Bhagavad Gita

by Viasa

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Bhagavad Gita
Viasa

Introducción a BHAGAVADGÎTÂ

Se ha convertido en un tópico literario que -tomando prestadas las palabras del profesor Max Müller en una de sus recientes conferencias- la historia, en el sentido ordinario de la palabra, es casi desconocida en la literatura india. Y es ciertamente una notable ironía del destino que nos veamos obligados a hacer esta observación en el umbral mismo de una introducción a la Bhagavadgîtâ; pues, según el eminente filósofo francés Cousin, esta gran deficiencia de la literatura sánscrita se debe, en medida nada despreciable, a las doctrinas expuestas en la propia Bhagavadgîtâ. Pero sea como fuere, lo cierto es que el estudiante de la Bhagavadgîtâ debe, por el momento, prescindir de la información histórica fidedigna sobre el autor de la obra, la época en que fue compuesta e incluso el lugar que ocupa en la literatura, que uno desea naturalmente al iniciar el estudio de cualquier obra. Especialmente en un intento como el presente, destinado principalmente a los estudiantes de historia de la religión, me habría complacido más poder, en esta Introducción, haber concentrado en un foco, por así decirlo, sólo aquellos resultados históricos bien comprobados, sobre los que existe algo así como un consenso de opinión entre las personas cualificadas para juzgar.
Pero no exagero al decir que es casi imposible establecer una sola proposición respecto a cualquier asunto importante relacionado con la Bhagavadgîtâ, sobre la que pueda decirse que existe tal consenso. Por consiguiente, debe entenderse que las conclusiones a las que se llega en esta Introducción sólo reflejan opiniones individuales, y deben tomarse en consecuencia por lo que valen.
El nombre completo de la obra es Bhagavadgîtâ. En el lenguaje corriente, a menudo abreviamos el nombre en Gîtâ, y en la literatura sánscrita el nombre aparece en ambas formas. En las obras de Sankarâkârya, las citas del Gîtâ se introducen, a veces con las palabras "En el Gîtâ" o "En el Bhagavadgîtâ", y a veces con palabras que pueden traducirse como "En los Gîtâs", utilizándose la forma plural. En los colofones de los manuscritos de la obra, la forma corriente, al parecer en toda la India, es: "En los Upanishads cantados (Gîtâs) por la Deidad". Sankarâkârya, de hecho, lo llama a veces el Îsvara Gîtâ, que, creo, es el título específico de una obra totalmente diferente. El significado, sin embargo, de los dos nombres es idéntico, a saber, la canción cantada por la Deidad, o, como lo traduce Wilkins, la Divina Lay.
Esta Divina Canción forma parte del Bhîshma Parvan del Mahâbhârata, una de las dos conocidas epopeyas nacionales de la India. El Gîtâ da su nombre a una subdivisión del Bhîshma Parvan, que se llama el Bhagavadgîtâ Parvan, y que incluye, además de los dieciocho capítulos de que consta el Gîtâ, otros doce capítulos. Sobre esto ha surgido naturalmente la pregunta: ¿Es el Gîtâ una porción genuina del Mahâbhârata, o es una adición posterior? La cuestión es de considerable dificultad.
Pero no puedo evitar decir, que la manera en que ha sido generalmente tratada no es del todo satisfactoria para mi mente. Sin embargo, antes de profundizar en esta cuestión, es conveniente exponer algunos de los hechos en los que debe basarse la decisión. Parece, entonces, que la familia real de Hastinâpura estaba dividida en dos ramas; una llamada los Kauravas, y la otra los Pândavas. Los primeros deseaban mantener a los segundos fuera de la parte del reino que reclamaban; y así, después de que muchos intentos de llegar a un acuerdo amistoso resultaran infructuosos, se decidió decidir las diferencias entre las dos partes mediante el arbitrio de las armas. En consecuencia, cada parte reunió a sus partidarios y los ejércitos hostiles se encontraron en el "campo sagrado de Kurukshetra", mencionado en las primeras líneas de nuestro poema. En esta coyuntura, K r i sh n a {{K}ri{{sh}}n{{a}} Dvaipâyana, alias Vyâsa, pariente de ambas partes y dotado de poderes más que humanos, se presenta ante Dh r i tarâsh t ra { {{Dh}}ri{{tarâsh}}t{{ra}}, el padre de los Kauravas, de quien se dice que es completamente ciego.
Vyâsa pregunta a Dh r i tarâsh t ra {{Dh}}ri{{tarâsh}}t{{ra}} si desea ver con sus propios ojos el curso de la batalla; y si Dh r i tarâsh t ra {{Dh}ri{{tarâsh}t{{ra}} expresa su renuencia, Vyâsa encarga a un tal Sañgaya que relate a Dh r i tarâsh t ra { {{Dh}}ri{{tarâsh}}t{{ra}} todos los acontecimientos de la batalla, dando a Sañgaya, por medio de sus propios poderes sobrehumanos, todas las ayudas necesarias para cumplir con su deber. Entonces comienza la batalla, y después de diez días de lucha, cae el primer gran general de los Kauravas, Bhîshma. En ese momento Sañgaya se acerca a Dh r i tarâsh t ra { {{Dh}}ri{{tarâsh}}t{{ra}}, y le anuncia el triste resultado, que por supuesto es un gran golpe para su partido. Dh r i tarâsh t ra { {{Dh}}ri{{tarâsh}}t{{ra}}} hace entonces numerosas preguntas a Sañgaya sobre el curso del conflicto, a todas las cuales Sañgaya responde debidamente. Y entre sus primeras respuestas se encuentra el relato de la conversación entre K r i sh n a { {{K}ri{{sh}}n{{a}}} y Ar g una { {{Ar}g{{una}}} al comienzo de la batalla, que constituye la Bhagavadgîtâ. Después de relatar a Dh r i tarâsh t ra { {{Dh}ri{{tarâsh}t{{ra}} ese 'maravilloso y santo diálogo', y después de dar cuenta de lo ocurrido en los intervalos de la conversación, Sañgaya procede a narrar los acontecimientos reales de la batalla.
Con este esbozo del marco de la historia ante nosotros, estamos ahora en condiciones de considerar los argumentos opuestos sobre el punto antes señalado. El Sr. Talboys Wheeler escribe al respecto lo siguiente. Pero queda otra característica anómala de la historia de la gran guerra, tal como está registrada en el Mahâbhârata, que no puede ser pasada por alto en silencio; y es la extraordinaria brusquedad e infelicidad con que los discursos brahmánicos, tales como ensayos sobre leyes, sobre moral, sermones sobre cosas divinas, e incluso instrucción en las llamadas ciencias, son imprudentemente injertados en la narración principal..... Krishna y Arguna, en la mañana del primer día de la guerra, cuando ambos ejércitos están en orden de batalla y las hostilidades están a punto de comenzar, entablan un largo y filosófico diálogo sobre las diversas formas de devoción que conducen a la emancipación del alma; y no puede negarse que, por incongruente e irrelevante que pueda parecer tal diálogo en vísperas de la batalla, el discurso de Krishna, mientras actúa como auriga de Arguna, contiene la esencia de las fases más espirituales de la enseñanza brahmánica, y está expresado en un lenguaje de tal profundidad y sublimidad, que ha llegado a ser merecidamente conocido como el Bhagavad-gîtâ o Canto Divino. . . . De hecho, los compiladores brahmánicos no han escatimado esfuerzos para convertir la historia de la gran guerra en un vehículo para la enseñanza brahmánica; y muchas de estas interpolaciones están tan hábilmente entretejidas con la historia, que a menudo es imposible narrar la una sin referirse a la otra, por irrelevante que sea el asunto para el tema principal que nos ocupa". Me parece, lo reconozco, muy difícil aceptar esto como un argumento satisfactorio, que no es más que esto: que las "interpolaciones", a las que necesariamente hay que referirse al narrar la historia principal incluso para hacerla inteligible, deben, sin embargo, considerarse "evidentemente el producto de una época brahmánica" y, presumiblemente, también de una época posterior, ' y presumiblemente también de una época posterior, porque, en efecto, son irrelevantes e incongruentes según los 'gustos e ideas' -no de la época, recuérdese, en que se supone que fue escrita la 'historia principal', sino de este ilustrado siglo 19. El apoyo que se puede suponer que se deriva de este argumento de la alegación de que ha habido un intento de brahmanizar, por así decirlo, la historia de la gran guerra, me parece extremadamente débil, en lo que concierne a la Gîtâ. Pero éste es un punto que habrá que considerar con más detenimiento en lo sucesivo.
Sin embargo, aunque no estoy preparado para admitir la contundencia de los argumentos del Sr. Wheeler, por otra parte, no se debe entender que sostengo que el Gîtâ debe ser aceptado como una parte genuina del Mahâbhârata original. Confieso que mi opinión al respecto es algo parecida a la del gran historiador de Grecia sobre la cuestión homérica, un sentimiento de dolorosa desconfianza respecto a la solidez de cualquier conclusión. Si bien es imposible no sentir serias dudas sobre el estado crítico del Mahâbhârata en general; si bien, de hecho, podemos estar casi seguros de que la obra ha sido manipulada de vez en cuando, es difícil llegar a una conclusión satisfactoria con respecto a cualquier sección particular del mismo. Y debe recordarse, también, que las alternativas que tenemos para elegir en estos casos no son sólo estas dos, que la sección en cuestión puede ser una parte genuina de la obra, o que puede ser una interpolación posterior: sino también esto, como se ha sugerido recientemente, aunque no por primera vez, por el Sr. Freeman con referencia a la cuestión homérica, que la sección puede haber existido en la fecha de la epos original, y puede haber sido trabajado por el autor de la epos en su propia producción.
Porque esa ausencia de temor, "tanto de la ley como del sentimiento de los derechos de autor", en la que se basa el Sr. Freeman con respecto a un poeta griego primitivo, no se limitaba en absoluto al pueblo griego, sino que también puede encontrarse entre nosotros. El comentarista Madhusûdana Sarasvatî compara la Gîtâ con los diálogos que aparecen en diversas obras védicas, en particular los Upanishads. Posiblemente -no usaré una palabra más fuerte- posiblemente el Gîtâ puede haber existido como tal diálogo antes del Mahâbhârata, y puede haber sido apropiado por el autor del Mahâbhârata para sus propios propósitos. Pero, en conjunto, teniendo en cuenta el hecho de que esas ideas de unidad en las que Mr. Wheeler y otros dan tanta importancia, son escasamente apropiadas para nuestra antigua literatura; al hecho de que el Gîtâ encaja bastante bien en el escenario que se le da en el Bhîshma Parvan; al hecho de que el sentimiento de Arguna, que le da ocasión, no es en absoluto inconsistente, sino que está en consonancia, con la justicia poética; al hecho de que no hay en el Gîtâ, a mi juicio, ningún rastro de un espíritu sectario o "brahmanizante", tal como Mr. Wheeler y también el difunto Profesor Goldstücker sostienen haber animado a los arregladores del Mahâbhârata; teniendo en cuenta, digo, todos estos hechos, estoy preparado para adherirme, no diré sin desconfianza, a la teoría de la genuinidad del Bhagavadgîtâ como una porción del Mahâbhârata original.
El siguiente punto a considerar es la autoría de la Gîtâ. La noción popular sobre este tema es bastante conocida. La totalidad del Mahâbhârata se atribuye, según nuestras tradiciones, a Vyâsa, a quien ya hemos señalado como pariente de los Kauravas y los Pândavas; y, por tanto, el Bhagavadgîtâ también se atribuye naturalmente al mismo autor. El testimonio escrito más antiguo de esta autoría, que yo pueda rastrear, se encuentra en el comentario de Sankarâkârya sobre el propio Gîtâ y sobre el Brihadâranyakopanishad. Hasta cierto punto, la mención de Vyâsa en el cuerpo de la Gîtâ parecería, desde un punto de vista histórico, contradecir esta tradición. Pero no he visto en ninguno de los comentarios a los que he tenido acceso, ninguna consideración sobre este punto, como sí la hay sobre la mención en algunas Smritis y Sûtras de los nombres de aquellos a quienes se atribuyen respectivamente esas Smritis y Sûtras.
Debemos ahora dejar estas cuestiones preliminares, desafortunadamente en un estado lejos de ser satisfactorio, y proceder al tema más importante - la fecha en que la Gîtâ fue compuesta, y la posición que ocupa en la literatura sánscrita. Tenemos que considerar aquí la evidencia externa sobre estos puntos, que es tentadoramente escasa; y la evidencia interna, que es, quizás, algo más completa. Tomando en primer lugar la evidencia interna, los diversos elementos que caen bajo ese epígrafe pueden clasificarse en cuatro grupos.
En primer lugar, tenemos que considerar el carácter general de la Gîtâ con referencia a su modo de tratar el tema. En segundo lugar, está el carácter de su estilo y lenguaje. En tercer lugar, tenemos que considerar la naturaleza de la versificación de la Gîtâ. Y en cuarto y último lugar, debemos tomar nota de diversos puntos de detalle, como la actitud de la Gîtâ hacia los Vedas y hacia las castas, sus alusiones a otros sistemas de especulación y otros asuntos de la misma naturaleza. Sobre cada uno de estos grupos, en el orden aquí expuesto, procederemos ahora a hacer algunas observaciones.
En primer lugar, sobre la manera en que la Gîtâ trata su tema. En 1875, escribí lo siguiente sobre este punto: "Mi opinión es que en el Gîtâ y los Upanishads, la parte filosófica no ha sido consistente y completamente elaborada. Tenemos allí los resultados de un pensamiento libre, ejercitado sobre diferentes temas de gran importancia, sin las exigencias de ninguna conclusión preconcebida, o de ninguna teoría completamente desarrollada. Es después, en una etapa posterior del progreso filosófico, cuando surge la elaboración de sistemas. En esa etapa algunos pensadores interpretan obras enteras a la luz de algunas doctrinas o expresiones particulares.
Y el resultado es el desarrollo de toda una multitud de sectas filosóficas, siguiendo el ejemplo de esos pensadores, y todas profesando extraer su doctrina de la Gîtâ o de los Upanishads, aunque cada una difiere notablemente de la otra". Desde que esto fue escrito, las Conferencias Hibbert del Profesor Max Müller han sido publicadas. Y me complace comprobar que, en lo que respecta a los Upanishads, su opinión coincide exactamente con la que he expresado en las palabras ahora citadas. El profesor Max Müller dice: "No hay lo que podría llamarse un sistema filosófico en estos Upanishads. Son, en el verdadero sentido de la palabra, conjeturas sobre la verdad, a menudo contradictorias entre sí, pero todas tendentes en una dirección".
La misma opinión ha sido corroborada. El profesor Fitz-Edward Hall, en un pasaje que yo no había notado antes, dice: "En los Upanishads, el Bhagavadgîtâ, y otros libros hindúes antiguos, encontramos, en combinación, las doctrinas que, después de haber sido sometidas a modificaciones que las hicieron en su conjunto irreconciliables, se distinguieron, en un período incierto, en lo que durante muchas épocas se ha llamado el Sânkhya y el Vedânta". Tenemos, pues, una autoridad de peso para adherirnos a la opinión ya expresada sobre este importante tema. Pero como el profesor Weber parece haber expresado una opinión con la intención de arrojar alguna duda sobre la corrección de ese punto de vista, es deseable entrar un poco más en detalle para fortificarlo por referencia real a los contenidos de la Gîtâ, tanto más cuanto que así podemos dilucidar el verdadero carácter de esa obra.
Antes de hacerlo, sin embargo, puede ser señalado, que la proposición que hemos establecido es una, cuya prueba yace más en una revisión comprensiva de todo el Gîtâ, que en la investigación de pequeños detalles sobre los cuales hay necesariamente mucho espacio para la diferencia de opinión.
Y primero, comparemos esa obra indiscutiblemente sistematizada, los Yoga-sûtras actuales, con la Bhagavadgîtâ en uno o dos temas, en los que ambos recorren un terreno común. En el Gîtâ, capítulo 6, estrofas 33, 34 (p. 71), tenemos a Arguna planteando lo que es, en sustancia, una pregunta a Krishna, acerca de cómo la mente, que es ciertamente "voluble, bulliciosa, fuerte y obstinada", ha de ser controlada, habiendo declarado Krishna que tal control es necesario para alcanzar la devoción (yoga). Krishna responde diciendo que la mente puede ser refrenada por 'la práctica (abhyâsa) y la indiferencia hacia los objetos mundanos (vairâgya)'.
Luego continúa diciendo que la devoción no puede alcanzarse sin autocontrol, pero que aquel que tiene autocontrol y trabaja para alcanzar la devoción, puede tener éxito en adquirirla. Aquí se acaba el tema. No hay ninguna otra explicación de la "práctica" o de la "indiferencia a los objetos mundanos", ninguna exposición del modo en que trabajan, etcétera. Contrasta ahora con los Yoga-sûtras. El tema se trata al principio de la obra. Como de costumbre, el autor comienza por "Ahora, pues, el Yoga debe ser enseñado". Él explica entonces el Yoga por la definición bien conocida 'el Yoga es la restricción de los movimientos de la mente.' Y después de señalar lo que son los movimientos de la mente, prosigue: "Su restricción es por medio de la práctica y la indiferencia hacia los objetos mundanos", los mismos términos, obsérvese de paso, que se emplean en el Bhagavadgîtâ. Pero una vez llegados hasta aquí, el autor de los Sûtras no abandona el tema como hace el autor de la Gîtâ. Continúa así: 'La práctica es el esfuerzo para mantenerla firme'. Y eso se vuelve firme cuando se recurre a ella durante mucho tiempo, sin interrupción y con una conducta correcta.' Hasta aquí hemos hablado del primer requisito especificado, a saber, la práctica. Patañgali pasa entonces al segundo requisito para la moderación mental.
La indiferencia hacia los objetos mundanos es la conciencia de haber dominado los deseos, etcétera (Vasikâra sañgñâ), que pertenece a quien no anhela los objetos visibles y aquellos de los que se oye hablar" (de los Sâstras, etcétera, como el cielo, etcétera). A continuación distingue otra especie más elevada de "indiferencia", y luego señala los resultados de ese autocontrol que debe adquirirse del modo que ha expuesto. Este es un ejemplo. Ahora tomemos otro. En el capítulo 6, estrofa 10 y siguientes, la Gîtâ expone detalladamente el modo de lograr prácticamente la abstracción mental llamada Yoga. No es necesario reproducirlo aquí.
El lector puede encontrar fácilmente cómo se dan allí diversas direcciones para el propósito especificado, pero sin ninguna tentativa de sistematizar. Contrasta con los Yoga-sûtras. En el Sâdhanapâda, la sección que trata de la adquisición del Yoga, Patañgali enuncia en el vigésimo noveno aforismo los conocidos ocho elementos del Yoga. Luego subdivide estos elementos y expone cada uno de ellos con claridad, definiéndolos, indicando el modo de adquirirlos e insinuando los resultados que se derivan de ellos. Ese desmesurado amor por la subdivisión, que el Dr. F. E. Hall ha atribuido en alguna parte a los hindúes, aparece claramente en estos aforismos, mientras que no hay ni rastro de él en el pasaje correspondiente del Bhagavadgîtâ. En mi opinión, por tanto, estas comparaciones corroboran firmemente la proposición que hemos formulado acerca del carácter no sistemático, o más bien no sistemático, de la obra. En una tenemos definición, clasificación, división y subdivisión. En la otra tenemos un conjunto de orientaciones prácticas, sin ningún intento de ordenarlas en un orden muy científico. En una tenemos un conjunto de términos técnicos con significados específicos. En el otro no se manifiesta tal precisión.
En una palabra, usted tiene en el Gîtâ los gérmenes, y gérmenes notables también, de un sistema, y usted tiene la mayor parte de la materia prima de un sistema, pero usted no tiene ningún sistema listo.
Veamos ahora el asunto desde un punto de vista ligeramente diferente. En la Bhagavadgîtâ se emplean diversas palabras cuyo significado no es idéntico en toda la obra. Tomemos, por ejemplo, la palabra "yoga", que hemos traducido como "devoción". En Gîtâ, capítulo 2, estrofa 48 (p. 49), se da una definición de esa palabra.
En el capítulo 6, el significado que tiene es completamente diferente. Y de nuevo en el capítulo 9, estrofa 5, hay todavía otro sentido en que se emplea la palabra. También la palabra "Brahman" tiene significados muy diversos. Y uno de sus significados, de hecho, es bastante singular, a saber, "Naturaleza" (véase el capítulo 14, estrofa 3). Observaciones similares, en mayor o menor grado, se aplican a las palabras Buddhi, Âtman y Svabhâva. Se trata de palabras que representan ideas no poco importantes en la filosofía de la Bhagavadgîtâ. Y la ausencia de precisión científica en su uso me parece un indicio del carácter no sistemático del que ya hemos hablado.
Hay otra línea argumental que, en mi opinión, conduce a la misma conclusión. Hay varios pasajes en el Gîtâ que no son muy fáciles de conciliar entre sí, y no se hace ningún intento de armonizarlos. Así, por ejemplo, en la estrofa 16 del capítulo 7, Krishna divide a sus devotos en cuatro clases, una de las cuales consiste en "hombres de conocimiento", a quienes, dice Krishna, considera "como a su propio yo". Probablemente sería difícil imaginar cualquier expresión que pudiera indicar mayor estima.
Sin embargo, en la estrofa 46 del capítulo 6, tenemos establecido que el devoto es superior no sólo al mero ejecutor de penitencias, sino incluso a los hombres de conocimiento. Los comentaristas traicionan su sesgo gnóstico al interpretar que "hombres de conocimiento" en este último pasaje significa aquellos que han adquirido erudición en los Sâstras y sus significados. No es una interpretación que haya que rechazar necesariamente. Pero hay en ella una cierta tergiversación de las palabras que, dadas las circunstancias, no me siento inclinado a aceptar. Y por otra parte, no debe ser olvidado, que la implicación bastante derivable del capítulo 4, estrofa 38 (pp. 62, 63), parecería ser más bien que el conocimiento es superior a la devoción--es la etapa más alta que debe ser alcanzada por medio de la devoción como el peldaño. En otro pasaje de nuevo en Gîtâ, capítulo 12, estrofa 12, la concentración es preferida al conocimiento, lo que también me parece irreconciliable con el capítulo 7, estrofa 16. Tomemos aún otro ejemplo.
En Gîtâ, capítulo 5, estrofa 15, se dice, que 'el Señor no recibe el pecado o el mérito de nadie.' Sin embargo, en el capítulo 5, estrofa 29, y de nuevo en el capítulo 9, estrofa 24, Krishna se llama a sí mismo 'el Señor y gozador' de todos los sacrificios y penitencias. ¿Cómo puede el Ser Supremo 'gozar' de lo que ni siquiera recibe? Una vez más, en el capítulo 10, estrofa 29, Krishna declara que 'nada me es odioso, nada me es querido'. Sin embargo, los notables versos que cierran el capítulo 12 parecen contradecir rotundamente esa declaración. Allí, a través de una elaboradísima serie de estrofas, la carga del elocuente sermón de Krishna es 'tal persona me es querida'. Y de nuevo en esos bellos versos, donde Krishna concluye su Divina Disposición, le dice a Arguna, de manera similar, que él, Arguna, es 'querido' por Krishna. Y Krishna también habla de ese devoto como 'querido' para él, que puede publicar el Misterio de la Gîtâ entre aquellos que reverencian al Ser Supremo. Y una vez más, ¿cómo hemos de conciliar el mismo pasaje acerca de que nadie es 'odioso o querido' por Krishna, con sus propias palabras en el capítulo 16, estrofa 18 y estrofas siguientes?
