidad podía convertirse en despiadada represión cuando la coyuntura política, las orientaciones ideológicas o el tipo de conexiones con la oposición exigían el use de medios contundentes. La represión política (supresión de todos los partidos políticos, censura de la prensa, persecución de intelectuales, estudiantes, políticos o dirigentes gremiales) caontinuó hasta junio de 1945, se alivió algo en septiembre para reanudarse a comienzos de octubre elevado a 49. Además, se establecieron un gran número de gremios nuevos: en 1941 había 356; en 1945, 969. La mayor parte del incremento estaba constituído por "gremios paralelos" creados para sustituir aquellos que rechazaban o se oponían a la política de Perón, en tanto otros representaban nuevas ramas de actividad a otras previamente no agremiadas. En ambos casos sus organizadores y dirigentes eran favorables a Perón y el ministro de Trabajo intervenía directamente con recursos humanos y materiales elevado a 50. El porcentaje de afiliados no aumentó: entre 1941 y 1945, menos del 20 por ciento. En consecuencia, sólo una fracción de los obreros urbanos estaba agremiada. No siempre, pero a menudo, los nuevos gremios eran poco más que organizaciones sobre el papel. Sin embargo, sirvieron a un propósito importante: el de establecer una red de organización entre la clase obrera, difundir (además de los medios de masa) los resultados de la política laboral de Perón y en especial a estimular el contacto directo (en manifestaciones masivas) con el líder, como también a aumentar el número de personas favorables a Perón en el Comité Central Confederal, en la Asamblea General y otros órganos de la CGT.
Grado de afiliación gremial de la clase obrera y activismo sindical de los nuevos trabajadores. En el período previo a 1930, la magnitud del sindicalismo -el mayor de América Latina-era comparativamente reducida con respecto a los asalariados de la PEA. Obviamente, ello reflejaba la estructura económica en la cual, si bien la industria era importante, tenía un nivel mucho menor que años más tarde. La gran despresión y el desempleo generalizado después de 1930 la habían debilitado, y cuando el crecimiento industrial creó condiciones más favorables, la política hostil del régimen conservador creó muchos obstáculos a su desarrollo. Al mismo tiempo, su organización pasaba por una etapa de transición: de la artesanía a la industria, es decir, de una complejidad organizativa menor a un grado mucho mayor de burocratización, de un tamaño reducido a uno enorme.
Es así que surgen nuevos tipos de dirigentes laborales más orientados hacia la autonomía política de la masa trabajadora (opuestos a la dependencia con los partidos de izquierda), lo cual hasta condujo en ciertos casos al vago deseo de crear una organización política propia. Sin embargo, el grado de sindicalización de la clase obrera continuó siendo bajo a pesar del aumento cada vez mayor de su afiliación. Especialmente en la industria manufacturera, que era el sector más dinámico, siguió siendo un grupo minoritario el de obreros agremiados. Tomando como base el total de asalariados en la PEA, la afiliación en 1941 estaba alrededor del 11 por ciento, pero este nivel era ciertamente mayor en los centros urbanos industriales.
En todos los sectores secundarios la afiliación gremial llegaba al 13 por ciento, pero considerando sólo la industria manufacturera, la sindicalización llega al 23 por ciento, si adjudicamos a los integrantes de los gremios industriales a este sector. Dentro del sindicato la industria representaba un 36 por ciento de los afiliados, en tanto los dos tercios restantes estaba en servicios (principalmente transportes y comercio). El incremento total en el período 1935 a 45 fue del 12 por ciento; bastante exiguo si recordamos la alta tasa de migración urbana interna y el desplazamiento ocupacional hacia el sector secundario y el terciario. Como dijera, en el período siguiente, con una intensificación de ambos procesos, la situación no cambió mucho.
El nivel general de afiliación permaneció en el 12 por ciento, pero hubo un incremento en las actividades secundarias: 13 por ciento si consideramos la industria manufacturera. Hay que destacar que estas cifras provienen de encuestas voluntarias realizadas entre funcionarios y representantes de los gremios por la Oficina del Trabajo. No representan necesariamente a los"asociados que pagan cuotas" y hay pruebas de grandes diferencias entre lo que declara la encuesta y la situación real, dada la tendencia a inflar el número de afiliados.
Según el criterio que se quiera aplicar, este nivel de sindicalización puede considerarse "alto" o "bajo". Lo fundamental es que la mayor parte de la clase obrera no estaba agremiada y más importante aún, muchos de los recién llegados quedaron fuera del sindicato, to cual se debe a muchas razones: 1) en primer lugar el mismo hecho de su reciente inserción en la economía urbana y en el ámbito social; 2) en segundo lugar, el origen regional y la cultura concomitantę; 3) ambas características crearon un obstáculo para su incorporación a través de dirigentes sindicales tí picos de la región central que ideológicamente tenían una posición y que a menudo estaban tan o más interesados por los temas políticos a internacionales que por mejorar las condiciones de trabajo. Es bien cierto que comenzaba a surgir un nuevo tipo de liderazgo, más directamente interesado en la autonomía del gremio frente al paternalismo de los partidos políticos o de las ideologías, menos preocupado por la ideología y más interesado en condiciones concretas de la clase obrera. No obstante, sólo una fracción de la nueva clase obrera se agremió; 4) otro factor poderoso, antes y después del golpe militar de 1943, fue el clima de represión o al menos la gran hostilidad por parte del gobierno. Esta hostilidad que antes de 1943 se generalizó a todas las actividades sindicales, después de esa fecha se hizo selective: sólo se reprimió a los gremios políticamente peligrosos, en especial a los comunistas. Con todo, hasta, aquellos que gozaban del poderoso apoyo de la Secretaría de Trabajo y Previsión no pudieron agremiar a la mayoría de los recién llegados. Sin otras investigaciones es imposible saber con certeza qué proporción de obreros nuevos había en los sindicatos y mucho menos su participación en actividades específicas de los mismos. Sin embargo, dado que tanto el reemplazo de los que abandonaban la fuerza de trabajo como el aumento de las actividades modernas a industriales se llenó en su gran mayoría con"recién llegados", habría que agregar una cierta cantidad a los afiliados, pero mucho menor que su creciente proporción en la clase trabajadora. Este hecho de su bajo grado de sindicalización es bastante importante para comprender el rol y la índole de su participación en el surgimiento del peronismo. Si bien en el sector no agremiado la participación sindical era inexistente, igualmente se beneficiaba de contratos laborales más favorables y de las leyes de seguridad social; también estaban plenamente informados del papel decisivo que aquí desempeñaba el"coronel" que los defendía desde la Secretaría de Trabajo. Si bien podía haber participado en las huelgas, es interesante destacar que mientras que la many de obra industrial y la clase obrera hábían aumentado 246 y 137 por ciento respectivamente desde 1914, el número de huelgas fue mayor en las primeras dos décadas del siglo que en 1940 a 44 y 1945 a 49, mientras que el número de obreros que participaron en ellas fue en 1940 a 44 el menor que se registra en la historia sindical argentina, lo que aumentó en 1945 a 49 sólo un 31 por ciento sobre el máximo alcanzado en 1910 a 14, aunque el número total de trabajadores era dos o tres veces mayor. El gobierno conservador hostil en los tres primeros años de la década del 40, la represión de los militares en 1944 a 45 y el control peronista después de 1946, evidentemente explican en parte este nivel tan bajo de resistencia laboral organizada en 1940 a 43 y su moderado incremento en el período siguiente. Sin embargo, esto no es todo.
Es también significativo comparar el bajo número de huelgas con el alto número de contratos laborales. En 1944 se firmaron 548 contratos -todos favorables a los obreros-y 364 en 1945. El contraste con el período precedente es llamativo: entre 1936 y 1940 sólo se firmaron 46 contratos. Aun tomando en consideración las condiciones económicas distintas en ambos períodos, es notable el doble contraste entre las negociaciones laborales ganadas en 1944 y 1945 y el bajo nivel de huelgas por un lado y por el otro la situación de 1935 a 1940. Esto significa que la afiliación al sindicato e incluso la participación en las huelgas no eran realmente necesarias para las conquistas de los trabajadores. La mayoría de los beneficios se obtuvieron por presión del Ministerio. Es cierto que los aumentos de salarios fueron posibilitados por cambios estructurales en la economía, pero las soluciones pacíficas, la ausencia de huelgas, significaron en realidad un triunfo obrero sin la participación de sus miembros.
Este proceso fue fundamental en la configuración de la relación directa entre los recién llegados y el líder carismático. Los gremios peronistas, o los que colaboraron, sólo fueron instrumentos de este proceso y proporcionaron el marco administrativo y legal para los convenios colectivos. Más importante que todo, proporcionaron el clima necesario para facilitar los lazos personales con los dirigentes a través de visitas a plantas y sindicatos, así como también los frecuentes actos masivos en los cuales Perón presentaba las conquistas obreras a todos, afiliados y no afiliados. En efecto, este procedimiento junto con una amplia utilización de los medios de masa, especialmente la radio, fue uno de los factores centrales para erigir la figura de Perón en la del "hombre", el único que podía ayudar a los trabajadores. (Cabe señalar aquí que en esa época la propia propaganda peronista llamaba a los trabajadores "los humildes", término que claramente revelaba la imagen dicotómica todavía tradicional de la estratificación, basada en la oposición entre "ricos" y "poderosos" contra "pobres" y "humildes"). El acceso directo a grandes masas de obreros fue efectivamente una de las metas fundamentales de la estrategia de Perón, como lo reconocieron más tarde ciertos sindicalistas que pensaron que esta relación era un precio exiguo para compensar los beneficios logrados por los sindicatos. Sin lugar a dudas y especialmente para los obreros no agremiados, significó que sus victorias se lograban a través del esfuerzo personal del líder.
El sindicato mismo no era más que un instrumento administrativo y podía ser obviado, como muchas veces to fue. No quiero negar, sin embargo, que en 1941 a 45 y también durante el gobierno peronista, una parte de los nuevos obreros participó en cierta medida de las actividades gremiales y las huelgas. Por el contrario, creo que el contacto con el viejo proletariado urbano (o lo que del mismo quedaba) y la experiencia cotidiana dentro y fuera del sindicato, no ayudaron a los migrantes a adquirir las actitudes y pautas de comportamiento necesarias para ejercer sus derechos de obreros y ciudadanos dentro de la organización laboral, como tampoco en el nivel de la vida política local y nacional. Este fue un proceso más largo que continuó durante y especialmente después del mandato de Perón. En el lugar de trabajo esta experiencia se obtuvo mediante la acción personal en luchas vinculadas a problemas de la fábrica, reparando injusticias a través de sus representantes elegidos a incluso participando en huelgas organizadas, pero con más frecuencia en huelgas no oficiales, durante el régimen peronista mismo. Si bien la masa obrera perdió su autonomía en la cúspide dirigente durante la época peronista, debe reconocerse que continuó ejerciendo una importante presión a nivel de bases, presión que a veces impuso limitaciones y condiciones a la conducción de la CGT. En las condiciones de los gobiernos posteriores a Perón, esta experiencia se intensificó aún más. Por otra parte, el rol crucial de los "nuevos trabajadores" en el movimiento colectivo de 1944 a 45, que culminara con los sucesos de octubre y el triunfo electoral, les brindó una fuerte convicción con respecto a su intervención personal en los cambios políticos y proporcionó una nueva conciencia de su presencia como actores importantes en la política nacional.
Sin embargo, paralelamente, el vínculo directo que se había establecido con el líder y dado que su integración al panorama político se había producido a través de un"movimiento colectivo" y un líder carismático, estas circunstancias fueron durante mucho tiempo componentes importantes del perónismo. Sus representantes principales eran los"peronistas de siempre", como los llaman algunos observadores. Con el tiempo estos factores tendieron a disminuir y sólo las experiencias negativas con los gobiernos militares y civiles que siguieron a la caída de Perón, ayudaron a prolongar decisivamente la figura del líder como un símbolo poderoso de una era mítica, más allá de lo que hubiese podido ocurrir en otras circunstancias.
El sindicalismo como "actor" unificado. Si bien el movimiento obrero se estaba recuperando de las consecuencias de la despresión, se hallaba profundamente dividido en 1943 y enredado todavía en todos sus problemas irresueltos. En el momento del golpe militar de 1943 había dos CGT, otra Federación y gremios independientes. Estas divisiones continuaron bajo el régimen militar y contribuyeron a la lucha interna alrededor de la cuestión del grado de cooperación a oposición al régimen, en especial con respecto a Perón. Si bien los militares rápidamente suprimieron la CGT controlada por socialistas y comunistas, reemplazando en muchos casos sus gremios por organizaciones "paralelas" favorables a Perón, la oposición siguió bajo distintas formas en la otra CGT, entre y dentro de los sindicatos. Por ello es poco conducente referirse al"sindicalismo" en bloque. El mismo no existía. Existían en cambio muchas posiciones distintas en las que los viejos problemas y el sectarismo se combinaron de diversas maneras con las difíciles cuestiones políticas planteadas por el régimen militar, la política personal de Perón y la oposición democrática (incluyendo una amplia gama que abarcaba desde los comunistas hasta la oligarquía conservadora). Antes de los sucesos de octubre, sólo una minoría de los viejos dirigentes, muchos de los cuales pertenecían a la fracción"sindicalista" y se oponían siempre a la hegemonía de los socialistas y comunistas sobre la masa trabajadora, adoptaron una postura firme en favor de la colaboración.