El lenguaje empleado para describir a los "endemoniados" no es muy dulce para con ellos, mientras que Krishna dice positivamente: "Yo arrojo a tales personas a vientres endemoniados, por lo que caen en la miseria y en la más vil condición". Estas personas apenas son caracterizadas con exactitud 'como ni odiosas ni queridas' por Krishna. Me parece que todas estas son inconsistencias reales en el Gîtâ, no tales, tal vez, que no puedan ser explicadas, pero tales, creo yo, que indican una mente haciendo conjeturas sobre la verdad, como dice el Profesor Max Müller, más que una mente elaborando un sistema completo y organizado de filosofía. El autor ni siquiera es consciente de la existencia de estas incoherencias. Y los contextos de los diversos pasajes indican, a mi juicio, que una verdad a medias es tachada aquí, y otra verdad a medias allá, con especial referencia al tema especial que se discute en ese momento; pero no se hace ningún intento de organizar las diversas verdades a medias, que son aparentemente incompatibles, en un todo simétrico, donde las aparentes inconsistencias podrían posiblemente desaparecer por completo en la síntesis superior.
Y teniendo en cuenta estos diversos puntos, y el punto adicional, que la secuencia de ideas a lo largo de los versos de la Gîtâ no siempre es fácil de seguir, estamos, creo, seguros en la adhesión a la opinión expresada anteriormente, que la Gîtâ es una obra no sistemática, y en ese sentido pertenece a la misma clase que los antiguos Upanishads.
Pasamos ahora a considerar el estilo y el lenguaje de la Bhagavadgîtâ. Y creo que esto proporciona un sólido argumento a favor de la proposición de que pertenece a una época considerablemente anterior a la del departamento artificial de la literatura sánscrita, a saber, la época de los dramas y poemas. En su carácter general, el estilo me impresiona por su simplicidad arcaica. Los compuestos, propiamente dichos, no son numerosos; los que hay, no son largos, y muy raramente, si es que alguna vez los hay, presentan algún rompecabezas a la hora de analizarlos. El contraste que se presenta con lo que se llama la literatura clásica, representada por Bâna o Dandin, o incluso Kâlidâsa, no es poco sorprendente. En Kâlidâsa, sin duda, el amor por los compuestos está bastante bien atenuado, aunque creo que sus obras tienen una proporción perceptiblemente mayor de ellos que los Gîtâ. Pero después de Kâlidâsa el amor por los compuestos experimenta un notable desarrollo, hasta que en escritos posteriores puede decirse que casi se ha vuelto loco.
Incluso en Bâna y Dandin, Subandhu y Bhavabhûti, la plétora de compuestos es a menudo fatigosa. Y la misma observación se aplica a muchas de las inscripciones de cobre y otras que se han descifrado recientemente, y algunas de las cuales datan de los primeros siglos de la era cristiana. Tomemos de nuevo la exuberancia de figuras y tropos, tan marcada en el estilo clásico.
Hay poco o nada de eso en el Gîtâ, donde se tiene un estilo llano y directo de simplicidad natural, y sin embargo un estilo de ninguna manera desprovisto de mérito estético como el estilo de la literatura Sûtra. También hay una ausencia casi completa de construcciones sintácticas complicadas; no hay ningún intento de asegurar ese tintineo de sonidos similares, que 'parece haber demostrado ser una tentación demasiado fuerte incluso para que la musa de Kâlidâsa se resistiera por completo. Pero, por el contrario, tenemos esas repeticiones de palabras y frases, que son características, y no sólo en sánscrito, del estilo de un período arcaico. Si nos fijamos especialmente en el lenguaje, a diferencia del estilo de la Gîtâ, encontramos palabras como Anta, Bhâshâ, Brahman, algunas de las cuales se recogen en el Índice de Sánscrito en este volumen, que han dejado de usarse en la literatura clásica en los significados que respectivamente tienen en la Gîtâ. La palabra "ha", que aparece una vez, es digna de mención especial.
Es el equivalente de "gha", que aparece en los Samhitâs védicos. En la forma "ha" aparece en los Brâhmanas. Pero creo que nunca aparece en lo que propiamente se denomina literatura clásica. Se encuentra, de hecho, en los Purânas. Pero esa es una clase de obras que ocupa una posición muy singular. Hay mucho en los Purânas que, creo, debe admitirse que es muy antiguo; aunque indudablemente también hay mucho en ellos que es muy moderno. Es, por lo tanto, imposible tratar el uso de 'ha' en esa clase de obras como negando una inferencia de la antigüedad de cualquier libro donde la palabra ocurre; mientras que su uso en obras Védicas y su ausencia total en obras modernas indican tal antigüedad bastante fuertemente.
Podemos, por lo tanto, plasmar el resultado de esta parte de la discusión en la proposición de que el Gîtâ está alejado por una considerable distancia lingüística y cronológica de la literatura sánscrita clásica. Y hasta donde llega, esta proposición concuerda con el resultado de nuestra investigación de la primera rama de la evidencia interna.
La siguiente rama de esa evidencia nos lleva al carácter de la versificación de la Gîtâ. Aquí, de nuevo, un estudio del verso sánscrito en general, y del verso de la Gîtâ en particular, nos lleva a una conclusión respecto a la posición de la Gîtâ en la literatura sánscrita, que está en estricto acuerdo con las conclusiones que ya hemos sacado. En el verso de los Samhitâs Védicos, no hay casi nada como un esquema rígidamente fijo de versificación, ninguna colocación particular de sílabas largas y cortas es absolutamente necesaria. Si intentamos cantarlos en el modo en que se cantan los versos sánscritos clásicos, invariablemente nos encontramos con líneas en las que el canto no puede ser fluido.
Si a continuación pasamos a la versificación de los Upanishads, observamos que se han hecho algunos progresos hacia la fijeza de esquema a la que hemos aludido anteriormente. Aunque todavía hay numerosas líneas que no pueden ser cantadas suavemente, hay, por otro lado, un número no del todo despreciable que pueden ser cantadas suavemente. Creo que en el Bhagavadgîtâ puede observarse un avance aún mayor, aunque ligero.
Una proporción visiblemente mayor de las estrofas de la Gîtâ se ajusta a los esquemas métricos establecidos por los escritores de prosodia, aunque todavía hay varios versos que no se ajustan a ellos y, por consiguiente, no pueden cantarse de manera regular. Por último, llegamos a los Kâvyas y Nâtakas, la literatura clásica. Y aquí, en la práctica, encontramos en todas partes la más inflexible rigidez de esquema, mientras que la teoría se establece en una regla que dice que "incluso mâsha puede cambiarse por masha, pero debe evitarse la ruptura de la métrica". Este estudio del verso sánscrito puede, creo, ser tratado justamente como una muestra de que la adhesión a los esquemas métricos es una prueba de la posición cronológica de una obra - cuanto más tardía es la obra, más inviolable es tal adhesión.
No necesito detenerme aquí para señalar cómo esta opinión se ve corroborada por las reglas dadas sobre este tema en la obra estándar de Pingala sobre las Khandas Sâstra. Sólo concluiré este punto diciendo que el argumento de la versificación del Gîtâ, hasta donde llega, indica su posición como anterior a la literatura clásica, y casi contemporánea con la literatura de los Upanishad.
Ahora procedemos a investigar el último grupo de hechos que caen bajo el título de evidencia interna, como se mencionó anteriormente. Y primero en cuanto a la actitud del Gîtâ hacia los Vedas. Si examinamos todos los pasajes en el Gîtâ, en los cuales se hace referencia a los Vedas, el resultado agregado parece ser, que el autor del Gîtâ no tira los Vedas completamente por la borda. Siente y expresa reverencia por ellos, sólo que esa reverencia tiene un carácter un tanto especial. Dice, en efecto, que los preceptos de los Vedas son adecuados para cierta clase de personas, de cierto estatus intelectual y espiritual, por así decirlo.
Hasta aquí su autoridad es intachable. Pero si los insensatos defensores de la autoridad de los Vedas pretenden algo más que eso, el autor de la Gîtâ considera que están equivocados. El sostiene, por el contrario, que actuar sobre las ordenanzas de los Vedas es un obstáculo para el logro del summum bonum. Compárese esto con la doctrina de los Upanishads. La coincidencia me parece muy notable.
En una de sus recientes conferencias, el profesor Max Müller utiliza el siguiente lenguaje elocuente con respecto a los Upanishads: Por último vienen los Upanishads; ¿y cuál es su objeto? Mostrar la total inutilidad, más aún, la malicia de todas las representaciones rituales (compárese nuestro Gîtâ, páginas 47, 48, 84); condenar todo acto sacrificial que tenga por motivo un deseo o esperanza de recompensa (comp. Gîtâ, página 119); negar, si no la existencia, al menos el carácter excepcional y exaltado de los Devas (comp. Gîtâ, páginas 76, 77, 78). Gîtâ, páginas 76 a 84); y enseñar que no hay esperanza de salvación y liberación, excepto cuando el yo individual reconoce al yo verdadero y universal, y encuentra descanso allí, donde sólo el descanso puede ser encontrado' (comp. nuestra Traducción del Gîtâ, páginas 78 a 83). Los pasajes a los que he dado referencias entre paréntesis mostrarán que todas las palabras del Profesor Max Müller pueden utilizarse con estricta exactitud en relación con la enseñanza esencial de la Bhagavadgîtâ. Tenemos aquí, por tanto, otra fuerte circunstancia a favor de agrupar la Gîtâ con los Upanishads. Hay otro punto digno de mención. Dondequiera que el Gîtâ se refiere a los Vedas de la manera un tanto despectiva que he señalado, no se hace distinción entre la parte que se refiere al ritual y la parte que se refiere a esa ciencia superior, es decir, la ciencia del alma, de la que Sanatkumâri habla en su famoso diálogo con Nârada. En Gîtâ, capítulo 2, estrofa 45, se le dice a Arguna que los Vedas sólo se refieren a los efectos de las tres cualidades, efectos que Arguna debe superar. En Gîtâ, capítulo 6, estrofa 44, se le dice a Arguna que el que ha adquirido un poco de devoción, y luego se esfuerza por un mayor progreso, se eleva por encima de la palabra Divina - los Vedas. Y también hay uno o dos pasajes más de la misma naturaleza.
Todos ellos tratan a los Vedas como si se tratara únicamente de rituales. No hacen referencia a ninguna parte de los Vedas que trate del conocimiento superior. Si la palabra Vedânta, en Gîtâ, capítulo 15, estrofa 15 (p. 113), significa, como parece significar, esta última porción de los Vedas, entonces esa es la única alusión a ella. Pero, de todos los pasajes de la Gîtâ que se refieren a los Vedas, me inclino a sacar la conclusión de que los Upanishads de los Vedas fueron compuestos en una época no muy lejana de la época de la composición de la Gîtâ, y que en ese período los Upanishads aún no se había elevado a la posición de gran importancia que más tarde ordenó. En el pasaje mencionado en el capítulo 15, la palabra Vedântas probablemente significa los Âranyakas, que pueden ser considerados como marcando el comienzo de la época, que la composición de los Upanishads llevó a su fin. Y es al final de esta época, que yo asignaría el nacimiento de la Gîtâ, que es probablemente uno de los miembros más jóvenes del grupo al que pertenece.
Me parece que esta conclusión está corroborada por el hecho de que algunas estrofas del Gîtâ son idénticas a algunas estrofas de algunos de los Upanishads. Con respecto a la época épica de Grecia, el Sr. E. A. Freeman ha dicho que, al retrotraernos a esa época, "debemos dejar de lado todas las nociones con las que estamos familiarizados en nuestra propia época acerca de la propiedad legal o moral en las composiciones literarias. Es evidente que había frases, epítetos, líneas enteras, que eran propiedad común de toda la escuela épica de poesía". Me parece que debemos aceptar esta proposición como igualmente aplicable a los primeros días de la literatura sánscrita, teniendo en cuenta los pasajes comunes que encontramos en varias de las obras védicas, y también a veces, creo, en los diferentes Purânas. Si este punto de vista es correcto, entonces el hecho de que el Gîtâ contiene algunas estrofas en las mismas palabras que encontramos en algunos de los Upanishads, indica, a mi entender, que la conclusión ya extraída de otros datos acerca de la posición del Gîtâ con respecto a los Upanishads, no es en absoluto injustificada, sino una a la que los hechos ante nosotros más bien parecen apuntar.
Y aquí podemos proceder a llamar la atención a otro hecho conectado con la relación del Gîtâ a los Vedas. En la estrofa 17 del noveno capitulo del Gîtâ, solo Rik, Sâman, y Yagus son mencionados. El Atharva-veda no se menciona en absoluto. Esta omisión parece ciertamente muy notable. Porque es en un pasaje donde el Ser Supremo se identifica con todo, y donde, por lo tanto, el cuarto Veda podría esperarse que fuera mencionado.
Puedo añadir que al comentar las observaciones de Sankarâkârya sobre este pasaje, Ânandagiri (y Madhusûdana Sarasvatî también) parece evidentemente haber sido consciente de la posible fuerza de esta omisión del Atharva-veda. En consecuencia, dice que por la fuerza de la palabra "y" en el verso en cuestión, el Atharvângirasas, o Atharva-veda también debe ser incluido. ¿Podemos deducir de ello que el Atharva-veda no existía en la época en que se compuso la Gîtâ? La explicación que normalmente se da para la omisión de ese Veda, cuando tal omisión se produce, a saber, que no es de ninguna utilidad en materia de sacrificios ordinarios, es una que apenas puede tener ninguna fuerza en el presente caso, aunque es adecuado, tal vez, para explicar las palabras "los que conocen las tres ramas del conocimiento", que se producen sólo unas pocas líneas después de que el verso ahora en consideración. Los comentaristas no aportan más ayuda que la ya mencionada. En conjunto, sin embargo, aunque todavía no estoy del todo preparado para afirmar que la prioridad de la Gîtâ, incluso al reconocimiento del Atharva-veda como un Veda real, se puede inferir con justicia del pasaje en cuestión, creo que el pasaje es digno de mención por apuntar en esa dirección. Pero habrá que esperar a que se aporten más datos que expliquen la omisión mencionada.
Si las conclusiones aquí indicadas acerca de las posiciones relativas de la Gîtâ y ciertas obras védicas son correctas, podemos tomar con justicia el siglo II a. C. como un término antes del cual la Gîtâ debe haber sido compuesta. Para los Upanishads se mencionan en el Mahâbhâshya de Patañgali, que probablemente estamos seguros en la asignación a mediados de ese siglo. La época de los Upanishads más antiguos, por lo tanto, a la que se ha hecho referencia aquí con tanta frecuencia, bien puede situarse en algún período anterior al comienzo del siglo II a.C. El Atharva-veda es mencionado igualmente por Patañgali, y también como "noveno", recuérdese; de modo que si tenemos derecho a extraer la conclusión que se ha mencionado anteriormente del capítulo 9, estrofa 17, llegamos al mismo período para la fecha de la Gîtâ. Otro punto que hay que señalar a este respecto es la referencia al Sâma-veda como el mejor de los Vedas (véase página 88). Se trata de un hecho que parece ser capaz de proporcionar alguna información cronológica.
Porque la estima en que se ha tenido a ese Veda parece haber variado en diferentes épocas. Así, en el Aitareya-brâhmana, se declara que la gloria del Sâman es superior a la del Rik. En el Khândogya-upanishadse dice que el Sâman es la esencia del Rik, lo que Sańkara interpreta diciendo que el Sâman tiene más peso. En el Prasna-upanishad, también, la implicación del pasaje V, 5 (en el que el Sâman se declara como la guía al Brahmaloka, mientras que el Yagus se dice que guía al mundo lunar, y el Rik al, mundo humano) es para el mismo efecto.
Y también podemos mencionar como en el mismo lado el Nrisimha Tâpinî-upanishad y el pasaje védico citado en el comentario de Sańkara sobre la frase final de la primera khanda de ese Upanishad. Por otro lado, tenemos la declaración en Manu de que el sonido del Sâma-veda es impío; y la consecuente dirección de que donde se escuche el sonido del mismo, los Rik y Yagus no deben ser recitados. Tenemos también los pasajes de algunos de los Purânas anotados por el Dr. Muir en su excelente trabajo, Original Sanskrit Texts, que apuntan en la misma dirección. Y tenemos además la dirección en el Âpastamba Dharma-sûtra, que los himnos del Sâman no deben ser recitados donde los otros Vedas están siendo recitados, así como la agrupación del sonido del Sâman con varias clases de ruidos objetables e impíos, tales como los de perros y asnos. Es bastante evidente que la opinión de Âpastamba se basa en la misma teoría que la de Manu. Ahora bien, al examinar las dos clases de autoridades así reunidas, es evidente que la Gîtâ se sitúa entre las que son indudablemente más antiguas.
Y entre las obras menos antiguas, antes de las cuales podemos colocar el Gîtâ a causa de los hechos ahora bajo consideración, son Manu y Âpastamba. Pero el Dr. Bühler, en el Prefacio a su Âpastamba en la presente serie, ha aducido buenas razones para sostener que Âpastamba es anterior al siglo tercero a.C., y por lo tanto obtenemos eso como un punto de tiempo antes del cual los Gîtâ deben haber sido compuestos.
El siguiente elemento importante de la evidencia interna que hemos de señalar es el punto de vista que se adopta sobre las castas en el Bhagavadgîtâ. También en este caso es interesante e instructiva la comparación de la doctrina de la Gîtâ con la concepción de la casta en Manu y Âpastamba. El punto de vista de Manu ya ha sido contrastado por mí con el Gîtâ en otro lugar. No me propongo insistir aquí en ese punto, pues la fecha de Manú dista mucho de estar satisfactoriamente determinada. Prefiero ahora ocuparme sólo de Âpastamba, cuya fecha, como se acaba de decir, está bastante bien fijada por el Dr. Bühler. En el Bhagavadgîtâ se menciona dos veces la división de castas. En el primer pasaje (página 59) se dice que la división se basa en diferencias de cualidades y deberes; en el segundo (páginas 126 y 127) se indican claramente los diversos deberes según las diferencias de cualidades. Ahora, en primer lugar, observando a medida que avanzamos, que no hay nada en la Gîtâ que indique si la casta era hereditaria, según su punto de vista, mientras que Âpastamba afirma claramente que lo es, comparemos el segundo pasaje de la Gîtâ con los Sûtras de Âpastamba que se refieren al punto. El punto de vista enunciado en la Gîtâ me parece claramente pertenecer a una época anterior, a una época de mucho menos progreso en el desarrollo social y religioso. En la Gîtâ, por ejemplo, se dice que los deberes de un Brâhmana son la tranquilidad, el autocontrol, etcétera.
En Âpastamba, son los famosos seis deberes, a saber, estudiar, impartir instrucción, sacrificar, oficiar en los sacrificios de otros, hacer regalos y recibir regalos; y otros tres, a saber, la herencia, la ocupación y espigar espigas de maíz, que, cabe señalar de paso, no se indican en Manu. Los primeros me parece que apuntan a la época en que las cualidades que en los primeros tiempos dieron a los Brâhmanas su preeminencia en la sociedad hindú eran todavía una realidad viva. Se notará, también, que no hay nada en esa lista de deberes que tenga alguna conexión necesaria o natural con algún privilegio como perteneciente a la casta. La Ley establece estos deberes, en el verdadero sentido de la palabra. En Âpastamba, por el contrario, vemos un avance hacia el punto de vista posterior en ambos puntos. Ahora no se hace referencia a las cualidades morales y religiosas. Tiene que ver con ceremonias y actos. Bajo el encabezamiento de "deberes" no se incluyen meras obligaciones, sino derechos.
Porque el deber de recibir regalos es un derecho, y también lo es el deber de enseñar a otros y de oficiar en los sacrificios de otros; como sabemos no sólo por el curso posterior de los acontecimientos, sino también por una comparación de los deberes de los Brâhmanas por un lado, y de los Kshatriyas, Vaisyas y Sûdras por el otro, según lo establecido por Manu y Âpastamba mismos. Las reglas de Âpastamba, por lo tanto, parecen pertenecer a la época en que los Brâhmanas habían sido durante mucho tiempo un poder establecido, y estaban asumiendo para sí mismos esos valiosos privilegios que siempre han reclamado en épocas posteriores. Las reglas de la Gîtâ, por otra parte, apuntan a una época considerablemente anterior a ésta, a una época en la que los Brâhmanas, por sus cualidades morales e intelectuales, estaban sentando las bases de esa preeminencia en la sociedad hindú que más tarde les permitió señorear sobre todas las castas.
Estas observaciones mutatis mutandis se aplican a las reglas con respecto a las otras castas también. También en este caso, mientras la Gîtâ insiste en las cualidades internas que constituyen propiamente la profesión militar, por ejemplo, las reglas de Âpastamba indican la poderosa influencia de los Brâhmanas. Pues, como ya se ha dicho, oficiar sacrificios ajenos, instruir a otros y recibir regalos, están aquí expresamente prohibidos tanto a los Kshatriyas como a los Vaisyas. El resultado de esto es que los Brâhmanas se vuelven indispensables para los Kshatriyas y Vaisyas, pues a ambos se les inculca el deber de estudiar, de ofrecer sacrificios y de hacer regalos y obsequios. En su bosquejo de la Historia de las Religiones Antiguas, el Profesor Tiele, hablando de la 'creciente influencia de los Brâhmans,' escribe lo siguiente: Al principio estaban sometidos a los príncipes y nobles, y dependían de ellos, por lo que empezaron por insinuarse en su favor, y representaban como un deber religioso mostrar protección y liberalidad hacia ellos. Mientras tanto, se esforzaron por hacerse indispensables para ellos, adquirieron gradualmente el derecho exclusivo de dirigir el culto público y se convirtieron en maestros de instrucción". Y después de señalar la elevada posición así alcanzada por los Brâhmans, y la baja posición de los Kândâlas y otros de las castas inferiores, añade: "Tal posición no podía ser soportada por mucho tiempo; y esto sirve para explicar no sólo el surgimiento del Budismo, sino también su rápida difusión, y la revolución radical que trajo consigo".
Prosigamos, sin embargo, con nuestra comparación entre el Gîtâ y el Âpastamba. La superioridad que este último reivindica claramente para el Brâhmana no aparece con toda claridad en la Gîtâ. Los santos Brâhmanas y los devotos santos reales' están entre paréntesis en la p. 86; mientras que se declara que los Kshatriyas han sido el canal de comunicación entre la Deidad y la humanidad en lo que respecta a la gran doctrina de la devoción propuesta por la Bhagavadgîtâ. Eso indica una posición para los Kshatriyas mucho más parecida a la que revelan los Upanishads, que incluso la que Âpastamba les asigna. El hecho es además digno de mención, que en el Gîtâ cada casta tiene su propio conjunto completamente distinto de deberes. No hay superposición, por así decirlo. Y esa es una circunstancia que indica una etapa muy temprana en el desarrollo de la institución. Además, como ya se ha indicado, los deberes establecidos por Âpastamba y Manu como comunes a Kshatriyas y Vaisyas son los mismos deberes que hacen que esas castas dependan en gran medida de los Brâhmanas. Por último, no es del todo indigno de mención, que en la elaborada especificación de lo mejor de cada especie que encontramos en el capítulo 10, el Brâhmana no es mencionado como la mejor de las castas, no hay nada que indique la noción contenida en el bien conocido verso posterior, 'El Brâhmana es la cabeza de las castas'.