El 17 de octubre constituyó un hecho decisivo en la crisis y las actitudes de la conducción, ya que demostró que no solamente en Buenos Aires, sino en el resto del país, la clase baja urbana apoyaba a Perón. Esta movilización popular sin precedentes creó las condiciones para organizar el Partido Laborista, dejando aislados de la clase obrera a la mayoría de los dirigentes sindicales antiperonistas. Pero estos acontecimientos no fueron provocados de ningún modo por los sindicatos, ni tampoco ejercieron éstos una opción deliberada.
Obreros "agremiados" y "no agremiados" e índole de la opción por parte de la conducción obrera. Si es falso referirse al sindicalismo como actor unificado, lo es aún más concebir sus actitudes como consecuencia de una opción deliberada. La gama de cursos de acción efectivamente posibles se limitó a un marco estrecho de condiciones rígidas. El dirigente gremial estaba muy restringido por el poder que ejercía el estado, al mismo tiempo que debía afrontar las condiciones que le imponían las bases tanto de obreros agremiados como no agremiados. La oposición a Perón debía ser puramente ideológica o bien demostrar en el largo plazo que los beneficios actuales del régimen serían ilusorios debido a la corrupción, los errores o la falta de libertad y de control sobre los gobernantes. Ambas alternativas eran imposibles. La primera fue abordada por los dirigentes comunistas, socialistas y democráticos. Aun cuando su actividad se desarrolló principalmente en la ilegalidad, este obstáculo, si bien serio, no fue el único. En varias ocasiones las huelgas puramente ideológicas habían fracasado totalmente aun cuando el período ofrecía posibilidades objetivas de éxito. Ello se debió simplemente a que la terminología ideológica del marxismo o del socialismo democrático que manejaba antinomias exóticas como las de"fascismo versus antifascismo", no encontraba respuesta en la nueva clase obrera, cuya cultura política se hallaba muy lejos de estas cuestiones. La otra alternativa también era difícil.
No sólo exigía un alto grado de conciencia política para ser comprendida, sino que las experiencias concretas del pasado habían sido totalmente opuestas. Aquellos que se oponían a Terón eran considerados amigos de los patrones o bien los patrones mismos. Además hubo muchas ocasiones en las cuales se demostró de manera fehaciente que tal era el caso. En 1945 y fundamentalmente durante la crisis de octubre, cada vez que se debilitaba el régimen militar o Perón (hubo muchos altibajos en ese año), se eliminaban las conquistas sociales, se echaba a los delegados obreros en las fábricas, etcétera.
Varias veces la CGT (e incluso los sindicatos "independentes" o no peronistas) se sintió seriamente amenazada por la actitud hostil y revanchista del empresariado. (Cabe destacar que muchos empresarios industriales, así como la industria nueva en general, estaba a favor del régimen).
Para el dirigente gremial que quería seguir siéndolo, había pocas o ninguna opción. Si se oponía a Perón perdía el apoyo de los obreros y además podía correr muchos riesgos perdiendo también muchos beneficios personales.
Sin embargo hubo oposición: la única que era posible en las circunstancias, especialmente tratando de evitar un apoyo político abierto al peronismo (otros como Borlenghi, que más tarde fuera ministro de Interior durante un largo período, cambiaron de lado varias veces); algunos eran nacionalistas, otros elegían la manera más fácil y conveniente. Pero, para el caso, lo fundamental es que la opción importaba poco o nada. Existen muchas pruebas de ello, pero la más crucial es el hecho decisivo del 17 de octubre.
La "nueva" clase obrera. El peronismo como movimiento de masas y coma partido político organizado. Lo que sucedió ese día resume el rol y el peso de cada factor: par una parte el proceso de movilización social desencadenado por una rápida y amplia transformación de la estructura social y el impacto del desplazamiento producido en los estratos populares, así coma también su composición; par otra parte, la contribución de una fracción de los viejos cuadros sindicales en conjunción con la nueva conducción de los sindicatos paralelos, agregado a las elites más estrictamente políticas.
En relación a esto debemos distinguir en el peronismo dos aspectos diferentes: a) el peronismo como movimiento de masas, es decir, como expresión de movilización social, y b) el peronismo como "organización política".
a) Los sucesos de octubre proporcionan una excelente ilustración para comprender la índole del peronismo como movimiento de masas. Más allá de la retórica peronista y de la difamación antiperonista, el 17 de octubre de 1945 marca una verdadera "en crucijada" en la historia argentina. No sólo creó un mito popular y una mística hondamente sentida, arraigada en la conciencia colectiva del pueblo, sino que fue decisiva en la victoria del peronismo.
Sin embargo, el 17 de octubre no se debió a la huelga declarada por el Comité Central de la CGT: fue la expresión de un movimiento de masas de alto grado de espontaneidad. Por cierto que el espontaneísmo operó sobre la base de una red organizativa; pues sería imposible explicar el curso de los acontecimientos de esos días sin su existencia. Pero ninguna organización hubiera podido funcionar sin la participación activa de la masa. Cualquiera que haya sido el papel respectivo de la organización y la espontaneidad, ni la CGT ni su Comité Confederal ni los viejos sindicatos tuvieron un rol importante o significativo en ese día y en el"movimiento colectivo" que se generó. La reunión de la CGT tuvo lugar la tarde del 16 y después de 10 horas se decretó, por 21 votos contra 19, una huelga general... para el 18 de octubre. Cuando los delegados del Comité Confederal salieron de la reunión, los obreros ya estaban en las calles, en huelga desde hacía muchas horas, desde el día anterior. Lo mismo estaba sucediendo en los centros urbanos de las provincias. En realidad la CGT y el Comité Confederal no tenían ninguna infraestructura, ninguna organización, ni medios; estaba formada simplemente por individuos que representaban un gremio. En la reunión los viejos sindicatos votaron en contra de la huelga. De no haber mediado la reorganización introducida por Perón en el Comité Confederal en setiembre para fortalecer su control y par el hecho de que tres de los viejos sindicatos (entre ellos La Fraternidad, uno de los más antiguos) se habían retirado de la CGT en protesta contra el"colaboracionismo" con los militares, la huelga no se habría decretado. No obstante, nada hubiese cambiado. La mayor parte de la bibliografía, peronista y antiperonista, como también los pocos relatos imparciales, coinciden en destacar el espontaneísmo de la explosión popular de octubre y en afirmar que cualquier fuese la organización, ella pudo canalizar o estructurar la participación, pero no crearla. Aun aquellos que se oponen a la hipótesis de la heterogeneidad interna del proletariado y el rol de la espontaneidad, admiten que todo el"movimiento en las calles", fenómeno que asumió un papel decisivo, se centró casi exclusivamente en los"nuevos" obreros. Los dirigentes y las organizaciones fueron desbordados por la"acción colectiva" de las masas. Un tipo de participación bastante común y efectivamente típico del peronismo, explotó como revuelta popular el 17, tomando por sorpresa no sólo a los antiperonistas y a las clases medias que por primera vez descubrían"cómo vive la otra mitad", sino también a los dirigentes peronistas, a los delegados de la CGT y a los propios sindicatos. Es posible -aunque habría que confirmarlo-que la red de gremios"paralelos" tuviese cierta intervención.