Por el contrario, el gobernante de los hombres se especifica como el más alto entre los hombres, indicando, tal vez, un estado de la sociedad como el descrito al principio del extracto de la obra del profesor Tiele citado anteriormente.
Llegamos ahora a otro punto. ¿Cuál es la posición de la Gîtâ con respecto a la gran reforma de Sâkya Muni? La cuestión reviste gran interés, habida cuenta en particular de las notables coincidencias entre las doctrinas budistas y las doctrinas de la Gîtâ, sobre las que hemos llamado la atención en las notas a pie de página de nuestra traducción. Pero, desgraciadamente, no se dispone del material necesario para resolver la cuestión. El profesor Wilson, en efecto, pensaba que había una alusión al budismo en la Gîtâ. Pero su idea se basaba en una confusión entre los budistas y los kârvâkas o materialistas. A falta de esa alusión, no tenemos nada muy tangible salvo el insatisfactorio "argumento negativo" basado en la mera no mención del budismo en los Gîtâ. Este argumento no me satisface del todo, aunque, como ya he señalado, parte del terreno ocupado por la Gîtâ es común con el budismo, y aunque varios pensadores anteriores son aludidos directa o indirectamente en la Gîtâ. Hay, sin embargo, una visión de los hechos de esta cuestión, que me parece corroborar la conclusión deducible por medio del argumento negativo aquí referido. Los puntos principales sobre los que descansa la protesta de Buda contra el brahmanismo parecen ser la verdadera autoridad de los Vedas y la verdadera visión de las diferencias de casta. En la mayoría de los puntos de especulación doctrinal, el budismo no es más que un aspecto del brahmanismo más antiguo.
Las diversas coincidencias sobre las que hemos llamado la atención lo demuestran, si es que hay necesidad de demostrarlo. Pues bien, sobre estos dos puntos, la Gîtâ, si bien no va todo lo lejos que va Buda, encarna ella misma una protesta contra las opiniones corrientes sobre la época de su composición. La Gîtâ no rechaza absolutamente, como el budismo, los Vedas, pero les da carpetazo. La Gîtâ no erradica totalmente las castas. La sitúa sobre una base menos insostenible. Una de dos hipótesis se presenta, pues, como teoría racional de estos hechos.
O bien el Gîtâ y el budismo eran la manifestación externa de una misma conmoción espiritual que sacudía en su centro a la religión actual, siendo el Gîtâ la forma más temprana y menos profunda de la misma; o bien, habiendo comenzado ya el budismo a hablar del brahmanismo, el Gîtâ era un intento de reforzarlo, por así decirlo, en sus puntos menos débiles, abandonando por completo los más débiles. No acepto esta última alternativa, porque no puedo ver en la Gîtâ ningún indicio de un intento de transigir con un poderoso ataque contra el antiguo sistema hindú; mientras que el hecho de que, aunque estrictamente ortodoxo, el autor de la Gîtâ siga socavando la autoridad, tan imprudentemente venerada, de la revelación védica; y el hecho además de que, al hacer esto, esté haciendo lo que otros también habían hecho antes que él o alrededor de su época, contribuyen, en mi opinión, en gran medida a reforzar los resultados del argumento negativo ya expuesto. Para mí el budismo es perfectamente inteligible como un resultado de ese juego de pensamiento sobre temas espirituales elevados, que en sus otras, y como podemos decir, menos profundas manifestaciones, vemos en los Upanishads y el Gîtâ. Pero supongamos que el budismo fue una protesta contra el brahmanismo antes de su purificación y elevación por la teosofía de los Upanishads, y esas notables producciones del antiguo pensamiento indio se vuelven difíciles de explicar. Comparemos nuestros pequeños acontecimientos modernos con esos grandes sucesos antiguos. Supongamos que nuestros antepasados hubieran estado apegados a la ley ceremonial de los Vedas, como nosotros lo estamos ahora a un ritualismo sin vida, los Upanishads y el Gîtâ podrían ser, en cierto modo, comparables a movimientos como el del difunto Raja Rammohun Roy. En la medida de lo posible, se apoyan en los caminos antiguos e intentan, como Raja Rammohun en estos últimos tiempos, poner de relieve y elaborar los aspectos más elevados y nobles de las antiguas creencias.
El budismo sería comparable a la nueva desviación de las antiguas tradiciones que llevó a cabo Babu Keshub Chander Sen. Los puntos de disensión en la antigüedad eran prácticamente los mismos que los actuales. El motivo último también era idéntico en ambos casos: un sentimiento de insatisfacción en su integridad con lo que se había heredado de los viejos tiempos, incrustado con las corrupciones de los años. Desde este punto de vista, el antiguo sistema, la filosofía de los Upanishads y la Gîtâ, y la filosofía de Buda, constituyen una progresión inteligible regular.
Pero supongamos que el giro que tomaron los acontecimientos fue diferente, como supone la teoría alternativa indicada anteriormente. Supongamos que el movimiento de Babu Keshub fuera cronológicamente anterior y que hubiera comenzado a influir en la sociedad ortodoxa. ¿Es probable que entonces un miembro del partido ortodoxo adoptara la posición de Rammohun Roy? ¿Seguiría basándose en las viejas autoridades, pero con diversas salvedades, y sin embargo atacaría seriamente las formas actuales de la ortodoxia? No lo creo. Creo que el verdadero punto de vista es, como ya se ha dicho, muy diferente. Los Upanishads, con la Gîtâ, y los preceptos de Buda me parecen las encarnaciones sucesivas del pensamiento espiritual de la época, a medida que se volvía más y más insatisfecho con el sistema de mero ceremonial entonces dominante.
Hay otros puntos de gran interés en la Bhagavadgîtâ, como la referencia al Sânkhya y al Yoga; el lugar asignado al mes Mârgasîrsha; la alusión a las doctrinas del materialismo; la coincidencia casi total entre una estrofa de la Gîtâ y otra del Manu Smriti. Pero en el estado actual de nuestros conocimientos, no creo que podamos extraer ningún resultado histórico de ninguno de ellos. Por lo tanto, sin detenerme más en ellos, sólo diré que, en mi opinión, el Sânkhya y el Yoga del Gîtâ no son idénticos a los sistemas que conocemos bajo esos nombres, y que el Manu Smriti probablemente ha tomado prestada del Gîtâ la estrofa común a las dos obras.
Pasamos ahora a examinar algunas de las pruebas externas relativas a la antigüedad de la Bhagavadgîtâ. Por supuesto, no es necesario considerar ninguna prueba de una fecha posterior al siglo 8 d. C., ya que esa es la fecha generalmente aceptada, aunque no sobre bases muy sólidas, como la de Sankarâkârya, el célebre comentarista de la Gîtâ. Para el período anterior a ese límite, el primer testimonio a considerar es el de Bânabhatta, el autor del Kâdambarî. La fecha de Bâna está ahora bastante bien establecida como la mitad del siglo séptimo A. C. La duda que el difunto Dr. Bhâu Dâjî había arrojado sobre su corrección, impugnando la fecha recibida del rey Harshavardhana, me parece que ha sido satisfactoriamente eliminada por el trabajo de mi amigo el Profesor R. G. Bhândârkar sobre las fechas Kâlukya. En el Kâdambarî, pues, tenemos testimonio de la existencia de la Bhagavadgîtâ a mediados del siglo VII de nuestra era. Pues en esa obra, que, como es bien sabido, abunda en equivoques, tenemos un pasaje que compara el palacio real con el Mahâbhârata, siendo ambos 'Anantagitâkarnanânanditanaram', que, aplicado al palacio real, significa 'en el que el pueblo se deleitaba oyendo innumerables canciones'; y aplicado al Mahâbhârata significa 'en el que Arguna se deleitaba oyendo el Anantagîtâ'. Evidentemente, Anantagîtâ no es aquí más que otro nombre para Bhagavadgîtâ. La conclusión deducible de este hecho no es simplemente que el Gîtâ existió, sino que existió como una parte reconocida del Bhârata, en el siglo VII d.C. Ahora bien, el Kâdambarî muestra, en numerosos pasajes, la alta estima que se tenía del Mahâbhârata en sus días. La reina Vilâsavatî solía asistir a las lecturas y exposiciones del Mahâbhârata, que han continuado hasta nuestros días; y ya entonces era considerado como una obra sagrada de altísima autoridad, del mismo modo que lo es ahora. Se deduce, por tanto, que el Gîtâ debía tener varios siglos de antigüedad antes de la época de Bânabhatta.
Anterior en el tiempo a Bâna es el Shakespeare indio, Kâlidâsa, como él es referido en Harshakarita de Bânabhatta, y también en una inscripción de copperplate de la primera parte del séptimo siglo, como un poeta que entonces ya había adquirido una reputación alta. Por desgracia, aún no es posible fijar con exactitud la fecha en que floreció Kâlidâsa. Sin embargo, creo que tenemos pruebas bastante satisfactorias para demostrar que la mitad del siglo V d.C. es la fecha más tardía a la que se le puede referir. En un pequeño tratado (escrito por mí en 1873), discutiendo la teoría del profesor Weber sobre el Râmâyana, he señalado que el Pañkatantra cita de Kâlidâsa un pasaje que hay buenas razones para creer que formaba parte del Pañkatantra cuando fue traducido para el rey Nushirvan de Persia hacia comienzos del siglo VI a. C. c. Teniendo en cuenta el tiempo necesario para elevar Kâlidâsa a la posición de ser citado como una autoridad, y por el tiempo necesario para la difusión de la fama de una obra india a Persia en aquellos primeros días, creo que la mitad del siglo quinto es una fecha a la que Kâlidâsa no puede haber sido posterior.
Ahora bien, en las obras de Kâlidâsa tenemos algunas alusiones muy notables al Bhagavadgîtâ. No es necesario examinar todas esas alusiones. Sólo mencionaré las más notables, una del Raghuvamsa y otra del Kumârasambhava. En Raghu, canto X, estrofa 67, los dioses dirigiéndose a Vishnu dicen: 'No hay nada que puedas adquirir que no haya sido adquirido. El único motivo de tu nacimiento y tu trabajo es el bien de los mundos".
La primera frase recuerda inmediatamente a la Gîtâ, capítulo 3, estrofa 22, con la que la coincidencia, tanto en el sentido como en la expresión, es muy sorprendente. La segunda frase contiene las palabras 'nacimiento y trabajo,' las palabras precisas empleadas en Gîtâ 4, 9; y la idea de 'el bien de los mundos' es idéntica a la idea expresada en Gîtâ 3, 20 a 24, las palabras sólo en que es revestida son diferentes. Une este pasaje con el de Kumârasambhava, canto VI, 67, donde los siete Rishis dicen a la montaña Himâlaya, 'Bien has sido llamado Vishnu en una forma firmemente fijada'.
Me atrevo a pensar que la alusión a la Gîtâ, capítulo 10, estrofa 25 (p. 89), es inequívoca. La palabra "firmemente fijada" es idéntica en ambos pasajes; la idea es idéntica, y Mallinâtha se refiere al pasaje de la Gîtâ como la autoridad que Kâlidâsa tenía en mente. Se deduce, por tanto, que la Gîtâ debe ser anterior a la época de Kâlidâsa. Se puede añadir, que Kâlidâsa en su Raghu 15, 67, cita a Manu como una autoridad para la proposición de que un rey debe proteger todas las castas y todas las órdenes o âsramas. Manu, por lo tanto, debe haber vivido considerablemente antes que Kâlidâsa, y la Gîtâ, como ya hemos argumentado, debe ser considerablemente anterior, no sólo a Manu, sino también a su predecesor Âpastamba. Por consiguiente, se puede afirmar sin temor a equivocarse que las Gîtâ pertenecen a un período de varios siglos anterior al siglo V a.C.
La siguiente pieza de evidencia externa es proporcionada por los Vedânta-sûtras de Bâdarâyana. En varios de esos Sûtras, se hace referencia a ciertos Smritis como autoridades para las proposiciones establecidas. Tomemos, por ejemplo, I, 2, 6, o I, 3, 23, y muchos otros. Ahora bien, tres de estos sûtras son muy útiles para nuestro propósito actual.
El primero que debemos considerar es el sûtra II, 3, 45. Los comentadores Sankarâkârya, Râmânuga, Madhva, y Vallabha son unánimes en entender que el pasaje en Gîtâ, capítulo 15, estrofa 7 (p. 112), es el que allí es referido por las palabras del Sûtra, que son, 'Y es dicho en un Smriti.' Ahora bien, creo que un vistazo al contexto de la Sûtra nos convencerá de que los comentaristas, que son unánimes aunque representen escuelas de pensamiento diferentes e incluso opuestas, también tienen razón. El sûtra 43, en el lenguaje elíptico característico de esa rama de nuestra literatura, dice: 'Una parte, de la declaración de diferencia, y también al revés; algunos afirman que es un pescador o un tramposo'. Sûtra 44 dice así: 'Y también de las palabras del Mantra.' Y luego viene el Sûtra 45 como se ha expuesto anteriormente. Es evidente que el Sûtra nº 45 indica una autoridad para algo no especificado, siendo considerado como parte de alguna otra cosa tampoco especificada.
Ahora, la discusión en los Sûtras anteriores ha sido sobre el alma; así que podemos tener poca dificultad en aceptar la interpretación unánime de los comentadores, que la proposición aquí buscada es que el alma individual es parte del Alma Suprema, que es la proposición establecida en la Gîtâ en el pasaje referido. El siguiente Sûtra al que hay que referirse es IV, 1, 10. No expondré aquí los otros Sûtras pertinentes como en el caso precedente. Sólo afirmo que los tres comentaristas, Sankara, Râmânuga y Madhva, están de acuerdo en que aquí se hace referencia a la Gîtâ, a saber, el capítulo 6, estrofa ii seq. Vallabha, sin embargo, me veo obligado a añadir, no está de acuerdo con esto, ya que interpreta que el Sûtra en cuestión y los que le preceden y siguen se refieren a un asunto completamente diferente.
Sin embargo, si se me permite decirlo, considero que su interpretación no es tan satisfactoria como la de los otros tres comentaristas más antiguos. Por último, llegamos al Sûtra 4, 2 a 19. También en este caso, los cuatro comentaristas son unánimes y dicen que Gîtâ, capítulo 8, estrofa 24 y siguientes (p. 80), es la autoridad a la que se hace referencia. Y creo que hay muy pocas dudas de que están en lo cierto. Estas diversas pruebas hacen, creo, históricamente cierto, que los Gîtâ deben ser considerablemente anteriores a los Vedânta-sûtras; y que la palabra Brahma-sûtras, que aparece en Gîtâ, capítulo 13, estrofa 4 (p. 102), es correctamente interpretada por los comentaristas como no refiriéndose a los Vedânta-sûtras, que también son llamados Brahma-sûtras, sino a un tema completamente diferente. ¿Cuándo fueron compuestos los Vedânta-sûtras? Hay que admitir de entrada que la cuestión es difícil; pero creo que las consideraciones que siguen demostrarán que la fecha de esos Sutras debe ser, a más tardar, considerablemente anterior al período al que ya hemos llegado en esta parte de nuestra investigación.
Podemos dar por bastante bien establecido que Bhatta Kumârila, el célebre comentarista de la escuela Pûrva Mîmâmsâ, floreció no más tarde de finales del siglo VII a.c. Un tiempo considerable antes que él debe situarse el gran comentarista de los Mîmâmsâ-sûtras, a saber, Sabarasyâmin. Si podemos juzgar por el estilo de su gran comentario, él no puede haber florecido mucho más tarde que Patañgali, quien ahora puede ser tomado como históricamente probado que floreció alrededor del 140 A.C. Ahora un tiempo considerable debe haber intervenido entre Sabarasyâmin y otro comentarista del Pûrva Mîmâmsâ, a quien Sabara cita con el altamente honorífico título Bhagavân, el Venerable, a saber, Upavarsha. Upavarsha parece, según la declaración de Sankara, haber comentado los Vedânta-sûtras. Tenemos, pues, una larga catena de obras del siglo VII d.C., lo que indica una antigüedad bastante elevada para los Vedanta-sûtras y, por tanto, mayor para el Bhagavadgîtâ. La antigüedad de los Vedânta-sûtras se deduce también de la circunstancia, que tenemos en el testimonio de Râmânuga, repetido por Mâdhavâkârya, de que un comentario sobre los Sûtras fue escrito por Baudhâyanâkârya, comentario que Râmânuga dice que siguió. La fecha de Baudhâyanâ no está establecida con exactitud. Pero parece ser más antiguo que Âpastamba, cuya fecha, sugerida por el Dr. Bühler, ya ha sido mencionada.
Los Vedânta-sûtras, por tanto, parecen ser al menos tan antiguos como el siglo IV a.C., si se puede confiar en la información que tenemos de Râmânuga. Se puede mencionar un tercer argumento en relación con la fecha de los Vedânta-sûtras. En el Sûtra 110 de la tercera Pâda de la cuarta Adhyâya de los Sûtras de Pânini, se menciona a un Pârâsarya como autor de un Bhikshu-sûtra. ¿Quién es este Pârâsarya, y cuál el Bhikshu-sûtra? Desgraciadamente, Patañgali no nos da ninguna información al respecto, ni tampoco el Kâsikâ V r i tti { {{V}}ri{{tti}}. Pero una nota del profesor Târânâtha Tarkavâkaspati, de Calcuta, dice que Pârâsarya es Vyâsa, y el Bhikshu-sûtra es el Vedânta-sûtra. Si esto es correcto, los Vedânta-sûtras se remontan muy lejos en la antigüedad. Porque Pâ n ini { {{Pâ}}n{{ini}} no puede ser asignado a una fecha posterior al siglo IV a.C., mientras que ese erudito, el profesor Goldstücker, lo asignó a una fecha mucho más temprana. La pregunta así viene a esto, ¿Es la observación del Profesor Târânâtha, arriba expuesta, correcta? Encuentro entonces, por averiguaciones hechas a mi venerable y erudito amigo Yagñesvar Sâstrin, el autor del Âryavidyâsudhâkara, que la nota de Târânâtha está basada en los trabajos de Bhattogî Dîkshita, Nâgogî Bhatta, y Gñânendra Sarasvatî, quienes todos dan la misma interpretación del Sûtra en cuestión. Es ciertamente lamentable que no tengamos ninguna autoridad más antigua sobre este punto que Bhattogî. La interpretación no es en sí misma improbable.
Vyâsa es llamado ciertamente por la tradición corriente el autor de los Vedânta-sûtras, y también el hijo de Parâsara. Tampoco Bhikshu-sûtra es un nombre demasiado alejado en sentido de Vedânta-sûtra, aunque sin duda el primer nombre no está ahora en uso, en todo caso como se aplica a los Sûtras atribuidos a Bâdarâyana, y aunque, también hay que decir, un Bhikshu-sûtra Bhâshya Vârtika es mencionado eo nomine por el profesor Weber como realmente existente en la actualidad. Tomando todas las cosas en conjunto, por lo tanto, podemos entender provisionalmente que el Bhikshu-sûtra mencionado por Pâ n ini { {{Pâ}}n{{ini}} es idéntico a los Vedânta-sûtras. Pero incluso aparte de esa identificación, los demás testimonios que hemos aducido prueban, creo yo, la gran antigüedad de esos Sûtras y, en consecuencia, de la Bhagavadgîtâ.
De este modo hemos examinado, en lo que, teniendo en cuenta la importancia y dificultad del tema, no se considerará, confío, una extensión irrazonable, algunas de las principales pruebas internas y externas relativas a la antigüedad de la Bhagavadgîtâ y a su posición en la literatura sánscrita. Aunque, como se ha dicho al principio, las conclusiones que hemos deducido en el curso de ese examen no son todas de aceptación inmediata, me atrevo a pensar que ahora tenemos motivos suficientes para afirmar que las diversas líneas de investigación independientes que hemos seguido convergen en este punto: que la Gîtâ, en numerosos temas esenciales, pertenece al grupo de los Upanishad, por así decirlo, de la literatura sánscrita. Su filosofía, su modo de tratar el tema, su estilo, su lenguaje, su versificación, sus opiniones sobre diversos temas de la mayor importancia, todo apunta a esa conclusión.
También podemos, creo, establecer como más que probable, que la última fecha en la que el Gîtâ puede haber sido compuesto, debe ser anterior al siglo tercero antes de Cristo, aunque es del todo imposible decir en la actualidad cuánto antes. Esta proposición, también, es apoyada por la fuerza acumulativa de varias líneas independientes de testimonio.
Antes de terminar esta Introducción, conviene añadir unas palabras sobre el texto de la Bhagavadgîtâ. El cuidado religioso con que se ha conservado ese texto es muy digno de mención. Tanto Schlegel como Lassen han declarado que, en su opinión, tenemos el texto casi exactamente en las mismas condiciones en que estaba cuando salió de las manos del autor. Hay muy pocas lecturas realmente diversas, y algunas de las poquísimas que existen son señaladas por los comentaristas. Teniendo en cuenta que el Mahâbhârata debió de ser manipulado en numerosas ocasiones, esta conservación de la Gîtâ es de lo más interesante. Indudablemente indica la gran veneración que los hindúes aún sienten por él, y que han sentido durante mucho tiempo, y que se plasma en la expresión utilizada en los colofones de los manuscritos que describen el Gîtâ como el "Upanishad cantado por Dios". A la vista de los hechos y deducciones expuestos en este ensayo, esa expresión, que creo que existe casi universalmente en los manuscritos indios del Gîtâ, no carece por completo de valor histórico.
Schlegel llama la atención sobre otra circunstancia relativa al texto de la Gîtâ, que también es sumamente interesante, a saber, que el número de estrofas es exactamente 700. Schlegel concluye que el autor debe haber fijado ese número deliberadamente, para evitar, en la medida de lo posible, toda interpolación posterior. Esto no es improbable, y si el objetivo del autor era tal como sugiere Schlegel, sin duda ha tenido éxito. En el capítulo del Mahâbhârata que sigue inmediatamente al decimoctavo capítulo de la Gîtâ, se indica claramente la extensión de la obra en slokas. Los versos en los que se dice esto no existen en la recensión gauda o bengalí, y sin duda no son auténticos.
Sin embargo, son interesantes y los reproduzco aquí. Kesava habló 620 slokas, Arguna cincuenta y siete, Sañgaya sesenta y siete, y Dh r i tarâsh t ra { {{Dh}}ri{{tarâsh}}t{{ra}} un sloka; tal es la extensión de la Gîtâ". Es muy difícil explicar estas cifras. Según ellas, el número total de versos en la Gîtâ sería de 745, mientras que el número en los manuscritos actuales, e incluso en el propio Mahâbhârata, es, como ya se ha dicho, de sólo 700. No puedo sugerir ninguna explicación a este hecho. No puedo sugerir ninguna explicación para esta discrepancia.
Para concluir, cabe añadir unas palabras sobre los principios generales seguidos en la traducción contenida en este volumen. Mi objetivo ha sido hacer una traducción lo más fiel y literal posible de la Gîtâ, tal como la interpretan los comentaristas Sankarâkârya, Srîdharasvâmin y Madhusûdana Sarasvatî. También se ha hecho referencia con frecuencia al comentario de Râmânugâ-kârya, y también al de Nîlakantha, que forma parte del comentario general del autor sobre el Mahâbhârata. En algunos puntos estos comentaristas difieren entre sí, por lo que he hecho mi propia elección. Las notas a pie de página pretenden sobre todo aclarar lo que queda necesariamente oscuro en una traducción literal.
Algunas de las notas, sin embargo, señalan también los paralelismos existentes entre la Gîtâ y otras obras, principalmente los Upanishads y los budistas Dhammapada y Sutta Nipâta. De este último no he podido conseguir el Pâlî original; sólo he utilizado la traducción de Sir M. C. Swamy. Pero puedo señalar aquí, que hay algunos versos, especialmente en el Salla Sutta (ver pp. 124 a 127 del libro de Sir M. C. Swamy), cuya similitud, en doctrina y expresión, con algunos de los versos de la Gîtâ es particularmente sorprendente. Las analogías entre el Gîtâ y los Upanishads se han hecho la base de ciertas conclusiones en esta Introducción. Las analogías entre el Gîtâ y estas obras budistas sólo me parecen interesantes en este momento; no puedo decir todavía si pueden servir legítimamente de premisas para alguna deducción histórica.
Hay dos índices: el primero es un índice general de materias; el segundo contiene las principales palabras del Gîtâ que pueden resultar útiles o interesantes para fines filológicos, históricos o de otro tipo.