De todos modos, ya hemos visto que la mayor parte de estas organizaciones tenían pocos afiliados y que en general la mano de obra agremiada representaba una fracción de la clase obrera. Es también posible que varios órganos administrativos y políticos del estado, a nivel municipal, provincial e incluso nacional hayan colaborado o apoyado la manifestación. Así las delegaciones de Trabajo y Previsión, las municipalidades, la policía provincial y federal y otros órganos pueden haber desempeñado un rol, ya sea por omisión (no reprimiendo), ya sea favoreciéndola y contribuyendo a canalizarla. Pero no puede haber duda de que ese acontecimiento fue la culminación de un largo proceso durante el cual la irrupción de los nuevos sectores sociales en la vida política asumió la forma de adhesión a un líder carismático, no mediada por organizaciones de clase ni fundada en una conciencia obrera claramente estructurada.
Es llamativo el contraste entre la cauta declaración de la CGT y lo que estaba sucediendo en las calles. Las declaraciones evitaban cuidadosamente mencionar el nombre de Perón. Hablaban tan sólo de la defensa de los derechos obreros y la necesidad de defender las nuevas conquistas, la legislación social, el salario. Para los obreros, la huelga general apuntaba a otra meta: la libertad de Perón. La gente de la calle lanzaba un solo grito: exigía su libertad y su presencia y ambas las obtuvieron. La promesa de elecciones inmediatas ya la habían formulado los militares mucho antes bajo la presión de la oposición democrática, la derrota del Eje y la debacle del fascismo argentino. La declaración de la CGT pasó prácticamente inadvertida, igual que la mayor parte de las declaraciones en esos días. El motivo de tal cautela, hasta por parte de los delegados peronistas, fue la incertidumbre de la situación. Nadie se quería comprometer con una causa que tal vez ya estaba perdida. En el momento en que la situación parecía tan confusa e incierta, los partidos democráticos y conservadores, los comunistas, las clases medias y altas y mucha gente más, creían que Perón estaba perdido y que los militares devolverían el gobierno a manos civiles. En un país donde ocupacional y socialmente hay un 44 por ciento de clase media y alta, se puede comprender esta percepción, ya que el ambiente social y ecológico de la mayoría de la gente de estos estratos confirmaba esa visión.
Además los partidos obreros preexistentes eran antiperonistas. Esto creó al estereotipo del obrero "real" contra el "lumpen". El primero, naturalmente, era el "viejo" obrero -el inmigrante extranjero o sus hijos-; el segundo, el "cabecita negra", el "criollo" que invadía las calles del centro de Buenos Aires y de otras ciudadas. Pocos fueron los que se dieron cuenta que estos últimos efectivamente eran mayoría en la clase obrera de 1945. Más aún: era el obrero que votaba.
Como hemos visto, el componente de extranjeros todavía era alto en la clase obrera. Para 1947 podía estimarse en no menos del 29 por ciento; junto con los obreros urbanos argentinos componían el 48 por ciento de la clase obrera del Gran Buenos Aires y en menor grado de las otras ciudadas grandes. En todo caso, su proporción era lo suficientemente alta como para dar una base objetiva al estereotipo del obrero "verdadero": "instruido" y "obviamente" democrático, socialista o comunista, nunca presente en la acción callejera de los peronistas.
Además era un sector más visible para los demás estratos en la vida cotidiana debido a su ubicación predominante en posiciones calificadas y altas, con contactos personales más frecuentes con técnicos, profesionales, gerentes y empresarios. Lo que no se advirtió es que si bien el extranjero estaba completamente asimilado, parecía argentino y podía tener orientaciones ideológicas, no tenía importancia política y no votaba. Lo mismo había sucedido durante los agudos conflictos sociales de la primera década del siglo, cuando la protesta de la clase obrera no tuvo ningún impacto político directo ya que su componente principal eran los extranjeros. En ese momento se los percibía, justificadamente, como extranjeros: por su inmigración reciente, su grado de asimilación todavía bajo, el idioma distinto (las principales publicaciones de izquierda eran en italiano o en alemán) y su ideología extremista, considerada como infiltración "foránea". El arma legal más efectiva destinada a reprimir los movimientos de protesta fue una ley de deportación contra los extranjeros.
No tenemos estudios sobre el rol y las actitudes de los obreros extranjeros en los sindicatos en 1943 a 1946; sin duda nos darían algunas respuestas sobre estos viejos sindicalistas en vías de desaparición. Sus hijos, en muchos casos, tenían un nivel superior de instrucción, podían postularse para empleados o en puestos, técnicos o profesionales; ellos mismos con frecuencia habían ascendido dentro de las ocupaciones manuales. Los trabajadores europeos, además, eran mucho más viejos que los recién llegados de las provincias, ni tenían tanta actividad en política sindical como antes. Todo ello apunta a la distinta cultura política y a una experiencia de vida y trabajo que contrasta con los demás componentes de la clase obrera.
Nótese que hablo de cultura política y no simplemente del tradicionalismo de los migrantes. Es cierto que su estilo pasado no correspondía a las exigencias de la vida industrial y urbana, pero su contigüidad y espontaneidad en el comportamiento político fueron factores importantes en el movimiento colectivo y en la efectividad de la atracción carismática de Perón. El 17 de octubre no fue un fenómeno nuevo en la historia política argentina. Si bien este tipo de "comportamiento colectivo" es un fenómeno universal, la participación política directa, con o sin caudillo, fue parte de la cultura política criolla.
Esta interpretación, notoriamente preferida por los nacionalistas de derecha, los historiadores "revisionistas" y los socialistas nacionales de extracción marxista, ha sido reelaborada por investigadores serios quienes ven en esa participación una especie de "democracia inorgánica" basada no solamente en la aceptación pasiva de un gobernante autoritario, legitimizado por la tradición o aceptado por su carisma (si bien esta cualidad era necesaria), sino también enraizada en el sentimiento del derecho a participar. Este origen histórico y la fuerte influencia de la vieja tradición sindical y política que predominaba en los centros urbanos entre obreros argentinos y extranjeros, aceleró la asimilación de los de origen rural a la práctica política sindicalista, o sea, más exactamente, la fusión de ambas tradiciones. Volviendo al punto principal, es suficiente decir por el momento que, cualquier fuese la índole del movimiento social, el tipo de acción colectiva y su impacto posterior sobre la cultura política, su protagonista fue la"nueva" clase obrera, con poca intervención de otros agentes, si se exceptúa el rol necesario del"líder".
b) Para acceder al poder, un movimiento social no sólo necesita un líder sino también una elite y una organización política. Es aquí donde una serie de viejos dirigentes sindicales jugaron un rol necesario: el de proporcionar una parte de los cuadros del canal de organización política para las masas movilizadas y su caudillo. No fueron los únicos dirigentes sindicales; hubo muchos otros nuevos, que provenían de muy diferentes contextos ideológicos y sociales. Además, la elite política peronista era mucho más numerosa que la conducción sindical e incluía no sólo los grupos radicales disidentes sino también otros, como por ejemplo fascistas, nacionalistas de extrema derecha, católicos, falangistas, como también comunistas, trotskistas y otros marxistas (estos últimos una minoría reducida y circunscripta a los sindicalistas). Si bien la creación de un partido político basado en los sindicatos era una idea antigua y las nuevas leyes que los regulaban expresamente lo permitían, su creación y triunfo sólo fue posible gracias a la existencia de un movimiento social de masas. No es casual que el partido se fundara como consecuencia inmediata al 17 de octubre. Se trataba de una situación totalmente nueva, cristalizada por la rebelión popular, que al final convenció a los machos delegados indecisos a seguir a aquellos dirigentes que habían decidido organizar el Partido Laborista. Para gran parte de este grupo, su propósito fue la creación de una organización política genuina e independiente, basada en las masas movilizadas. Su ingenuidad se hizo evidente unos meses después de las elecciones cuando se disolvió el Partido Laborista. Este hecho es la contraparte exacta del 17 de octubre. Con él se demuestra que en ese período el apoyo de las masas era para el líder, no para la organización. En ese momento todavía hubiera sido posible resistirse a la disolución. Las autoridades y funcionarios del partido, en todos los niveles, rechazaron al principio la decisión de integrarse a un partido único. Los laboristas habían obtenido el 85 por ciento del voto peronista, controlaban la mayoría del Congreso y tenían un contacto directo con los obreros a través de los sindicatos.
En el partido nadie quería la disolución y el régimen todavía no tenía mecanismos de represión. No obstante, la gran mayoría de los cuadros fueron rápidamente convencidos de revocar su opinión y sólo unos pocos de los miembros fundadores quedaron para luchar por la independencia de la organización. Si bien se utilizó con seguridad el sistema usual de corrupción, es difícil creer que prácticamente todos, a todos los niveles, hayan sido sobornados. Si éste fuera el caso, los motivos reales de su apoyo para erigir el partido con tanto esfuerzo, parecerían dudosos. Eran las mismas personas que lo habían organizado unos meses antes.
La única hipótesis alternativa es que les faltaba el control efectivo de los obreros o que comprendieron la imposibilidad de crear una resistencia a cuestiones tan abstractas y remotas como la defensa de una"organización". Esta vez no se produjo ningún 17 de octubre: ni siquiera los dirigentes más populares pudieron movilizar el apoyo obrero. La"nueva" clase obrera tenía un vínculo directo, inmediato, con el líder carismático. La situación cambió lentamente; es paradójico observar que el proceso empezó justo cuando los sindicatos se sometían más y más al estado. También tiene importancia reconocer que la pérdida de autonomía se produjo en los niveles más altos de la organización y mucho menos al nivel de planta. La base continuó ejerciendo presión cuando lo necesitaba y siempre que fuera posible iban a la huelga, independentemente de los deseos del sindicato o del estado. También pudo ejercer cierta presión en la conducción, especialmente cuando se renovaban los contratos laborales. Pero luchaban por condiciones concretas de trabajo, no por motivos políticos.
Aun cuando realizaron huelgas no oficiales, la intención no era luchar contra Perón o el peronismo a pesar de la rigidez y la represión proveniente del gobierno peronista. Sin embargo, a través de esta resistencia desarrollaron una conciencia de clase obrera ("reformista", por supuesto) e incorporaron la tradición preexistente del activismo obrero con implicancias políticas diferentes. En este proceso de aculturación y fusión, los viejos cuadros sindicales y lo que restaba de los antiguos miembros jugaron un papel importante.
Aquí reside la diferencia con otros movimientos y regímenes nacionales y populares parecidos, como el de Brasil, donde la tradición sindicalista era más débil y la organización desde arriba precedió a la formación de una moderna clase obrera urbana.
$ ^{44} $ Hay muchas descripciones sobre el impacto de los migrantes internos sobre la Argentina inmigrante, pero la mayoría son muy parciales. Véase entre otros., JOSÉ LUIS ROMERO: Argentina: imágenes y perspectivas, Raigal, Buenos Aires, 1956; FÉLIX LUNA: El cuarenta y cinco, J. Alvarez, Buenos Aires, 1969; ARTURO JAURETCHE: El medio pelo, Peña Lillo, Buenos Aires, 1969; JOSÉ PETER: Crónicas proletarias, Esfera, Buenos Aires, 1968; ANGEL PERELMAN: Cómo hicimos el 17 de octubre, Coyoacán, Buenos Aires, 1961; ALRERTO BELLONI: Del anarquismo al personismo, Peña Lillo, Buenos Aires, 1960; JUAN J. HERNÁNDEZ ARREGUI: La formación de la conciencia nacional, Hachea, Buenos Aires, 1960 (Bibliografía a ser revisada y completada).
$ ^{45} $ FORJA fue un movimiento de juventud dentro del Partido Radical con orientación marcadamente nacionalista y antiimperialista. Su mayor importancia reside en el surgimiento de un nacionalismo de izquierda (y en parte también el eambio de la
derecha). Entre otros, véase ARTURO JAURETCHE: FORJA y la década infame, Coyoacán, Buenos Aires, 1962.
$ ^{4} $ Ver RUBÉN ROTONDARIO: Realidad y cambio en el sindicalismo Pleamar, Buenos Aires, 1971, págs. 185 y sigs.; SAMUEL BAILEY: Lobar Nationalism and Politics in Argentina, Rutgers Univ. Press, New Brunswick, N. J., 1967, págs. 73 y sigs., 85 y sigs.; ROBERT J. ALEXANDER: The Perón Era, Columbia Univ. Press, Nueva York, 1951, págs. 12-19.
$ ^{47} $ Es interesante destacar que el dirigente gremial peronista Luis Angeleri insiste en la continuidad de la Ley de Asociaciones Profesionales precisamente con este decreto, que había sido "suspendido" por Perón como gesto favorable al sin-
dicalismo. Véase L. ANGELERI: "Los sindicatos y el peronismo", en CARLOS S. FAYT: La naturaleza del peronismo, Viracocha, Buenos Aires, 1967.