Capítulo 1

Parvati dijo: Mi querido esposo, Tú conoces todas las verdades trascendentales, y por tu misericordia he escuchado las glorias de la Suprema Personalidad de Dios, el Señor Krishna. Oh Señor, ahora anhelo oír de ti las glorias del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, que fue pronunciado por el Señor Krishna y, al oírlo, aumenta la devoción de uno hacia el Señor Krishna.
El Señor Shiva respondió: A esa persona, cuyo cuerpo es del color de una oscura nube de lluvia, cuyo portador es el rey de los pájaros, Garuda, y que está recostado sobre Ananta-Sesha, la serpiente de mil cabezas -a ese Señor Vishnu, cuyas glorias no tienen límite, estoy siempre adorando. Mi querida Parvati, una vez después de que el Señor Vishnu había matado al demonio Mura, Él estaba descansando pacíficamente sobre Ananta-Sesha, cuando el otorgador de toda la buena fortuna del universo, Sri Lakshmi, respetuosamente le preguntó.
"Bhagavân, Tú eres el controlador y mantenedor de todo el universo, pero sin embargo estás durmiendo infelizmente en este océano de leche. ¿Cuál es la razón?
El Señor Vishnu dijo: "Mi querida Lakshmi, no estoy durmiendo, pero estoy observando cómo funciona maravillosamente Mi energía. Es por esta maravillosa energía Mía, por la cual estoy controlando todas las cosas, y aún así permanezco separado. Y es recordando estas divinas actividades Mías, que los grandes devotos y yoguis logran liberarse de la rueda del nacimiento y la muerte, y alcanzan esa trascendental naturaleza Mía, que es eterna y libre de todas las cualidades."
Lakshmi dijo: "Oh, controlador de todas las cosas. Tú eres la meta de la meditación de los grandes yoguis. Nada puede continuar sin Ti. Y, sin embargo, Tú estás separado.
Tú eres la causa de la creación, el mantenimiento y la destrucción de todos los universos materiales. Por favor, infórmame sobre el funcionamiento de Tus maravillosas energías, que son tan atractivas, que incluso Tú estás aquí tumbado, meditando sobre ellas".
El Señor Vishnu dijo: "Mi querida Lakshmi, el funcionamiento de Mis múltiples energías, y cómo liberarse de las ataduras del nacimiento y la muerte, y alcanzar Mi Naturaleza eterna, sólo puede ser comprendido por alguien de inteligencia pura, que tenga inclinación a prestarme servicio. Este conocimiento trascendental está plenamente explicado en el Ṥrīmad Bhagavad-gītā".
Lakshmi inquirió: "Mi querido Señor, si Tú mismo estás asombrado, por el funcionamiento de Tus energías, y siempre estás tratando de sondear su límite, entonces ¿cómo es posible que el Ṥrīmad Bhagavad-gītā pueda describir esas ilimitadas energías Tuyas, y cómo atravesarlas, y alcanzar la naturaleza trascendental?".
El Señor Vishnu dijo: "Yo mismo me he manifestado en la Forma de Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Por favor, comprended que los cinco primeros capítulos son Mis cinco cabezas, los diez capítulos siguientes son Mis diez Brazos, y el Capítulo Decimosexto es Mi estómago. Los dos últimos capítulos son Mis pies de loto. De este modo deben comprender la Deidad trascendental de Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Este Bhagavad-gītā es el destructor de todos los pecados. Y aquel hombre inteligente que recite diariamente un capítulo o incluso un shloka, medio shloka, o al menos un cuarto de shloka, alcanzará la misma posición que había alcanzado Susharma."
Lakshmi preguntó: "¿Quién era Susharma? ¿A qué clase pertenecía? ¿Y qué destino alcanzó?"
El Señor Vishnu dijo: "Mi querida Lakshmi, Susharma era un hombre muy malvado y muy pecador. Aunque nació en una familia brahmana, su familia no tenía conocimiento védico. Y el solo disfrutaba lastimando a otros. El nunca se involucro en el canto de Mis nombres, en dar caridad o en recibir invitados.
De hecho, nunca realizo ninguna actividad piadosa. Para ganarse la vida recogía hojas y las vendía en el bazar. Disfrutaba especialmente bebiendo vino y comiendo carne. Así pasó su vida.
"Un día aquel tonto Susharma había ido al jardín de un sabio a recoger hojas, cuando una serpiente vino y le mordió, y murió. Después de su muerte fue arrojado a muchos infiernos, donde sufrió durante mucho tiempo, tras lo cual alcanzó el cuerpo de un toro. Ese toro fue comprado por un hombre lisiado, que lo contrató a su servicio. Durante unos siete u ocho años estuvo transportando cargas extremadamente pesadas. Un día, ese hombre lisiado amontonó una carga muy pesada sobre el lomo de su toro. De repente, el toro se cayó y quedó inconsciente.
"Muchas personas se reunieron allí para ver lo que sucedía, compadeciéndose del toro. Un hombre piadoso dio al toro los resultados de algunas de sus actividades piadosas. Al ver eso, otras personas que estaban allí empezaron a recordar sus actividades piadosas, y ofrecieron los resultados de algunas de esas actividades a ese toro. En aquella multitud había también una prostituta que no sabía si había realizado alguna vez alguna actividad piadosa, pero al ver que todos los demás ofrecían sus créditos piadosos a aquel toro, ella también ofreció los resultados de cualquier actividad piadosa que pudiera haber realizado Después de eso, el toro murió, y fue llevado a la morada de Yamaraja, el Dios de la Muerte.
Allí, Yamaraja le informó: "Ahora estás libre de las reacciones de todos tus actos pecaminosos anteriores, debido a los créditos piadosos que te dio esa prostituta". Entonces tomó nacimiento en una familia brahmana muy elevada. En ese nacimiento, fue capaz de recordar sus vidas pasadas. Después de muchos días, decidió buscar a aquella prostituta, que había sido la causa de liberarle de su situación infernal.
Cuando la encontró y se presentó a ella, le preguntó: "¿Cuáles fueron las actividades piadosas realizadas por ti, cuyos frutos me liberaron de mi situación infernal?". La prostituta le respondió: "Mi querido señor, en esa jaula hay un loro que recita algo todos los días. Oyendo esa recitación, mi corazón se ha vuelto completamente puro. Los resultados de escuchar esa recitación te los he dado a ti".
A partir de entonces, ambos preguntaron al loro acerca de esa recitación. Aquel loro, recordando su vida anterior, comenzó a narrar su historia. "Anteriormente, yo había sido un brahmana muy erudito, pero debido a mi orgullo solía insultar a otras personas eruditas. También era extremadamente celoso.
Después de morir, fui arrojado a muchos infiernos y, tras mucho tiempo de sufrimiento, conseguí este cuerpo de loro. Debido a mis pecaminosas actividades pasadas, mi madre y mi padre murieron cuando yo era un bebé. Un día, mientras yacía en las arenas calientes, sin protección, unos rishis me vieron, me llevaron a su ashram y me metieron en una jaula. En ese mismo lugar, los hijos de esos rishis estaban aprendiendo la recitación del Primer Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Oyéndoles repetir esos shlokas, yo también, empecé a repetir esos shlokas junto con ellos.
"Poco después, un ladrón me robó de aquel lugar y me vendió a esta piadosa dama". El Señor Vishnu continuó: "Recitando el Primer Capítulo de la Bhagavad-gītā, aquel loro se había vuelto completamente puro. Y al escuchar esa recitación esa prostituta también se volvió completamente pura. Y al recibir algunos de los piadosos resultados de oír esa recitación, Susharma también se volvió completamente puro.
Después de discutir durante algún tiempo las glorias del primer capítulo de la Bhagavad-gītā, Susharma regresó a su casa, y los tres se dedicaron individualmente a recitar el Primer Capítulo de la Ṥrīmad Bhagavad-gītā, y muy rápidamente alcanzaron el destino supremo, Vaikuntha." Cualquiera que recite, escuche o estudie el Primer Capítulo de la Bhagavad-gītā cruzará muy fácilmente el océano de las miserias materiales y alcanzará el servicio de los pies de loto del Señor Krishna.