48 Sobre esta política de represión-atracción véase ROTONDARO, ob. cit.; BAILEY, ob. cit., cap. 4. Para comprender esta política también es útil consultar la bibliografía ideológica (que, como siempre, es la más común). Véase, por ejemplo, RUBENS ISCARO: Origen y desarrollo del movimiento sindical argentino, Anteo, Buenos Aires, 1958, cap. XIII; RODOLFO PUIGGRÓS: El peronismo: sus causas, J. Alvarez, Buenos Aires, 1969, caps. II y V; Luis B. CERRUTI COSTA: El sindicalismo, las masas y el poder, Trafac, Buenos Aires, 1957. También varios documentos y entrevistas incluidos en FAYT, ob. cit.
$ ^{49} $ Sobre las alternativas de la represión y liberalización, véase LUNA, ob. cit., passim.
$ ^{50} $ Dice CERRUTI COSTA en la obra citada que la CGT y la Secretaría de Trabajo y Previsión facilitaban, la organización legal, locales, fondos, asesores y dirigentes; citado por LUNA, ob. cit., pág. 64.
$ ^{51} $ MURMIS, ob. cit., pág. 103. Véase también BAILEY, ob. cit., cap. IV.
$ ^{52} $ WELL aporta detalles de estas encuestas. Era bien sabido que los sindicatos inflaban el número de sus afiliados y que tanto la Oficina del Trabajo como las organizaciones patronales, por su propio interés, estimaban conveniente confirmar esa ficción (págs. 83-86). Las cifras indicadas en el texto se computaron sobre la base de los informes de la Oficina del Trabajo, citados por ROTONDARO, ob. cit., y fuentes sobre la PEA.
$ ^{53} $ Hasta bastante recientemente, la CGT dio gran importancia a los migrantes: entre 1938 y 1943 sólo hubo dos menciones de problemas planteados por los migrantes internos al sindicato. BAILEY, ob. cit., pág. 81. Los comunistas trataron muy activamente de organizar a los nuevos obreros, pero sus esfuerzos estuvieron obstaculizados por los compromisos ideológicos especialmente rígidos durante la Segunda Guerra Mundial y el rechazo de los migrantes, además de una fuerte represión policial (Hernán Rodríguez).
$ ^{54} $ GERMANI: The Process of Urbanization.. , ob. cit.
$ ^{55} $ MURMIS, ob. cit., pág. 89; FAYT, ob. cit., págs. 108-09.
ALEXANDER informa que en las entrevistas con viejos dirigentes sindicales éstos admitieron más tarde con toda franqueza "que cuando empezaron a darse cuenta de lo que habían hecho, Perón ya les había quitado a sus seguidores y no hubo mucho que hacer para cambiar la situación"; ob. cit., pág. 28. También contribuyeron otros factores tales como cultura política y represión.
$ ^{57} $ Como lo demuestra Kirkpatrick, en la década del 60 los peronistas "ortodoxos" y los que Imaz llama "peronistas de siempre" estaban constituidos principalmente por criollos. Eran los que seguían prolongando la mística personal del "hombre", mientras que otros peronistas continuaban en una orientación ideológica o pragmática del movimiento. Véase KIRKPATRICK, ob. cit., cap. V y siguientes; JOSÉ LUIS DE IMAZ: Motivación electoral, IDES, Buenos Aires, 1962.
Un relato de los conflictos internos durante la década del 30 y comienzos del 40, desde distintas perspectivas, puede encontrarse, entre otros, en ROTONDARO, ob. cit.; BAILEY, ob. cit.; ROBERT J. ALEXANDER: Labor Relations in Argentina, Brazil and Chile, McGraw Hill, Nueva York, 1962; SEBASTIÁN MAROTTA: El Movimiento sindical argentino, Calomino, Buenos Aires, 1970; ISCARO, ob. cit.; MARTÍN CASARETTO: Historia del movimiento obrero argentino, Lorenzo, Buenos Aires, 1947; JACINTO ODONE: Gremialismo proletario argentino, Vanguardia, Buenos Aires, 1949; ANGEL PONCE: Historia del movimiento obrero argentino, Universidad del Litoral, Santa Fe, 1947.
59 Véase BAILEY, ob. cit., caps. II, IV y V; ROTONDARO, ob. cit., y desde perspectivas ideológicas opuestas ISCARO, ob. cit., y PUIGGRÓS, ob. cit., especialmente el cap. II y las págs. 126 y sigs. Los peronistas acusaron con frecuencia de elitismo a los dirigentes sindicales socialistas, comunistas y democráticos. Es bien sabido que las ideologías marxistas y socialistas nunca tuvieron importancia en la Argentina, ni siquiera en el área central. No era sólo cuestión de valores y cultura política, si bien el componente carismático del liderazgo de Yrigoyen fue fundamental en el triunfo del Partido Radical; más bien se debía a la estructura de estratificación particularmente abierta que impedia la formación de una largo tradición de clase obrera. Una familia comenzaba con un padre extranjero (campesino u obrero no calificado) que pasaba a través de sus hijos a un status de clase media o de alta calificación y la tercera generación en general ya era clase media.
$ ^{60} $ La industria estaba dividida en dos sectores principales: la industria "vieja" y "establecida", reunida en la Unión Industrial Argentina, que representaba en gran parte a la industria previa a 1930 y que apoyaba la coalición democrática en contra del peronismo. Luego estaba la industria "nueva" creada después de 1930. muy
impulsada por la guerra, cuya supervivencia dependía de que se continuara la protección contra las importaciones extranjeras. En este sector el componente del "interior" fue considerable.
$ ^{61} $ROTONDARO y otros se refieren al "cambio de status" de los dirigentes gremiales, favorecido para la política de "atracción" de Perón; otros hablan de la existencia de un soborno generalizado, por ejemplo, las ofertas sistemáticas de buenos puestos en el Ministerio de Trabajo a todos los dirigentes con cierta influencia, como lo indica ALEXANDER, ob. cit., pág. 29 y sigs. No hay dudas que hubo corrupción, en gran escala. pero no fue el único y ni siquiera el factor más importante que tuvo que ver con el sindicalismo. Sin embargo, debe mencionárselo. Probablemente, lo más importante haya sido la multiplicación de oportunidades de contactos directos entre el líder y los obreros a través de actos masivos.
$ ^{62} $ Sobre los cambios que se produjeron en la CGT en septiembre y octubre. véase BAILEY, ob. cit., pág. 85 y sigs.
63 LUNA, ob. cit., págs. 328-98; véase también su opinión sobre el rol de Evita en los acontecimientos (que Luna considera insignificante), pág. 421 y sigs. Otros destacan la intervención de un grupo de dirigentes de la conducción, pero todos coinciden en que el espontaneísmo de los obreros y delegados locales fue el factor principal y esencial. Véase también los relatos directos de las reuniones de la CGT y del 17 de octubre en la bibliografía citada en LUNA, ob. cit., y BAILEY, ob. cit.. cap.
4; PERELMAN, ob. cit.; BELLONI, ob. cit.; ROTONDARO, ob. cit.;, HUGO GAMBINI; El 17 de Octubre, Buenos Aires, 1971; FAYT, ob. cit., págs 110 y sigs.
$ ^{64} $ Este rol fundamental también es reconocido por Minis, ob. cit., páginas 121-122.
$ ^{65} $ Para la declaración de la CGT véase LUNA, ob. cit. Durante la discusión en el Comité Central Confederal, muchos adujeron que de cualquier modo si Perón desapareció, siempre podían encontrar "algún otro coronel". En ese momento todas las clases medias y altas, la mayoría de los militares y los políticos creían que el gobierno pasaría en poco tiempo a manos de la coalición democrática. Perón mismo había renunciado a toda esperanza, como lo evidencia su carta y sus declaraciones explícitas.
66 Es cierto, como señala Zorrilla, que este "componente externo y espectacular de la participación política, disfrazaba el `verdadero' contenido oligarca de la política de caudillos". Una tradición cultural de participación política directa no necesariamente está relacionada a una percepción clara de los resultados de dicha participación para los participantes. Lo importante es el apoyo popular de las clases bajas, su intervención (en gran medida) voluntaria en las luchas "contra la oligarquía", que generaron una característica cultural de actuación personal en política y cuya importancia se reveló más tarde durante la campaña de la Unión Cívica Radical por lograr el sufragio universal y las diversas rebeliones civiles.. Sobre los caudillos véase RUBÉN H. ZORRILLA: Extracción social de los caudíllos, La
Pléyade, Buenos Aires, 1972. También alguna documentación en FÉLIX LUNA: Los caudillos, J. Alvarez, Buenos Aires, 1966.
$ ^{67} $ Sobre la disolución del Partido Laborista y la frustrada resistencia, véase, entre otros, FAYT, ob. cit., págs. 151 y sigs.; ALEXANDER, ob. cit., págs. 54 y sigs.; BAILEY, ob. cit., cap. 6.
Tabla 9, resumen: El período entre 1945 y 1949 registró el mayor impacto laboral, con la cifra más alta de huelguistas, alcanzando los 245 mil, y la mayor cantidad de días de trabajo perdidos, con 1.939 mil. En contraste, la actividad huelguista fue más frecuente al inicio del siglo veinte, destacando el período 1915-1919 con 164 huelgas y el 1907-1909 con 162. A medida que avanzaron las décadas, el número de huelgas tendió a disminuir, llegando a su punto más bajo entre 1940 y 1944 con solo 66 conflictos.
5. Algunas Conclusiones Provisorias sobre la Naturaleza del Peronismo
En resumen, para evaluar el rol desempeñado por el "sindicalismo" en el surgimiento del peronismo y para lograr una mejor comprensión de su idiosincrasia, debemos distinguir en primer lugar a la conducción de las bases. En segundo lugar debemos considerar por separado diferentes roles: en la acción callejera, particularmente en el momento crucial del 17 de octubre; en las elecciones, como movilizador efectivo del voto peronista; después del triunfo electoral, su rol de aceleración de la aculturación de los nuevos obreros a la cultura política industrial. Por último debemos ubicar este proceso en el contexto de los grandes cambios estructurales que se estaban produciendo en la sociedad.
1) Evidentemente no se puede hablar de la conducción sindical como si se tratara de un bloque monolítico. Su división fue profunda antes, durante y después del ascenso, gobierno y caída del peronismo. Dada la gran restricción de opciones -del estado y de las masas-los dirigentes gremiales adoptaron una amplia gama de actitudes distintas: desde la decidida oposición ilegal hasta la total colaboración. En muchos casos la misma persona o grupo cambiaba de orientación, haciendo una reversión completa. Un número elevado de casos acusa estos cambios siguiendo las alternativas de una situación política bastante inestable y la mayoría de los dirigentes simplemente trata de evitar comprometerse con lo que en el momento parece una causa perdida.
Un rasgo constante de la CGT es la creación de gremios nuevos y paralelos y la división entre "viejos" y "nuevos" a pesar de la influencia de otras diferencias antiguas y recientes, y de que muchos dirigentes quedaron afuera o pasaron a la ilegalidad. La votación acerca de las huelgas de octubre es una ilustración bastante típica. La separación de tres gremios importantes en septiembre fue otro ejemplo típico de lo que comúnmente ocurría durante el período. Gente de muy distintos orígenes ideológicos se convirtieron en funcionarios y organizadores de viejos y nuevos sindicatos. Hasta los acontecimientos de octubre, la mayoría de los dirigentes evitaba en lo posible asumir una posición comprometida a un dentro de la CGT, mientras otros permanecían fuera de ella en todas las gradaciones de la oposición. De cualquier modo su efecto político sobre las masas fue muy reducido: ninguno o muy escaso en la calle, poco en la acción política.
Este rol político sólo pudo ejercerse realmente después del 17 de octubre, concentrándose mayormente en la organización del Partido Laborista que dio estructura legal a la candidatura de Perón. Pero su peso como movilizador efectivo de las masas era escaso o inexistente como lo demuestra luego la disolución forzada del Partido Laborista. La mayoría del apoyo de las áreas industriales provenía del "nuevo" proletariado, que había protagonizado la acción callejera. Esta gente tenía un vínculo directo con el líder. También los "viejos" obreros urbanos votaron a Perón: su apoyo fue con seguridad la mejor transacción en estas circunstancias, pero de cualquier manera no se debió a su afiliación sindical. Por último, el rol del sindicato, o para decirlo con mayor precisión, la existencia de una larga trayectoria sindical en la Argentina y la fusión de nuevos y viejos obreros en las mismas organizaciones (bajo el régimen la afiliación gremial se generalizó), juntamente con el grado de autonomía de la clase obrera (por lo menos al nivel de organización de planta) y a pesar de los esfuerzos del régimen por lograr su máximo control, fue un factor muy determinante en la creación de una conciencia de clase obrera entre los "nuevos" trabajadores y en su asimilación a la cultura política urbana. Los repetidos fracasos de sucesivos gobiernos militares para controlar los sindicatos son el resultado efectivo de este proceso y en menor medida la prolongación del liderazgo carismático de Perón.