Capítulo 2

El Señor Vishnu dijo: "Mi querida Lakshmi, has oído de Mí las glorias del Primer Capítulo de la Bhagavad-gītā. Ahora, por favor, escucha atentamente, mientras te cuento las glorias del Segundo Capítulo.
Una vez en el Sur, en la ciudad de Pandharpur, vivía un brahmana muy erudito llamado Devashyama. Era capaz de realizar todo tipo de sacrificios de fuego. También conocía la importancia de recibir invitados. Y con sus actividades consiguió satisfacer a todos los semidioses. Pero él no era feliz y pacífico en su corazón y mente. Tenía el deseo de alcanzar el conocimiento de la relación del alma con la Superalma, Paramatma, y con este fin invitaba a muchos yoguis y tapasvis, les prestaba todo tipo de servicios y les preguntaba sobre la Verdad Absoluta. Así pasó muchos años de su vida.
Un día, mientras caminaba, vio a un yogui frente a él, sentado con las piernas cruzadas y los ojos fijos en la punta de la nariz, totalmente absorto en la meditación. Devashyama pudo percibir que este yogui estaba completamente en paz, y sin ningún deseo material. Devashyama, con el mayor respeto y reverencia, se postró a los pies de aquel yogui, y le preguntó cómo podía alcanzar la completa paz mental. En ese momento, ese yogui, que tenía un conocimiento completo de la Suprema Personalidad de Dios, el Señor Krishna, aconsejó Devashyama para ir a la aldea de Sowpur y cumplir con un Mitravan, que era un pastor de cabras de profesión, y recibir instrucciones en la ciencia de la realización de Dios de él. Después de oír esto, Devashyama ofreció una y otra vez sus respetuosas reverencias a los pies de aquel yogui e inmediatamente partió hacia Sowpur. Cuando llegó allí, encontró en el lado norte, un hermoso bosque donde le informaron que vivía Mitravan. Cuando entró en aquel bosque, vio, en la orilla de un pequeño río, a Mitravan sentado encima de unas rocas.
Mitravan tenía un aspecto muy hermoso y totalmente pacífico. En aquel bosque el viento soplaba muy suavemente y un hermoso aroma emanaba de todas direcciones. Las cabras se movían pacíficamente por aquí y por allá, totalmente sin miedo. Algunas se sentaban tranquilamente junto a tigres y otros animales feroces.
Cuando Devashyama vio esta escena, su mente se volvió muy pacífica, y respetuosamente se acercó a Mitravan y se sentó cerca de él. Mitravan parecía estar completamente absorto en su meditación. Después de algún tiempo, Devashyama le preguntó cómo podría alcanzar la devoción al Señor Krishna. Cuando Mitravan escuchó esta pregunta, por un momento se perdió en profundos pensamientos. Entonces respondió: "Mi querido Devashyama, hace mucho tiempo, estaba en el bosque cuidando las cabras, cuando un tigre muy feroz me atacó. En aquel momento todas las cabras corrieron de aquí para allá para salvarse. Yo también huí, por miedo a aquel tigre.
Desde cierta distancia miré hacia atrás y vi que aquel tigre, en la orilla del río, se había encontrado con una de mis cabras. En ese momento ocurrió algo extraño y maravilloso. Aquel tigre perdió toda su ira y su deseo de comerse mi cabra. Entonces, mi cabra le preguntó al tigre: "Ya has conseguido tu comida, ¿por qué no te comes la carne de mi cuerpo? Deberías matarme inmediatamente y comerte mi carne con gran placer. ¿Por qué vacilas?".
El tigre dijo: "Mi querida cabra, desde que he llegado a este lugar, toda la ira me ha abandonado, y no tengo hambre ni sed". La cabra dijo: "Yo tampoco sé por qué me siento tan intrépida y pacífica. ¿Cuál puede ser la razón? Si lo sabes, te ruego que me lo digas".
El tigre respondió: "Yo tampoco lo sé. Preguntémosle a esa persona". Cuando vi este cambio en las actividades del tigre y la cabra, me quedé muy sorprendido. En ese momento ambos se acercaron a mí y me preguntaron la razón. Me di cuenta de que un mono estaba sentado en la rama de un árbol cercano. Acompañé a los dos y pregunté al rey mono. El mono respondió a nuestra pregunta con gran respeto.
"Escuchad, os contaré una historia muy antigua. En ese bosque, justo delante de vosotros, hay un templo muy grande en el que el Señor Brahma instaló un Shiva-linga. Hace mucho tiempo, vivía allí un sabio erudito llamado Sukama, que había realizado muchas austeridades. Diariamente traía flores del bosque y agua del río, y adoraba al Señor Shiva.
Así estuvo viviendo durante muchos años, cuando un día llegó un sabio. En ese momento, Sukama trajo frutas y agua y alimentó a aquel sabio. Después de que el sabio hubo comido y descansado, Sukama le habló. "Oh sabio, sólo por la razón de obtener conocimiento del Señor Krishna, estoy viviendo aquí, realizando austeridades y adoración. Pero los resultados de mis austeridades se han alcanzado hoy al entrar en contacto contigo".
Cuando el sabio escuchó las palabras de Sukama, que estaban llenas de sumisión, se sintió muy complacido. Y escribió en un trozo de piedra el Segundo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Luego instruyó a Sukama para que leyera diariamente esos versos. "Haciéndolo así, alcanzarás rápidamente tu meta". Después de haber hablado así, aquel sabio desapareció de aquel lugar mientras Sukama miraba. Después de eso, siguiendo las instrucciones de aquel sabio, Sukama recitó esos versos diariamente durante el resto de su vida. Muy rápidamente alcanzó el conocimiento completo del Señor Krishna. Y desde el día en que comenzó a recitar esos versos, ya no sintió sed ni hambre.
Y debido a estas austeridades y devoción, en este lugar, cualquiera que lo visite no siente las punzadas del hambre y la sed, e inmediatamente alcanza la paz completa."
Mitravan dijo: "Mi querido Devashyama, después de que el mono terminara de contarnos esa maravillosa historia, yo junto con el tigre y la cabra fuimos a ese templo. Encontramos allí escrito en un trozo de piedra el Segundo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Y empecé a recitar esos versos diariamente. De este modo, pudimos alcanzar muy rápidamente la devoción al Señor Krishna. Mi querido brahmana, si tú también empiezas a recitar los versos del Segundo Capítulo de Ṥrīmad Bhagavad-gītā, alcanzarás muy rápidamente la misericordia del Señor Krishna."
El Señor Vishnu dijo: "Mi querida Lakshmi, de este modo Devashyama alcanzó el conocimiento de Mitravan y después de adorar a esa gran alma, regresó a Pandharpur y recitó diariamente ese Segundo Capítulo. Y quienquiera que visitara Pandharpur, Devashyama recitaba primero ante él el Segundo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. De este modo Devashsyama alcanzó los pies de loto del Señor Krishna.
Mi querida Lakshmi, estas son las glorias del Segundo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā.

Capítulo 3

El Señor Vishnu dijo: "Mi querida Lakshmi, en la ciudad de Janasthan había un brahmana de nombre Jada, que había nacido en la dinastía de Kaushik. Ese brahmana abandonó las actividades religiosas ordenadas en los shastras para ser seguidas por la clase brahmana, y se dedicó a muchas actividades irreligiosas. Era muy aficionado al juego, la bebida, la caza y las visitas a prostitutas. Así malgastó su riqueza. Fue a los países del norte en viaje de negocios. Allí se enriqueció mucho y decidió regresar a Janasthan. Después de recorrer una larga distancia, se encontró en un lugar desierto. Un día, cuando el sol se ponía y la oscuridad se apoderaba de todo, decidió pasar la noche bajo un árbol. Mientras descansaba, llegaron unos ladrones, lo golpearon hasta matarlo y le robaron sus riquezas. Como Jada había abandonado todas las actividades religiosas y llevaba una vida pecaminosa, tras su muerte adquirió la forma de un fantasma.
El hijo de Jada era muy religioso y erudito en los shastras védicos. Cuando vio que su padre no había regresado a Janasthan después de mucho tiempo, decidió ir a buscarlo. Durante muchos días viajó aquí y allá, en busca de su padre, y a cualquier viajero que encontraba, le preguntaba por su padre. Un día, se encontró con una persona que conocía a su padre, y le informó de los acontecimientos que habían tenido lugar. Cuando el hijo de Jada supo la noticia de la muerte de su padre, decidió ir a Kasi (Banaras) para ofrecer pinda (adoración) por la liberación de su padre de su condición infernal. En el noveno día de su viaje, descansó bajo el mismo árbol bajo el cual su padre había sido asesinado.
En ese lugar, por la tarde, realizó su adoración diaria al Señor Krishna, y también recitó el Tercer Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Al terminar su recitación, un fuerte sonido llegó desde el cielo. Cuando levantó la vista, vio a su padre allí, y ante sus ojos, la forma de su padre se transformó en uno de los seres más hermosos, que tenía cuatro manos y vestía un dhoti amarillo. Su cuerpo tenía el color de una oscura nube de lluvia y su resplandor corporal iluminaba todas las direcciones. En aquel momento, su padre le ofreció su bendición. El hijo preguntó al padre el significado de estos maravillosos sucesos.
El padre dijo: "Mi querido hijo, recitaste el Tercer Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, y así me liberaste de la forma fantasmal que había recibido, debido a mis actividades pecaminosas. Ahora debes regresar a tu casa, porque el propósito por el que viajabas a Kasi (Banaras) se ha logrado con tu recitación del Tercer Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā."
Cuando el hijo preguntó al padre, si había alguna otra instrucción de su parte, el padre dijo: "Mi hermano también había llevado una vida muy pecaminosa y está sufriendo en algún lugar de las regiones más oscuras del infierno. Así que si deseas liberarlo a él, y a nuestros otros ancestros, que están sufriendo aquí y allá, en diferentes especies en el universo material, entonces amablemente, recita el Tercer Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Y por esa recitación todos ellos alcanzarán una forma similar a la del Señor Vishnu, e irán a Vaikuntha."
Cuando el hijo escuchó las instrucciones del padre, respondió: "Si es así, entonces recitaré el Tercer Capítulo hasta que todas las almas, que están atrapadas en la vida infernal, sean liberadas." En ese momento su padre le bendijo con las palabras: "Que así sea". Entonces llegó un avión del mundo espiritual de Vaikuntha y llevó al padre a su destino.
A partir de entonces, el hijo regresó a Janasthan y se sentó frente a la Deidad del Señor Krishna, y con el deseo de liberar a todas las almas condicionadas en la condición infernal, comenzó a recitar el Tercer Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Mientras continuaba su recitación, día tras día, el Señor Vishnu envió a Sus mensajeros, los Vishnudutas, al reino de Yamaraja, encargado de administrar el castigo a las entidades vivientes pecadoras. Cuando los Vishnudutas llegaron frente a Yamaraja, le informaron que tenían un mensaje del Señor Vishnu, que yace en el lecho de Ananta-Sesha en el océano de leche. Le dijeron que el Señor Vishnu estaba preguntando por su bienestar, y también le estaba ordenando liberar a todas las almas condicionadas, que estaban sufriendo en el infierno.
Cuando Yamaraja escuchó esta instrucción del Señor Vishnu, inmediatamente liberó a todas las almas condicionadas del infierno y luego fue personalmente con esos Vishnudutas al océano de leche, conocido como Svetadwipa, para tener el darshan del Señor Vishnu.
Cuando llegó allí, vio al Señor Vishnu, acostado en el lecho de Ananta-Sesha. Su cuerpo tenía el resplandor de los soles, y Lakshmi-Devi, la Diosa de la Fortuna, le masajeaba los pies. Estaba rodeado por todos lados de rishis, sabios y semidioses, encabezados por el Señor Indra, que cantaban alabanzas al Señor Vishnu. El Señor Brahma también estaba presente, recitando los Vedas. Yamaraja se postró y ofreció sus respetos ante el Señor Vishnu, y ofreció la siguiente alabanza: "Mi querido Vishnu, Tú eres el bienqueriente de todas las almas condicionadas. No hay límite para Tus glorias. De Ti han venido los Vedas, Tú eres el tiempo. Y en el curso del tiempo Tú destruirás todas las cosas.
Tú eres la causa y el mantenedor de los tres mundos y Tú eres la Superalma en el corazón de cada uno, quien está dirigiendo sus actividades. Tú eres el Gurú de todo el universo y la meta de todos los devotos. Oh, ojos de loto, por favor acepta mis reverencias una y otra vez. Tus glorias son ilimitadas".
De este modo Yamaraja con las manos cruzadas ofreció sus respetos al Señor Vishnu. Yamaraja continuó: "Siguiendo Tus instrucciones, he liberado a todas las almas condicionadas del infierno. Así que amablemente instrúyeme, qué trabajo deseas que realice ahora". El Señor Vishnu respondió con una voz tan profunda como el trueno, y tan dulce como el néctar, "Mi querido Dharmaraja (Yamaraja), eres igual a todos, y no necesito instruirte sobre tus deberes. Regresa amablemente a tu morada con mis plenas bendiciones, y continúa con tu deber".
En ese momento, el Señor Vishnu desapareció de la visión de Yamaraja, y éste regresó a su propia morada. Después de que aquel brahmana hubiera liberado con éxito del infierno a todos sus antepasados y al resto de las almas condicionadas, vinieron los Vishnudutas y lo llevaron a la morada del Señor Vishnu, donde pudo dedicarse eternamente al servicio de los pies de loto de la Suprema Personalidad de Dios.

Capítulo 4

El Señor Vishnu dijo: "Mi querida Lakshmi, ahora te describiré las glorias del Cuarto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā.
A orillas del río Ganges hay una ciudad de nombre Kasi (Banaras), donde en el templo de Vishvanath vivía un gran santo de nombre Bharata. Diariamente, con la mayor devoción, recitaba el cuarto capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Anteriormente, cuando Bharat había estado viajando en peregrinación, había ido al pueblo de Tapodan para tomar darshan de la Deidad del Señor Krishna allí. Al salir de esa ciudad, vio dos árboles frutales Bael. Decidió descansar a la sombra de esos árboles y se tumbó utilizando la raíz de uno de ellos como almohada y la raíz del otro para apoyar los pies.
Al cabo de algún tiempo, cuando Bharat se marchó de aquel lugar, aquellos dos árboles empezaron a secarse. En cinco o seis días ambos árboles se secaron por completo y murieron. Las dos almas, que habían estado viviendo en aquellos árboles, tomaron su siguiente nacimiento como hijas de un Brahmana muy piadoso. Una vez, cuando aquellas niñas habían alcanzado la edad de siete años, fueron en peregrinación a Kasi (Banaras). Mientras paseaban por Kasi, vieron por casualidad al gran sabio Bharata. Cuando vieron a Bharata Maharaja inmediatamente cayeron a sus pies y con dulces palabras dijeron: "Oh Maharaja Bharat, debido a tu misericordia ambos nos liberamos de la forma arbórea de la vida". Cuando Bharata Maharaja escuchó su declaración, se sorprendió. Les preguntó: "Mis queridas hijas, ¿dónde y cuándo entré en contacto con vosotras y os liberé de la forma de los árboles? Informadme también de cómo alcanzasteis la forma de árbol. Porque yo no sé nada de este asunto". A continuación, las dos muchachas informaron primero a Bharata Maharaja de la razón por la que habían alcanzado la forma de árboles.
Las dos muchachas dijeron: "Maharaja, en la orilla del río Godavari hay un lugar sagrado llamado Chinnapaap. En ese lugar había un rishi llamado Sachatapa. Realizaba austeridades muy grandes y difíciles. En la estación calurosa se sentaba entre muchos fuegos, y en la estación fría, se quedaba de pie en el río frío. Con el transcurso del tiempo, se volvió completamente puro, y tuvo completo control de sus sentidos, y lentamente alcanzó el Pie de Loto de la Suprema Personalidad de Dios, el Señor Krishna. El Señor Brahma comenzó a visitarlo diariamente para tomar el darshan de Sachatapa y hacerle preguntas acerca del servicio devocional del Señor Krishna. El Señor Indra, mientras tanto, se preocupaba al ver la elevada posición de Sachatapa, pensando que algún día podría usurpar su propia posición como rey del cielo. En aquel momento, el Señor Indra nos llamó a nosotros dos, que en aquel nacimiento éramos apsaras en el reino celestial, y nos instruyó: "Id y haced caer a Sachatapa, antes de que intente usurparme de mi posición".
Después de recibir las instrucciones del Señor Indra, salimos de su presencia y fuimos a la orilla del río Godavari, donde Sachatapa estaba realizando austeridades. En aquel lugar, ambos comenzamos a cantar y bailar muy provocativamente cerca de Sachatapa, con la intención de provocar que aquel sabio entablara una relación sexual con nosotros. Mientras bailábamos, la tela que nos cubría se deslizó hacia abajo y nuestros pechos se hicieron visibles. En ese momento, tomando agua en su mano, ese sabio nos maldijo con las siguientes palabras.
"Que las dos os vayáis y os convirtáis en árboles Bael en la orilla del río Ganges". Al oír su maldición, ambos caímos a sus pies y le suplicamos perdón. "Mi querido sabio, por favor, perdónanos, porque somos simplemente los sirvientes del Señor Indra". Al ver nuestra actitud sumisa, aquel sabio se alegró y nos informó de que permaneceríamos como árboles hasta que Maharaja Bharata entrara en contacto con nosotros. Y también nos bendijo para que fuéramos capaces de recordar nuestros nacimientos anteriores.
"Mi querido Maharaja Bharata, en la época en que visitaste Tapodan, descansaste bajo nosotros. Cuando estábamos en forma de árboles Bael, estabas recitando el Cuarto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, Al escuchar esa recitación, no solo nos liberamos de esa forma de vida arbórea y alcanzamos el nacimiento en una familia devota, sino que también perdimos todo deseo de disfrutar en este mundo material."
El Señor Vishnu dijo: "Mi querida Lakshmi, cuando esas dos muchachas recitaron su historia ante Bharata Maharaja, él se puso muy contento y se marchó a su ashram. Esas dos muchachas durante toda su vida recitaron cuidadosamente el Cuarto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā diariamente y alcanzaron la devoción a Mis pies de loto."

Capítulo 5

El Señor Vishnu dijo: "Ahora les describiré las ilimitadas glorias del Quinto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Escucha con mucha atención.
En el estado de Madra, hay una ciudad de nombre Puru Kutsapur. Allí vivía un brahmana de nombre Pingala. Durante su infancia fue adiestrado en diversas actividades brahmánicas y se le enseñaron los Vedas. Pero no tenía ningún interés en sus estudios. Cuando llegó a la juventud, abandonó sus actividades brahmánicas y empezó a aprender a tocar instrumentos, así como a cantar y bailar. Poco a poco se hizo tan famoso en este campo que el propio rey le invitó a vivir en palacio. Mientras vivía allí, poco a poco se fue degradando más y más en la vida pecaminosa. Comenzo a disfrutar con las esposas de otros hombres y a involucrarse en todo tipo de actividades pecaminosas y de intoxicacion.
Se volvió muy orgulloso de su posición a medida que ganaba más y más intimidad con el rey. Disfrutaba especialmente criticando a los demás ante el rey en privado. Pingala tenía una esposa llamada Aruna, nacida en una familia de clase baja. Era muy lujuriosa y mantenía relaciones con muchos otros hombres. Cuando su marido se enteró de sus actividades, decidió matarlo.
Una noche, muy tarde, le cortó la cabeza y enterró su cuerpo en el jardín. Tras su muerte, Pingala cayó en las regiones más profundas del infierno y, después de sufrir allí durante mucho tiempo, tomó la forma de un buitre. Aruna, después de gozar libremente con muchos hombres, contrajo una enfermedad venérea y su cuerpo juvenil se volvió muy pronto feo y poco atractivo. Cuando murió fue al infierno y, después de haber sufrido durante mucho tiempo, alcanzó el cuerpo de un loro hembra.
Un día el loro buscaba comida por todas partes. Mientras tanto, el buitre, que en su vida anterior había sido Pingala, vio a la cotorra y, recordando su última vida y comprendiendo que esta cotorra había sido su esposa, la atacó con sus afilados picos. El loro cayó al agua contenida en un cráneo humano y se ahogó. En ese momento llegó un cazador y disparó al buitre con una flecha. El buitre cayó y su cabeza cayó en el agua de aquel cráneo y se ahogó.
Entonces llegaron los mensajeros de Yamaraja y se los llevaron a la morada de la muerte. En ese momento se asustaron mucho, recordando sus pasadas vidas pecaminosas.
Cuando llegaron frente a Yamaraja, éste les dijo: "Ahora estáis libres de todos los pecados y podéis ir a Vaikuntha". Cuando Pingala y Aruna escucharon esto, le preguntaron a Yamaraja cómo dos personas pecadoras como ellas habían alcanzado el derecho de ir a Vaikuntha.
Yamaraja respondió: "A orillas del río Ganges vivía un gran devoto del Señor Vishnu llamado Vat; estaba libre de lujuria y codicia. Diariamente recitaba el Quinto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, y cuando Vat entregó su cuerpo fue directamente a Vaikuntha. Debido a que él recitaba diariamente el Quinto Capítulo de hagavad-gītā, su cuerpo se volvió completamente puro, y debido a que ustedes entraron en contacto con el cráneo del cuerpo de ese devoto, ambos han alcanzado Vaikuntha. Esta es la gloria del Quinto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā".
El Señor Vishnu dijo: "Mi querida Lakshmi, cuando ambos oyeron las glorias de la Bhagavad-gītā de boca de Yamaraja, se pusieron muy contentos y se sentaron en el aeroplano de flores que había venido a llevarlos a Vaikuntha."
Cualquiera que escuche el Quinto Capítulo de Ṥrīmad Bhagavad-gītā, incluso el más pecador, alcanzará Vaikuntha.

Capítulo 6

El Señor Vishnu dijo: "Ahora les contaré las glorias del Sexto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Quien escuche esta descripción se liberará del mundo material.
A orillas del río Godavari, hay una hermosa ciudad de nombre Pratishthanpur (Paithan), donde soy famoso por el nombre de Pippalesh. En esa ciudad había un rey de nombre Janshruti, a quien el pueblo amaba mucho y cuyas cualidades eran ilimitadas. Realizaba diariamente sacrificios de fuego, que eran tan opulentos y grandes que el humo de los mismos llegaba hasta el jardín de placer celestial conocido como Nandavan, y ennegrecía las hojas de los árboles de Kalpavrksa. Aquellos árboles parecían ofrecer sus respetos al rey Janashruti. Debido a las piadosas actividades de ese gran rey, los semidioses siempre residían en Pratishthanpur.
Cuando Janshruti daba caridad, distribuía igual que las nubes distribuyen la lluvia. Debido a las actividades religiosas puras de Janshruti, la lluvia siempre llegaba en el momento adecuado. Y los campos estaban siempre llenos de cosechas, que no eran perturbadas por los seis tipos de roedores. Siempre estaba cavando pozos y lagos para el bienestar de los ciudadanos. Los semidioses, muy complacidos con Janashruti, fueron a su palacio en forma de cisnes para bendecirle.
Volaban por el cielo, uno detrás de otro, hablando juntos. Bhadrashva, junto con otros dos o tres cisnes, voló por delante del resto. En ese momento, los otros cisnes se dirigieron a Bhadrashva: "Oh, hermano, ¿por qué vuelas delante? ¿No ves delante de ti al gran rey Janashruti, que es tan poderoso que puede quemar a sus enemigos con su deseo?". Cuando Bhadrashva oyó las palabras de los otros cisnes, se echó a reír y dijo: "Oh hermanos, ¿es este rey Janashruti tan poderoso como el gran sabio Raikva?".
Cuando el rey oyó las palabras de los cisnes, bajó inmediatamente del tejado de su alto palacio y se sentó feliz en su trono. En ese momento llamó a su cochero y le ordenó que fuera a buscar al gran sabio Raikva. Cuando el cochero de nombre Maha oyó las instrucciones del rey, se puso muy contento y partió inmediatamente en busca de Raikva. Primero viajó a Kashipuri, donde reside el Señor Vishvanath, para el bienestar de todos los seres. A continuación, se dirigió a Gaya, donde reside el Señor Gadadhara, de ojos de loto, capaz de liberar a todos los seres de la esclavitud del nacimiento y la muerte. Después de haber viajado a muchos lugares sagrados, llegó a Mathura, que es capaz de destruir todos los pecados. En este lugar reside la Suprema Personalidad de Dios, el Señor Krishna. Todos los grandes sabios, semidioses, también los Vedas y otros shastras, en sus formas personales, realizan austeridades y rinden servicio al Señor Krishna. Mathura tiene forma de media luna y está situada a orillas del hermoso río Jamuna, que da devoción. En esa zona se encuentra la hermosa colina de Govardhana, que añade esplendor y gloria a Mathura-Mandala como una gran joya en una corona. Está rodeada de árboles puros y enredaderas. Hay doce maravillosos bosques rodeando Mathura en los cuales el Señor Krishna disfruta de Sus maravillosos pasatiempos.
Después de dejar Mathura, Maha viajó hacia el Oeste, y luego hacia el Norte. Un día, llegó a un pueblo conocido como Cachemira en el que vio un lugar blanco muy grande y brillante. En ese lugar todas las personas, incluso los hombres tontos, parecían hermosos semidioses debido a que muchos fuegos de sacrificio ardían continuamente. Parecía como si una hilera de nubes colgara siempre sobre el pueblo. La Deidad del Señor Shiva, conocida como Manikeshvara, residía en aquel pueblo. El rey de Cachemira acababa de regresar de derrotar a muchos reyes, y se dedicaba a adorar al Señor Shiva. Debido a su gran devoción por el Señor Shiva, ese rey era conocido como Manikeshvar. Cerca de la puerta del templo, sentado en un pequeño carro, debajo de un árbol, Maha vio al gran sabio Raikva. Cuando reconoció a Raikva por la descripción de Janashruti, inmediatamente cayó a sus pies y le preguntó. "Oh, gran sabio, ¿dónde vives? ¿Y cuál es tu nombre completo?
Eres una persona muy elevada. ¿Por qué estás sentado en este lugar?" Cuando Raikva oyó las palabras de Maha, pensó durante algún tiempo, y luego contestó: "Estoy plenamente satisfecho, no necesito nada".
Cuando Maha oyó esta respuesta, en su corazón pudo comprenderlo todo. Inmediatamente partió en el largo viaje, de regreso a Pratishthanpur. Cuando llegó a su destino, fue inmediatamente a ofrecer sus respetos al rey, y con las manos cruzadas informó al rey de todos los acontecimientos que habían tenido lugar. Despues de que el rey escucho todo de Maha, decidio partir de inmediato, para tomar el darshan del gran sabio Raikva. Sentado en un hermoso carro, y llevando consigo muchos regalos valiosos, partió hacia Cachemira. Cuando llegó al lugar donde se alojaba el sabio Raikva, se postró a sus pies y depositó ante Raikva las valiosas sedas y joyas que había traído consigo.
En ese momento el gran sabio Raikva se enfadó mucho. Dijo: "Oh rey insensato, toma todas estas cosas inútiles y ponlas en tu carroza, y vete de este lugar". Inmediatamente, el rey, con gran devoción, se postró a los pies de Raikva y le pidió perdón, pidiéndole que fuera misericordioso con él. Preguntó a Raikva: "Oh, sabio, ¿cómo has alcanzado un estado tan elevado de renunciación y devoción al Señor?". Complacido por la actitud sumisa del rey, Raikva respondió: "Recito diariamente el sexto capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā".
Después de eso, el rey Janashruti escuchó de Raikva el Sexto Capítulo de Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Y a partir de entonces, se dedicó a recitar diariamente ese Sexto Capítulo. Y con el tiempo llegó un aeroplano de flores que lo llevó a Vaikuntha. Mientras tanto, ese gran sabio, que recitaba diariamente el Sexto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, fue a Vaikuntha, donde se dedicó al servicio de los pies de loto del Señor Supremo Vishnu.
Cualquiera que recite este Sexto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā alcanzará muy pronto el servicio a los pies de loto del Señor Vishnu; de esto no hay duda.

Capítulo 7

El Señor Shiva dijo: "Mi querida Parvati, ahora te contaré las glorias del Séptimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā - al oírlo, uno siente que sus oídos se han llenado de néctar divino.
Pataliputra es el nombre de una gran ciudad que tiene muchas puertas grandes. En esa ciudad vivía un brahmana llamado Shankukarna. Se había dedicado a la ocupación de hombre de negocios y había amasado una gran riqueza. Pero nunca había realizado ningún tipo de actividades devocionales, ni había llevado a cabo las actuaciones ritualistas necesarias por el bien de sus antepasados. Se hizo muy rico, tanto que incluso los grandes reyes cenaban en su casa. Shankukarna era también la persona más avara, y mantenía su riqueza enterrada bajo tierra.
Una vez, cuando ese brahmana iba con sus hijos y otros parientes con motivo de su cuarto matrimonio, se detuvieron en un lugar para descansar durante la noche. Mientras dormía, llegó una serpiente y le mordió. Cuando sus hijos y parientes se dieron cuenta de que le había mordido una serpiente, llamaron a médicos y cantores de mantras. Pero nadie pudo ayudar a Shankukarna, y al poco tiempo murió.
Después de eso alcanzó el cuerpo de un Preta-Sarpa, un fantasma-serpiente. Lo único en lo que podía pensar era en su riqueza, que estaba enterrada cerca de la casa donde había vivido. Ni siquiera había informado a su propia familia del paradero de sus riquezas. En forma de Preta-Sarpa residía en el lugar donde estaba enterrada su riqueza, para que nadie más pudiera apoderarse de ella. Después de algún tiempo se cansó de estar atrapado en forma de Preta-Sarpa, y se apareció en sueños a sus hijos, pidiéndoles que le ayudaran. Por la mañana, cuando sus perezosos hijos se despertaron, se contaron el sueño que habían tenido.
Uno de sus hijos tomó en sus manos un gran instrumento de excavación y se dirigió al lugar que el padre le había indicado que habitaba. Cuando llegó a ese lugar se dio cuenta de que no conocía el sitio exacto donde estaba enterrada la riqueza. Aquel hijo era excepcionalmente codicioso, y buscó durante mucho tiempo, hasta que dio con un agujero de serpiente, que enseguida empezó a excavar.
Al poco rato, una serpiente muy grande y de aspecto temible salió de aquel agujero y dijo lo siguiente: "Oh, tonto, ¿quién eres? ¿Por qué has venido aquí? ¿Quién te ha enviado? ¿Y por qué cavas en este lugar? Responde enseguida a mis preguntas".
El hijo respondió: "Soy tu hijo. Me llamo Shiva. Anoche, en un sueño, vi que había tesoros escondidos enterrados en este lugar y vine a cogerlos". Al oír a Shiva hablar así, el Preta-Sarpa se echó a reír y dijo: "Si eres mi hijo, ¿por qué no realizas los rituales necesarios para liberarme de esta situación infernal? Debido a la codicia en mi última vida, alcancé este cuerpo y ahora tú vas por el mismo camino".
El hijo preguntó: "Mi querido padre, dime amablemente cómo puedes liberarte de esta situación infernal". El Preta-Sarpa dijo: "No mediante ningún tipo de caridad, tapasya o yajna, solo recitando el Séptimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā podré liberarme de la rueda del nacimiento y la muerte. Mi querido hijo, ten la bondad de realizar la ceremonia de shraddha y, ese día, invita a un brahmana que tenga el hábito de cantar el Séptimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, y aliméntalo muy suntuosamente."
A partir de entonces, Shiva, junto con su otro hermano, cumplió las instrucciones de su padre y mientras el Brahmana cantaba el Séptimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, Sankukarna abandonó aquel espantoso cuerpo de un Preta-Sarpa y alcanzó un cuerpo divino de cuatro brazos. En ese momento bendijo a sus hijos, les informó dónde estaban sus riquezas y luego partió hacia Vaikuntha.
Esos hijos, cuyas mentes se habían fijado en la devoción al Señor Krishna, utilizaron esa riqueza para construir templos, cavar pozos y distribuir alimentos. Todos ellos se dedicaban diariamente a la recitación del Séptimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, y muy rápidamente alcanzaron los pies de loto del Señor Krishna.
El Señor Shiva dijo: "Mi querida Parvati, te he contado las maravillosas glorias del Séptimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Cualquiera que escuche esta descripción se liberará de todas las reacciones pecaminosas."

Capítulo 8

El Señor Shiva dijo: "Mi querida Parvati, escucha ahora, por favor, las glorias del Octavo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Después de escucharlo, sentirás una gran alegría.
En el Sur hay una importante ciudad de nombre Amardhakapur en la que vivía un brahmana de nombre Bhavasharma, que había tomado por esposa a una prostituta. Bhavasharma disfrutaba comiendo carne, bebiendo vino, robando, yéndose con las mujeres de otros y cazando. Un día, ese pecador Bhavasharma fue invitado a una fiesta, donde bebió tanto alcohol que empezó a salirle por la boca. Después de la fiesta, se puso muy enfermo y sufrió de disentería crónica. Después de muchos días de sufrimiento, murió y adquirió el cuerpo de un palmera datilera.
Un día, dos brahma-rakshasas (fantasmas) llegaron y se refugiaron bajo aquel árbol. La historia de su vida anterior era la siguiente:
Había un brahmana llamado Kushibal, que era muy erudito en los Vedas y había estudiado todas las ramas del conocimiento. Su esposa se llamaba Kumati y era muy malvada. Aunque ese brahmana era muy erudito, también era muy codicioso.
Junto con su esposa, solía recoger montones de caridad todos los días, pero nunca daba caridad a ningún otro brahmana. Como brahma-rakshasas, vagaban continuamente de aquí para allá por la tierra sufriendo hambre y sed.
Un día descansaron bajo un árbol de palmeras datileras. En aquel momento, la esposa preguntó al marido: "¿Cómo podemos librarnos de esta maldición de ser brahma-rakshasas?". Él respondió: "Mediante el conocimiento de Brahma, mediante el conocimiento del Ser, mediante el conocimiento de las actividades fruitivas. Sin tal conocimiento no es posible liberarse de nuestras reacciones pecaminosas".
Al oír esto, la esposa preguntó: "Oh, mi señor, ¿qué es Brahma, qué es el Ser? Qué son las actividades fruitivas? (kiṃ tad-brahma kim adhyātmaṃ kiṃ karma puruṣottama)". Completamente por accidente, a la esposa se le ocurrió cantar la mitad del primer shloka del Octavo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. En ese momento, habiendo oído ese medio shloka, Bhavasharma se liberó de esa forma de árbol y alcanzó de nuevo un cuerpo de brahmana, completamente libre de todo pecado. De repente, del cielo vino un avión-flor, que llevó a ese marido y a su mujer de vuelta a casa, de vuelta a Dios, a Vaikuntha.
Después, ese brahmana, Bhavasharma, con gran respeto, escribió ese medio shloka (kiṃ tad-brahma kim adhyātmaṃ kiṃ karma puruṣottama) y, con la intención de adorar al Señor Krishna, fue a Kashipuri y comenzó a realizar grandes austeridades, mientras cantaba continuamente ese medio shloka.
Mientras tanto, en Vaikuntha, viendo al Señor Vishnu, Lakshmi se había levantado de descansar y con las manos cruzadas preguntó: "¿Por qué te has levantado tan repentinamente de Tu sueño?". El Señor Vishnu dijo: "Mi querida Lakshmi, en Kashipuri, a orillas del río Ganges, mi devoto está realizando grandes austeridades, cantando continuamente medio shloka del Octavo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Durante mucho tiempo he estado pensando cómo recompensar su devoción".
Parvati preguntó al Señor Shiva: "Cuando el Señor Vishnu estaba tan complacido con Su devoto, ¿qué bendición le otorgó?".
El Señor Shiva dijo: "Bhavasharma fue a Vaikuntha, para dedicarse al servicio eterno de los pies de loto del Señor Vishnu. No sólo eso, sino que todos sus antepasados también alcanzaron los pies de loto del Señor Vishnu.
Mi querida Parvati, te he descrito sólo un poco de las glorias del Octavo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā.

Capítulo 9

El Señor Shiva dijo. "Mi querida Parvati, ahora te relataré las glorias del Noveno Cantor del Ṥrīmad Bhagavad-gītā.
Había una ciudad de nombre Mahismati a orillas del río Narmada, donde vivía un brahmana de nombre Madhava. Ese brahmana seguía muy estrictamente todos los mandatos de los Vedas y poseía todas las buenas cualidades de la clase brahmánica. Debido a su erudición, recibía mucha caridad. Con su riqueza acumulada comenzó a realizar un gran sacrificio de fuego. Para ofrecerlo en sacrificio, se compró una cabra, y cuando empezaron a limpiarla en preparación para su sacrificio, para gran sorpresa de todos la cabra empezó a reírse y en voz alta dijo: "Oh brahmana, ¿cuál es el beneficio de realizar tantos sacrificios de fuego que simplemente nos atan a la rueda del nacimiento y la muerte? Fíjate en mi posición por haber realizado tantos sacrificios de fuego".
Cuando todos los allí reunidos oyeron las palabras de la cabra, sintieron curiosidad, y aquel brahmana preguntó con las manos cruzadas: "¿Cómo te convertiste en cabra? En tu vida anterior, ¿a qué casta pertenecías y qué actividades realizabas?". La cabra respondió: "Oh brahmana, en mi nacimiento anterior nací en una familia brahmana muy pura y realicé con mucho cuidado todas las actividades rituales ordenadas en los Vedas.
Un día mi esposa deseaba adorar a Durga para que nuestro hijo se curara de su enfermedad. Para ello me pidió que trajera una cabra. Cuando sacrificamos la cabra en el templo de la diosa Durga, la cabra me maldijo: "Oh pecadora, lo más bajo de todo, deseas dejar a mis hijos sin padre. Por esta razón tú también nacerás como una cabra".
Oh Madhava, cuando llegó el momento de mi muerte, obtuve este cuerpo de cabra, pero por la gracia del Señor Govinda puedo recordar mis nacimientos anteriores. Si deseas oír otra historia interesante, te la contaré.
En el lugar conocido como Kurukshetra, que es capaz de dar la liberación, vivía una vez un rey de nombre Chandrasharma, que pertenecía a la dinastía del dios sol. Una vez, en el momento de un eclipse solar, el rey quiso dar caridad a un brahmana. En esa caridad estaba incluido un sudra, cuyo cuerpo estaba completamente negro. Tras ir con su sacerdote y bañarse en el lago sagrado, ponerse paños limpios y aplicarse sándalo, regresó a su lugar. Con devoción dio la caridad a un brahmana cualificado. Después de haber entregado la caridad, de repente, del corazón de aquel sudra negro apareció un chandala (devorador de perros) muy pecador y, al poco tiempo, del cuerpo de aquel sudra negro apareció un chandala hembra, y juntos se acercaron al brahmana. De repente entraron en el cuerpo del brahmana.
Ese brahmana permaneció imperturbable y comenzó a cantar el Noveno Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā mientras recordaba al Señor Govinda. El rey, testigo de todas estas actividades, se quedó atónito, incapaz de decir nada. Tan pronto como las palabras del Noveno Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā llegaron a los labios de aquel brahmana, los Vishnudutas aparecieron allí y ahuyentaron a aquellos dos chandalas. En aquel momento el rey preguntó al brahmana: "Oh docto, ¿quiénes eran esas dos personas y qué mantra cantaste? ¿A qué deidad recordaste?".
El brahmana respondió: "Tomando la forma de una chandala, apareció el pecado personificado, junto con la ofensa personificada en la forma de esa chandala femenina. En aquel momento empecé a recitar el Noveno Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, que es capaz de liberar a uno de todas las situaciones temibles. Recitando el Noveno Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, siempre soy capaz de recordar los pies de loto del Señor Govinda".
Al oír esto, el rey aprendió del brahmana el canto del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, Noveno Capítulo. Poco a poco consiguió alcanzar los pies de loto del Señor Govinda. Cuando Madhava oyó este discurso de la cabra, inmediatamente liberó a la cabra y empezó a dedicarse a recitar diariamente el Noveno Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, y así también obtuvo los pies de loto del Señor Govinda.