2) Los drásticos y rápidos cambios estructurales en la sociedad argentina aceleraron la admisión de los estratos bajos y de las regiones periféricas al ámbito nacional; también involucraron una nueva etapa en la formación de una población nacional culturalmente homogénea y modificaron sustancialmente las características de la vida política. Las condiciones históricas particulares del país determinaron la forma que adoptó la movilización de los nuevos sectores. En ese sentido muchos actores y factores contribuyeron a configurar el proceso concreto: los militares, los partidos políticos existentes, la larga tradición de sindicalismo, la forma "criolla" peculiar de participación política "tradicional", las circunstancias internacionales y otros componentes.
En todo caso, fue consecuencia de un rápido desplazamiento de una gran masa de población y su posterior y rápida movilización que no encontró expresión política apropiada en la estructura preexistente de partidos y sindicatos, contribuyendo a crear su propia expresión dentro de las restricciones que le impusieron las condiciones históricas prevalecientes. Como en otros cambios sociales importantes, la comprensión del surgimiento del peronismo exige distintos niveles de análisis. En el nivel de la estructura socioeconómica se puede estudiar como expresión del desarrollo de una forma particular de capitalismo, de la etapa de desarrollo alcanzado, y en función de las "alianzas de clases" posibilidades o necesarias para una configuración determinada de componentes económicos. En el nivel de la estructura sociopolítica debe percibírselo como una crisis de movilización que involucró a las clases bajas, afectando las viejas y nuevas elites, así como también a las clases medias, proceso análogo a lo que Gramsci denomina "crisis orgánica"68, expresado en el nivel psicosocial a través de un "movimiento de mamas" que proporcionó la base para un movimiento político organizado, en el que luego se transformó.
En este trabajo hemos considerado solamente algunas de todas estas posibles perspectivas. Una comprensión adecuada del peronismo requeriria otros análisis parciales relativos a los niveles no considerados aquí y, lo que es más difícil, una integración de las diferentes perspectivas, tendiente a lograr una visión global del proceso.
$ ^{68} $ ANTONIO GRAMSCI: Note sul Macchiavelli, Einaudi, Milán, 1949.
Apendice
Ecuaciones de regresión para departamentos que tienen centros urbanos de 5.000 habitantes o más. Elecciones de 1946
1. El análisis aún no se ha completado (no incluye departamentos con centros urbanos de menos de 5.000 habitantes, y no usa categorías más refinadas, como "obreros industriales", "obreros de servicios"). Los datos para los demás departamentos, así como información ocupacional más detallada, están siendo procesados.
2. Las variables usadas en las correlaciones y ecuaciones son las siguientes:
Obreros urbanos: Por ciento de obreros manuales (asalariados) en actividades secundarias y terciarias sobre el total de la PEA (población económicamente activa).
Obreros rurales: Por ciento de obreros manuales (asalariados) en actividades primarias, sobre el total de la PEA.
Patronos urbanos: Por ciento de patrones (personas que emplean por lo menos un asalariado), en actividades secundarias y terciarias, sobre el total de la PEA.
Patronos rurales: Por ciento (igual definición que la anterior) en actividades primarias, sobre el total de la PEA.
"Empleados" urbanos: Por ciento de asalariados no manuales que trabajan en actividades secundarias y terciarias, sobre el total de la PEA.
"Empleados" rurales: Por ciento de asalariados no manuales que trabajan en actividades primarias, sobre el total de la PEA.
Tamaño industrial: Número medio de trabajadores por establecimiento industrial.
Tamaño rural: Número promedio de trabajadores por establecimiento rural.
Analfabetismo: Por ciento de analfabetos en la población de 14 años o más.
Migrantes: Por ciento de hombres nacidos en otra provincia, sobre el total de hombres argentinos nativos que viven en el departamento. Fuentes: a) Los tres volúmenes del.
b)La tabla 41 de las planillas inéditas del mismo Censo, para los datos ocupacionales; tamaño industrial, tamaño agropecuario, analfabetismo, tomados de T. DI TELLA, La teoría del primer impacto, Rosario, Universidad del Litoral, 1965.
Peronismo: Por ciento de votos peronistas sobre el total de votos.
La variable urbanización ocupacional se usó para clasificar los departamentos en categorías según grado de urbanización. Se la define como el por ciento formado por las ramas secundaria y terciaria sobre el total de la PEA.
La variable migrantes presenta un difícil problema para los departamentos incluidos en el Gran Buenos Aires. En esta área la tabla publicada por el Censa considera "migrantes" a personas nacidas en la Capital y que ahora viven en resto resto del Gran Buenos Aires, y viceversa; es imposible saber, en, base a tablas publicadas o inéditas, quiénes de los que vivían en el Gran Buenos Aires no capitalino habían migrado desde el resto de la provincia, y quiénes venían de otro de los partidos del mismo Gran Buenos Aires. Se puede hacer estimaciones, que aún no están terminadas. Por esta razón, los resultados para migrantes en esta área no son confiables.
En las columnas del cuadro 1 se han realizado diversas reagrupaciones de los departamentos, según que se incluya o no al área del Gran Buenos Aires, y según tamaño del centro urbano principal.. De las columnas 6 a 9 se ha dividido a su vez a los departamentos de un cierto tamaño (absoluto) de centro urbano, según el porcentaje que la actividad ocupacional urbana significa en él. Los más "urbanos" en este sentido son los de las columnas 6 y 7, donde el 60 por ciento o más de la PEA es ocupacionalmente urbana. Los más rurales están en las columnas 8 y 9, donde menos del 60 por ciento de la PEA es ocupacionalmente urbana. En la columna 10 se toman todos los departamentos preponderantemente rurales.
3. Los resultados generales que muestra el cuadro 1 confirman en general la gran importancia de los obreros, y de los migrantes, en todas las áreas urbanas (con la excepción del Gran Buenos Aires, por las razones señaladas). Es importante señalar que la correlación múltiple al cuadrado es uniformemente mucho más alta que las que obtiene Smith (ob. cit.); la gran importancia de los migrantes puede verse en las columnas 5 y 6, que corresponden a los lugares más urbanos (excluyendo el Gran Buenos Aires); la importancia de los obreros es alta en todos los casos. En los departamentos rurales los obreros rurales también aparecen contribuyendo fuertemente al voto peronista. Los patronos urbanos y los rurales tienen correlaciones negativas en todos lados; los "empleados" urbanos y los rurales las tienen negativas en zonas urbanas, y positivas en zonas rurales.
En estas zonas los "empleados", que en gran medida son escribientes de tipo rutinario, y vendedores en pequeños comercios y mercados, se parecen más bien a "obreros" del terciario. Un nuevo cálculo que se está realizando, en base a la tabla 41, inédita, del IV Censo, puede arrojar luz sobre esta situación. Teniendo en cuenta esta corrección conceptual, parece claro que en todos los departamentos rurales con centros de 5.000 habitantes o más (pero incluyendo fuertes sectores rurales) la base del voto peronista son los obreros (primarios, secundarios y terciarios) y los: migrantes (necesariamente obreros en su gran mayoría).