Capítulo 10

El Señor Shiva dijo: "Mi querida Parvati, ahora te relataré las glorias del Décimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, tal como se lo relató el Señor Vishnu a Lakshmi-Devi -- que en sí mismo es una escalera al mundo espiritual.
En Kashipuri había un brahmana de nombre Dhirabuddhi, que me era tan querido como Nandi, mi portador. Siempre estaba en paz y todos sus sentidos estaban fijos en la glorificación del Señor Krishna. Dondequiera que él fuera, yo lo seguiría con gran amor, para poder protegerlo y servirlo. Al ver mis actividades, mi eterno sirviente Bhringiriddhi me preguntó: "¿Qué clase de austeridades y otras actividades piadosas ha realizado este gran devoto, para que le estés prestando servicio personalmente?".
Al oír la pregunta de Bringiridhi respondí lo siguiente. "Una vez, en Kailash parvata, en el jardín conocido como punnaag, estaba disfrutando sentado a la luz de la luna, y de repente sopló un gran viento, que hizo temblar los árboles con un ruido muy fuerte. De pronto, una sombra se proyectó alrededor como si una montaña se moviera. De pronto, en el cielo, apareció un pájaro muy grande del color de una nube de lluvia. Debido al batir de sus alas, hacía temblar los árboles y arremolinaba el polvo a su alrededor. De repente, el pájaro aterrizó en el suelo y me ofreció sus respetos, así como una hermosa flor de loto, tras lo cual dijo: "¡Oh Mahadeva! Todas las glorias a ti, el refugio de todos. No hay límite para tus glorias. Tú eres el protector de los devotos, que tienen control sobre sus sentidos.
Y tú eres el primero de todos los devotos del Supremo Señor Krishna. Grandes almas como Brihaspati siempre están cantando tus glorias. Pero incluso el Ananta Sesha de mil cabezas, no es capaz de describir completamente tus glorias, qué hablar de un pájaro como yo, con tan poca inteligencia."
Después de oír la plegaria del pájaro, pregunté: "¿Quién eres y de dónde vienes? Pareces un cisne, y tu color corporal es el de un cuervo". Aquel pájaro dijo: "Por favor, comprende que soy el cisne portador del Señor Brahma. Te contaré la razón por la que mi cuerpo ha alcanzado un color negro.
Justo cerca de Saurashtra (Surat) hay un hermoso lago, de donde salió este maravilloso loto celestial. Yo había estado disfrutando allí durante algún tiempo. Justo cuando estaba volando de ese lugar, de repente caí al suelo y mi cuerpo tomó este color negro. En aquel momento pensaba para mis adentros: ¿cómo me he caído y cómo mi cuerpo, que era blanco como el alcanfor, se ha vuelto negro?
Mientras pensaba así, oí una voz que salía de los lotos del lago: "Oh cisne, levántate. Te diré la razón por la que te caíste y tu cuerpo se volvió negro". En aquel momento me levanté y fui al centro del lago, donde había cinco lotos extraordinariamente hermosos, de los que salió una dama muy bella.
Después de circunvalarla, le pregunté la razón de mi caída. Ella respondió: "Oh cisne negro, mientras volabas me sobrevolaste, y debido a esta ofensa tu cuerpo se ha vuelto negro. Cuando te vi caer, sentí pena por ti; por eso te llamé. Cuando abrí la boca, el aroma que emanaba de ella fue capaz de purificar de una sola vez a siete mil abejas negras, que inmediatamente lograron ser admitidas en el reino celestial. Mi querido rey de los pájaros, la razón por la que tengo tal poder te la contaré.
Antes de este nacimiento, tres nacimientos antes, nací en una familia brahmana, y mi nombre era Sarojavadana. Mi padre siempre me había instruido en los principios de la castidad, y cuando me casé serví a mi marido muy fielmente. Un día encontré un pájaro mynah negro y, por cuidarlo, mi servicio a mi marido se vio afectado, por lo que él se enfadó y me maldijo: "Oh, mujer pecadora, te convertirás en un mynah en tu próximo nacimiento".
En mi siguiente nacimiento me convertí en una mynah, pero debido a que seguí estrictamente los principios de la castidad, conseguí entrar en contacto con algunos sabios, que me mantuvieron en su ashram. Una de las hijas del sabio me cuidaba. Durante mi estancia allí, todas las mañanas y todas las noches escuchaba la recitación del Décimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, debido a lo cual en mi siguiente nacimiento alcancé el cuerpo en los planetas celestiales de una apsara llamada Padmavati.
Un día, viajaba en un avión de flores cuando vi la hermosa flor de loto en este lago. Viniendo aquí, empecé a disfrutar en el agua. En ese momento llegó Durvasa Muni y me vio completamente desnudo. Temiéndole, adopté inmediatamente la forma de cinco lotos.
Mis dos brazos se convirtieron en dos lotos y mis dos piernas se convirtieron en dos lotos, y el resto de mi cuerpo se convirtió en el quinto loto. De los ojos de Durvasa Muni comenzó a emanar fuego: "Oh pecador, permanecerás en esa forma durante cien años". Después de maldecirme, desapareció inmediatamente.
Afortunadamente, pude recordar el Décimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Y hoy, me he liberado de la maldición. Debido a tu cruce sobre mí, caíste al suelo y tu cuerpo se ennegreció. Pero si escuchas de mí el Décimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, podrás liberarte de esta situación."
Después de que Padmavati terminara de recitar el Décimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, partió en un avión hacia Vaikuntha. Después de eso vine aquí y te ofrecí este hermoso loto de ese lago."
El Señor Shiva dijo: "Después de que aquel cisne negro completó su historia, renunció inmediatamente a su cuerpo y tomó nacimiento en una familia brahmana como Dhirabuddhi, quien, desde su infancia, siempre cantó el Décimo Capítulo del Srimad Bhagavad-gita.
Y quienquiera que escuchara ese canto de él alcanzaría darshan del Señor Vishnu, que está sosteniendo el Shankha y el Chakra. Quienquiera que escuche ese canto, ya sea un caído y adicto a la intoxicación, o incluso un asesino de brahmanas, alcanzará el darshan del Señor Vishnu, que sostiene el Shankha y el Chakra. Por esa razón mi querido Bhringiriddhi, yo siempre estoy sirviendo a Dhirabuddhi".
Mi querida Parvati, sea uno hombre o mujer, sannyasi o grhastha, de hecho, en cualquier situación en la que uno se encuentre, si canta el Décimo Capítulo del Srimad Bhagavad-gita, alcanzará el darshan del Señor Vishnu.

Capítulo 11

El Señor Shiva dijo "Mi querida Parvati, ahora te relataré las glorias del Undécimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. No es posible relatar todas sus glorias. Como hay miles de historias, relataré sólo una de ellas.
A orillas del río Pranita hay una gran ciudad de nombre Megankara, en la que se encuentra el famoso templo de Jagat Isvara. Jagat Isvara sostiene en Su mano un arco. En ese pueblo de Megankara, había un brahmana puro de nombre Sunanda, que permaneció como brahmachari toda su vida.
Sunanda se sentaba frente al Señor Jagat Isvara y recitaba el Undécimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā y recordaba la Forma Universal del Señor. Recitando ese Undécimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, obtuvo completo control sobre sus sentidos y pudo recordar continuamente al Señor Jagat Isvara.
Una vez ese brahmana puro Sunanda fue de excursión a los lugares sagrados de las orillas del río Godavari. Visitó todos los lugares sagrados, empezando por Vraja-Tirtha. En todos los lugares sagrados que visitó, se bañó y tomó darshan de la deidad que presidía. Un día llegó a la ciudad de Vivian Mandela. Junto con sus compañeros, buscó un lugar donde alojarse y, finalmente, en el centro de la ciudad encontraron una dharmashala, donde todos pasaron la noche. Cuando Sunanda se despertó por la mañana, vio que todos sus socios se habían marchado. Mientras los buscaba, se encontró con el jefe del pueblo, que inmediatamente se arrojó a sus pies y le dijo: "Oh, gran sabio, no puedo decirte dónde se han ido tus socios, pero puedo decirte que no hay ningún devoto igual a ti. Nunca he visto a nadie tan puro como tú. Oh mi querido brahmana, te ruego que te quedes en este pueblo".
Cuando Sunanda escuchó la humilde petición del jefe del pueblo, decidió quedarse unos días. El jefe de la aldea hizo todo lo posible para que Sunanda se quedara cómodamente y se puso a su servicio día y noche. Después de ocho días, un aldeano vino ante Sunanda, llorando muy fuerte y dijo: "Oh Brahmana puro, anoche un rakshasa se comió a mi hijo". Sunanda preguntó: "¿Dónde vive ese rakshasa? ¿Y cómo se comió a tu hijo?"
El aldeano respondió: "En este pueblo vive un rakshasa muy espantoso, que todos los días se comía a los aldeanos como y cuando quería. Un día, todos fuimos a ver a ese rakshasa y le pedimos que nos protegiera, a cambio de lo cual le proporcionaríamos su comida diaria. Se construyó una dharmashala, y todos los viajeros que llegaban eran enviados allí para quedarse y, mientras dormían, el rakshasa se los comía.
De este modo hemos podido protegernos de este rakshasa. Tú, junto con tus asociados, te quedaste en esa dharmashala, pero ese rakshasa no te comió junto con todos los demás. La razón te la diré.
Anoche vino un amigo de mi hijo, pero yo no me di cuenta de que era un amigo muy cercano y querido de mi hijo, así que lo mandé a quedarse en la dharmashala. Cuando mi hijo se enteró, fue tras él para intentar traerlo de vuelta de la dharmashala, pero cuando fue allí también fue devorado por ese rakshasa.
Hoy, por la mañana, he ido a ver a ese rakshasa y le he preguntado por qué se había comido a mi hijo junto con los demás viajeros. También le pregunté si había alguna manera de recuperar a mi hijo. Ese rakshasa me dijo: "No sabía que tu hijo también había entrado en la dharmashala. Así que se lo comieron con todos los demás. En cuanto a recuperarlo, eso será posible cuando me libere de este cuerpo de rakshasa, lo que será posible por la misericordia de una persona que recita diariamente el Undécimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā.
"Ahora mismo, hay un brahmana alojado en esta ciudad, que se había alojado en esta dharmashala, pero yo no lo había comido, porque recita diariamente el Undécimo Capítulo de Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Si él recita diariamente el Undécimo Capítulo de Ṥrīmad Bhagavad-gītā siete veces, y luego me rocía con agua, entonces podré liberarme de la maldición de este cuerpo rakshasa".
Sunanda inquirió a aquel aldeano: "¿Qué pecado realizó esta persona para alcanzar un cuerpo rakshasa?". El aldeano respondió: "Hace mucho tiempo vivía en este pueblo un granjero. Un día estaba cuidando los campos cuando, a poca distancia de él, un gran buitre atacó a una persona que viajaba por la carretera. En ese momento, pasaba por allí un yogui. Cuando vio a la persona que estaba siendo atacada por aquel buitre acudió corriendo en su ayuda, pero cuando llegó hasta él ya era demasiado tarde.
Entonces aquel yogui se enfadó mucho con el granjero y le habló de la siguiente manera: "Aquel que ve a otros en peligro por ladrones, serpientes, fuego, ataque de armas, etcétera -- y, aunque es capaz de ayudarles, pero no acude en su ayuda -- es castigado por Yamaraja. Después de sufrir en el infierno durante mucho tiempo, toma nacimiento como un lobo. Y aquel que ayuda a alguien necesitado de ayuda ciertamente complace al Señor Vishnu. Aquel que intenta salvar a una vaca de las manos de un animal feroz, un hombre de clase baja o un gobernante malvado alcanza al Señor Vishnu.
"Granjero malvado, viste a ese buitre atacando a esa persona pero aún así no hiciste ningún intento por salvarla. Ahora te maldigo para que nazcas como un rakshasa".
El granjero dijo: "Estuve vigilando los campos toda la noche, y estoy muy cansado, así que ten piedad de mí, oh gentil sabio". El yogui respondió: "Cuando alguien que esté recitando diariamente el Undécimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā rocíe agua sobre tu cabeza, entonces te librarás de esta maldición."
El aldeano dijo: "Mi querida Sunanda, con tu mano rocía amablemente agua sobre la cabeza de este rakshasa". Después de oír esa historia del aldeano, Sunanda fue con él al lugar donde se alojaba ese rakshasa y, mientras recitaba el Undécimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, le roció agua en la cabeza. Ese rakshasa alcanzó inmediatamente una forma de cuatro brazos como la del Señor Vishnu. No sólo él, sino todas las miles de personas que había comido también alcanzaron formas de cuatro brazos como la del Señor Vishnu. Entonces todos se sentaron en el aeroplano de flores que había sido enviado para llevarlos a todos a Vaikuntha.
Al ver estos asombrosos acontecimientos, el aldeano preguntó al rakshasa cuál de ellos era su hijo. El rakshasa se echó a reír, señaló a una de las miles de hermosas personas sentadas en el trascendental avión y respondió: "Ese es tu hijo". El aldeano pidió a su hijo que volviera a casa con él. Al oír la petición de su padre, el hijo respondió sonriendo: "Mi querido señor, muchas veces tú has sido mi hijo y yo el tuyo. Ahora, por la gracia de este gran devoto puro Sunanda, he sido liberado de esta rueda de nacimiento y muerte, y ahora voy a mi verdadero hogar, Vaikuntha. Querido señor, ríndase amablemente a los pies de loto de Sunanda y escuche de él el Undécimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, y usted también podrá alcanzar la morada del Señor Vishnu (Vaikuntha); de esto no hay duda. De la boca del Señor Krishna salieron estas nectarinas instrucciones en el campo de batalla de Kurukshetra en respuesta a las preguntas de Su amigo Arjuna. Y sólo escuchando y recitando este discurso puede uno romper el apretado nudo que nos ata a esta rueda de nacimiento y muerte."
El Señor Shiva dijo; "Después de pronunciar esas palabras, llenas de sabiduría, a su padre, junto con todas aquellas otras almas afortunadas, fue a Vaikunth. Su padre aprendió el Undécimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā de Sunanda, y muy pronto ellos también fueron a Vaikuntha."
Mi querida Parvati, has oído las glorias del Undécimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, que es capaz de destruir todas las reacciones pecaminosas.

Capítulo 12

El Señor Shiva dijo: "Recitaré las maravillosas glorias del duodécimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā ante ti, querida Parvati".
En el Sur hay un importante lugar sagrado con el nombre de Kolhapur, donde se encuentra el templo de la divina consorte del Señor, Maha Lakshmi. Maha Lakshmi es adorada continuamente por todos los semidioses. Ese lugar es el cumplidor de todos los deseos. Rudragaya también se encuentra allí.
Un día, un joven príncipe llegó allí. Su cuerpo era del color del oro. Sus ojos eran muy hermosos.
Sus hombros eran muy fuertes y su pecho ancho. Sus brazos eran largos y fuertes.
Cuando llegó a Kolhapur, fue primero al lago conocido como Manikantha-tirtha, donde se bañó y ofreció culto a sus antepasados. Después se dirigió al templo de Maha Lakshmi, donde ofreció sus reverencias y comenzó a rezar: "Oh Devi, cuyo corazón está lleno de misericordia, que es adorada en los tres mundos y que es la dadora de toda fortuna y la madre de la Creación. Todas las glorias a Ti, oh refugio de todas las entidades vivientes. Oh cumplidora de todos los deseos, Tú eres la maravillosa energía del Señor Achyuta, que mantiene los tres mundos.
Tú eres la Diosa Suprema. Oh protectora de los devotos, todas las glorias a Ti. Oh Devi, eres Tú quien satisface los deseos de los devotos, y eres Tú quien los compromete en el servicio del Señor Achyuta. Tú eres eterna y liberadora de todas las almas caídas. Todas las glorias a Ti. Oh Devi, para el bienestar y la protección de los tres mundos, adoptas muchas formas como Ambika, Brahmi, Vaishnavi, Maheshwari, Varahi Maha-Lakshmi, Narasimhi, Indri, Kumari, Chandika, Lakshmi, Savitri, Chandrakala, Rohini y Parameshwari. Todas las glorias a Ti, cuyas glorias son ilimitadas. Ten piedad de mí".
Cuando Maha Lakshmi escuchó esas oraciones, se puso muy contenta y le dijo al príncipe: "Oh príncipe, estoy muy contenta contigo, por favor, pídeme cualquier bendición según el deseo de tu corazón".
Aquel príncipe dijo: "Oh Madre de los tres mundos, mi padre el Rey Brahadrathi estaba realizando el famoso sacrificio conocido como Ashwamedha. Pero antes de haber completado ese yajna, murió debido a una enfermedad. Y antes de que pudiera completar ese Ashwamedha yajna, alguien robó el caballo que había viajado por todo el mundo y que había sido purificado para el sacrificio en ese Ashwamedha. Envié personas en todas direcciones en busca de ese caballo, pero fueron incapaces de encontrarlo. Entonces pedí permiso al sacerdote para venir y rezar por Tu ayuda. Y, si Tú estás complacido conmigo, entonces amablemente hazme saber, cómo puedo recuperar ese caballo y completar el sacrificio de fuego y así cumplir el deseo de mi padre".
Maha-Lakshmi dijo, "Oh noble príncipe, por la puerta de mi templo vive un Brahmana altamente elevado, que es conocido por el nombre de Siddha-Samadhi. Él podrá cumplir tu deseo".
Cuando el príncipe oyó estas palabras de Maha-Lakshmi, fue al lugar donde Siddha-Samadhi vivía y le ofreció reverencias. Después de haber ofrecido reverencias, se puso de pie ante Siddha-Samadhi en silencio con las manos juntas. Siddha Samadhi dijo entonces: "Has sido enviado aquí por la madre Maha Lakshmi, así que cumpliré tu deseo".
Entonces cantando algunos mantras, Siddha-Samadhi trajo a todos los semidioses ante él. El príncipe en ese momento vio a todos los semidioses de pie ante Siddha-Samadhi, esperando sus instrucciones. Entonces Siddha-Samadhi dijo a aquellos semidioses, "Oh devas, el caballo de este príncipe, que él tenía preparado para su sacrificio, fue robado por la noche por el Señor Indra. Tened la amabilidad de traer ese caballo de vuelta ahora".
Inmediatamente esos semidioses trajeron ese caballo ante él, después de lo cual Siddha-Samadhi los despidió. Cuando el príncipe vio todos estos maravillosos acontecimientos, cayó a los pies de Siddha-Samadhi, y le preguntó. "¿Cómo has alcanzado tal poder, que no he visto ni oído que nadie más posea? Oh gran sabio, escucha amablemente mi petición.
Mi padre el Rey Brihadrathi, mientras comenzaba el sacrificio Ashvamedha, murió inesperadamente. Y por eso conservé su cuerpo en aceite puro hervido. Por favor, si lo deseas, devuélvele la vida".
Al oír esto, Siddha-Samadhi soltó una pequeña risita, y dijo: "Vayamos a ese lugar, donde has guardado el cuerpo de tu padre". Cuando llegaron a ese lugar, Siddha-Samadhi tomó un poco de agua en su mano y mientras cantaba algunos mantras, roció el agua sobre la cabeza del cuerpo muerto del Rey Brahadrathi. Tan pronto como el agua tocó su cabeza, el rey se incorporó y preguntó a Siddha-Samadhi: "Oh gran devoto, ¿quién eres?". El príncipe informó inmediatamente a su padre de todos los acontecimientos que habían tenido lugar. Cuando el Rey escuchó esa narración, una y otra vez ofreció sus reverencias a Siddha-Samadhi y le preguntó qué austeridades había realizado para alcanzar tales poderes divinos. Escuchando la pregunta del Rey, Siddha-Samadhi respondió: "Mi querido rey Brahadrathi, diariamente recito el Duodécimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā".
Al oír esas palabras de aquel gran devoto, el rey aprendió de Siddha-Samadhi el Duodécimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Con el tiempo, tanto el rey como su hijo alcanzaron los pies de loto del Señor Krishna. Muchas otras personas han alcanzado la meta suprema, la devoción a los pies de loto del Señor Krishna, recitando diariamente el Duodécimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā.

Capítulo 13

El Señor Shiva dijo: "Oh Parvati, por favor, escucha las ilimitadas glorias del Decimotercer Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā -- al oírlo, llegarás a ser muy feliz".
En el Sur, había un río muy grande de nombre Tungabhadra, a orillas del cual hay una ciudad muy hermosa de nombre Hariharapur. Allí, la deidad del Señor Shiva conocida por el nombre de Harihara es adorada. Aquel que tiene su darshan consigue cosas auspiciosas.
En Hariharapur vivía un brahmana llamado Hari-diksit, que era muy culto y llevaba una vida sencilla y austera. Su esposa era llamada Durachara por la gente. Esto se debía a sus actividades de clase baja. Siempre le hablaba a su marido de forma abusiva y nunca se había acostado con él. Siempre era grosera con los amigos de su marido y se juntaba con otros hombres para satisfacer sus deseos lujuriosos. También era adicta al consumo de diversos tipos de intoxicantes. Al ver que la ciudad estaba cada vez más poblada, construyó una pequeña estructura en el bosque donde podía reunirse con sus amantes.
Una noche, sintiéndose muy lujuriosa, salió al bosque hacia su lugar de encuentro, para ver si alguno de sus amantes estaba allí. Al no encontrar a nadie en ese lugar, comenzó a vagar por el bosque con la esperanza de encontrar a alguien que satisficiera sus lujuriosos deseos. Después de haber vagado durante algún tiempo, y viendo que su cuerpo, sentidos y mente le dolían tanto, debido a no poder satisfacer su lujuria, se desconcertó y se sentó y empezó a llorar.
Al oír el sonido de su llanto, un tigre dormido y hambriento se despertó y llegó a aquel lugar muy rápidamente. Al oír al tigre acercarse, la mujer se levantó. Pensando que seguramente vendría alguien que satisfaría sus necesidades, de repente vio llegar a un tigre frente a ella. Estaba a punto de desgarrarla con sus afiladas garras.
En ese momento, la mujer se dirigió al tigre: "Oh tigre, ¿por qué has venido a matarme? Primero debes decírmelo y luego podrás matarme". Aquel rey de los animales se abstuvo de matar a Durachara y se rió. Luego relató la siguiente historia
"En el Sur hay un río de nombre Malapaha, en cuya orilla está la ciudad de Muniparna. En ese lugar hay una famosa deidad del Señor Shiva conocida como Panchalinga. En esa ciudad yo había nacido en una familia brahmana. Aunque había nacido en un lugar elevado, era muy codicioso y no controlaba mis sentidos. Solía sentarme en las orillas del río y realizar sacrificios para aquellas personas que no estaban cualificadas para participar en tales actuaciones.
Comía de las casas de personas materialistas. También recaudaba más fondos de los necesarios en nombre de la realización de sacrificios y de la adoración de la deidad, y los utilizaba para la gratificación de mis propios sentidos. También criticaba a los brahmanas que seguían estrictamente los principios regulativos y nunca daba caridad a nadie.
Poco a poco fui envejeciendo, mi pelo se volvió blanco, se me cayeron los dientes y mis ojos se debilitaron. Aun así, no perdí mi ansia de reunir y atesorar más fondos. Un día, por error, fui a casa de unos brahmanas, que eran muy crueles y expertos en engañar, para mendigar algo de comida, cuando me echaron los perros encima. Uno de esos perros me mordió la pierna, caí al suelo y morí rápidamente. Después de eso, obtuve este cuerpo de tigre, y estoy viviendo en este peligroso bosque.
Afortunadamente, soy capaz de recordar mi último nacimiento, y en este nacimiento no ataco a ningún devoto, sannyasi o dama casta. Sólo tomo como alimento a aquellas personas pecadoras y mujeres sin castidad. Como tú eres una mujer muy poco casta y pecadora, definitivamente te convertirás en mi almuerzo".
Cuando el tigre terminó su relato, devoró a aquella mujer pecadora. Después, los Yamadutas la arrojaron al infierno conocido como Duyada, que es un lago lleno de heces, orina y sangre. Y tuvo que permanecer en ese sucio lugar durante diez millones de kalpas. Después de eso, fue arrojada al infierno conocido como Raurava, donde permaneció durante cien manvataras, tras lo cual volvió a nacer en la tierra como una chandala femenina. De nuevo vivió de la misma manera pecaminosa que antes. Debido a sus actividades pecaminosas, contrajo lepra y tuberculosis.
Por casualidad y buena fortuna, una vez fue al lugar sagrado de Hariharapur y cerca del templo de Jambakadevi (Parvati). Vio al gran santo Vasudeva que siempre estaba recitando el Capítulo Decimotercero del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. De su boca oyó ella esa recitación, y sintiéndose atraída, la oyó una y otra vez. Por esa audición, pudo abandonar ese cuerpo de chandala y liberarse por completo de las reacciones de sus actividades pecaminosas pasadas. Alcanzó una forma de cuatro brazos similar a la del Señor Vishnu, y fue llevada a Vaikuntha.

Capítulo 14

El Señor Shiva dijo "Oh Parvati, ten la bondad de escuchar de mí las glorias del Decimocuarto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, con la mayor atención".
En Simhaladvip había un rey de nombre Vikrama-Vetala. Un día, cuando se dirigía al bosque para cazar, llevó consigo a su hijo y a dos perros de caza. Cuando llegó al bosque, soltó a un perro para que persiguiera a un conejo. Cuando el perro lo perseguía, parecía que el conejo volaba. Corriendo y corriendo, aquel conejo llegó a una hermosa ermita, que estaba muy tranquila. Los ciervos estaban sentados felizmente bajo la sombra de los árboles, y los monos comían alegremente los frutos de aquellos árboles. Las crías de los tigres jugaban con las crías de los elefantes, y las serpientes se arrastraban sobre los pavos reales.
En este bosque vivía el gran sabio Vatsa, que adoraba al Señor Krishna recitando el decimocuarto capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Cerca del ashram de Maharaja Vatsa, uno de sus discípulos le lavaba los pies mientras recitaba el Decimocuarto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. La tierra de aquel lugar se humedeció. Justo entonces aquel conejo vino corriendo y resbaló en el barro. Inmediatamente ese conejo alcanzó un cuerpo celestial. Bajó un avión, lo recogió y se lo llevó a los planetas celestiales. Al cabo de un momento, el perro llegó allí en busca del conejo, y también resbaló en el barro. Abandonó aquel cuerpo de perro, alcanzó un cuerpo celestial y también fue llevado a los planetas celestiales.
Al ver todo esto, el discípulo de Maharaja Vatsa se echó a reír. El rey Vikrama-Vetala, habiendo presenciado aquellos divertidos acontecimientos, preguntó a aquel brahmana: "¿Cómo es posible que el conejo y el perro se hayan ido al cielo delante de nuestros ojos?". Aquel brahmana dijo: "En este bosque, un gran sabio de nombre Vatsa, que ha conquistado por completo sus sentidos, se dedica siempre a cantar el Decimocuarto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Yo soy su discípulo, y también estoy por su gracia siempre ocupado en cantar el Decimocuarto Capítulo de la Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Debido a que el conejo y el perro resbalaron en el barro mojado por el agua que había lavado mis pies, ambos alcanzaron los planetas superiores.
Ahora te contaré la razón por la que me reía. En Maharashtra hay una ciudad llamada Pratudhak. Un brahmana llamado Keshava vivió allí. Era el más cruel de los hombres. Su esposa se llamaba Vilobbana. Era una dama muy floja que siempre disfrutaba de la compañía de otros hombres. Por esta razón, su marido se enfadó mucho y la mató. En su próxima vida ella se convirtió en ese perro, y ese brahmana Keshava, debido a sus actividades pecaminosas, se convirtió en ese conejo".
El Señor Shiva dijo: "Después de oír las glorias del Decimocuarto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, el rey Vikrama-Vetala también empezó a recitar diariamente el Decimocuarto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Cuando renunció a ese cuerpo, fue a Vaikuntha, donde pudo dedicarse eternamente al servicio de los pies de loto del Señor Vishnu.

Capítulo 15

El Señor Shiva dijo: "Mi querida Parvati, ahora te contaré las glorias del Decimoquinto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā; ten la amabilidad de escuchar atentamente.
En Gaudadesa, había un rey de nombre Narasingha. Era tan poderoso que era capaz de derrotar a los semidioses. El comandante de su ejército era conocido con el nombre de Sarabhamerund. Era muy codicioso y junto con el príncipe, planeó matar al rey, y convertirse en el gobernante de Gaudadesa. Pero antes de que pudiera llevar a cabo su plan, contrajo el cólera y murió rápidamente.
Después tomó su próximo nacimiento como un caballo en el país conocido como Sindhu. Ese caballo era muy hermoso y muy rápido corriendo. Tenía todas las cualidades de un caballo de premio. Un día, el hijo de un hombre muy rico de Gaudadesa vio aquel caballo y decidió comprarlo, con la intención de vendérselo al rey de Gaudadesa. Después de haber comprado aquel caballo, lo llevó a la capital de Gaudadesa. Cuando llegó a la ciudad, se dirigió directamente al palacio del rey y pidió a los guardias que informaran al rey de su llegada.
Cuando llegó ante el rey, éste le preguntó: "¿Qué te ha traído por aquí?". El hombre de negocios respondió: "Oh Rey, en Sindhu encontré un caballo de la más alta calidad y su igual no puede encontrarse en todo el universo. Pagué mucho dinero por él". El rey ordenó: "Traigan ese caballo inmediatamente".
El caballo fue llevado rápidamente ante el rey, quien quedó muy complacido con las altas cualidades del caballo. Después de haber examinado el caballo, el rey pagó a aquel hombre de negocios la cantidad que había pedido sin pensárselo dos veces.
Al cabo de unos días, el rey decidió ir de caza. Montado en aquel caballo, partió hacia el bosque, donde vio un ciervo, al que inmediatamente dio caza. Siguió a aquel ciervo en todas las direcciones en las que giraba. Al cabo de un rato, dejó atrás al resto de su grupo. Después de perseguirlo durante mucho tiempo y de estar muy cansado y sediento, se detuvo para descansar. Ató el caballo a la rama de un árbol y se sentó en una gran roca.
Al cabo de un rato, vio un trozo de pergamino que soplaba con el viento y aterrizaba junto a él sobre la roca. En aquel trozo de pergamino estaba escrito medio shloka del decimoquinto capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. El rey comenzó a leer, y cuando el primer sonido salió de su boca, aquel caballo cayó al suelo y abandonó aquel cuerpo de caballo. Alcanzó una forma trascendental de cuatro brazos e inmediatamente se sentó en un avión-flor, que había venido de Vaikuntha para llevarlo a esa morada trascendental Vaikuntha.
El rey observó que cerca de allí había un hermoso ashram rodeado de árboles frutales. Sentado en ese ashram había un brahmana que tenía completo control sobre sus sentidos. El rey ofreció sus respetos a aquel brahmana y con las manos cruzadas le preguntó: "¿Cómo es posible que mi caballo haya podido alcanzar Vaikuntha?". El brahmana, cuyo nombre era Vishnusharma, respondió: "Oh Rey, anteriormente tenías un comandante en jefe de tu ejército, que era conocido con el nombre de Sarabhamerund. Había planeado, junto con el príncipe, usurpar tu trono. Antes de que pudiera hacerlo, contrajo el cólera y murió, tras lo cual nació como ese caballo. Por casualidad escuchó unas palabras del Decimoquinto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā y alcanzó Vaikuntha."
El rey ofreció sus respetos a aquel brahmana, regresó a su capital y una y otra vez leyó lo que estaba escrito en aquel pergamino. Al cabo de poco tiempo instaló a su hijo como rey de Gaudadesa y él mismo se marchó al bosque, donde recitaba regularmente el Capítulo Decimoquinto del Ṥrīmad Bhagavad-gītā y muy pronto alcanzó los pies de loto del Señor Vishnu.

Capítulo 16

El Señor Shiva dijo: "Mi querida Parvati, ahora te contaré las glorias del Decimosexto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā.
En Gujarat hay una ciudad de nombre Saurashtra (Surat). El rey Khadgabahu tenía allí su reino, donde vivía igual que otro Indra, rey del cielo. Tenía un elefante macho muy apasionado de nombre Arimardana, de cuyas sienes rezumaba líquido debido a su orgullo. Un día aquel elefante, en un arrebato de cólera, se soltó de sus cadenas y empezó a destruir la cabaña de elefantes, tras lo cual empezó a correr de aquí para allá, persiguiendo salvajemente a los ciudadanos. Todos huyeron lo más rápido posible.
Los cuidadores de elefantes informaron inmediatamente al rey. Cuando el rey se enteró, fue con su hijo al lugar donde estaba el elefante loco. El rey Khadgabahu conocía el arte de controlar a los elefantes salvajes. Cuando el rey llegó al lugar donde estaba el elefante desbocado, vio que muchas personas habían sido pisoteadas y otras corrían aquí y allá para evitar a aquel elefante.
Justo entonces, mientras el rey observaba aquella escena caótica, vio a un brahmana que volvía tranquilamente de bañarse en el lago. Aquel brahmana recitaba en silencio los tres primeros shlokas del decimosexto capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, que comienzan con la palabra abhayam (intrepidez). Cuando la gente vio a aquel brahmana caminando hacia el elefante, intentaron decirle que no se acercara a él, pero el brahmana no les hizo caso, caminó directamente hacia aquel elefante loco y empezó a acariciarlo. Cuando el elefante vio acercarse al brahmana, perdió inmediatamente toda su ira y se tumbó tranquilamente.
Después de que el brahmana acariciara al elefante durante unos instantes, siguió tranquilamente su camino. Cuando el rey y todos los ciudadanos vieron estos asombrosos incidentes, se quedaron atónitos. El rey fue inmediatamente y se postró a los pies de aquel brahmana y le preguntó: "¿Qué austeridades y adoraciones has realizado para alcanzar tanta paz y poderes asombrosos?". El brahmana respondió: "Recito diariamente algunos shlokas del Decimosexto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā".
El Señor Shiva dijo: "Aquel rey pidió al brahmana que fuera a palacio, donde le ofreció en caridad cien monedas de oro y solicitó a aquel piadoso brahmana que le instruyera en el canto de aquellos versos del Decimosexto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā.
Después de que el rey Khadgabahu hubiera estado cantando esos versos durante algún tiempo, un día junto con sus guardias fue al lugar donde estaba aquel elefante loco y ordenó a los cuidadores de elefantes que lo soltaran. En ese momento, los ciudadanos se enfadaron con el rey, pensando que el elefante volvería a desbocarse. El rey se presentó ante aquel elefante loco, que inmediatamente se tumbó cuando empezó a acariciarlo. Después de eso, el rey regresó a su palacio, instaló a su hijo en el trono y partió hacia el bosque, donde adoró al Señor Krishna cantando esos shlokas del Decimosexto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā y muy rápidamente alcanzó los pies de loto del Señor Krishna.
Cualquiera que cante el Decimosexto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, por pecador que sea, alcanza muy rápidamente la misma meta que el rey Khadgabahu: los pies de loto del Señor Krishna.

Capítulo 17

El Señor Shiva dijo: "Mi querida Parvati, has escuchado las ilimitadas glorias del Decimosexto Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Ahora escuchen amablemente las nectarinas glorias del Decimoséptimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā.
El hijo del rey Khadgabahu tenía un sirviente llamado Dushasan que era muy astuto y excepcionalmente tonto. Dushasan hizo una apuesta con el príncipe de que podía montar en el elefante, en cuyo momento saltó sobre el elefante. Después de dar unos pasos, la gente empezó a pedirle que no montara aquel peligroso elefante. Pero el insensato Dushasan empezó a azuzar al elefante y a usar palabras fuertes para incitarle a seguir. De repente, el elefante se enfadó mucho y empezó a correr desenfrenadamente de aquí para allá. Incapaz de sostenerse, Dushasan cayó al suelo. El elefante lo pisoteó y Dushasan murió. Después de eso, alcanzó el cuerpo de un elefante en Simhaladvipa, donde permaneció en el palacio del rey.
El rey de Simhaladvipa era muy amigo del rey Khadgabahu. Un día, el rey de Simhaladvipa decidió enviar ese elefante como regalo a su amigo, el rey Khadgabahu, quien a su vez regaló ese elefante a un poeta que le había complacido con su hermosa poesía.
Posteriormente, el poeta vendió el elefante al rey de Malva por cien monedas de oro. Al cabo de algún tiempo, el elefante contrajo una enfermedad terminal. Cuando los cuidadores de elefantes vieron que el elefante había dejado de comer y beber, informaron del asunto al rey. Cuando el rey se enteró, fue al lugar del elefante, junto con el mejor de los médicos. En ese momento, para sorpresa del rey, el elefante empezó a hablar. "Mi querido rey, eres muy piadoso y un estricto seguidor de los Vedas. Siempre adoras los pies de loto del Señor Vishnu. Así que debes saber, que en este momento, estas medicinas y doctores no servirán de nada. Ni ningún tipo de caridad o sacrificio ayudará en el momento de la muerte. Si te preocupas por mí y quieres ayudarme, entonces trae a alguien que recite diariamente el Decimoséptimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā".
A petición de aquel elefante, el rey trajo a un gran devoto que recitaba regularmente el Decimoséptimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Ese devoto, mientras cantaba el Decimoséptimo Capítulo, roció agua sobre el elefante, momento en el que abandonó su cuerpo de elefante y alcanzó una forma de cuatro brazos similar a la del Señor Vishnu. Inmediatamente se sentó en un avión de flores, que había sido enviado para llevarlo a Vaikuntha. Mientras estaba sentado en ese avión, el rey le preguntó sobre su nacimiento anterior. Dushasan, después de contárselo todo, partió hacia Vaikuntha, tras lo cual aquel mejor de los hombres, el rey de Malva, comenzó a recitar regularmente el Decimoséptimo Capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Al cabo de poco tiempo alcanzó el loto

Capítulo 18

Parvati dijo: Mi querido esposo, me has relatado las glorias del decimoséptimo capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Ahora ten la amabilidad de relatarme las glorias del decimoctavo capítulo de la Ṥrīmad Bhagavad-gītā.
El Señor Shiva dijo: Oh hija del Himalaya [Parvati], por favor escucha las glorias del decimoctavo capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, que es más elevado que los Vedas y el dador de dicha ilimitada. Cuando entra en los oídos de uno, destruye todos los deseos materiales. Para el devoto puro, es néctar divino, es la vida misma del Señor Vishnu, y es un consuelo para los corazones del Señor Indra y de los semidioses, así como de los grandes yoguis encabezados por Sanak y Sananda.
Quien lo recita envía lejos a los mensajeros de Yamaraja. No hay otra recitación que pueda destruir tan rápidamente todos los pecados y liberarnos de las tres miserias de este mundo. Ahora escucha con gran devoción.
En el pico más alto del Monte Meru está Amaravati, que fue construido por Vishvakarma. En ese reino celestial, el Señor Indra y su esposa Sachi son servidos por los semidioses. Un día, mientras el Señor Indra estaba sentado pacíficamente, vio que una hermosa persona había llegado allí, a quien los sirvientes del Señor Vishnu estaban sirviendo. Cuando Indra vio a la hermosa joven, inmediatamente cayó de su trono al suelo. En ese momento los semidioses, que habían estado adorando a Indra, recogieron la corona de Indra y la colocaron sobre la cabeza de la hermosa persona. Entonces todos los semidioses y otros habitantes de los planetas celestiales comenzaron a realizar aratik y a cantar canciones maravillosas al nuevo rey Indra. Los grandes rishis llegaron allí y ofrecieron sus bendiciones y cantaron mantras védicos, y los Gandharvas y Apsaras comenzaron a cantar y bailar alegremente.
De este modo, el nuevo Indra, que no había realizado los habituales sacrificios de cien caballos, comenzó a disfrutar de cientos de diferentes tipos de servicios prestados por los semidioses y otros habitantes de los planetas celestiales. Cuando el viejo Indra vio esto, se sorprendió mucho.
Pensó para sí: "Esta persona de aquí nunca ha construido pozos ni ha cavado kundas ni ha plantado árboles para el bienestar de los demás, y cuando había sequías, no proporcionaba granos en caridad. Nunca ha realizado sacrificios de fuego ni grandes obras de caridad en los lugares sagrados. ¿Cómo ha logrado alcanzar mi sede?". El viejo Indra, sintiéndose muy perturbado en su mente, fue al océano de leche a rezar al Señor Vishnu. Cuando obtuvo el darshan del Señor Vishnu, le preguntó: "Mi querido Señor Vishnu, en el pasado realicé muchos sacrificios y otras actividades piadosas, por las que fui instalado como señor del cielo. Pero ahora otra persona ha venido y ha tomado mi lugar como el rey del cielo. Esta persona en su vida nunca realizo grandes y maravillosas actividades piadosas, ni realizo grandes sacrificios vedicos. ¿Cómo es posible que haya obtenido mi trono?".
El Señor Vishnu dijo: "Mi querido Indra, esa gran alma ha realizado diariamente la recitación del decimoctavo capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Todos los días de su vida recitó cinco shlokas de este capítulo, y debido a esa actividad ha alcanzado los resultados de toda clase de actividades piadosas y yajnas. Después de disfrutar durante muchos años como rey del cielo, alcanzará Mi morada personal. Si realizas la misma actividad de recitar el decimoctavo capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā, también podrás alcanzar Mi morada divina."
Después de oír las palabras del Señor Vishnu, el Señor Indra adoptó la forma de un brahmana y se dirigió a la orilla del río Godavari, donde vio la ciudad de Kalegrani, que es muy sagrada. En ese lugar, el Señor Supremo en Su forma conocida como Kalesva, reside. Cerca de este pueblo, en la orilla del río Godavari, estaba sentado un brahmana puro, que era muy misericordioso y había comprendido el objetivo y el secreto más elevado de las literaturas védicas. Diariamente se sentaba en ese lugar y recitaba los shlokas del capítulo dieciocho del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. Cuando el Señor Indra lo vio se puso muy contento. Inmediatamente se postró a sus pies de loto y le pidió que le enseñara el decimoctavo capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā. El Señor Indra practicó entonces la recitación del decimoctavo capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā durante algún tiempo y alcanzó el lugar más alto de Vishnuloka. Cuando alcanzó ese lugar, se dio cuenta de que el placer que había disfrutado como rey Indra junto con los semidioses no era nada en comparación.
Mi querida Parvati, por esta razón los grandes sabios cantan especialmente el decimoctavo capítulo del Ṥrīmad Bhagavad-gītā y al hacerlo alcanzan muy rápidamente los pies de loto del Señor Vishnu.
Quien escucha o estudia esta Bhagavad-gītā-Māhātmya destruye muy rápidamente todos los pecados que ha acumulado. Y aquella persona que recuerda este discurso con gran fe alcanza los resultados de toda clase de actividades piadosas y grandes sacrificios y, después de disfrutar de todas las opulencias mundanas, alcanza la morada del Señor Vishnu.
Así terminan las glorias del Ṥrīmad Bhagavad-gītā tal y como se lo dijo el Señor Shiva a su esposa Parvati Devi.

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